Autor: mendocinomx

  • De pirámides y autonomías Sobre la geometría política de “el Común” para el año que comienzaGaudí | Sagrada Familia, Barcelona | Hiperboloide, 2025

    De pirámides y autonomías Sobre la geometría política de “el Común” para el año que comienza

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

    Las pirámides de arriba y de abajo

    Hace unos días Cideci-Unitierra fue el epicentro de el semillero De pirámides, de historias, de amores y, claro, desamores, dedicado a conversar, a mi parecer, sobre el antiguo tema de la libido dominandi o el afán de dominio que anida en el corazón humano desde que tenemos noticia de la historia de los pueblos. Aunque en realidad las reflexiones giraron en torno a la historia reciente de los pueblos mayenses de los Altos de Chiapas que hace ya cuatro décadas decidieron decir basta al poderío de caciques, terratenientes y mal gobierno mestizo que les impuso su dominio en tiempos modernos.

    Con ocasión del 32° aniversario del levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, los más de mil trescientos participantes en diversos momentos -primero en el caracol Jacinto Canek, ubicado en un barrio popular de la zona norte de la ciudad de Jobel, y más tarde en el caracol de Oventik- se dieron cita para escuchar a personas de confianza del movimiento de las rebeldías disertando sobre al afán de poder que se opone a “el común” construyendo pirámides de privilegio y dominio. Los conversatorios se enforcaron, por ejemplo, en analizar con Bárbara Zamora las estrategias jurídicas del estado mexicano para consolidar la propiedad privada de la tierra, despojando a los pueblos originarios de sus territorios con argucias jurídicas, incluidas las mega obras de la Cuarta Transformación.

    Pero también se habló con valentía de las pequeñas y grandes pirámides de poder que construyeron los movimientos revolucionarios de izquierda de la segunda mitad del siglo XX a la fecha para proteger sus privilegios una vez que conquistaron el poder político. La persistencia de las pirámides del poder de gobiernos y administraciones de los estados modernos parece ser una constante que se despliega a escalas diferentes en modelos políticos de derecha o de izquierda, siempre a merced de las tiranías en turno.

    La autocrítica que el Ezln ha mostrado sobre sus propias prácticas de control y toma de decisiones es, a juicio de Raúl Zibechi, algo inédito en las izquierdas modernas. En una presentación apasionante dedicada a rastrear los usos y abusos del poder en las izquierdas latinoamericanas que conquistaron el poder político -en especial en Nicaragua, El Salvador y Bolivia- el sociólogo uruguayo que ha caminado con movimientos guerrilleros primero y sociales posteriormente a lo largo de medio siglo lanzó una pregunta crucial a las y los compañeros zapatistas, así como a quienes estamos atentos al rumbo que nos abren: ¿son necesarias e inevitables las pirámides del poder? ¿cuáles son sus límites de organización y de tiempos para evitar que se conviertan en nuevos cacicazgos y tiranías?

    Entre vanguardias y retaguardias

    Me sorprendió que en este semillero no se haya enfatizado el pensamiento crítico que desde hace medio siglo ya nos había alertado sobre los riesgos de la revolución de las izquierdas convertidas en nuevas tiranías. En concreto, el pensamiento decolonial desde hace años ha venido proponiendo la necesidad inaplazable de superar el complejo de las vanguardias típicas de las izquierdas del siglo pasado que se extraviaron en la veleidad de hablar en nombre de las masas. El corset marxista de la lucha de clases con sus intelectuales orgánicos, sobre todo en su versión de revolución proletaria para derrocar al estado burgués, ha quedado cuestionado y rebasado por las voces y la praxis de los subalternos que no necesitan ya que una casta de privilegiados hable en su nombre. Los pueblos originarios, las colectivas de mujeres y las comunidades de diversidad sexual, entre otras subjetividades en resistencia, construyen su propio pensamiento con sus modos de vida y organización a partir del mutuo cuidado con fuerza ética, política y espiritual. Hoy es ya imposible negar sus saberes y sus modos de organización comunal desde los cuales han resistido por siglos a formas diversas de opresión.

    Es preciso desmantelar esa voluntad de dominio en todos los frentes donde se manifiesta construyendo pirámides arriba y abajo. Se trata de ir “a la retaguardia de los movimientos sociales”, decía Boaventura de Sousa Santos, para aprender de ellos como expertos en las resistencias que han enfrentados por siglos, en especial los pueblos originarios. Los feminismos comunitarios como el de Lorena Cabnal en Guatemala surgen como una voz crítica de los protagonismos de la academia extractivista hecha por mujeres blancas, urbanas y privilegiadas. Esos feminismos se vinculan como instancia de reflexión crítica al lado de las colectivas de mujeres enfrentando el patriarcado, abriendo ahora sus redes de cuidado y de pensamiento a las madres de personas desaparecidas buscando a sus seres queridos, así como a las mujeres de los pueblos originarios en resistencia.

    Me extrañó que el semillero “De pirámides, de historias, de amores y, claro, desamores” no pusiera en el centro estas voces que desde hace décadas claman por otros modos de horizontalidad del poder.

    El desplazamiento inevitable: de las pirámides de las autonomías a la dimensión hiperbólica de las heteronomías

    Un cambio significativo en la percepción la construcción de “el común” que el comandante Moisés puso sobre la mesa fue el de los cambios generacionales que experimentan las bases zapatistas en sus juventudes.

    La tríada insurgente-miliciano-base zapatista que dio forma al movimiento zapatista hace cuatro décadas ya no da cuenta de otras formas de pertenencia que plantean las generaciones nacidas en los caracoles de las autonomías. Ahora las subjetividades zapatistas jóvenes descubren en las artes, la salud y las comunicaciones, entre otros campos, modos nuevos de construir resistencias y rebeldías de la digna rabia. Radiólogas, teatreros, dentistas o documentalistas participan ya de manera activa como voces de resistencia en los territorios autónomos, hoy cercados ya no por el ejército federal sino por otros modos de vida que ofrecen el gobierno y las mafias criminales, cada uno a su modo, para conquistar y comprar la atención de las juventudes indígenas, entre ellas las zapatistas.

    La narrativa de las autonomías tuvo una importancia capital a la hora de enfrentar la hidra capitalista hace treinta y dos años para subrayar la estrategia de las resistencias, creando otros procesos de cuidado de la vida como el comer, aprender y habitar, siguiendo la narrativa de “los verbos revolucionarios” de Gustavo Esteva. Pero las pirámides de abajo que detecta el zapatismo hoy requieren un cambio radical de narrativa.

    En este mismo horizonte, el pensamiento crítico transita hoy a las heteronomías, como la propuesta de Silvana Rabinovich enraizada en la filosofía hebrea de Emmanuel Levinas en fecundo diálogo con Enrique Dussel. Se trata de pensar “el común” en su génesis, desde la asimetría de relaciones intersubjetivas, es decir, desde la diferencia de cada subjetividad y colectivo. No para negar las autonomías sino para explicar sus condiciones de posibilidad. Es una apuesta para prevenir el dominio de las pirámides del poder a fin de dar paso a las relaciones de diversidad donde persiste un excedente de la diferencia que mantiene la vida.

    Se trata de un concepto filosófico que tiene cierta relación con la teoría científica de la bariogénesis que la física de partículas con la teoría del Big Bang proponen para explicar el origen asimétrico del universo entre materia y antimateria. Una de las figuras espaciales de este fenómeno cosmológico primordial sería hiperboloide, como una silla de montar, donde prevalece la asimetría del universo en expansión.

    En su sentido filosófico la heteronomía es la ética de la alteridad. El rostro del otro es fuente de la ética heterónoma, es decir, un modo de ser que tiene su nomos o ley en el otro, en especial, el otro vulnerable. Esta relación de apertura a la alteridad trae consigo un principio crítico para las relaciones de poder donde el sujeto “autónomo”, individual o colectivo, queda descentrado y se abre la posibilidad de “el común” como fuente de “lo político” gracias al reconocimiento de esa alteridad que es clamor o caricia.

    La teología cristiana ha abrevado desde antiguo su sed de misterio en una comunión divina amorosa de la divinidad triuna. Comunidad en la diferencia es el oxímoron (o aparente contrasentido) de la fe en un mesías niño que desafiará a las pirámides de su tiempo, la del imperio romano como la de la religión sacrificial del Templo de Jerusalén. Tal vez no fue por casualidad que Gaudí diseñó la basílica de la Sagrada Familia en Barcelona, su obra emblemática, siguiendo la forma hiperboloide de la asimetría en movimiento, generando un potente espacio sagrado que nos hace entrar a la comunión en la diversidad.

    Quizás las nuevas subjetividades zapatistas, hijas de las autonomías, se abran ahora al horizonte de la afirmación de las diferencias que nos unen en la común responsabilidad de crear esos mundos otros, donde quepan otros mundos. Un espacio alternativo con pirámides menores y provisionales, pero con mundos hiperbólicos que preserven y potencien “el común” en la diferencia de modos de vida. Esas juventudes irán creando también sus propias espiritualidades para simbolizar y celebrar la fuente de “el común” que atiza el fuego de la rebeldía y la digna rabia.

    Muchas otras subjetividades en resistencia nos abren así caminos de esperanza a partir de su lucha por “el común” que incluya lo diverso como ruta a transitar en el año que comienza.

    Los Altos de Chiapas, 3 de enero de 2026

    Nota: ¿Qué piensas de las autonomías y las heteronomías por construir en nuestro tiempo?

  • Navidad en lo secretoCarlos Mendoza | Nacimiento tsotsil | Nachig, Chiapas | 2025

    Navidad en lo secreto

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

    La Nochebuena se anunciaba diferente este año debido al cambio del clima gélido de Boston a los días fríos pero soleados de los Altos de Chiapas. Por supuesto no se trataba solamente de una diferencia de clima sino, sobre todo, de universo cultural. Los cantos de los monjes episcopalianos de Cambridge en tierra de los Massachusetts, que tanto disfruté por varios años, ahora daban paso a rezos de perdón y reconciliación según el rito tradicional tsotsil de los Altos de Chiapas presidido por uno de los catequistas o ministros de la eucaristía.

    Durante estos días las comunidades tsotsiles de la parroquia de Zinacantán adornan sus capillas con miles de flores. Girasoles, aves del paraíso, rosas y gladiolas en torno al nacimiento del Niño Dios, en especial la bromelia o flor de Niluyarilo que es una especie endémica de los Altos de Chiapas hoy en peligro de extinción por su uso abusivo en algunas fiestas religiosas de la zona de Chiapa de Corzo. El pesebre se acompaña con guirnaldas de semillas y frutas, representando una explosión de vida de la Madre Tierra que agradece la llegada del Mesías niño. Plátanos, mandarinas, peras, naranjas, granadas chinas y limones, cuelgan en enramadas como cayendo del cielo. De manera paradójica el mundo de arriba florece y llueve frutos sabrosos para nutrir a la comunidad reunida en torno al mesías recién nacido.

    José y María habitan esa cueva verde sagrada revestidos con los trajes tradicionales tsotsiles. Él llevando el Pok’u’ul o poncho rosado bordado con flores, portando en el hombro un morral de cuero y huaraches en sus pies. Ella, engalanada con su il chil k’uk’umal o huipil emplumado, también repleto de bordados de flores y aves. Por todos lados florece la vida en estas comunidades, si bien enfrentan problemas nuevos como la presencia creciente del narcotráfico y las mafias criminales. La fuerza histórica de estos pueblos mayenses es la unidad comunitaria, aunque la división aparece ahora al interior de las comunidades entre grupos que sólo quieren seguir la Biblia y otros que mantienen viva la tradición de los ancestros, por ejemplo las procesiones a los cerros sagrados, como la comunidad de Pinar Salinas, que mantiene viva sus tradiciones ancestrales. Estas comunidades tienen una identidad cultural en movimiento que, con cada nueva generación, adquiere rasgos propios e inéditos. Tal es el caso de los coros de iglesia que prefieren ahora tocar instrumentos de banda norteña, como el tololoche para las cuerdas y la tarola para las percusiones, en vez del tambor y la chirimía de la música ancestral que conservan viva para las peregrinaciones a los cerros de los Altos de Chiapas y, cada año, en su peregrinación al Tepeyac en el valle de Anáhuac.

    Mi sorpresa fue grande cuando Petul, el catequista e intérprete, durante la Misa de Navidad, traducía mis brevísimas reflexiones bíblicas en largas descripciones de lo que contaba sobre el relato de María, el niño y los pastores en el evangelio de Mateo. No me quedaba alternativa sino confiar en su habilidad de intérprete, dirigiendo la mirada a la comunidad para asentir cuando lograba yo identificar alguna palabra en voz del catequista. Mi intención era subrayar la importancia del mensaje de los ángeles a los pastores en Belén: “gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los seres humanos que ama el Señor” (Lucas 2: 14) que nos invita a hacer algo semejante. Aprendamos a ser como los pastores –decía yo a la comunidad con gestos enfáticos– quienes lograron ser un espejo para reflejar la gloria de Dios por medio de la paz aquí en la tierra tan amenazada de guerras. Y concluía el sermón recordando a la comunidad allí reunida que ese mensaje era aún más urgente hoy porque Belén está en Palestina, asediada hoy por una guerra cruel hecha en nombre de Dios. Y la comunidad respondió con un “¡Viva al Niño Dios nacido en Palestina!”, seguida de la tradicional diana interpretada con enjundia por el coro.

    ¿Hay algo que celebrar en las periferias del mundo del privilegio? ¿En qué lugares Dios se acerca a nosotros para ser destello de luz que alumbra a las naciones? ¿Quiénes pueden ayudarnos a ver esos chispazos en medio de la larga noche que atraviesa la humanidad?

    Lo primero que me viene a la memoria es aquella reflexión de Hannah Arendt en su libro La condición humana, señalando que en cada nacimiento de un ser humano hay una promesa de futuro para toda la humanidad. La pensadora bebía del pozo de su tradición hebrea para hablar del futuro como algo por ser cumplido a fuerza de justicia como interrupción del mal en la historia. Pero quizás ella olvidaba el corazón de la promesa hecha por Dios a Abraham y Sarah en su sentido espiritual que consiste en que la promesa es un regalo del Eterno que ofrece su ser mismo a la humanidad herida. No es casual que esa promesa tenga un nombre, aquél que la fe hebrea y cristiana llaman “mesías”: el ungido por la Ruah divina para consolar al pueblo sufriente. Un mesías que tarda en llegar, que hace larga la espera y, de manera paradójica, que ya está presente “en lo secreto” invitándonos a entrar en ese espacio de redención “por la puerta estrecha”. ¿Qué significa esa metáfora? Cobra aun mayor relieve este pensamiento al celebrar el nacimiento de un niño galileo de hace dos mil años en Palestina.

    El nacimiento del hijo de María en Belén de Palestina, contado así por los evangelios sinópticos, es una señal que vale la pena rastrear como rumbo para el camino en medio de la noche. Ese niño hebreo, hijo de migrantes que van huyendo del poder romano representado por Herodes y se refugian en Egipto, es la promesa cumplida de los tiempos mesiánicos. Aquellos que llegan con dolores de parto en lo más frágil de la condición humana expuesta a tantas violencias antiguas y nuevas. Su infancia contada en retrospectiva por los evangelistas se desplegará con el tiempo, sobre todo en el breve periodo de escasos tres años que vivió como predicador itinerante en Galilea. Él anunció el cumplimiento de los tiempos nuevos que podremos reconocer en tiempo presente cuando “los ciegos ven, los sordos oyen y buenas noticias son anunciadas a los pobres” (Lucas 7: 22).

    Nosotros estamos invitados a pasar por la puerta estrecha del mesías que es la puerta de lo pequeño: “Hay que hacerse pequeño para entrar en el Reino de los cielos” (Mateo 18: 3), decía Jesús, el Galileo. La Biblia está plagada de historias de esa otra perspectiva, como lo cantaba Ana en el libro de Samuel: “Levanta del polvo al desvalido y alza de la mierda al pobre para hacerlo que se siente entre príncipes y herede un trono de gloria”. O también el himno de Jesús que alaba a su Abbá celestial porque “ha escondido las cosas del Reino a los sabios y entendidos y las ha revelado a los pequeños”, los nepioi del evangelio de Lucas en griego (10:21).

    La llegada del Mesías subvierte la lógica de los poderosos y construye un mundo nuevo desde quienes habitan en los escombros. Como en Gaza y en los Altos de Chiapas.

    Mis primeras semanas en tierras tsotsiles me han permitido conectar de nuevo con el Ch’ulel, o fuerza espiritual de múltiples significados, que descubrí hace cuarenta y cinco años en estas comunidades, cuando llegamos de visita como novicios dominicos junto con fray Raúl Vera. Es el espíritu de los Altos de Chiapas que se manifiesta en sus cerros, bosques y neblina, animales y naguales, el que anima a las comunidades para florecer y prosperar. Desde entonces, al menos una vez al año he vuelto a los Altos de Chiapas y a las cañadas de Ocosingo para seguir descubriendo la experiencia de fe de los pueblos mayenses, con su espiritualidad ancestral fecundada por la fe en Jesús de Nazaret como mesías e hijo de Dios.

    Ahora me dispongo a explorar y disfrutar por un largo periodo la vida creyente de estos pueblos, con las nuevas expresiones en la espiritualidad y el arte, así como en la lucha por la justicia frente a los grupos de necropoder que hasta aquí han llegado con sus tentáculos de corrupción del dinero fácil y de falsa ilusión de una felicidad a base de poderío armado, drogas, alcohol y pactos criminales. Hace unos días me comentaba Angélica, querida amiga de Ecosur, que hay varios proyectos de investigación en curso, sociológicos y antropológicos, sobre las infancias y juventudes indígenas urbanas en Jobel. Están acompañados por iniciativas de la sociedad civil y de las iglesias, como Melel Xojobal para brindar alternativas de educación, vida social y diversión a esta población altamente vulnerable a las redes de criminalidad que se adueñan de la zona norte de esta ciudad que cuenta con la mayor población indígena de México.

    Celebrar la Navidad en esta tierra es un llamado a volver a las márgenes de mi matria para reaprender el lenguaje de los pequeños del Reino. En el corazón de sus anhelos busco volver a las fuentes de la fe, aquella que heredé de mis ancestros de sangre y de espíritu en la orden de predicadores.

    Navidad discreta. Tiempo de gracia y de verdad gracias al mesías niño arropado de flores y canto, de lágrimas y susurros de vida que no se rinde al mal en esta región alejada en las montañas del sureste mexicano. Comunidades que, en lo secreto, metamorfosean la adversidad en dones de vida.

    Jobel, 27 de diciembre de 2025

    Nota: Comenta abajo lo que significa para ti la Navidad.

  • El clamor de lo (post) humanoAnónimo | Acuarela del monumento a Montesinos | República Dominicana, 2020

    El clamor de lo (post) humano

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

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    En 1511 fray Antón de Montesinos, junto con un puñado de frailes dominicos recién desembarcados en Quisqueya, madre de todas las tierras en lengua taíno, lanzó un grito que aun retumba en la conciencia occidental: “¿Acaso éstos no son hombres?”. Se refería a los habitantes originarios de esa isla caribeña —conocida después como La Española donde se asentaron los estados modernos de Haití y República Dominicana— que habían sido sometidos por soldados españoles en nombre las Coronas de Castilla y Aragón a dura servidumbre y esclavitud. En el sermón del IV Domingo de Adviento del 21 de diciembre de aquel año, con la figura central de Juan el Bautista anunciando la urgencia de preparar los caminos al mesías que llega, fray Antón se convirtió en una voz profética de contrapeso a la naciente colonialidad del poder. Según este concepto del peruano Aníbal Quijano (Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina) es posible explicar desde nuestro tiempo la lógica de poder que llevó a Europa a dominar el mundo moderno, desde el Renacimiento hasta la Ilustración, con sus posteriores avatares del imperialismo norteamericano y ruso que hoy conocemos.

    Más de cinco siglos han pasado. Ahora esa empresa de colonialidad adquiere dimensiones globales en nuestros días con el modelo de capitalismo extractivista que se expande por el mundo, como una hidra de muchas cabezas según la narrativa zapatista surgida en 1994 en el sureste mexicano. Tres décadas después se escucharán nuevos modos de nombrar las resistencias diversas a esa fuerza letal que domina el mundo en el semillero « De pirámides, de historias, de amores y, claro, desamores » que se llevará a cabo en CIDECI-Unitierra a fines de diciembre.

    La pregunta en torno a la humanidad de los pueblos del orbe parece retórica, pero en realidad se hace más acuciante cuando consideramos el panorama de la exclusión de clase, género, pertenencia étnica e identidad cultural que padecen naciones enteras en nuestros días. El derrumbamiento del orden internacional que conocimos en tiempos modernos nos pone a la intemperie. Las fundaciones de ese mundo en común fueron puestas por la Escuela de Salamanca con el Ius Gentium o derecho de gentes en el siglo XVI, con fray Francisco de Vitoria a la cabeza en diálogo con fray Bartolomé de Las Casas desde Chiapas y Guatemala, como lo analizó Enrique Dussel. Fue uno de los ejes del modelo de Cristiandad creado para justificar la expansión de la ciudad terrena a imagen de la Ciudad de Dios bajo la tutela de la Corona española. Posteriormente esa interpretación se fue transformando en un modelo internacionalista, a partir de la Ilustración, con un fundamento racionalista de corte contractual, haciendo del derecho internacional un pacto entre estados soberanos, sin fundamento último en un orden metafísico que tuviese en Dios su sustento (Derecho de gentes antiguo y contemporáneo).

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    Más allá de las discusiones teóricas sobre el paso del modelo salmantino al germánico del derecho entre naciones, lo que importa resaltar aquí son las contradicciones internas del pacto social moderno que se derrumba ante nuestros ojos. En nuestros días asistimos al retorno de regímenes autoritarios basados en fundamentalismos religiosos con pretensiones mesiánicas (The United States is a messianic state), como es el caso del imperialismo estadounidense y el sionismo israelí. ¿En nombre de qué principio o fuente ético-política las potencias de hoy justifican sus dispositivos de dominación, neocolonialismo y eliminación de pueblos enteros? ¿Qué límites tiene el poderío desplegado por ese desbocado nuevo “orden” geopolítico?

    Pero es preciso ir más allá del escenario catastrófico hasta aquí descrito para reconocer el papel de los pueblos y de las tradiciones espirituales de la humanidad en el fortalecimiento de la vida en común entre las naciones. ¿Cómo comprender y promover hoy las autonomías de personas, pueblos y territorios a fin de preservar lo humano ante las amenazas del sistema que nos domina ya, abarcando tanto los territorios tradicionales como los digitales?

    En este contexto, el sermón de Montesinos adquiere una relevancia notable ya que expande la cuestión del mutuo reconocimiento de lo humano y creatural a todas las víctimas de la violencia sistémica que lleva a la humanidad y al planeta entero al despeñadero (Tratados internacionales sobre biodiversidad (SCJN)). ¿Acaso las naciones y las especies que pueblan la faz de la Tierra no son creaturas con derechos? En el mundo de lo post-humano como se dice hoy, es primordial elaborar un pensamiento crítico que afirme la dignidad de cada creatura del cosmos en su dignidad profunda ligada al misterio amoroso de lo real.

    Ya no se trata solamente de reafirmar la fuerza histórica de los pueblos originarios enfrentando la colonialidad eurocéntrica de hace quinientos años, sino de los pueblos subalternos que son desechables en la economía de guerra planetaria de la Era Trump, como comenta Leonardo Boff. América Latina y el Caribe, como lo vemos en la invasión estadounidense de las aguas internacionales del Mar Caribe, son ya espacio de guerra desplegada por el Comando Sur de ese estado vecino. Por desgracia, pronto veremos los alcances de este nuevo modelo de intervencionismo imperial por medio de la ocupación selectiva de territorios, el control de gobiernos locales afines a los intereses del poder del necroestado, y los ataques quirúrgicos contra los “enemigos” de la seguridad nacional de los Estados Unidos.

    Tampoco es suficiente el clamor por la dignidad de la humanidad si está disociado del clamor de la Tierra, “la más pobre entre los pobres” como la llamó también Leonardo Boff. Aquella “escalada a los extremos” pensada por Girard en 2007 a partir del fenómeno del terrorismo parece hoy juego de niños antes las guerras actuales que tienen por objetivo el dominio craso sobre pueblos enteros para control de sus territorios como objetos de enriquecimiento depredador de los ecosistemas.

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    Por esta razón es urgente más nunca reconocer a los nuevos Montesinos que con su clamor apelan a la común humanidad que nos hermana como personas y pueblos, con su fuente mística que da fuerza y abre horizontes de vida para todos, a fin de revertir esos procesos de necropoder que cobran cada día más víctimas.

    Pero hoy es urgente ir más allá del paradigma  antropocéntrico, transitando hacia uno « ecocéntrico » (Antropocentrismo y ecocentrismo en la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos) que promueva la dignidad de la Madre Tierra que es también subyugada por el modelo dominante de sociedad y economía extractivistas. « Volver a pensar como especie humana », según la propuesta de la ecología política impulsada por Víctor Toledo y una importante red de científicos en el mundo (La ecología política llegó para quedarse) es un paso clave para recuperar el rumbo como humanidad habitando la Casa Común que nos ha sido dada por el Dador de la Vida.

    Los mártires verdes, las madres buscadoras y los pueblos originarios en rebeldía son algunas de esas voces que han sonado la voz de alarma ante la devastación plantearía que ya nos ha alcanzado. Escuchar sus denuncias es un principio de conversión ética y mística, pero no basta. Es preciso sumarnos a esos procesos de autonomías subjetivas, territoriales y espirituales que llevan a cabo quienes han dicho basta al necropoder.

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    Quizás el modo más inspirador para comunidades creyentes de celebrar la Navidad ya cercana es honrando la memoria de Montesinos y todas las voces proféticas de ayer y de hoy.

    Preparar los caminos para la llegada del mesías no es, al fin y al cabo, un acto de folclor navideño, sino un cambio de rumbo en nuestros modos de vida con decisiones ético-políticas, prácticas y místicas, como el reciclaje de la basura, la reforestación de los bosques, y la inclusión de los vulnerables en nuestras mesas como gestos de celebración de la vida en medio de las ruinas del mundo presente.

    Como ya lo comenté hace algunos años (Tiempo mesiánico y narración para una interpretación teológica de las prácticas narrativas de las víctimas) es urgente y prioritario que abramos paso a los tiempos mesiánicos por medio de nuestros actos de resistencia al necropoder, promoviendo comunidades donde aprendamos a deletrear de nuevo, con imaginación y brío, la humanidad y creaturalidad que nos une, bebiendo todos de la inagotable fuente de la Vida.

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    Jobel, 20 de diciembre de 2025

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    Nota: Me gustará leer sus comentarios en la sección final de esta página.

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