Categoría: Pluralismo cultural

  • Donde comienza el desierto del Pacífico Sobre los cruces del Mutuo Acompañamiento Espiritual y TeológicoRoberto Mamani | Ari Kepay | Tarija, Bolivia, 2020

    Donde comienza el desierto del Pacífico Sobre los cruces del Mutuo Acompañamiento Espiritual y Teológico

     

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    La “Huaca Mach’ay” es la cueva sagrada ancestral tallada en sillar, nombre de la ignimbrita o roca volcánica de tierras de la serranía arequipeña en el Perú. Desde hace miles de años los peregrinos veneran estos lugares como útero de la Madre Tierra, acudiendo a ella para vivir alumbramientos de vida nueva. Como comunidad de amigas y amigos hemos llegado del norte y del sur hasta Arequipa, nombre castizo de Ari Kepay que significa en quechua “aquí nos quedamos”.

    Ese vientre cósmico nos recibe una soleada mañana en la serranía andina, acompañados por Fiorella como guía quien, con su activismo en defensa del río Chili y su valle amenazado por la industria hidroeléctrica e inmobiliaria, escucha en nuestras preguntas otros modos de ser visitantes en su territorio. Somos un grupo de compañerxs del Mutuo Acompañamiento Espiritual y Teológico que, a lo largo de once años, hemos compartido la emoción de contar nuestras historias de vulnerabilidad, digna rabia y esperanza, aprendiendo de personas y colectivos en resistencia a violencias diversas en Oregon y Chiapas, Arequipa y Barcelona, Monterrey y Lima.

    Como inicio de nuestro encuentro anual en persona, Belissa nos recibe en su tierra, “la ciudad blanca”, llamada así por la piedra volcánica que viste sus casas de fachadas esculpidas con florituras barrocas, memoria de su pasado colonial y racista porque fue una ciudad construida para colonizadores españoles. No vinimos a hacer turismo cultural ni a recorrer en kayak los rápidos por las cañadas del río Chili. Hemos llegado hasta acá luego de encuentros mensuales en “casitas virtuales” durante un ciclo de cuatro meses, donde compartimos nuestras historias de vulnerabilidad con resiliencia, de despertar con compromisos diversos por la vida. Cada quien fué invitado por una persona querida que ya había probado la fuerza de una espiritualidad enraizada en las propias heridas abiertas a las de otras personas y colectivas, con quienes es posible tejer hilos de esperanza. Adrián como acompañante de juventudes jornaleras y queer en tierras de la costa oeste de los Estados Unidos; Bosque como activista de democracia deliberativa en temas de justicia ambiental en Monterrey; Belissa como médica caminando con colectivas de salud para atención de las infancias en situación de vulnerabilidad neurodivergente en Arequipa; Rachel como pastora explorando nuevos ministerios pastorales para las comunidades queer en Oregon.

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    Los Apus son las montañas guardianas de la memoria de este lugar donde comienza el desierto del Pacífico, que va desde Arequipa en el Perú hasta Atacama en Chile. Misti, Chachani y Pichu Pichu son los tres testigos silenciosos de las historias de los pueblos inca y mestizo que cohabitan con las criaturas de las cañadas, aves, reptiles y cactáceas endémicas de este nicho ecológico sorprendente. La depredación moderna está provocando la extinción de los glaciares, el caudal de los ríos hoy se está convirtiendo en acequias. Constatamos la devastación socio ambiental acelerada por la pauperización de la vida de comunidades campesinas en migración interna provenientes de las provincias alejadas en la cordillera andina que bajan atraídas por el espejismo de la ciudad moderna que les expulsa desde la sierra hasta las periferias de Arequipa la bella.

    El río es la médula del espinazo andino formado por rocas que bajan desde el volcán, nos cuenta Jorge, antropólogo arequipeño que se autodenomina “renacentista” cuando nos cuenta su lucha en defensa del territorio como miembro, junto con Fiorella, de la iniciativa ciudadana “Salvemos el valle de Chilina”. Su anhelo como joven empresario de turismo ecológico se centra en proteger el legado de sus ancestros, enfrentando a las mafias que buscan controlar el territorio con sus tentáculos desplegados en la industria inmobiliaria, los gobiernos locales y regionales, así como en la indiferencia de la población local. Una coalición de varias organizaciones de la sociedad civil ha logrado detener hasta ahora la construcción de una sexta hidroeléctrica en la cañada del río, que carece de planificación ambiental y que es la punta de lanza de un cambio en el uso de suelo de todo el valle para construir resorts para el turismo de deportes extremos. El valor de esta iniciativa de la sociedad civil radica en la recuperación del tejido social de la comunidad arequipeña para movilizarla a fin de que se haga cargo del cuidado de su territorio, con el tremendo reto de tejer una causa común en medio de intereses privados perversos.

    Al concluir la visita hacemos nuestro tradicional ritual de agradecimiento de lo aprendido con nuestros anfitriones. A la veneración del lugar sagrado y sus ancestros sigue la bendición de todos en círculo en torno a quienes nos abrieron su corazón y su lucha, conectando de esta manera lo que cada uno somos y  con nuestros anfitriones para acompañarnos así en nuestras resistencias y nuevos modos de re-existir.

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    “Maternar” es un acto íntimo pero también colectivo. Representa una dimensión novedosa para mí, desde que Kochurani me ayudó a percibir en mi propia vida  esa realidad de dar a luz vida. Una capacidad que poco reconocemos y, sin embargo, es una fuente de vida y dignidad. No se trata de una experiencia exclusiva de las mujeres al engendrar a la descendencia de la especie humana. Es un acto de engendrar y dar a luz que viven también las mujeres célibes por medio de procesos y actos de alumbramiento de la vida en cualquiera de sus formas: cuidando a nuestros abuelos y abuelas, por ejemplo; o bien, protegiendo un territorio de las compañías mineras extractivistas; e incluso dando a luz nuevas formas de gobernanza comunal en pequeños terruños de resistencia. Por eso los varones también estamos llamados a “maternar”, potenciando así la dimensión femenina de nuestro ser profundo.

    Fiorella se estremeció cuando, en el ritual de agradecimiento, le agradecí por su maternar diverso, que pasa por el cuidado de su hijo pequeño hasta el cuidado comunitario del río amenazado.

    Que estos encuentros en donde comienza el desierto del Pacífico, con los Apus como guardianes de nuestros caminos que se cruzan, sean ocasión propicia para renacer de nuevo dondequiera que nos encontremos, echando raíces para quedarnos donde lleguemos.

     

    Ari Kepay, 3 de octubre de 2026

  • La IA, ¿amenaza o compañera? Sobre los retos del mundo digital y la conmemoración 500 OP ChiapasFreepik | Arte digital, recurso generado con IA | 2026

    La IA, ¿amenaza o compañera? Sobre los retos del mundo digital y la conmemoración 500 OP Chiapas

    Por Carlos Mendoza Álvarez

     

    En días recientes el tema de la inteligencia artificial (IA) se ha “viralizado” en las redes sociales por la primera Carta Encíclica del Papa León XIV. Como ironía de la era de los sistemas -según llamaba Ivan Illich a este nuevo paradigma social que convendría tener presente a la hora de analizar el mundo digital- las advertencias del pontífice han sido ya devoradas por los algoritmos y las cuentas de Instagram, X, TikTok y Facebook (para la vieja generación del mundo digital). Los memes del Papa León luchando contra la IA han inundado las redes, como aquel del pontífice con su báculo advirtiendo con firmeza a Palantir: “No pasarás”. Y para colmo, miles, quizás millones de personas, han recurrido a la IA para crear un resumen de la encíclica, las más de las veces por curiosidad, otras con el afán de criticar al Papa o bien al poderío de las empresas que la producen y controlan. Valdría la pena una lectura pausada y personal de la carta encíclica para analizar su contenido.

    Sin quitar un dedo del renglón de la crítica ética y de la regulación jurídica internacional que es preciso promover para la producción y el uso de la IA, me parece que conviene primero caer en la cuenta de que ya estamos inmersos en esa maraña de datos movida por voluntades individuales, empresariales y gubernamentales, con una “autonomía” cada vez mayor de lo que se llamaba hace años “el internet de las cosas” (IoT por sus siglas en inglés, Internet of Things). Esa red de sistemas digitales de flujo de datos llegó para quedarse, monitoreando la información que circula en el medio digital de manera automatizada dentro de sistemas creados por los humanos, pero operando cada vez con mayor “autonomía” para generar nuevos datos y producir efectos sociales, mercantiles, científicos y culturales sin precedentes.

    La serie de ciencia ficción distópica Black Mirror, creada en Gran Bretaña en 2011, mostraba episodios, fascinantes y espeluznantes a la vez, de una sociedad controlada por la tecnología, donde las fronteras entre realidad humana y mundo virtual eran tan porosas que creaban escenarios apocalípticos. Quince años atrás esta realidad del poder del algoritmo parecía un acto de la imaginación. Hoy ya es parte de nuestra vida cotidiana.

     

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    Me encuentro ahora preparando un par de charlas sobre la IA. La primera la ofreceré esta semana en la Casa diocesana de San Cristóbal de Las Casas a un grupo de sacerdotes de las Generaciones X y Y -ambas nacieron después de 1965 luego de la generación de los Baby boomers- hasta 1982 cuando aparecen los Millenials. Por supuesto que esta clasificación, propuesta por la sociología colonial británica y canadiense para designar primero a una generación que no tenía un deseo definido, y luego a la primera generación de nativos digitales, es pertinente para describir a ciertos estratos sociales en cada país. Pero también designa la otra cara de la Luna de la globalización, debido al impacto tecnológico que han tenido la televisión y la informática en la vida de todos los pueblos.

    Más adelante, con el equipo de JobeLab realizaremos un conversatorio sobre IA a fines de junio en el templo de Caridad para reflexionar sobre la reciente Carta Encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV, publicada el pasado lunes 24 de mayo. Lo haremos desde una perspectiva interdisciplinaria, dando primero la voz a colegas de la informática, la educación y la filosofía. Ahí me tocará plantear algunas reflexiones sobre el sentido teológico del problema en cuestión, desde una perspectiva fenomenológica y descolonial, profundizando una intuición presente en la Carta Encíclica, la vulnerabilidad humana, pero por desagracia no desarrollada por el Papa León de manera suficiente.

    Son muchos los foros eclesiales, universitarios y sociales donde hemos de abrir conversaciones inteligentes, con imaginación creativa, para pensar de manera conjunta la realidad digital que ya nos alcanzó, con sus enormes posibilidades de flujo de información y sus desafiantes escenarios de control post-humano de procesos de producción y de conocimiento que jamás hemos imaginado.

    La IA es percibida hoy como una amenaza, aunque ya forma parte de nuestros “usos y costumbres” de la era digital. Tal vez debamos aprender a convivir con ella como “creatura”, es decir, como realidad marcada por la finitud de todo los creado y, por tanto, incapaz de suplantar nuestra imaginación y nuestra creatividad -y mucho menos la Gloria divina- aunque debamos estar atentos al peligro de control de nuestras vidas y destino. Hoy más que nunca, el reducto místico de la condición humana se presenta con mayor claridad como fuente de libertad en tiempos de IA.

     

    500 OP Chiapas

     

    Este jueves 4 de junio iniciamos los actos conmemorativos por los 500 años de la llegada de los frailes dominicos a Tierra Firme del continente americano, el 23 de junio de 1526 en la Villa Rica de la Veracruz, como primer anclaje de la colonización europea y de la llegada del Evangelio con su modelo de Cristiandad occidental.

    En Chiapas, la pequeña comunidad de frailes dominicos de San Cristóbal de Las Casas, junto con amigos y colegas, ha preparado actos culturales y litúrgicos para conmemorar esa gesta. Iniciaremos el jueves 4 de junio con el concierto de la Orquesta Sinfónica y Coro San Cristóbal de Las Casas en el Templo de Santo Domingo, donde este conjunto juvenil interpretará obras de música clásica barroca y moderna, con interludios que remorarán brevemente los momentos de llegada de los frailes a estas tierras, su misión evangelizadora, su apogeo en el periodo novohispano y su posterior decadencia en el siglo XIX, hasta el progresivo florecimiento en el siglo XX.

    El viernes 5 de junio, un coloquio académico sobre la contribución de los dominicos a la cultura chiapaneca tendrá lugar en el antiguo convento de los frailes en la Ciudad de San Cristóbal de Las Casas, hoy Museo de los Altos de Chiapas, con la participación de dos historiadores de la arquitectura novohispana de los dominicos en Chiapas. Será la ocasión para la presentación del libro más reciente de fray Pablo Iribarren sobre los dominicos en el siglo XX, enfocado en la evangelización en diálogo con los pueblos originarios de Chiapas. La música de marimba de las Hermanas Díaz pondrá el tono festivo en este evento.

    El sábado 6 de junio será el turno para el festejo en Zinacantán, con la generosa colaboración de las comunidades creyentes de la Parroquia de San Lorenzo Mártir. Una misa solemne de acción de gracias en el Templo de San Lorenzo Mártir, sede parroquial, estará seguida por el acto cultural “Transfiguraciones: espiritualidades mayas hoy”, que me ha tocado organizar junto con dos maestros del arte maya contemporáneo. Iniciaremos con la develación del mural 500 OP Chiapas, realización magistral del maestro Antún Kojtom, artista tseltal de Tenejapa, sobre el encuentro de las tradiciones espirituales del pueblo tsotsil y otros pueblos mayas de los Altos y la Selva de Chiapas con los frailes dominicos a lo largo de la historia. La poesía tsotsil del maestro Xun Betán y de algunos de sus alumnos del taller de creación literaria, realizado este mes como preparación a este evento, estará acompañada por música tradicional tsotsil interpretada por músicos del templo parroquial. Y por la tarde, será ofrecida una charla sobre los dominicos en Zinacantán por fray Pablo Iribarren, como marco para un acto litúrgico de cierre en el que jóvenes zinacantecos harán sus promesas iniciales como miembros del Movimiento Juvenil Dominicano.

    Y para concluir los actos conmemorativos, el domingo 7 de junio, con una Eucaristía presidida por Don Rodrigo Aguilar, actual obispo de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, la familia dominicana y el pueblo creyente de la ciudad daremos gracias al Dios de la Vida por este medio milenio de obra de la predicación, con sus luces y sombras, invocando la misericordia divina para caminar con esperanza como pueblo de Dios en los tiempos arduos que nos toca vivir para dar testimonio del Evangelio de la liberación con justicia y paz para todas las creaturas del cosmos.

    Les esperamos pronto en Chiapas.

    San Cristóbal de Las Casas, 31 de mayo de 2026

  • La fiesta de la Ruah divina Reflexiones sobre la memoria viva de los pueblos en movimientoAntún Kojtom | Mural 500 OP Chiapas | Detalle: boceto de fray Pedro Lorenzo de la Nada con Sabio Lacandón | Sots´leb, 2026

    La fiesta de la Ruah divina Reflexiones sobre la memoria viva de los pueblos en movimiento

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

    Cincuenta días después de la Pascua las comunidades cristianas en todo el mundo celebramos la sobreabundancia del amor divino, cosechando los frutos del tiempo mesiánico recogidos con alegría en medio del sufrimiento, como dice el poeta hebreo: “Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre cantares” (Salmo 126: 5).

    Hace dos mil años, tras el duelo por la ejecución cruenta de Jesús, el Galileo, por el imperio romano -en complicidad con autoridades del Templo de Jerusalem y de la turba enardecida como parte del infernal círculo mimético-un tiempo de duelo fue necesario a su comunidad de amigas y compañeros para comprender el sentido del sinsentido que representaba la muerte del inocente. Una pregunta que aún hoy surge en el corazón doliente de quienes han sobrevivido a los linchamientos antiguos y nuevos. Un cuestionamiento por el sentido de la ausencia que también late en el corazón de las Madres Buscadoras de personas desaparecidas hoy en México, que se hace clamor por encontrar a sus retoños para ayudarles “a volver a casa”.

    Celebrar que el amor es tan fuerte como la muerte y, aún más, que el amor vence al odio o que la vida resiste y re-existe parece, a primera vista, una evasión que olvida el sufrimiento de las víctimas y la urgencia de la justicia. Por el contrario, me parece precisamente que en ese sufrimiento esperanzado late el corazón de la indignación ética, política y espiritual de los sobrevivientes a tantas violencias. Un clamor que se expresa en las plazas públicas de Gaza y Teherán, Beirut y México, Kakuma y Dadaab en Kenia, por parte de quienes ponen cuerpo, corazón e inteligencia al servicio de la vida en medio de la muerte.

    La fiesta de Pentecostés echa sus raíces en el gozo de los pueblos que, tras enfrentar el horror, son capaces de ir más lejos en la regeneración del trauma y el discreto cultivo de la esperanza. Sin negar el pasado doloroso, ni la irrenunciable rendición de cuentas de los perpetradores, lo que importa a quienes sobrevivieron es ponerse de pie y volver a vivir con esperanza. Es lo que he ido aprendiendo, paso a paso, de las colectivas queer que enfrentan las fobias de género de diverso signo, de las mujeres enfrentando abusos y feminicidios, así como de los pueblos originarios que fortalecen sus resistencias por medio de procesos de autonomía de cuerpos y territorios, desde los Inuit en Canadá hasta los Mapuches en el extremo sur de nuestro continente.

    ¿Cómo celebrar la cosecha de la Ruah divina en estos tiempos de tanta incertidumbre que anida en nuestra época? Vivimos signos alarmantes de retorno de la barbarie a manos de gobiernos genocidas en Medio Oriente y en África, como de estados fallidos atrapados por la complicidad de los gobernantes con las mafias criminales transnacionales, como es el caso de México, El Salvador y Nicaragua. La espiral de odio genocida es transmitida en tiempo real por los ataques del estado sionista israelí cometiendo crímenes de lesa humanidad, con la complicidad de Estados Unidos y la Unión Europea y la indiferencia de la comunidad internacional, contra pueblos enteros que estorban a su afán de poder geopolítico.

    El fortalecimiento de las resistencias tiene que enfrentar también debates de fondo para encontrar el rumbo de la utopía en tiempos de distopías. La memoria colectiva, que yace en el corazón de estos procesos, es hoy territorio de debate. Quién cuenta la historia y cómo la cuenta son preguntas que se hacen los zapatistas en Chiapas, como la Flotilla Sumud Global, intentando visibilizar a quienes siempre quedan en las sombras del poder que mata.

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    Los dominicos no estamos exentos de estos debates a la ahora que conmemoramos 500 años de la llegada de los frailes a lo que hoy llamamos Veracruz en México, el 25 de julio de 1526. La gran gesta de la evangelización -que, sin duda, trajo a misioneros inspirados por la utopía renacentista y por el celo de la reforma de las órdenes religiosas para volver a sus orígenes de seguimiento de Cristo-  también estuvo marcada por la libido dominandi de los conquistadores que seguían aquella máxima de la modernidad occidental pensada por Enrique Dussel de manera tan contundente: conquiro, ergo sum, es decir, “conquisto, luego existo”.

    A la hora de hacer el recuento histórico de la presencia dominicana en esta región del continente -llamada por los occidentales navegantes Tierra Firme y por geógrafos posteriores Mesoamérica- no podemos olvidar que una contradicción de origen marcó la labor evangelizadora de los frailes dominicos en el siglo XVI, como lo estudió con rigor histórico fray Daniel Ulloa Herrero en su tesis de doctorado en El Colegio de México: una corriente observante que encabezaba fray Domingo de Betanzos, y otra tendencia profética que animó fray Bartolomé de Las Casas. Sin duda hubo muchos matices entre ambas tendencias a la hora de lidiar con la evangelización en tierra colonizada que luego dio lugar a la edad de oro novohispana, aquella de los templos barrocos de la ruta dominicana desde la Ciudad de México hasta Guatemala, recorriendo todo el centro y sur del virreinato de la Nueva España.

    El esplendor del arte barroco de los templos conventuales de Puebla, Oaxaca y Chiapas ha marcado una visión del mundo donde México fue el axis mundi de aquella época inicial de la modernidad, punto de encuentro entre Asia y Europa. Fue también laboratorio de una cultura cosmopolita, como gustaba decir fray Julián Pablo Fernández cuando era prior de las ruinas del Imperial Convento de Santo Domingo de México. Una época que dio nacimiento a una cultura criolla y mestiza de valor universal, como lo cuenta el historiador de la UNAM José Rubén Romero Galván. Aunque no podemos olvidar que esa cultura criolla sometió e invisibilizó a los pueblos originarios, como subraya la lectura decolonial de nuestros días.

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    Estas reflexiones vienen a cuento a la hora de acompañar a un gran pintor maya tseltal, el maestro Antún Kojtom, quien actualmente realiza el mural conmemorativo de la llegada de los dominicos a Chiapas, en un muro ubicado en la plaza principal de Sots’leb, entre el templo y el mercado, en la cabecera municipal de Zinacantán.

    Desde hace medio año comenzamos a conversar sobre la narrativa del mural en ciernes, subrayando lo que hoy llamamos un “diálogo de saberes”, entre los pueblos mayas de Chiapas y los frailes dominicos.

    Elegimos un tono conversacional para la representación de las escenas que aparecen en el mural, dando relevancia a la religión ancestral del pueblo tsotsil, en particular sus cargos religiosos como el de las abuelas, los videntes y los mayordomos, con sus rituales de rezo en los cerros, bendiciones de los ancestros y cargos comunitarios. Mediante esta narrativa buscamos subrayar el legado de tantos siglos que hoy en día se mantiene vivo en la vida pastoral de la parroquia de San Lorenzo Mártir de Zinacantán.

    En el centro del mural aparece el encuentro entre un mayordomo tsotsil y un fraile dominico, fray Bartolomé de Las Casas, ambos de pie con la misma dignidad, intercambiando la palabra, cada uno con su símbolo de autoridad, el bastón de mando para el primero, la Biblia para el segundo.

    A la derecha, una tercera escena congrega a la Iglesia profética que ha florecido en los Altos de Chiapas y la selva Lacandona desde el siglo XVI hasta nuestros días: un grupo de frailes, con fray Matías de Córdoba que promovió la independencia de Chiapas en el siglo XIX y fray Raúl Vera con jTotik Samuel al lado, obispos de la Iglesia de los pobres y excluidos en el siglo XX. Sobre sus cabezas, a modo de papalotes movidos por el viento de la Ruah divina, los mártires de la Iglesia sancristobalense de décadas recientes: Ignacio Pérez López, pre-diácono de Chicomuselo, el padre Marcelo Pérez, párroco de Guadalupe en Jobel, Simón Pedro Pérez López, miembro de Las Abejas de Acteal y Guadalupe Vázquez Luna, sobreviviente de la masacre de Acteal.

    Al extremo derecho aparece una escena altamente simbólica para la recreación de la memoria histórica de los frailes dominicos en Chiapas, contando historias de rebeldías creativas: fray Pedro Lorenzo de la Nada dialogando con un sabio Lacandón, ambos sentados sobre rocas, a la sombra de una gran ceiba, el árbol sagrado de los mayas, con los glifos de la palabra florida saliendo de sus bocas. El fraile mueve las manos significando elocuencia, a la vez que escucha. El sabio lacandón toca su corazón con una mano y señala a la madre Tierra con la otra. Uno, vestido con su hábito blanco y capa negra; el otro, adornado con un collar de jade y calzón blanco. Los acompañan un grupo de mujeres, jóvenes y niños lacandones atentos al diálogo. Esta escena busca representar la aventura apostólica emprendida por un fraile que quiso ir más allá de los límites de las normas de la cristiandad, como lo cuenta de manera magistral Jan de Vos en su biografía de fray Pedro Lorenzo. Lo que nos pareció más importante resaltar del fundador del Palenque moderno, fue el atrevimiento del fraile rebelde de “ir a la nada”, como le espetó el prior del convento de Santo Domingo de San Cristóbal ante la insistencia de fray Pedro Lorenzo de ir a la selva a buscar a sus pobladores para anunciarles la Buena Nueva. Escapando del convento se perdió por varios años, apareciendo más tarde en tierra de los Tsendales, donde fundó Palenque. En su travesía apostólica logró llegar a Pochutla y al lago de Lacam-Tum, hoy conocido como Miramar, centro sagrado del pueblo lacandón. De esa época se conservan en el archivo diocesano algunas actas bautismales con su nuevo nombre: fray Pedro Lorenzo de la Nada.

    Al compartir con amigos los bocetos del mural en elaboración, no han faltado comentarios elogiosos por la iniciativa, sobre todo porque fue resultado de un largo diálogo con autoridades civiles y religiosas de Zinacantán. Otros han valorado que el autor invitado sea un reconocido maestro del arte contemporáneo maya. Algunas voces críticas han subrayado la presencia menor de las mujeres, o el protagonismo de los frailes en las imágenes. Por mi parte, una vez acordado con el maestro Antún el tono de la narrativa con la importancia de los símbolos de las dos tradiciones por representar en el mural, recibí con respeto y gran admiración la propuesta visual del artista quien, con su genio propio, nos dejará sin duda un legado pictórico que es el regalo de los frailes dominicos al pueblo de Zinacantán en esta conmemoración.

    Dentro de un par de semanas estaremos celebrando en San Cristóbal de Las Casas y en Zinacantán tal acontecimiento.

    Ya les contaré sobre las nuevas semillas que se van sembrando en este camino de memoria viva.

    Jobel, 22 de mayo de 2026

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