Autor: mendocinomx

  • Marchar o no marchar, esa es la cuestiónGhandi’s Dandi (Salt) March, 2012

    Marchar o no marchar, esa es la cuestión

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

    En semanas recientes México ha sido escenario de convulsiones sociales surgidas del hartazgo de la población ante la violencia del narco que controla cada vez más y más territorios. El estado de Michoacán se ha convertido en epicentro de esa violencia contra la población, en particular contra productores de aguacate y limón que tienen en sus manos ese maldito « oro verde » (La cara menos brillante del nuevo ‘oro verde’ mexicano) que está devastando los sistemas ambientales y sociales. Se trata de una expresión de la economía depredadora que forma parte de la sociedad extractivista en la que estamos atrapados desde hace décadas en el mundo. La clase política intenta en vano promover planes de desarrollo regional con gran impacto mediático, pero con pocos resultados para las víctimas y muchas alianzas que mantienen la « estabilidad » en la región para consolidar los privilegios de las mafias criminales.

    Como ya lo habían pronosticado analistas de casos similares de narcoeconomías, como Colombia hace décadas y ahora México (Terrorismo y delincuencia organizada), lo que sucede es una escalada de violencia producida por las redes de criminalidad, que toca primero a las poblaciones locales para ir ascendiendo hasta alcanzar también a la clase política y empresarial para acrecentar las ganancias, el poder político y el control sobre los territorios. Incluso el gobierno de los Estados Unidos conoce de cerca estas redes de criminalidad y juega con ellas según sea un beneficio para su papel de garante de la democracia en el mundo en un nuevo « orden multipolar » (Trump está cometiendo un grave error estratégico si piensa que puede repartirse el mundo con potencias autoritarias y conseguir la paz) negociado con los regímenes autoritarios de China y Rusia.

    Los ciudadanos « de a pie » — expresión que suele aplicarse hoy a los oficios más riesgosos como el periodismo y por desgracia hoy la vida académica en universidades sometidas a censura— quedamos azorados, inermes y atónitos ante tal avalancha de inseguridad, crímenes en la plaza pública y falsas promesas de las autoridades. Las iglesias intentan por su parte promover sin mucho éxito « planes de paz », o mejor aun, de « pacificación » para restaurar el tejido social roto. Ya mencionaba en la entrada anterior de hace unos días el Diálogo Nacional por la Paz que desde hace tres años promueve la Iglesia católica en una alianza poco común entre el episcopado mexicano, las órdenes religiosas y las organizaciones civiles de inspiración cristiana.

    El problema que surge en iniciativas venidas del mundo político, empresarial y religioso es el sujeto. Es decir, las comunidades en su lugar de vida parecen estar ausentes como actoras de las propuestas. Porque lo urgente es « la refundación de México desde las víctimas », como ha dicho con insistencia desde hace quince años Javier Sicilia (Carta abierta de Javier Sicilia a López Obrador).

    Hoy quizás, siguiendo ese clamor a muchas voces que surge de las tragedias producidas por la violencia sistémica, podríamos decir que se trata de apostar por la diversidad de autonomías (subjetivas, territoriales, políticas y hasta religiosas) para recuperar « lo político » desde abajo. Tal es el tema central del libro colectivo en preparación para la editorial estadounidense Orbis Books, que coordino con el espléndido apoyo editorial de Nathan Wood-House y Francis Boccuzzi.

    El domingo pasado asistí a la marcha convocada por el Movimiento del Sombrero de Michoacán que fundara el alcalde asesinado Carlos Manzo. Se sumaron a esas protestas realizadas en treinta y cinco ciudades del país algunos grupos de la Generación Z que representa a las juventudes nómadas digitales que ya han estremecido centros de poder en le mundo, como en Nepal y Perú. Acudieron unas veinte mil personas en la Ciudad de México, con un saldo de más de cien heridos (La Generación Z decidirá las próximas elecciones en México), donde hubo disturbios violentos al concluir la marcha en el Zócalo, provocados por personas encapuchadas tratando de ingresar a Palacio Nacional, donde fueron repelidos por granaderos, luego de que derribaran una de las inmensas vallas metálicas con que las autoridades habían « protegido » el edificio emblemático del poder central del país. Fueron consignadas dieciocho personas  y ocho de ellas se encuentran en prisión preventiva enfrentando cargos por amenaza a la vida de algunos guardias apaleados y heridos, como muchas otras personas en la marcha de las que nadie habla, algunas de ellas sin haber estado involucradas en acción violenta alguna.

    Si bien aun quedan por esclarecer los hechos y el proceder según el derecho, sigue en el aire este malestar social creciente que se torna indignación y protesta pacífica, a veces violenta, contra un gobierno paralizado, si no coludido, con esas mafias ya mencionadas.

    El pasado jueves 20 de noviembre, aniversario nacional de la Revolución Mexicana, las protestas de la Generación Z se realizaron de nuevo en varias ciudades del país, con particular rabia expresada de nuevo en la principal plaza pública de la capital del país.

    Marchar o no marchar, esa es la cuestión que hoy la ciudadanía en México y el mundo se plantea como cuestión existencial, ética, política y espiritual para expresar el hartazgo ante las múltiples cabezas de la hidra del necropoder que se han adueñado del mundo.

    Partidos políticos e iglesias pretenden « representar » a los pueblos, pero han perdido credibilidad. Las organizaciones de la sociedad civil han quedado rebasadas por las marejadas de inseguridad, impunidad y terror.

    ¿Qué queda hacer en medio de las ruinas de un estado-nación superado por los poderes del capitalismo extractivista de hoy?

    Marchar en las plazas públicas como ciudadanía en resistencia pacífica es la vía que muchos pueblos en tiempos modernos han seguido como forma de transformación social profunda.

    Un símbolo de esta travesía social —vivo aun en la memoria moderna— es la famosa Marcha de la Sal que Gandhi emprendiera hace casi cien años, en 1930, comenzando con un puñado de ochenta personas, desde Ahmedabad hasta la costa del Guarat, sumando personas a lo largo de trescientos kilómetros, para protestar contra el imperio británico, en un lugar secular de opresión de los pobres de la India. Al final de ese año, sesenta mil personas se habían sumado a la protesta que fue el punto de quiebre que abriera paso a la independencia de la India.

    En México, Pietro Ameglio (Desobediencia civil y otros textos ) ha mantenido viva la memoria y la reflexión de ese acto ético y político de desobediencia civil, en el contexto de la Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad iniciado en abril de 2011. Algunos dirán que —casi quince años después de ese clamor— México sigue extraviado, cayendo en el caos de un estado fallido producido por el necropoder.

    Otros apostamos hoy por volver a la fuente de las « autonomías » que surgen en las subjetividades, cuerpos y territorios liberados, donde los seres humanos echamos raíces, florecemos y morimos para perdurar, es la pista que propone el pensamiento anti-sistémico de la Escuela de Cuernavaca.

    En su fondo místico, la única vía para detener la espiral del odio será exponiendo el propio cuerpo. Así lo describió san Pablo al referirse a Cristo: « derribó el muro del odio en su propio cuerpo » (Efesios 2 :14). Gesto mesiánico por excelencia que vivió de manera prístina Jesús de Nazaret en una cruz atroz impuesta por el imperio romano con la complicidad de las autoridades religiosas del Templo de Jerusalem. Destino trágico pero no definitivo, porque esa vida ofrecida fue transformada por su Abbá celestial y por su comunidad de sobrevivientes en semilla de vida nueva.

    Al fin y al cabo, autonomías con mística de vida plena surgida de los excluidos de todos los tiempos. Esa es la marcha de la dignidad que no acaba.

    Marchar o no marchar.

    La cuestión sigue abierta para nosotros hoy.

    Oaxaca, 22 de noviembre de 2025

    Nota: Agradeceré tus comentarios al final de esta página.

  • Desaprendiendo la eficacia para habitar la incertidumbreDiedrick Brackens | The Cup is a Cloud | Los Angeles, 2018

    Desaprendiendo la eficacia para habitar la incertidumbre

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

    Hace ya siete meses que dejé Boston, luego de un quinquenio de vida académica en el frenético engranaje de la eficiencia estadounidense, con un desafío especial de fondo que consistió en traducir las ideas maestras de la teología latinoamericana y europea moderna a grupos multiculturales de estudiantes blancos de Estados Unidos, y otros venidos de Corea, China y Japón en su mayoría, más algunos de Turquía, El Salvador, Colombia y Chile.

    La cortesía inicial de los colegas, tanto estudiantes como profesores, fue dando paso con algunos pocos de ellos a una conversación verdadera, siempre predominando el respeto al trabajo individual con escasos intercambios sobre el sentido de nuestro trabajo como comunidad académica.

    Guardo en el corazón los mejores momentos de esos encuentros, como los coloquios a los que les dimos el tono descolonial de “conversatorios” (Beyond Global Violence Initiative), donde pudimos abrir ventanas para que colegas del norte y del sur se escucharan mutuamente, con ciertas dificultades para transitar entre ambos mundos, no solamente por las diferencias de la lengua sino por las vivencias diversas que dan sustento al cuerpo, al pensamiento y a la palabra.

    Lo que más disfrutábamos todos eran las tertulias en el calor del hogar chileno bostoniano de Valentina y Domingo, anfitriones excepcionales para el corazón y el paladar. Ahí podíamos compartir con mayor cercanía y libertad las ideas e intuiciones que habían quedado flotando en los auditorios del campus de Chestnut Hill. En algunas ocasiones, con la sazón italiana de Francis ayudado por Martín, y al calor de la bonhomía de Neto en su casa siempre lista para recibirnos como buen salvadoreño, cada quien iba encontrando su lugar en el vaivén de la palabra, del vino y del canto. En esos hogares acogedores recibimos a amistades de Brasil, México, El Salvador, Colombia, Puerto Rico, España, Ohio, Illinois, Nueva York, Indiana y California, de paso por tierras de los Massachussets. Y ahí nacieron nuevos proyectos de coloquios, libros y viajes que hasta el día de hoy nos siguen sorprendiendo e inspirando a todos.

    Pero todo se interrumpió por mi súbita salida de territorio estadounidense en la era Trump, quedando sembrada esa semilla de inteligencia cordial en la memoria viva.

    En los meses posteriores, de vuelta al terruño y con viajes entrelazados entre Sudáfrica, Turquía, Brasil y Chile, me encontré con el desafío de mirar con ojos nuevos mundos diversos, poniendo especial atención en “quienes habitan en las sombras de las sombras de las sombras”. Así fui llevado –por puro regalo de mis anfitriones durante esos periplos– a vivir momentos de una simplicidad demoledora y bella, como la visita acompañando a Lance de la Universidad de Pretoria a la granja de refugiados congoleños en las afueras de la ciudad, donde su dolor por no tener hogar por más de cinco años se veía en su mirada, pero en ella surgía a la vez un destello de dignidad que aun llevo en el corazón y el espíritu como un llamado a la cercanía.

    Tengo viva en la memoria la caminata por los acantilados de Cape Town en compañía de Grant y su equipo donde contemplamos, en una mañana soleada y fría del invierno sudafricano, cómo los dos grandes océanos Atlántico e Índico se encuentran, a veces con furor y otras con ternura. Metáfora de mundos entrelazados.

    Recuerdo también con emoción la oración ecuménica estilo Taizé animada por mi hermano dominico Claudio junto con Eda, ciudadana estambulita, y un grupo de estudiantes africanos y ucranianos residentes en Estambul, intercalando mantras por la paz en diversas lenguas, acogidos en la penumbra de la iglesia de los predicadores, ubicada cerca de la torre de Gálata. Fue un destello de lo que significa Pentecostés, aunque solamente como un reducto de espiritualidad en medio de una vibrante cultura musulmana moderna que mira con curiosidad lo que pasa dentro de esos enclaves cristianos.

    Atesoro en la memoria la eucaristía sencilla y breve en la capillita de madera de los jesuitas de Tirúa, en un pequeño altar cubierto con un tejido mapuche y adornado con una lámpara de aceite estilo oriental que creaba una penumbra luminosa, en una mañana de primavera en el Wallmapu, al extremo sur de Chile. Tuve la gracia de departir con ellos por unos días su despojo gozoso, como caminantes acompañando al pueblo Mapuche en defensa de su territorio, su lengua y su espiritualidad ancestral.

    En cada una de esas experiencias quedó en el aire para mí la pregunta de cómo tender puentes para compartir intimidad espiritual entre personas y comunidades de tradiciones diversas. Y me acordé de los rituales que hemos explorado en Re-existe, precisamente buscando nuevos lenguajes para celebrar juntos nuestras vidas precarias pero abiertas a la esperanza según tradiciones ancestrales diversas, desde los pueblos originarios hasta las religiones del libro y la interioridad secular de quienes son personas o colectivos sin religión.

    De vuelta a la tierra de mis ancestros, ya sin la presión cotidiana del salón de clase y las insufribles reuniones académicas, comienzo ahora a sentir lo que significa ir desaprendiendo la eficacia. Disfrutar el tiempo libre del otium, más allá del negotium, como se los contaba hace unas semanas aquí.

    Pero se trata de algo más que desacelerar el paso. Algo me mueve hoy a vivir el tiempo de otro modo como interioridad renovada y el lugar como terruño. Busco un ritmo externo entre caminata matinal, deberes religiosos, lectura atenta de libros apilados en el escritorio desde hace años, escritura más creativa soltando la pluma explorando nuevos géneros literarios. Pero no basta. Es algo más lo que intuyo en el horizonte, la búsqueda de un “lugar” donde echar raíces, crecer lentamente y florecer, siguiendo aquella creativa intuición de Ivan Illich y Jean Robert (El lugar en la era del espacio). Ya se irá vislumbrando poco a poco con mayor nitidez en los próximos meses el lugar y el tiempo donde fluya la inspiración.

    Ahora que tengo tiempo para “no hacer nada”, me siento invitado a reinventarme cada día. Ciertamente laboro en el presente con maravillosos proyectos de creación intelectual, como el libro colectivo sobre teología política –con la introducción a mi cargo, invitando a la mesa de la palabra a quince comensales de ocho países distintos invitados a pensar “lo común” en tiempos de gran catástrofe– cuyo manuscrito reviso con el apoyo de Francis y Nathan, queridos colega.s que conocí en Boston College, mismo que será publicado el próximo año por una prestigiosa editorial de los Estados Unidos.

    Me deleito revisando los guiones del documental y del cómic –a cargo de Juan y Katsumi respectivamente–que harán memoria del pasado encuentro Re-existe 2025. El Espíritu conectando las periferias que pronto difundiremos en el mundo digital para seguir nutriendo nuestras resistencias ante el mal que nos rodea hoy como violencia sistémica. Esta iniciativa ha ido creando un lugar-tiempo poliédrico donde aprendemos a re-existir, reinventándonos junto con otros sobrevivientes.

    Y con emoción imagino también –junto con algunos dominicos y dominicas que buscamos nuevas expresiones del carisma de la predicación en nuestro contexto inédito– lo que nacerá luego de nuestro encuentro sobre Nicea en octubre pasado en Estambul. Ubicados en las ciudades y aldeas laboratorios de hoy buscamos cómo comunicar hoy a la humanidad el gozo de ser habitados por la Palabra divina y humana que nos redime, arraigados en el mundo secularizado o en medio de tradiciones espirituales diversas.

    Animado por esos recuerdos vivos y por las labores en curso que conectan con mi deseo profundo enfrento ahora el reto de “parar” la vorágine de la eficacia, desaprendiendo a vivir y pensar sólo produciendo. Se trata de un camino en reversa, pero sobre todo de una implosión de un deseo vertiginoso, para volver al centro inmóvil del cuerpo, del deseo, del pensamiento y del espíritu desde donde fluye otro modo de existencia.

    Y entonces aprenderé a dejarme habitar y ser movido –como lo conversaba con mi amigo Juan Carlos La Puente en el corazón de la pandemia (Mutuo acompañamiento en la Ruah divina)– por la incertidumbre como don y sorpresa del aleteo de la Vida que a todos nos anima.

    Ciudad de México, 15 de noviembre de 2025

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  • Cuando la verdad sí importaMarlon Puac | Tejido Decolonial | Sololá, Guatemala, 2022

    Cuando la verdad sí importa

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

    El asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, en el estado mexicano de Michoacán, el día 1° de noviembre pasado, es un ejemplo atroz de la “pedagogía del terror” cuyo objetivo, según Rita Segato, consiste en “mostrar que existen poderes que son soberanos en la impunidad más absoluta, como pedagogía del control territorial de la soberanía” (Contra-pedagogías de la crueldad). Es una estrategia que emplean las mafias criminales para inmovilizar a la población, eliminar a los políticos que no les obedecen y controlar sus territorios. El crimen se perpetró en una plaza pública en la víspera del Día de Muertos cuando la comunidad festejaba, según la tradición de las velas, el paso de las ánimas. Acompañado de su esposa Grecia y de sus dos hijos pequeños, el fundador del “Movimiento del Sombrero” fue acribillado por un muchacho menor de edad, al parecer en complicidad con otros dos sujetos, enredados en el engranaje de los carteles de drogas que están destrozando la vida de la juventud en el mundo entero con el espejismo del poder y el dinero que matan.

    Escasos cinco días después, la viuda de Carlos Manzo tomó posesión como alcaldesa de la ciudad con un discurso entrecortado de rabia, desolación e indignación que la ubica ahora en el epicentro de un movimiento telúrico que sacude a la sociedad mexicana. Grecia Quiroz en su primer discurso como alcaldesa dijo unas frases que ha quedado retumbando en mi memoria: “Hoy Carlos Manzo está más fuerte que nunca. Este legado, este Movimiento del Sombrero no lo callaron. Y no lo van a callar porque aquí sigo firme con la firme convicción que él me enseñó […] Que se escuche fuerte y claro, el legado de Carlos Manzo va a seguir. Así hayan acallado su voz. Así [a] quienes hayan dado la indicación de arrebatarle la vida de la manera más cruel, [les digo] esto seguirá, esto continuará. El Movimiento del Sombrero no parará”. Como candidato independiente su esposo venció en las elecciones pasadas al candidato del partido en el poder que luego de siete años no ha logrado pacificar al país, sino que por el contrario ha ido perdiendo más y más control sobre el territorio nacional. Y ahora Grecia toma esa bandera de la ciudadanía harta del estado fallido que sigue produciendo cada día más basurización de la vida.

    Las primeras declaraciones de la presidenta Sheinbaum fueron lamentables, además de tardías, achacando a “la derecha” las causas de la violencia en Michoacán por la guerra contra el narcotráfico emprendida en 2006, hace casi veinte años, por el entonces presidente de la república Felipe Calderón, del partido de derecha que gobernó el país por dos sexenios con resultados fatales. Pero el rumbo de México como país soberano sigue extraviado. Los siete años en que el actual partido “de izquierda” en el poder ha gobernado México representan el fracaso de la Cuarta Transformación emprendida por el caudillo López Obrador. El plan de pacificación de la presidenta llega tarde y no surge de las comunidades mismas ni atiende las causas sistémicas de esa espiral de violencia. La verdad no importa para ella ni para su partido. Lo que vale es controlar la narrativa en los medios de comunicación para seguir adelante con “el segundo piso” de la infeliz Cuarta Transformación.

    En este ambiente de zozobra nacional, la sociedad civil organizada tiene un papel urgente que cumplir para salvar al país de la debacle. Iniciativas como Reinserta para rescatar a la niñez en precariedad producida por la violencia en el país dan pistas de los proyectos por imaginar y crear en cada región del país, aunque muchos de ellos dependan de los caprichos de las empresas o gobiernos que las financian. Por lo que solamente la creatividad de colectivos, comunidades y pueblos tendrá la fuerza necesaria para persistir en esta lucha a muerte por la vida.

    Las universidades también están convocadas por la sociedad herida para conocer la trama de esa violencia sistémica que nos aqueja.  Las iglesias han comenzado a salir del letargo para ser parte de procesos de sanación colectiva con su herencia espiritual. En años recientes nació en medios eclesiales la iniciativa del Diálogo Nacional por la Paz tras el asesinato de los jesuitas de Cerocahui en la Sierra Tarahumara hace tres años, y prepara su segundo encuentro en enero del 2026 en Guadalajara. Representa un intento de la Iglesia católica romana para retomar la estafeta del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, iniciado por Javier Sicilia y las víctimas de la violencia en México en 2011 (“El movimiento por la paz es una referencia moral”: Sicilia), que fue cooptado primero por los gobiernos de Felipe Calderón del PAN y Enrique Peña Nieto del PRI, luego despreciado por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador de Morena.

    ¿Cuál es la verdad de las víctimas? ¿Cómo se escucha y se reconoce esa verdad en la narrativa de la sociedad y del gobierno en turno? ¿Qué nos dice a la ciudadanía mexicana la indignación de Grecia Quiroz en Uruapan? ¿Cómo nos interpela la monstruosidad de Víctor Manuel Ubaldo, el sicario menor de edad abatido luego del crimen cometido? ¿Cómo destruir la red de criminalidad necropolítica que hoy controla a México? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí en la corrupción del cuerpo social de nuestra patria y qué procesos colectivos podemos promover en cada lugar para salir de esta barbarie que no está llevando al abismo?

    Al mismo tiempo que miraba azorado los videos y leía las noticias sobre los trágicos sucesos en Michoacán, pude asistir al congreso “Heteronomías de la Justicia” (3er Coloquio Internacional: Justicia del Otro), organizado en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM por la querida colega Silvana Rabinovich. Las ponencias de jóvenes investigadores giraron en torno a la pregunta de cómo descolonizar el discurso y la praxis por la justicia, a partir de las conversaciones entre culturas diversas, por ejemplo, entre la filosofía judía de Herman Cohen y Emmanuel Levinas en el siglo 20 con la filosofía de la liberación de Enrique Dussel en América Latina y el Caribe; o entre el pensamiento feminista de María Isasi Díaz, autora mujerista en los Estados Unidos, y el realismo histórico de Ignacio Ellacuría en El Salvador comprometido como rector de la UCA con los pobres y la justicia en tiempos de poderío militar.

    También se abrió la conversación universitaria para pensar las conexiones y diferencias entre la filosofía de la esperanza de Ernst Bloch en Alemania durante el régimen nazi y el pensamiento de Enrique Dussel en Argentina y México en tiempos de dictadura y resistencias. Estos intercambios se dieron con ocasión del segundo aniversario del fallecimiento del gran pensador argentino-mexicano.

    Un fruto sabroso de este coloquio consistió en enfocarnos en el problema del núcleo mesiánico de la historia, donde las resistencias de los pueblos generan los cambios en la historia de opresión sembrando historias de liberación y redención ética y política, con un hontanar místico. Siguiendo las intuiciones del maestro Dussel, la ética se revela como primera política con apertura a anticipaciones mesiánicas de trascendencia. Deliberaciones todas que no estaban ajenas a la cuestión de la esperanza que surge de las víctimas en Gaza, o de las Madres Buscadoras en México, como lo recordaba una y otra vez nuestra anfitriona.

    Cerramos la jornada con el pre-estreno del documental “Dussel: la filosofía es un don para un mundo sin sentido”, de la cineasta argentina Cecilia Fiel. Durante más de hora y media el documental da cuenta del personaje, su historia de exilio, su biblioteca, sus estudiantes y su visión de la historia de la colonialidad propia de la modernidad eurocéntrica y las resistencias que la enfrentaron. Resalta la belleza narrativa de las escenas del maestro Dussel, anciano con gran lucidez, caminando por sitios emblemáticos de Mexico-Tenochtitlan, como el zócalo en el corazón de la Ciudad de México y la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, donde el pensador de la liberación nos da una cátedra, en el atardecer de su vida, sobre el papel de la filosofía para buscar el sentido de la historia.

    Esos intercambios en la UNAM me hacían pensar en otra versión de la verdad. Cuando la verdad sí importa es posible destruir las falacias que crean los poderosos, sean los gobiernos en turno, las religiones corrompidas o las mafias criminales.

    ¿Cómo podremos salir de esta espiral creciente de odio en México, en Palestina y en México? Una primera condición será volver a la importancia de la verdad. No como arma de guerra para contar la versión de los poderosos o los perpetradores, sino para escuchar a las víctimas y sobrevivientes.

    Atrevernos a conversar con los otros a fin de buscar juntos el sentido de la vida en la utopía de un “nos-otros” como germen de redención es el principio de una (im)posible esperanza.

    Porque la verdad sí importa cuando queremos sanar a la humanidad herida para que todos un día gocemos de la Vida.

    Ciudad de México, 8 de noviembre de 2025

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