Autor: mendocinomx

  • Noticias de WallmapuGabriel Pozo Menares | Calendario Mapuche | Wallmapu, 2011

    Noticias de Wallmapu

    Por Carlos Mendoza Álvarez

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    La luz del atardecer llega a Tirúa, en tierras mapuche, mientras Carlos, mi anfitrión jesuita que ha estado aquí más de quince años (HistoriActiva comunidad jesuita de Tirúa), conduce por el camino de terracería para visitar a sus amigos que le han abierto las puertas de su casa para compartir la vida en el territorio desde hace años. Llegamos y nos recibe la hija mayor junto con sus gatos y perros. Interrumpe por un momento las tareas que prepara en su último semestre de preparatoria, ya que luego de graduarse planea inscribirse en la universidad para estudiar pedagogía. La vida transcurre de manera simple entre las familia que aquí habitan. El papá pasó el día cultivando papas y después dedicó la tarde a poner el piso de un cuarto nuevo de la casa. Nos ofrecen mate como ritual para acompañar la conversación. Antes de irnos los amigos intercambian comida para las aves y hacen planes para reciclar una vieja puerta de madera que será instalada en un centro de eco-espiritualidad en ciernes.

    Wallmapu (Declaración Departamento de Historia sobre el término Wallmapu) es el término que hace referencia a las tierras ancestrales del pueblo mapuche (El Mundo Indígena 2025: Chile). Hoy son dominadas por la industria forestal que contaminó el territorio con especies invasoras como el eucalipto y el pino para producir celulosa a escala masiva para exportarla al mercado mundial del embalaje.

    El pueblo mapuche hoy está dividido entre la frenética integración al mundo moderno del consumo por un lado y, por otro, la defensa del territorio, la lengua y la medicina tradicional con el liderazgo de las mujeres Machi, sanadoras y ancestras espirituales.

    De ambos lados de la cordillera, dividido entre Chile y Argentina, el pueblo mapuche lucha por su sobrevivencia territorial y cultural, ante la avasalladora inercia del mundo moderno (Chile: La resistencia al modelo forestal en el Wallmapu, territorio Mapuche). Para las comunidades asimiladas al modelo moderno de hoy parece mejor comer comida procesada que algas y mariscos como hacían los antiguos; o bien, tomar Coca Cola en lugar de infusiones de hierbas porque da mayor estatus; prefieren ser cristianos evangélicos o católico-romanos que seguir la espiritualidad y la lengua de los ancestros. Al fin y al cabo se trata de un asunto de « integración » al mundo moderno, aunque sea al precio de la asimilación cultural y la depredación ambiental que, en su trasfondo simbólico, es violencia contra los ancestros y contra la madre Tierra.

    Redes de la sociedad civil tales como “Iglesias y Minería”, o las iniciativas de diálogo intercultural sobre astronomía ancestral y moderna que impulsan algunas universidades de la región, son intentos modestos para acompañar a un pueblo desgarrado por las contradicciones internas entre modernidad y tradición.

    Quizás la eco-espiritualidad esté siendo una « articulación », entre otras de corte más social y político, que permita esos cruces. Carlos me contaba la anécdota de una abuela que, asistiendo a un taller de medicina tradicional y eco-espiritualidad, decía no entender nada de los cruces de los tres cuerpos (personal, comunitario y territorial) que presentaba el taller, porque ella se había quedado pensando durante todo el encuentro sobre lo que significaba esa palabra rara que estaba escrita en la invitación : « articulación ». Un término que la abuela tuvo rondando en su cabeza todo el tiempo hasta que por fin intuyó que seguramente hacía referencia a las articulaciones de los huesos, cuando sentía en su cuerpo que algo estaba descuadrado, le impedía la movilidad y provocaba dolor. De modo que ella concluyó que el taller era  un camino para curar sus articulaciones. ¡Y en el fondo ese era el objetivo del taller! Aquella abuela lo había seguido a su modo propio, aunque estuviera ausente del resto de las charlas.

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    Antes de llegar a tierras mapuches pude conversar con personas de universidad en dos foros en Santiago de Chile. El primero sobre la obra de Gustavo Gutiérrez, uno de los padres de la teología de la liberación, con ocasión del primer aniversario de su fallecimiento (Congreso Internacional Gustavo Gutiérrez). En un formato académico tradicional con conferencias magistrales y ponencias, a lo largo de un par de días fue emergiendo una conciencia más clara entre los asistentes sobre la importancia del estilo latinoamericano para hablar de Dios, íntimamente conectado con la experiencia de los pobres y oprimidos. Una sabiduría que ya forma parte de la manera como algunas comunidades cristianas católico-romanas y protestantes comprenden su fe en un Dios liberador y promueven el papel transformador de las víctimas en sus propios procesos de liberación para dejar atrás tierras de esclavitud y emprender caminos de vida nueva.

    Pero también comenzamos a ver, no sin la sorpresa de algunos asistentes, que es preciso abrir el corazón y la mirada a otras exclusiones, como aquellas que viven las mujeres, las personas queer/cuir, los migrantes indocumentados, los familiares de personas desaparecidas, los pueblos afrodiaspóricos y los pueblos originarios, por mencionar a quienes representan las resistencias de hoy a la violencia que nos aqueja de muchos modos, teniendo en el corazón hoy al pueblo palestino enfrentando el genocidio perpetrado por el gobierno israelí y sus cómplices.

    Durante el coloquio surgieron algunas iniciativas para mantener viva la memoria de la obra del gran teólogo peruano, a través del trabajo de los archivos que resguardan las grabaciones de los cursos de verano que Gutiérrez ofreció en Lima por varios años, un valioso material que mostrará otro ángulo del pensamiento del autor. Asimismo, algunos nos propusimos investigar las relaciones del pensamiento de Gustavo con la obra de Aníbal Quijano, compatriota suyo, quien representa una de las fuentes de mayor importancia en el pensamiento decolonial de nuestros días, junto con Frantz Fanon. La confluencia de ambos pensamientos, junto con la teología de la liberación negra, feminista, queer/cuir y palestina, nos dará un marco teórico más pertinente para comprender la interseccionalidad de las violencias y de las resistencias en curso a fin de crear otros modos de vida, gobernanza y espiritualidad que animen a comunidades ubicadas en las fracturas de la humanidad.

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    El otro encuentro, realizado con colegas de la Sociedad Chilena de Teología (UCSC fue sede de Jornada Anual de la Sociedad Chilena de Teología), fue la ocasión para pensar juntos los posibles caminos de la esperanza de las comunidades que enfrentan la violencia sistémica.

    Mi contribución en esa jornada anual puso en la mesa la cuestión de pensar la esperanza con un talante de « decolonialidad combativa », como la digna rabia que practican las comunidades zapatistas, o la indignación de las mujeres que enfrentan un abuso sexual o espiritual en sus respectivas religiones. Porque se trata, desde mi punto de vista, de desmantelar una visión de la esperanza como huida del mundo a la espera de una consolación en el más allá de la vida eterna.

    Más bien se trata de descubrir y fortalecer la esperanza que « insurge » en las fracturas de la humanidad. Ahí donde las personas sobrevivientes reman a contracorriente de la historia de  la opresión y el privilegio, habitando el mundo con prácticas de cuidado mutuo, en la pedagogía del acuerpamiento y la sanación colectiva con memoria, verdad y justicia, como lo exploramos en el pasado encuentro Re-existe 2025.

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    El cielo de Wallmapu, con la luna creciente brillando con intensidad, es hoy una metáfora viva de la esperanza que nos arropa cuando escuchamos los latidos de las tierras y los astros del Sur.

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    Tirúa, 25 de octubre de 2025

  • Las paces desde abajoTings Chak, “Palestine Will Be Free,” 2023 (courtesy of the artist).

    Las paces desde abajo

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    Luego de dos años del genocidio en curso en Gaza, hace unos días Trump “decretó” su plan de paz para Palestina, con la presencia sumisa de un grupo internacional de “negociación” formado por Egipto, Catar y Turquía, con la complicidad de líderes políticos europeos de Italia, Gran Bretaña y España que dicen “buscar la paz para la región”.

    Ese plan no habla por supuesto de justicia para las víctimas palestinas del genocidio, mucho menos de reparación del daño de la devastación económica y cultural creada por el gobierno israelí de Netanyahu. Con un cinismo criminal, Trump estuvo de paso por Israel para ratificar su alianza con el primer ministro israelí y tratar de protegerlo de la rendición de cuentas a la que todo criminal de guerra debe ser sometido, un proyecto que promueve un grupo minoritario de ciudadanía israelí con un puñado de aliados en el gobierno.

    La comunidad internacional se enfrenta ahora al reto más radical desde la segunda guerra mundial para promover un juicio por crímenes de lesa humanidad contra Netanyahu y otros militares israelíes, con sus cómplices de otros estados cómplices, como Trump y líderes de la Unión Europea. Se tratará de juzgar una guerra sistemática contra el pueblo palestino iniciada desde 1947 cuando comenzó la Nakba o catástrofe que hasta el día de hoy está llevando a los extremos el exterminio del pueblo palestino en la franja de Gaza y Cisjordania.

    La denuncia de crímenes de guerra por parte del estado de Israel presentada por Sudáfrica hace más de un año fue solamente el inicio de un lago proceso de diplomacia internacional que podría llevar un día a la creación de un juicio internacional similar al de Nuremberg el siglo pasado para juzgar los delitos del régimen nazi.

    Pero hay otras “paces” (de paz en plural) que vale la pena tener presentes, ubicadas desde abajo del mundo del dominio imperial, porque son las que perduran en el tiempo y arraigan en la vida de las comunidades.

    Nos referimos a aquellas que se construyeron a contracorriente del odio de los líderes políticos desde las colectivas de mujeres palestinas y judías, que organizaban actos comunes antes de los ataques del 8 de octubre de 2023 pues luego fueron prohibidos por el gobierno israelí. Pero también existen las “paces” que tejen las mujeres kurdas frente a la violencia del estado turco. Y aquellas que día a día construyen las mujeres zapatistas para recuperar sus cuerpos y territorios en Chiapas.

    Carmenmargarita Sánchez de León acaba de presentar hace unos meses en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México una tesis doctoral en estudios críticos de género sobre la resistencia de mujeres puertorriqueñas creando en muchos frentes la construcción de la paz para su pueblo colonizado por el gobierno estadounidense desde 1952, cuando fue incorporado como estado libre asociado, un modo de colonización reciente de territorio en los parámetros del derecho moderno. Esas otras paces se tejen cuerpo a cuerpo, en el mutuo cuidado de quienes se saben vulnerables pero poderosas cuando conectan sus heridas. La Colectiva Ilé en Puerto Rico que analiza esa tesis doctoral, así como otras colectivas feministas decoloniales como la Colectiva Feminista en Construcción, recuperan espacios urbanos en la isla, critican la deuda pública del estado de Puerto Rico impuesta por la administración federal estadounidense, pero también tejen sororidad entre mujeres racializadas por el patriarcado blanco por medio de redes de colaboración en producción de bienes y formación de un pensamiento feminista descolonial.

    La Ruta Pacífica de las Mujeres en Colombia representa otro intento por tejer la paz desde abajo, no desde los acuerdos entre actores de las masacres, que fueron los paramilitares, el ejército y el estado colombiano, sino la paz que surge de la escucha cuidadosa de las víctimas y algunos verdugos que buscan reconocer su culpa, para transitar a la justicia, la reparación y así tal vez un día recibir el don de la reconciliación del cuerpo social herido.

    Un caso paradójico pero significativo de esos otros modos de construir paz es el de las familias de personas desaparecidas que al llegar en brigada a un pueblo o ciudad plantan “el árbol de la memoria”, con fotos de sus seres queridos que han desaparecido y algunas mantas pidiendo empatía y solidaridad a la comunidad que visitan. También buscan tejer hilos de paz con el buzón que ponen en la plaza donde la gente puede escribir de manera anónima información para dar con el paradero de sus familiares desaparecidos. Por ese medio ha sido posible encontrar fosas clandestinas, casas de prostitución, granjas de trabajos forzados en producción de amapola o laboratorios de droga, donde pueden estar sus hijas e hijas e hijos vivos o muertos. Las madres buscadoras no piden justicia ni venganza en primer lugar, sino que piden información. De esa manera humanizan a los perpetradores creando espacios de búsqueda para encontrar a “sus tesoros” pidiendo algunas pistas para dar con el paradero de sus seres queridos.

    Esas son las paces que importan porque son tejidas lentamente por personas y comunidades en resistencia, sobre todo por mujeres que deconstruyen el patriarcado.

    Ahí precisamente, en las grietas de esos muros de odio, se tejen otros modos de existir con justicia y dignidad, donde paulatinamente se va arraigando la paz.

    ¿Y qué podemos hacer nosotros para tejer la paz para el pueblo palestino y los otros pueblos semitas que comparten la misma tierra desde hace miles de años?

    Para comenzar, estar informados con fuentes creíbles de lo que sucede en Palestina para vincularnos luego de manera virtual o personal con alguna comunidad palestina en resistencia en aquellas tierras, o bien en la diáspora, para promover escucha y diálogo persona a persona. Un segundo paso es conocer mejor a las comunidades judías que viven con cercanía la causa del pueblo palestino apoyando su derecho a vivir en esa tierra. Porque es importante recordar que hay personas palestinas y judías de la diáspora que tienen en común al amor a la tierra de Palestina y el anhelo de poder encontrar caminos para que los pueblos hermanos vuelvan a cohabitar en la misma tierra.

    Tal vez muchos años tendrán que pasar para que haya paz en Palestina, hasta que los pueblos hermanos descendiente de Abraham, Sara y Agar —sí, los tres con su descendencia— reconozcan sus derechos compartidos a habitar la misma tierra. Mientras tanto, la construcción de la paz será tarea de todas las comunidades dondequiera que se encuentren.

    Porque Palestina es brújula de la humanidad hoy dividida, ojalá también en proceso de conversión. Hagamos posible la paz para el pueblo palestino junto con sus pueblos hermanos tejiendo “paces” donde cada quien habita. Solamente así podremos seguir imaginando un futuro como especie humana antes de que nos vayamos al precipicio.

    Esta mañana llegué a tierras del Sur que surgen entre la majestuosa cordillera de los Andes y el océano Pacífico, donde los pueblos mapuche y chileno habitan el mismo territorio con muchas barreras que incluso los gobiernos democráticos de las últimas décadas no han podido derrumbar. He llegado aquí para dialogar con colegas de universidad sobre la vigencia y los límites de la teología de la liberación, con ocasión del primer aniversario de la muerte de Gustavo Gutiérrez (Congreso Internacional Gustavo Gutiérrez). También podré conversar con colegas de la Sociedad Chilena de Teología sobre la difícil esperanza en tiempos de catástrofe. Y con mucha emoción espero la posibilidad de visitar por primera vez territorio mapuche para escuchar algo de las resistencias que esas comunidades han creado para enfrentar tantas formas de colonialidad antigua y nueva (Pensamiento mapuche, autonomía y colonialismo en Chile).

    En la próxima entrada les podré contar algunas de estas historias.

    Santiago de Chile, 19 de octubre de 2025

  • Pensar el misterio de Dios desde las ruinas del imperio Sobre encuentros en tierras de Macrina y sus hermanos capadociosMendoza Carlos | Monasterios de Göreme, Capadocia | 2025

    Pensar el misterio de Dios desde las ruinas del imperio Sobre encuentros en tierras de Macrina y sus hermanos capadocios

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

     

    Hace siete años en Toronto nació una iniciativa teológica -durante una conversación con Claudio Monge del Dominican Study Institute (Dost-I) de Estambul– para pensar junto con otros dominicos el significado de la predicación del Evangelio en las ciudades-laboratorio de hoy, siguiendo el estilo de la orden de predicadores que por ocho siglos ha tenido como lema “ueritas” para buscar la verdad donde quiera que se encuentre, como lo hicieron en el siglo XIII Alberto Magno, Tomás de Aquino y más tarde Maestro Eckhart, Catalina de Siena, la Escuela de Salamanca y Bartolomé de Las Casas en el siglo 16 hasta llegar a la Escuela de Le Saulchoir en el siglo 20.

    Muchos mensajes electrónicos y encuentros virtuales fuimos intercambiando a lo largo de los años, invitando a frailes, hermanas y laicos dominicos dedicados a la labor teológica a sumarse a esta inquietud. En el horizonte de aquellos años veíamos el 1700 aniversario del primer Concilio de Nicea del año 325 EC como la ocasión propicia para reunirnos en Estambul, ciudad ubicada en un territorio-símbolo de ese pasado de la antigua Cristiandad que se hace llamado urgente hoy para volver a las fuentes de la fe.

    Se trata de un contexto contemporáneo muy diferente de aquel del emperador Constantino y los obispos de la Iglesia de Oriente reunidos en el concilio que definió la ortodoxia de la fe cristiana en clave griega. Desde las ruinas del Imperio Romano de Oriente, que se asemejan en algo a las ruinas de Occidente moderno hoy, percibíamos el llamado a “dar razón de la esperanza a quien nos lo pida” (1 Pedro 3: 15).

    Nicea 2025 se fue perfilando como un momento propicio para volver a las fuentes de la Tradición viva de la fe cristiana en su acontecimiento fundante que es la potencia del amor del Dios triuno manifestado en la vida y pascua de Jesús el Galileo, con la profundidad de las categorías griegas tales como persona (prosopon), sustancia (ousía) y circularidad amorosa (perijóresis) para deletrear el misterio del Abbá celestial revelado en Jesús el Cristo por el fuego interior de la Ruah divina.

    En el camino se fueron decantando prioridades personales y profesionales de quienes respondieron inicialmente a la propuesta, hasta que por fin en el último año un grupo de doce frailes y hermanas dominicos de Italia, Estados Unidos, Canadá, Bélgica, México y la India fuimos preparando un encuentro en Estambul. Sería éste el punto de partida de un caminar común para hacer teología en “las fronteras” del mundo contemporáneo como habían señalado los capítulos generales de los frailes en el postconcilio; ubicados en “las fracturas de la humanidad” como decía nuestro hermano Pierre Claverie, obispo de Argel asesinado junto con un amigo y colaborador por el fundamentalismo religioso; y estando presentes como comunidades de predicación en el corazón de las ciudades-laboratorios de la aldea global.

     

     

    Estambul es una ciudad poliédrica y vibrante, epicentro de una cultura islámica moderna, atravesando con dificultad e imaginación la tensa frontera entre religiones, culturas y economías en el complejo contexto de la geopolítica de la desglobalización. Las comunidades cristianas conforman menos del 2% de la población. La fuerza del islam con estilo turco y su pasado otomano resplandece con orgullo en sus mezquitas, universidades y bazares. La gran basílica de Santa Sofía, que fuera sede por más de mil años del Patriarcado Cristiano de Oriente hasta el colapso de la Cristiandad oriental en 1453, ha vuelto a ser mezquita luego de una breve pausa de laicidad turca que hoy se echa de menos en la vida cultural del país. La iglesia de la Chora en un barrio de la ciudad, recién restaurada con sus frescos e iconos esplendorosos del arte cristiano, es un destello reluciente de ese pasado bizantino en medio de la ciudad efervescente moderna.

    El coloquio “Nicea OP 2025” fue un modestísimo encuentro que tendió puentes con algunos cuantos colegas de Turquía interesados en el diálogo con Occidente cristiano, en especial a través del arte y la espiritualidad como medio de expresión de las religiones del libro (judaísmo, cristianismo e islam), como la profesora Elif Tokay que trabaja con sus estudiantes de posgrado esos temas en la universidad de Estambul.

    El programa del encuentro consistía en tres días para pensar el significado de la fe cristiana en el contexto del diálogo interreligioso para acompañar comunidades de fe a vivir el testimonio del Dios Eterno en medio de las ruinas de la civilización moderna que encuentran en Gaza su punto de quiebre de aquel “sueño de la razón que ha producido monstruos”, como sentenció el grabador español Francisco de Goya en el ya desde fines del siglo 18.

    A partir de tres categorías teológicas comunes a las religiones del libro: salvación creación y santificación dimos forma a nuestro diálogo, trayendo a nuestro contexto cada una de esas palabras para interpretarlas hoy. Salvación en medio de la violencia sistémica que produce discriminación, exclusión y muerte de las mayorías. Creación como cosmología de la nueva creación que explora la ecoteología en diálogo con las ciencias modernas y los saberes ancestrales. Y santificación como proceso de divinización del cosmos y de la humanidad por la potencia del Espíritu de Dios inspirando procesos de sanación, memoria, justicia y reconciliación en especial para las víctimas de la historia violenta de la humanidad.

    Siguiendo esta ruta, cada día nos centrábamos en uno de esos ejes a partir de la presentación inicial de uno de los participantes, para luego entablar un intercambio de experiencias e ideas de lo que significa la predicación del Verbo de Dios encarnado en Cristo Jesús en cada uno de esos campos.

    La segunda parte de la jornada estaba a cargo de Jean-Jacques Perennès y Elif Tokay, quienes escuchando la conversación inicial abrían nuevos horizontes a partir de su experiencia y reflexión.

    Jean-Jacques, como dominico francés que ha vivido en el mundo árabe por más de tres décadas, nos orientaba con su conocimiento de culturas islámicas para pensar el significado de la predicación en esos mundos (Bibliographie de Jean-Jacques Pérennès), muy cercano a Pierre Claverie y a los monjes de Tibihrine quienes ofrecieron su vida en Argelia por amistad con personas y comunidades del islam. Trabajó en el instituto de los dominicos en El Cairo (Dominican Institute of Oriental Studies), luego como asistente de vida apostólica de los frailes dominicos durante el gobierno de fray Timothy Radcliffe como maestro de la orden, y más recientemente como director de la Escuela Bíblica de Jerusalén.

    Elif, como investigadora del cristianismo bizantino y oriental en torno al concepto de perfección o divinización (theosis) en el pensamiento místico cristiano, nos ayudaba con sus comentarios y preguntas a buscar los puntos en común con la espiritualidad del islam. Dado su trabajo doctoral sobre Gregorio de Nacianzo como padre de la Iglesia de Anatolia, así como sobre obras patrísticas traducidas del griego y el siríaco al árabe, ella nos abría una perspectiva inusitada y preciosa para explorar esas conexiones entre comunidades creyentes de diversas tradiciones encontrándose en ese punto común de la divinización del cosmos y de la humanidad.

    Una visita a las ruinas de Nicea, hoy Izink en Anatolia (Archaeologists Discover Tombs at the Underwater Basilica in İznik), durante un día lluvioso previo al coloquio, había ya dado cierto tono a las conversaciones. ¿Cómo conectar aquel momento crucial del cristianismo antiguo para hablar del ser divino como comunión amorosa en medio de las ruinas de hoy con los desafíos que surgen para las comunidades cristianas, judías e islámicas de hoy en tiempos de violencia extrema?

    Al concluir nuestro encuentro, acordamos seguir tejiendo redes de colaboración con frailes, hermanas y laicos dominicos presentes con su predicación en las ciudades-laboratorio actuales y sus comunidades de interlocución, tanto locales como virtuales, en especial con los más jóvenes de la familia dominicana para profundizar la inteligencia de la fe al servicio del pueblo de Dios hoy.

    Propuse preparar el próximo encuentro en México en 2026 para seguir explorando los caminos de la “santa predicación” en esa otra geografía del Sur global y epistémico para buscar allá, en medio de otras ruinas que son las de la región del no-ser y de quienes habitan en las sombras de las sombras, vías alternas para vivir y pensar el misterio amoroso de Dios desde las grietas del poder hegemónico de hoy con sus idolatrías y trampas tiene a la humanidad y al planeta en jaque.

     

     

    Luego de un encuentro modesto, pero a la vez profundo con este aire de familia dominicana, me dispuse a visitar por primera vez Capadocia.

    Tierra de Basilio y Gregorio, los famosos “Padres Capadocios” que contribuyeron de manera decisiva en el siglo IV EC a desarrollar una teología del Espíritu Santo como tercera persona de la Trinidad Santa. Sus textos habían sido fuentes capitales de los cursos sobre patrística que seguí primero en México con fray Luis Ramos en sus clases en la UNAM, y luego en Friburgo con fray Christoph Schönborn, entonces profesor en aquella universidad helvética que luego vivió su ministerio pastoral como cardenal de Viena por muchos años.

    Si bien recordaba yo haber leído alguna referencia a Macrina -la hermana mayor de esa ilustre familia de Anatolia que padeciera primero la persecución romana y luego se convirtiera en promotora de la vida monástica naciente- fue yendo a su tierra que pude captar su gran influencia como mujer creyente de su tiempo, en especial en el desarrollo de la espiritualidad alternativa a la del imperio romano que también exploró su hermano Naucracio, junto con su amigo Crisafio, como parte del monacato cristiano primitivo en las riberas del río Iris, hoy Kizilirmark, de la región del Ponto.

    La Capadocia actual nada tiene que ver con su pasado hitita, persa, romano, bizantino y otomano. La modernidad turca del siglo 21 ha desplegado en esa región centros urbanos modernos dedicados a la agricultura y la minería, con una poderosa industria de turismo para dar servicios a viajeros procedentes sobre todo de China, Rusia y Japón que inundan de globos aerostáticos el cielo de Capadocia para sobrevolar los sitios arqueológicos de los antiguos monasterios cavados en la roca; o como marabunta de turistas que colapsan las ciudades subterráneas creadas por sus habitantes desde tiempos hititas y persas para sobrevivir a las intermitentes guerras de imperios en turno.

    En medio de esas hordas de turistas de hoy en tierras de historia milenaria me di a la tarea de hacer caminatas meditativas por esos lugares, intentando suspender el tiempo, para releer algunos fragmentos de la historia de los Padres Capadocios y en especial la vida de Macrina y su familia, contada por su hermano Gregorio de Nisa. Me quedo con la oración de Macrina pronunciada en su lecho muerte: “Tú, Señor, nos has librado del temor de la muerte. Tú has convertido el final de la vida de aquí abajo en comienzo para nosotros de la vida verdadera. Tú haces descansar un tiempo nuestros cuerpos en el sueño y los despertarás de nuevo con la trompeta del final de los tiempos”.

    De su testimonio me impresiona la hondura de su esperanza, con imaginación escatológica por el día por venir. No despreciando este mundo, sino abriéndolo a la perspectiva del Amor que no acaba.

    Tal vez eso es lo que hoy nos hace falta en tiempos de catástrofe ambiental e histórica para pensar el misterio de Dios en medio de las ruinas de los imperios de ayer y hoy. Abrir el corazón y la inteligencia a otros mundos posibles, surgidos de las ruinas con el clamor de los sobrevivientes. Otros mundos también ofrecidos por el Dios de vida que no cesa de amar sin condición ni medida a toda su creación.

     

    Capadocia, 7 de octubre de 2025

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