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  • La teología feminista como resistencia al clericalismo y reinvención de la Iglesia Sobre las voces y saberes de las mujeres sobrevivientes de abusosLolo Góngora | Mujeres en primera línea | Santiago de Chile, 2020

    La teología feminista como resistencia al clericalismo y reinvención de la Iglesia Sobre las voces y saberes de las mujeres sobrevivientes de abusos

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    Ayer participé en la brillante defensa de tesis doctoral de María Soledad Del Villar Tagle, pensadora y activista feminista chilena, para la obtención del PhD en el Departamento de Teología del Boston College, luego de seis años de acompañamiento como director de tesis, junto con tres destacadas colegas de renombre internacional: Lisa Cahil, Margaret Guider y Nancy Pineda-Madrid.

    Con este acto concluí mis compromisos académicos con esa universidad estadounidense, donde tuve la fortuna de tejer redes de pensamiento crítico con algunos colegas, sobre todo tesistas de doctorado que hoy son ya profesoras en varias universidades del mundo como Laurel Potter,  Valentina Nilo, Amirah Orozco y Maddie Jarrett, quienes representan las nuevas voces de las teologías feminista, queer, latinx y de la discapacidad, con un sello descolonial en sus investigaciones.

    El tema de la tesis de Sole, como le decimos con cariño sus colegas, era de suyo complejo porque toca una herida abierta en la Iglesia católica romana, a saber, la justicia para las mujeres sobrevivientes de abusos sexuales cometidos por clérigos en las últimas décadas, en particular en Chile. Por desgracia el abuso sexual de parte de clérigos -contra las mujeres adultas y contra menores de edad en su mayoría varones- es un fenómeno que se extiende como un cáncer silencioso en otras iglesias locales del mundo, donde se han establecido comisiones civiles y eclesiásticas, en especial en Francia, Australia, Canadá y los Estados Unidos. En México, por desgracia, la fuerza del pacto patriarcal persiste. La práctica sistémica del abuso sexual y moral está asociada con frecuencia al liderazgo masculino como instrumento de poder también en otras religiones, conformando un sistema patriarcal con justificación religiosa clerical, como lo ha analizado Kochurani Abraham en la India.

    Y para colmo, el abuso sexual y moral contra las mujeres y personas vulnerables persiste desde hace milenios en diversas instituciones como la escuela y el ejército, por no mencionar las familias, lugar donde varones con prácticas de masculinidad tóxica imponen formas perversas de control sobre los cuerpos, las mentes y los anhelos de las mujeres y personas vulnerables.

    A continuación, comparto algunas de mis reflexiones que propuse ayer para abrir el diálogo con Sole en su defensa de tesis que, de manera virtual reuniendo gente del Norte y del Sur, creó una comunidad de escucha, emocionada por recibir la cosecha de un pensamiento teológico feminista vivo.

    Es un gusto darles la bienvenida a la defensa de tesis de María Soledad del Villar Tagle que corona una investigación de hondo significado y largo trabajo académico que contribuye a la teología feminista latinoamericana y sus conexiones en otros contextos culturales.

    También es un honor presidir como Advisor este acto académico junto con las admiradas colegas Lisa Cahil, Margaret Guider y Nancy Pineda-Madrid, quienes conforman el Comité académico que ha acompañado con una lectura crítica la tesis de María Soledad Del Villar Tagle, brindándole importantes elementos para afinar el argumento, la metodología y las implicaciones teológicas de la tesis.

    El título de la disertación es por sí mismo elocuente y desafiante: “La crisis de abuso sexual en la Iglesia Católica chilena. Reflexiones teológicas feministas para las sobrevivientes y para una Iglesia herida”. La candidata nos pone delante de una deuda de justicia epistémica hacia las mujeres adultas sobrevivientes de los abusos sexuales perpetrados por clérigos en la Iglesia católica romana en Chile en las décadas recientes. Se trata de una investigación interdisciplinaria que combina metodología cualitativa de investigación en el marco teórico del feminismo contemporáneo y los estudios de trauma. Con ambas lentes es posible analizar la realidad de las mujeres sobrevivientes en su complejidad de dimensiones, así como ponderar las implicaciones para el proceso de sanación personal y comunitaria. Como parte crucial del argumento de la tesis surgen las implicaciones para una eclesiología que afronte las causas de la violencia de género en la Iglesia y su relación con el clericalismo como ideología de poder patriarcal que persiste en una institución milenaria.

    Por mi parte, quiero iniciar el diálogo contigo, Sole, recordando tres momentos de tu proceso de investigación compartido durante siete años. Momentos inspiradores que, a mi parecer, se encuentran “tras bambalinas” de tu trabajo teológico.

    El primero es el encuentro que tuvimos en Lovaina, durante el congreso sobre teología sistemática de 2019, donde por primera vez me hablaste de tu proyecto de investigación en ciernes. Tu enfoque latinoamericano y feminista se abría, ya desde entonces, a preguntas que se expandían a otros contextos y subjetividades que padecen violencias diversas, comenzando por las mujeres, pero conectando con otras subjetividades como las personas migrantes, las colectivas Lbgtiq+ y las personas con capacidades diferentes. Así lo fuimos explorando juntos en el curso de pregrado “Dios, la persona y la sociedad”, donde colaboraste como asistente de enseñanza a mi llegada a BC en el crudo invierno de 2021 en medio de la pandemia. Ese hilo de la violencia contra personas vulnerables sigue presente en el tejido de tu tesis.

    El segundo momento fue el encuentro con las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) de El Salvador al que nos invitó Laurel Potter, como el momento de verificación de los resultados de su investigación de tesis sobre la eclesiología de las CEBs en tanto teología narrativa de la liberación con sus altares, memoriales y celebraciones dominicales. En ese coloquio, nutrido por la visita al lugar del martirio de Monseñor Romero, subrayaste tu experiencia con las comunidades de mujeres en Chile que asumieron el ver-pensar-actuar como parte de su camino de seguimiento de Jesús. Procesos que te conectan con tus ancestras chilenas en la construcción de un mundo otro, más allá del patriarcado, como Gabriela Mistral y Violeta Parra en tiempos libertarios, o Elizabeth Lira y las asistentes sociales de la Vicaría de la Solidaridad en tiempos la dictadura chilena. Otro hilo precioso en tu telar teológico es esta trama comunitaria de la experiencia de las mujeres y su modo de acuerpar la redención por medio de prácticas de cuidado por las que enfrentan de manera creativa la pedagogía de la crueldad producida por el mandato de masculinidad analizado por Rita Segato.

    El tercer momento que quiero evocar hoy fue el encuentro festival Re-existe. El Espíritu cruzando periferias, celebrado en Guadalajara, México, en 2023. En particular, quiero recordar aquí el taller con plastilina que dirigió el colectivo de la diversidad sexual de estudiantes del ITESO. Fuimos invitades a moldear con plastilina los órganos sexuales reproductivos para hablar luego de nuestra propia relación con nuestros cuerpos. Entonces tú estabas embarazada de Manuel y moldeaste con plastilina tu vientre con el embrión dentro. Lo más sorprendente esa tarde fue tu diálogo con las Madres Buscadoras que lloran en México la ausencia de sus hijes. Ellas conectaron contigo de manera potente y tú con ellas por la presencia-ausencia de sus maternidades propias. El cuidado mutuo como sororidad se tradujo en este momento memorable como una experiencia de cuerpas en resistencia y re-existencia. Ahí descubro otro hilo precioso en el telar de tu tesis.

    Con estas remembranzas, quiero pedirte que nos expongas ahora con más claridad dos elementos de tu tesis que ya están enunciados en el último capítulo, pero que serán parte, sin duda, de futuras investigaciones: ¿Cuál es la espiritualidad de la resistencia de las mujeres abusadas y sobrevivientes que no solamente las empodera, sino que les permite conectar con otras subjetividades en resistencia? ¿Qué rituales de sororidad pueden conectarse con otras colectivas en resistencia como expresión de la Iglesia como cuerpo de Cristo herido y en proceso de resurrección?

    Y luego prosiguió un diálogo rico en torno a las prácticas por medio de las cuales las mujeres sobrevivientes imaginan y crean otro mundo posible: rituales de sororidad, resignificación de las celebraciones sacramentales del cristianismo volviendo a su fuente simbólica y ética, así como la conexión con espiritualidades ancestrales que mantienen viva la sacramentalidad de la Madre Tierra como regalo de la Divinidad, y muchas prácticas más.

    Esas cuestiones quedaron abiertas para futuras investigaciones. No me cabe duda de que la teología feminista hoy sigue vigente con una nueva generación de pensadoras, proponiendo pensamiento crítico como el de María Soledad Del Villar Tagle, contribuyendo así a construir nuevas expresiones de un cristianismo post-patriarcal como promesa cumplida de vida para todes.

    Al concluir la defensa, el Comité aprobó por unanimidad la brillante tesis, recomendando su publicación en español para devolver a las sobrevivientes y sus colectivas esos saberes cosechados, así como algunos artículos o monografías en inglés sobre los temas que se cruzan en este tejido interdisciplinario, como el feminismo, el trauma y las espiritualidades de las sobrevivientes.

    Quienes deseen conocer las publicaciones de Sole, pueden encontrarlas aquí: https://psiucv.academia.edu/Mar%C3%ADaSoledadDelVillarTagle

    Boston – San Cristóbal de Las Casas – Valparaíso, 13 de marzo de 2026

  • Sobre la esperanza en tiempos inciertosMadres buscadoras | NTR | Zacatecas, 2025

    Sobre la esperanza en tiempos inciertos

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

    Al atardecer de este sábado comienza la primera vigilia de Adviento, cuando las comunidades cristianas en todo el mundo iniciamos un camino, en medio de la noche de los tiempos, para recibir la luz humana y divina de la dignidad con esperanza que trae el mesías. En las celebraciones nocturnas resonará el antiguo canto Rorate caeli cuya letra y melodía es como un lamento que sube al cielo desde la ciudad desolada, clamando que “las nubes lluevan al Justo”, como imploraba el profeta Isaías (45:8) durante el exilio en Babilonia.

    Cada año, este calendario de cuatro semanas previas a la Navidad está acompañado de signos de luz, verdor, cánticos, dulces, ternura y comunidad. Según cada cultura, el tiempo de espera del advenimiento del mesías evoca la conciencia de que “algo nos falta” para el cumplimiento de esos tiempos nuevos de justicia, verdad, compasión y paz, no solamente para un pueblo que con arrogancia pretende ser el único elegido, sino para toda la humanidad e incluso para el cosmos entero.

    Cada generación ha visto señales terribles de que el mundo se está acabando, sea por epidemias que nos hacen sentir cuán vulnerables son nuestros cuerpos y conocimientos; sea por guerras de los imperios en turno contra poderes emergentes que amenazan su soberbia; sea por la incertidumbre de la propia vida que se ve disminuida por la edad, la enfermedad, el fracaso, la soledad o la desesperanza.

    Los textos bíblicos que las comunidades creyentes meditamos estos días hablan de la espera del mesías, primero con un fuerte tono apocalíptico que anuncia la destrucción del mundo corrupto, alcanzando a todo el cosmos con una catástrofe que destruirá todo por la soberbia humana que se ha adueñado de la creación.

    Luego, conforme se acerca la fecha de celebración de la natividad del mesías Niño, un nazareno, el tono de los textos se va haciendo más esperanzado por el anuncio del Dios cercano, humanizado, pequeño y frágil. Se trata de la promesa encarnada de una vida divina y humana que comienza en completa vulnerabilidad en la historia de una familia migrante con un bebé recién nacido, tratando de sobrevivir en la periferia del imperio y huyendo de la furia del gobernante local, para encontrar luego un refugio en Egipto, desde donde comenzará a escribirse una página definitiva de la historia de redención humana.

    Sin embargo, la depresión colectiva que atravesamos hoy como humanidad debido a la escalada a los extremos del odio –que cunde por el planeta de manera apocalíptica “como mentira de Satán”, decía René Girard en una entrevista que me concedió en 2007 en París (La esperanza como apocalipsis)– parece hacer ilusoria toda narrativa de esperanza para nuestros tiempos de incertidumbre. El genocidio en Gaza sigue su curso como clímax de la Nakba o Catástrofe iniciada en 1947 con la expulsión de cerca de un millón de palestinos de sus tierras para dar paso a la creación del estado de Israel en 1948; una violencia sistémica que sucede hoy ante nuestras pantallas digitales con la indiferencia actual de las redes sociales y de la comunidad internacional. Las guerras en Ucrania, Congo y Sudán del Sur se han “normalizado” al punto de no ser ya portada de periódicos, y mucho menos trending topic en el mundo digital. En México, la indiferencia de la opinión pública en temas urgentes como la crisis de agricultores de maíz, limón y aguacate que ha producido la violencia en Michoacán, junto con los feminicidios que persisten junto con la desaparición forzada de personas, hablan de un hartazgo de la población que se expresa en paros, tomas de carreteras y protestas en las calles. Pero la masa parece anestesiada y se refugia en burbujas de entretenimiento y compras desaforadas de temporada decembrina que, además de otros males, dejan a la economía doméstica en ruinas por los próximos meses y años.

    El consumismo religioso también es parte de la avasalladora mercadotecnia navideña, entre decoraciones kitsch y remembranzas de artesanías populares para preparar piñatas con los personajes del momento. No faltará ahora en las posadas mexicanas la piñata de Trump que se vende en varios mercados de México y los Estados Unidos, que recibirá palos como ritual de venganza entre risas y abucheos hasta que se quiebre el cartón y las mechas güeras del tirano salgan volando como estrellas fugaces en algún patio de vecindad en la Ciudad de México, Chicago o Los Ángeles para solaz de todos.

    Algunas pocas familias tal vez recuperen el sentido “místico” de la corona de Adviento, siguiendo al Avatar de Carlo Acutis explicando el Adviento 2025 que circula en redes, explicando con mucha propiedad el significado espiritual del rito de encendido de cada una de las cuatro velas de esta temporada que prepara la Navidad. La luz encendida cada domingo de Adviento simboliza al “pueblo que caminaba en tinieblas y vio una gran luz” (Isaías 9: 2) que anunciara el profeta al pueblo hebreo devastado por la división entre los pequeños reinos de Israel y de Judá, con sus líderes corrompidos por la idolatría del poder, buscando alianzas con la vecina Siria para vencer a la tribu rival.

    Y como un no-lugar en medio de tanta bulla, haciendo un vacío en medio de la algarabía citadina, en México las colectivas de Madres Buscadoras (Madres buscadoras encienden árbol de Navidad) montarán árboles de Navidad revestidos de esferas con los rostros de quienes nos faltan. Ellas son hoy “la voz que clama en el desierto” (Juan 1: 23) porque hablan en nombre de las víctimas de la guerra del narcoestado y de la idolatría del necropoder de nuestros días.

    Tal vez ahí radica el fondo teologal de esta temporada: la ausencia del mesías es algo que ha inspirado a generaciones hebreas y cristianas desde hace siglos para movilizarse a fin de hacer presentes los tiempos mesiánicos por medio de actos de rememoración, justicia y una (im)posible reconciliación.

    Más allá de una celebración folclórica del advenimiento del Dios-con-nosotros, de lo que se trata hoy es de ir al reverso de la historia para contemplar ahí, en el silencio de la noche, algún destello de luz que anuncie la llegada del mesías. Y quienes sienten en cada segundo de su vida, en cada respiro –como Vero y Fabiola, madres buscadoras que nos compartieron su esperanza en un encuentro reciente en Guadalajara– la ausencia que duele y moviliza a la búsqueda por amor, son quienes nos enseñan lo que significa la esperanza en tiempos de incertidumbre, corazón del Adviento.

    El próximo lunes 1° de diciembre, se presentará en línea el documental Re-existe 2025 (Presentación del documental Re-existe 2025), preparado por el realizador uruguayo Juan Meza. Ahí se cuentan algunas de las historias de despertar, sanar y acuerpar que compartieron personas de diecisiete países y diferentes tradiciones religiosas y espirituales de cuatro continentes enfrentando violencias diversas donde ha sido posible deletrear la esperanza.

    El Adviento es tiempo para seguir tejiendo redes de esperanza combativa, afirman los movimientos sociales en las periferias del imperio, a fin de que este mundo nuestro no se vaya al precipicio. Y es posible hacerlo escuchando a las personas que por años y siglos han resistido y ahora nos acompañan a re-existir.

    Porque habrá esperanza siempre que haya personas y comunidades que vivan el tiempo del fin, subrayado con tanta insistencia por Javier Sicilia y Elías González, como la oportunidad para entrar en otro modo de existir en medio de la violencia pero preñados con la espera activa de los tiempos mesiánicos.

    ¡Buen tiempo de Adviento!

    Ciudad de México, 29 de noviembre de 2025

    Nota: Agradeceré tus comentarios al final de esta página.

  • Una flor de composta O sobre las re-existencias en medio de la catástrofeCarlos Mendoza | Re-existe 2025 | Ritual de apertura 23 IX 25

    Una flor de composta O sobre las re-existencias en medio de la catástrofe

    Por Carlos Mendoza Álvarez

     

    A fines de septiembre más de ochenta personas de colectivos de sobrevivientes de diversas partes del mundo nos reunimos en un encuentro de mutua escucha, profundizado por diálogos atentos con gente de universidad y nutrido con provocaciones venidas de colectivas de artistas. Fuimos recibidos con la magnífica hospitalidad de la Cátedra Jorge Manzano del ITESO que se convirtió en hogar por unos días.

    Comenzamos celebrando las resistencias que transforman por amor lo que parece desperdicio, inspirados durante el acto inaugural por la reconocida cantante catalana Lídia Pujol que susurraba diciendo que “de la composta que es podredumbre puede surgir la flor” (Babel). Ella había descubierto esta sabiduría en la poesía de su paisano del siglo XII Ramon Llull, quien contaba que “habiendo encontrado el amigo un hombre que moría sin amor, al preguntarle por qué moría sin amor éste le respondió que nadie le había dado a conocer el amor ni lo había instruido a ser amador”.

    Angélica, venida de tierras de Malasia, esparció granos de arroz y de sal del Himalaya como ofrenda durante el ritual inaugural por el que nos dispusimos a escuchar con atención a la otredad que nos acoge como Madre Tierra y nos habita como Divinidad que nos anima con su inefable soplo de vida.

    Cinco mesas con representantes de seis colectivos cada una, en grupos lingüísticos distribuidos en español e inglés, fueron el lugar para escucharnos cada mañana, intercambiando experiencias para despertar, sanar y acuerparnos, desde la vulnerabilidad íntima de cada persona y colectiva. Cada una de las mesas contaba con dos personas “escuchadoras”, para encontrar las semejanzas y las diferencias entre las experiencias  narradas e ir tejiendo así un mutuo acompañamiento con solidaridad y esperanza para enfrentar el horror local y global que íbamos describiendo. Raúl, joven maya educador popular por medio del hip hop en Chiapas, comentó que “nunca nadie se había sentado en una mesa para escuchar mi saber”. Nancy, teóloga feminista latina de los Estados Unidos, junto con Bosque, biólogo y activista ambiental-espiritual de Cuernavaca, tenían a su cargo, como otras personas de academia y sociedad civil organizada presentes en el encuentro, cultivar esta escucha atenta para tejer una narrativa común en medio de las diferencias de cada experiencia y contexto.

    Así, fuimos explorando con mucho respeto la tierra sagrada de las resistencias y las re-existencias. Primero, acercándonos al horror al que le íbamos poniendo nombre y apellido según las historias que cada quien contaba. Sofía, por ejemplo, compartió su experiencia como joven abogada ecuatoriana migrante en Barcelona, donde desde hace algunos años camina con mujeres trabajadoras domésticas sin papeles en un “acuerpamiento” feminista que las fue llevando a la formación de un sindicato que las fortaleciera en la lucha por sus derechos como mujeres migrantes a la vez que les permitiera desarrollar habilidades artesanales para sufragar su causa. La reflexión de Sofía hacía eco con la de Alex, diseñador gráfico y artista popular que acompaña a las Comunidades Eclesiales de Base de El Salvador enfrentando el estado de excepción del presidente Bukele. Ya en su cuarto año con un líder autoritario ese régimen de excepción produce basurización de la vida de las juventudes pobres de las periferias salvadoreñas acusadas de criminalidad para lavar la cara de un régimen que desde hace años pacta con las mafias criminales. La resistencia de ambas colectivas, tanto en Cataluña como en El Salvador, transpiraba una “interioridad” que las anima en el día a día de sus luchas. La espiritualidad cristiana en el caso salvadoreño y la sororidad feminista en el caso catalán.

    Pero no se trataba solamente de compartir la palabra oral, sino de explorar otros lenguajes por medio de talleres de expresión corporal y sonora, o por medio de la danza del Jauja en el altiplano andino peruano como camino de resistencia de un pueblo, para encontrar así otros modos de comunicación entre las madres buscadoras y las compañeras sanadoras que venían de Dakota del Sur o de Malasia. Esos lenguajes otros permitían superar las barreras del idioma y nos ayudaban a crear vínculos de comunicación no verbal muy poderosa.

    Y para ir amarrando nudos en el tejido de los hilos entrelazados en cada jornada, llegaron los performances, como aquel preparado con mucho amor y talento por una colectiva de Portland para celebrar al agua que nos conforma, así nos ayudaban a sentir que somos agua. A ritmo de hip hop y rap como propuesta de arte urbano alternativo, las colectivas mayas de Chiapas que educan a las infancias amenazadas por los cárteles de la droga en las periferias de las ciudades de las montañas del sureste mexicano, resultaron ser un bálsamo para curar heridas aun abiertas por otras violencias. Como aquella narrada por Vero buscando a su hijo Diego, desaparecido desde hace diez años, o la violencia contra las niñas en Pakistán que contaba Sabine en su labor de acompañamiento en barrios populares de Faisalabad, en la región de Punjab en Pakistán. Gracias a ese performance rapero todos nos unimos al baile, a la vez que dibujábamos algún símbolo en el mural pintado por Yara como parte del performance también dedicado al agua que está siendo asesinada en ríos, lagos y mares del planeta.

    Concluíamos cada jornada con un momento de cosecha, donde la narrativa popular de Bendita Mezcla, formada por jóvenes de las Comunidades Eclesiales de Base de Nuestramérica, nos ayudaba a celebrar lo escuchado y compartido a través de símbolos, cantos y rituales. El personaje guía fueron las abejas como símbolo de resistencia de la Madre Tierra a las que dimos la bienvenida con una vela de cera producida por ellas, quemando con su llama la palma de nuestra mano para sentir el dolor de las especies en extinción, gesto que iba acompañado de una gota de miel vertida en la otra mano para darnos a degustar la dulzura de ellas como sobrevivientes.

    Luego vino la casita de Acteal que se puso en el centro del círculo de los participantes para recordarnos la historia martirial de unas abejas humanas. El colectivo pacifista de Las Abejas vinculado a las bases zapatistas optando por la vía de la no-violencia activa en su lucha compartida con justicia y dignidad para los pueblos originarios, padeció el asesinato de 45 de sus miembros, entre ellos cuatro mujeres embarazadas, quienes fueron masacrados el 22 de diciembre de 1997 en Chiapas en la ermita de la comunidad mientras oraban por la paz, crimen perpetrado por paramilitares con la complicidad del ejército federal (Matanza de Acteal, Chiapas. Grave violación a los derechos humanos por parte del Estado mexicano en 1997). Su memoria sigue aguijoneando como astilla que duele la vida de los pueblos originarios que buscan otros mundos posibles.

    Cerramos esos momentos de cosecha elaborando papalotes o cometas con mensajes de paz para las mujeres violentadas por el patriarcado y para el pueblo palestino en resistencia al genocidio en curso por el estado israelí, artefactos que nos ayudaron a dirigir el corazón y la mirada hacia un futuro con dignidad y esperanza para los pueblos en resistencia.

     

     

    La visita a la comunidad de El Salto, en los suburbios de Guadalajara, nos llevó a cruzar la línea abismal del ecocidio en curso que la colectiva ambientalista que nos recibió en el “Tour del horror” (Un Salto de Vida) describe como “un paraíso industrial con infierno ambiental”. La cuenca del río  Lerma-Santiago que recorre 708 kilómetros de longitud del occidente de México es una herida abierta del territorio mexicano y de las especies animales y vegetales con los pueblos que lo habitan. Desde el boom industrial de la posguerra en el siglo pasado la industria contaminante se esparce en esa amplia región como un virus social y ambiental. Al día de hoy se han identificado más de 90 contaminantes altamente tóxicos, muchos de ellos cancerígenos, de los cuales sólo se depuran unos pocos que son más visibles con un par de plantas de tratamiento. Sofía y Pedro, jóvenes ambientalistas de la zona, nos cuentan que las empresas transnacionales instaladas en esa cuenca como Nestlé, Toyota, IBM y muchas otras se dicen ser hoy empresas verdes, cuando en realidad sus proveedoras locales de partes son las que producen alta contaminación pues no cumplen con los reglamentos vigentes nacionales e internacionales (15 empresas transnacionales contaminan el río Santiago, señala informe internacional). El ITESO es parte de una red de universidades de la región que estudian el problema del agua (Industria y naturaleza en conflicto: ¿habrá un
    futuro para el agua en Lerma-Chapala?) en constante colaboración con las colectivas de pobladores y ambientalistas que buscan salvar la cuenca hídrica con sus habitantes de especies diversas.

    Entre los miembros del colectivo que nos recibe está Emmanuel, un pequeño niño de escasos diez años de edad, quien con sus botas y sombrero vaquero, va de la mano de su Mamá a mostrarnos los humedales contaminados, con el olor pestilente de las aguas negras de la ciudad y las especies invasoras que ahí habitan como la tilapia que es un pez contaminado que se vende en muchos mercados del país. El presente ecológico para este pequeño niño tapatío es catastrófico, pero el futuro posible comienza a abrirse paso con la organización de la comunidad.

     

     

    Uno de los rituales de la mañana fue presidio por Cecelia Firethunder, abuela Lakota que nos contó el largo camino de sanación de las heridas de su pueblo en resistencia en los Estados Unidos. La experiencia que tuvo de niña en un campo de girasoles que la acogía en una danza de dignidad y fortaleza cuando ella enfrentaba discriminación en la escuela la sigue arropando desde entonces para acompañar a su pueblo a despertar de la segregación secular, para sanar la memoria herida recuperando su lengua, sus saberes y sus rituales ancestrales. Es posible entonces caminar creando nuevas formas de alimentación, como aquella iniciativa compartida por su compatriota Nick Hernández para recuperar tierras y modos de organización comunal y de agricultura indígena Lakota (Makoce. Agriculture Development) en el corazón de las reservas indias que son territorios controlados por el gobierno estadunidense desde hace doscientos cincuenta años.

     

     

    De la composta que es podredumbre puede surgir la flor, como decía Lídia Pujol.

    Pero para que ese momento llegue en nuestros tiempo de colapso ambiental es preciso reciclar primero los desechos producidos por el capitalismo extractivista, racista y patriarcal para recuperar lo orgánico de las resistencias de las comunidades de sobrevivientes, incluida la Madre Tierra.

    Al finalizar el encuentro, retornamos cada quien a nuestros lares de origen y de opción de vida con la certeza de que mientras haya resistencias habrá esperanza porque ahí, en medio de la catástrofe, brotan los lirios de las re-existencias.

     

     

    Guadalajara, 28 de septiembre de 2025

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