Donde comienza el desierto del Pacífico Sobre los cruces del Mutuo Acompañamiento Espiritual y Teológico

Donde comienza el desierto del Pacífico Sobre los cruces del Mutuo Acompañamiento Espiritual y TeológicoRoberto Mamani | Ari Kepay | Tarija, Bolivia, 2020

 

Por Carlos Mendoza Álvarez

La “Huaca Mach’ay” es la cueva sagrada ancestral tallada en sillar, nombre de la ignimbrita o roca volcánica de tierras de la serranía arequipeña en el Perú. Desde hace miles de años los peregrinos veneran estos lugares como útero de la Madre Tierra, acudiendo a ella para vivir alumbramientos de vida nueva. Como comunidad de amigas y amigos hemos llegado del norte y del sur hasta Arequipa, nombre castizo de Ari Kepay que significa en quechua “aquí nos quedamos”.

Ese vientre cósmico nos recibe una soleada mañana en la serranía andina, acompañados por Fiorella como guía quien, con su activismo en defensa del río Chili y su valle amenazado por la industria hidroeléctrica e inmobiliaria, escucha en nuestras preguntas otros modos de ser visitantes en su territorio. Somos un grupo de compañerxs del Mutuo Acompañamiento Espiritual y Teológico que, a lo largo de once años, hemos compartido la emoción de contar nuestras historias de vulnerabilidad, digna rabia y esperanza, aprendiendo de personas y colectivos en resistencia a violencias diversas en Oregon y Chiapas, Arequipa y Barcelona, Monterrey y Lima.

Como inicio de nuestro encuentro anual en persona, Belissa nos recibe en su tierra, “la ciudad blanca”, llamada así por la piedra volcánica que viste sus casas de fachadas esculpidas con florituras barrocas, memoria de su pasado colonial y racista porque fue una ciudad construida para colonizadores españoles. No vinimos a hacer turismo cultural ni a recorrer en kayak los rápidos por las cañadas del río Chili. Hemos llegado hasta acá luego de encuentros mensuales en “casitas virtuales” durante un ciclo de cuatro meses, donde compartimos nuestras historias de vulnerabilidad con resiliencia, de despertar con compromisos diversos por la vida. Cada quien fué invitado por una persona querida que ya había probado la fuerza de una espiritualidad enraizada en las propias heridas abiertas a las de otras personas y colectivas, con quienes es posible tejer hilos de esperanza. Adrián como acompañante de juventudes jornaleras y queer en tierras de la costa oeste de los Estados Unidos; Bosque como activista de democracia deliberativa en temas de justicia ambiental en Monterrey; Belissa como médica caminando con colectivas de salud para atención de las infancias en situación de vulnerabilidad neurodivergente en Arequipa; Rachel como pastora explorando nuevos ministerios pastorales para las comunidades queer en Oregon.

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Los Apus son las montañas guardianas de la memoria de este lugar donde comienza el desierto del Pacífico, que va desde Arequipa en el Perú hasta Atacama en Chile. Misti, Chachani y Pichu Pichu son los tres testigos silenciosos de las historias de los pueblos inca y mestizo que cohabitan con las criaturas de las cañadas, aves, reptiles y cactáceas endémicas de este nicho ecológico sorprendente. La depredación moderna está provocando la extinción de los glaciares, el caudal de los ríos hoy se está convirtiendo en acequias. Constatamos la devastación socio ambiental acelerada por la pauperización de la vida de comunidades campesinas en migración interna provenientes de las provincias alejadas en la cordillera andina que bajan atraídas por el espejismo de la ciudad moderna que les expulsa desde la sierra hasta las periferias de Arequipa la bella.

El río es la médula del espinazo andino formado por rocas que bajan desde el volcán, nos cuenta Jorge, antropólogo arequipeño que se autodenomina “renacentista” cuando nos cuenta su lucha en defensa del territorio como miembro, junto con Fiorella, de la iniciativa ciudadana “Salvemos el valle de Chilina”. Su anhelo como joven empresario de turismo ecológico se centra en proteger el legado de sus ancestros, enfrentando a las mafias que buscan controlar el territorio con sus tentáculos desplegados en la industria inmobiliaria, los gobiernos locales y regionales, así como en la indiferencia de la población local. Una coalición de varias organizaciones de la sociedad civil ha logrado detener hasta ahora la construcción de una sexta hidroeléctrica en la cañada del río, que carece de planificación ambiental y que es la punta de lanza de un cambio en el uso de suelo de todo el valle para construir resorts para el turismo de deportes extremos. El valor de esta iniciativa de la sociedad civil radica en la recuperación del tejido social de la comunidad arequipeña para movilizarla a fin de que se haga cargo del cuidado de su territorio, con el tremendo reto de tejer una causa común en medio de intereses privados perversos.

Al concluir la visita hacemos nuestro tradicional ritual de agradecimiento de lo aprendido con nuestros anfitriones. A la veneración del lugar sagrado y sus ancestros sigue la bendición de todos en círculo en torno a quienes nos abrieron su corazón y su lucha, conectando de esta manera lo que cada uno somos y  con nuestros anfitriones para acompañarnos así en nuestras resistencias y nuevos modos de re-existir.

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“Maternar” es un acto íntimo pero también colectivo. Representa una dimensión novedosa para mí, desde que Kochurani me ayudó a percibir en mi propia vida  esa realidad de dar a luz vida. Una capacidad que poco reconocemos y, sin embargo, es una fuente de vida y dignidad. No se trata de una experiencia exclusiva de las mujeres al engendrar a la descendencia de la especie humana. Es un acto de engendrar y dar a luz que viven también las mujeres célibes por medio de procesos y actos de alumbramiento de la vida en cualquiera de sus formas: cuidando a nuestros abuelos y abuelas, por ejemplo; o bien, protegiendo un territorio de las compañías mineras extractivistas; e incluso dando a luz nuevas formas de gobernanza comunal en pequeños terruños de resistencia. Por eso los varones también estamos llamados a “maternar”, potenciando así la dimensión femenina de nuestro ser profundo.

Fiorella se estremeció cuando, en el ritual de agradecimiento, le agradecí por su maternar diverso, que pasa por el cuidado de su hijo pequeño hasta el cuidado comunitario del río amenazado.

Que estos encuentros en donde comienza el desierto del Pacífico, con los Apus como guardianes de nuestros caminos que se cruzan, sean ocasión propicia para renacer de nuevo dondequiera que nos encontremos, echando raíces para quedarnos donde lleguemos.

 

Ari Kepay, 3 de octubre de 2026

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