Autor: mendocinomx

  • De manglares, esteros y mundos otrosCarlos Mendoza Álvarez | Altar con rostro murciélago-jaguar-serpiente | Iglesia Vieja, Estructura C-3 | Tonalá, Chiapas, 2026

    De manglares, esteros y mundos otros

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    La marea se ve a lo lejos en el horizonte que se abre al fondo del estero, entre los manglares de Boca del Cielo. El nombre poético de esta playa recóndita de Chiapas es preludio para la pausa tan anhelada por la pequeña comunidad de frailes, agotados luego de cuarenta días intensos de religión y cultura en los Altos de Chiapas. Tiempo que fue coronado por el clímax de la Semana Santa, vivida con intensa devoción por pueblos diversos de estas tierras.

    La costa chiapaneca se encuentra aún protegida por manglares y esteros que recorren su litoral, desde Oaxaca al noroeste hasta Guatemala al sureste. El turismo de poca escala no ha trastocado aun la vida de sus pobladores, en su mayoría zoques que han perdido su lengua y costumbres, pero conservan un halo de vida en su mirada y sonrisa franca. Mariana nos recibe como hospedera en su palapa con los sabores marinos de su costa como el robalo, el camarón y la mojarra, acompañados de aguas frescas de mango, piña, melón y tamarindo. Ella es el pilar del negocio, acompañada por su hijo adolescente y su mascota Oso, un bello cachorro blanco de pelo crespo y ojeras negras que lo asemejan a un oso panda en negativo.

    En lugar de piscina, el pequeño hotel tiene acceso directo por una pequeña escalinata al estero de agua templada y tranquila, a veces animado por una fuerte corriente en la zona más alejada, cercana a la barra que protege al canal del mar abierto. Aguas adentro se esconden algunos lagartos que han ido huyendo a zonas despobladas, donde algunas comunidades -como la del conjunto de ecoturismo Madresal- los preservan en criaderos. Aunque hay que decir que esas iniciativas son modestas, comparadas con la urgencia de proteger los esteros y su fauna en peligro de extinción. El criadero de tortugas de la playa de Boca del Cielo, por ejemplo, sólo está en funciones un par de meses al año durante el verano, olvidado por la población dedicada a sus menesteres de servicios turísticos, y dejado en el olvido por la indiferencia del gobierno local.

    Por el deshielo de los polos debido al cambio climático, la comunidad científica pronostica la desaparición de muchas de las costas bajas del planeta, como los manglares y sus esteros, el mar invadiendo con el crecimiento de las mareas esos lugares de biodiversidad limítrofe entre aguas saladas y dulces.

    Dos milenios atrás, en la sierra que colinda con estas playas, floreció la cultura Mixe-Zoque. Los restos arqueológicos del sitio sagrado -hoy conocido como Iglesia vieja por unas cruces esculpidas en algunas piedras de los taludes de las pirámides- son de una riqueza simbólica impresionante. Una pirámide central representa al cuerpo de una tortuga, con sus esquinas imitando las aletas del reptil de la longevidad. La cabeza gigante yace al pie de la escalinata y acoge al peregrino en un movimiento de sacralidad cósmica. Estelas de diverso tamaño, sometidas por el tiempo implacable y rotas por raíces de ceibas que las parten en dos, están grabadas con rostros polimorfos que combinan las orejas del murciélago con el hocico del jaguar y los ojos del mono y la serpiente.

    Y en el corazón de una de las plazas centrales del sitio sagrado de más de sesenta hectáreas de superficie -ubicado en las mesetas del cerro Tepancuintla a unos 700 metros sobre el nivel del mar en el actual municipio de Tonalá-  yace una piedra monumental de una fuerza icónica semejante a la Piedra del Sol azteca o a la lápida de la tumba de Pakal en Palenque. El monolito de granito negro tiene cuatro rostros, apuntando cada uno a un punto cardinal: tres son humanos (dos hombres y una mujer) y uno es zoomorfo, como fusión alucinante de animales sagrados de las montañas que cobijan a sus habitantes.

    El guía local nos contaba que esa piedra negra azabache adquiere tonos azules en algunos momentos del día, convencido de que es como una puerta al mundo de los ancestros. Para honrar su palabra confidente, me acerco a ella con reverencia, la rodeo, la acaricio sin tocarla, y percibo una memoria ancestral que la habita y que nos recibe con fuerza.

    Doscientos kilómetros al sur, la cultura Mokaya sembró hace cuatro mil años la semilla de las culturas mesoamericanas, antes incluso que los Olmecas que son reconocidos como la matriz cultural mesoamericana. Atesoro ya desde ahora en mi corazón un próximo viaje a esas tierras, cercanas a la frontera con Guatemala, para dejarme tocar por su sabiduría hecha piedra y alfarería, ignota para nosotros hoy en su música y sus relatos de tradición oral.

    Comencé este relato contando historias de esteros y manglares. Pero al releerlo caigo en la cuenta de que fueron sólo un portal al mundo otro de los pueblos Mixe-Zoque y Mokaya que habitaron estas montañas y navegaron estas aguas milenios atrás. Su memoria ancestral se hizo cosmogonía de piedra tallada, pirámides construidas con enormes monolitos de granito y piedra volcánica marcados con símbolos cósmicos y humanos, como el sol, el nudo, el rostro y la mano.

    ¿Qué memoria dejaremos a las generaciones venideras dentro de dos mil años, cuando alguien visite las ruinas de nuestros barrios y ciudades ensoberbecidas por el acero y el cemento? ¿Encontrarán ruinas tecnológicas de algoritmos y avatares en la red que puedan rescatarse del olvido? Tal vez se preserven en la nube algunos hologramas que concentren la sabiduría de la humanidad extraviada hoy en sus afanes de poder y de dinero.

    Por lo pronto, la puerta a los mundos otros sigue abierta.

    Boca del Cielo, 11 de abril de 2026

  • De triduos pascuales en las grietas del mundoCarlos Mendoza Álvarez | Vigilia Pascual | Sots'leb 2026

    De triduos pascuales en las grietas del mundo

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    Un microcosmos en los Altos de Chiapas se despliega a cada paso, como mundos paralelos que tienen pasadizos secretos conectando ancestralidad y modernidad. Es posible recorrerlos cuando se aguza la mirada y se silencia el ruido exterior para escuchar las sonoridades que vibran en cada recinto.

    Aquí se puede atravesar en un instante el túnel del tiempo al entrar en el templo de Sots’leb donde deambulan mujeres y varones ataviados con trajes floridos, ocupados en rezos, sembrando candelas a los santos, vistiendo las imágenes con miles de flores. Las procesiones el atrio son como una espiral de clamores mezclados con pom o incienso, colores, cantos y rezos. Todo ese barullo religioso se detiene al llegar el momento culminante de la elevación del Cristo en la cruz. Entonces toda la comunidad cae de rodillas ante el Nazareno acompañado por su Madre, con María Magdalena y Juan evangelista a sus costados.

    Y súbitamente, en el mismo pueblo zinacanteco, aparecen los ministros con los celulares filmando, los encargados de medios transmitiendo en vivo la procesión con su cámara puesta en un estabilizador, y las juventudes chateando con sus amistades en tsotsil sobre el próximo concierto de alabanzas que ofrecerá el domingo de Pascua el grupo Alfarero en Navenchauk. La tecnología los conecta con el ciberespacio.

    A escasos kilómetros, en tierras coletas, otra ritualidad, ahora mestiza y barroca, festeja con delirio piadoso el Viernes Santo con penitentes encapuchados, imágenes del Santo Entierro, la Virgen de los Dolores, santa María Magdalena y san Juan Evangelista en andas, acompañados por el pueblo creyente avanzando con recato en la procesión del silencio. La columna se abre con la cruz alta y dos ciriales, seguida por los frailes con su hábito blanco y capa negra, y unos encapuchados tocando el tambor de duelo. Caminamos a paso lento por el andador peatonal lleno de turistas que pasean, se detienen, filman con sus celulares y siguen su camino con desdén, alguna que otra persona se santigua, pero la mayoría ignora el ritual religioso. Me llamó la atención un grupo de jóvenes indígenas urbanas que venían en sentido contrario al de la procesión. Como enojadas y con risas burlonas pasaron con velocidad desafiando al grupo orante por en medio. ¿Su rabia era aquella de las juventudes adolescentes o expresaba algún resentimiento de siglos? Nunca lo sabré. Los empleados de las tiendas y los conductores de autos se ponían nerviosos por el lento avance de la procesión, pero no tocaron el claxon. En contraste, las bocinas de los negocios que buscan atraer clientes con música estridente y vulgar no se apagaron. Su ruido anulaba el retumbar del tambor de la procesión del silencio, a pesar de los intentos de algunos creyentes que se acercaban a pedir a los empleados que, por unos minutos, apagaran sus bocinas. No obstante, los fieles avanzaron impávidos en la procesión, mientras los espectadores a los lados seguían su rumbo como moscas que vuelan a otros manjares.

    Así pasan los días santos, entre mundos paralelos que a veces se tocan, pero las más de las veces se ignoran.

    En un suburbio de Jobel, el caracol zapatista se reúne al mismo tiempo para hablar de amores y desamores. De críticas a las pirámides del privilegio. Y de resentimientos también.

    Más de quinientas personas inscritas, procedentes de más de cuarenta “geografías” distintas, para escuchar la sabiduría del Comandante Moisés disertando -con una narrativa lenta, acompañada de chispazos potentes-sobre el Común como alternativa a las pirámides de ayer y hoy, estructuras de privilegio y mando, incluida la propia organización del Ezln.

    La presencia de tres niñas en la mesa representaba a las infancias en resistencia, acompañando al Subcomandante y al Capitán. Un símbolo de la visión intergeneracional del movimiento zapatista que imagina otros mundos posibles dentro de 120 años, para irlos acercando como herencia para las nuevas infancias y juventudes. Por medio de acuerdos comunales, a partir de ahora las asambleas incluirán a las bases zapatistas y a otros pueblos que no necesariamente compartan su organización, pero sí el anhelo y compromiso de justicia: “Para nosotros nada, para todos… el Común”, sentenció contundente el Subcomandante insurgente Moisés.

    Uno de esos días, el Capitán sorprendió a muchas personas y comunidades hablando de “la iglesia católica progresista que quiso destruirnos”. Un tema que merece ser tratado con detenimiento por sus principales actores, profundizado en el contexto social y religioso del momento, para ir más allá de las acusaciones que reproducen la espiral de rivalidad, resentimiento y odio. No se puede borrar de un plumazo un camino de seis décadas de una Iglesia liberadora, por supuesto con sus luces y sus sombras, que ha dado sabrosos frutos de memoria colectiva, dignidad y fortalecimiento de los pueblos mayas en estas tierras.

    El sábado por la noche miles de comunidades cristianas en el mundo nos congregamos para celebrar que la vida es más fuerte que la muerte con la ceremonia del fuego nuevo. En Sots’leb, el Pregón Pascual, cantado en tsotsil por Paco Torre, arropó a la comunidad en medio de la oscuridad con el resplandor de la luz del Crucificado que despertó.

    La Vigilia Pascual nos recuerda que -en medio de la noche que atraviesan las víctimas de ayer y hoy- el Abbáde Jesús pronuncia un sí definitivo, rescatando a su hijo del Sheol, el abismo, el inframundo, para abrir en los muros del mundo hegemónico pasado y presente una grieta de esperanza por donde insurge la vida plena para todo el cosmos.

    Y será una mujer, María de Magdala, la primera en atreverse a ver, a reconocer y a movilizar a su comunidad en duelo para ir más allá de la rivalidad y el resentimiento por la tortura y la ejecución de su Rabí Jesús como un criminal en una cruz romana con la complicidad de la turba enardecida en un linchamiento ejemplar. Junto con las otras mujeres de la comunidad del Galileo, el llamado consiste en “ir a Galilea”, para encontrarse con el amigos y maestro resucitado prosiguiendo su sueño de una humanidad herida y sanada por el amor incondicional del Abbá en la fuerza su Ruah divina.

    Releyendo las Escrituras hebreas, como los discípulos de Emaús, esa comunidad mesiánica en ciernes fue capaz de recibir los destellos del mundo otro venido del Dios de la vida.

    ¡Feliz Pascua de Resurrección!

    Sots’leb, Jobel y Navenchauk, 5 de abril de 2026

  • Trilogía cuaresmal en los Altos de ChiapasCarlos Mendoza | Ansetik, Cuaresma en Sots'leb | 2026

    Trilogía cuaresmal en los Altos de Chiapas

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    El cuarto viernes de Cuaresma es tradición zinacanteca iniciar los rituales para cubrir a los santos con mantos morados en sus rostros y tapetes de flores en sus pies, arropados con rezos, velas, incienso y música ancestral, para prepararlos a la Semana Santa que será el culmen de las celebraciones. Mayordomos, alférez, templos y sacristanes, títulos de los guardianes laicos de la tradición, llevan la pesada carga de los preparativos, mientras que las ansetik (mujeres) yacen por horas ataviadas con sus faldas negras bordadas de flores y un tocado blanco en sus cabezas, adornado con lazos de colores, sentadas hieráticas con un cirio en sus manos, envuelto en grandes hojas de Ch’entikal jabnal, orando a la cohorte de santas y santos en nombre de la comunidad.

    Al mismo tiempo, en varios parajes zinacantecos de los alrededores, se organizan conciertos masivos para el domingo de Pascua, con música cristiana moderna que reunirá a las juventudes tsotsiles en torno a famosos grupos internacionales de alabanza, con un acento carismático y de devoción intimista, más cercano a las modernidades urbanas con influencia protestante, tan popular en Centroamérica, Brasil y los Estados Unidos. Es notorio el esfuerzo organizativo para estos eventos, los altos costos económicos que suponen, así como la colonización del imaginario que implican estos modos de modernidad cristiana tan popular por su uso de ritmos e instrumentos de música pop, y su tono místico individual y sentimental, tan popular en el mundo occidental.

    Ambas corrientes de la cultura religiosa cristiana, tanto tradicional como moderna, coexisten en el mismo territorio zinacanteco, a veces vertiéndose como arroyos en un mismo caudal, otras veces corriendo por cañadas separadas llevando a cauces diversos. La gran pregunta es si ambas corrientes podrán nutrir a las comunidades para fortalecer su corazón sin división ante los nuevos embates de la industria de la flor y del comercio pujante que ha elevado de manera significativa el nivel de vida del pueblo zinacanteco, trayendo nuevos modos de vida. O bien, si estas diferencias religiosas provocarán una escisión que debilite la fuerza del tejido social que, por siglos, ha resistido embates culturales en tiempos coloniales como modernos.

    A escasos 12 kilómetros de distancia, la ciudad coleta de San Cristóbal de Las Casas es un bastión de religiosidad católica romana, con un fuerte acento de devociones piadosas vivas y una práctica sacramental que jamás había visto en México en mis treinta y ocho años de ministerio. En los últimos cuatros meses he sido testigo de confesiones como nunca en el conjunto de mi vida pastoral. Miles de personas se acercan con devoción y confianza al confesionario, la mayoría con una conciencia de pecado más centrado en los claroscuros de la sexualidad y los vicios individuales, que en el cuidado del prójimo como el Buen Samaritano de las enseñanzas de Jesús y el cuidado de la Madre Tierra como la más pobre entre los pobres, según lo recordaba Leonardo Boff retomado por el Papa Francisco. Las fiestas devocionales se multiplican en cada barrio, sea para celebrar al santo patronal, sea para vivir la Cuaresma con rezos y prácticas religiosas rigurosas.

    En ese contexto, propuse una serie de Meditaciones cuaresmales en el Templo de Santo Domingo, durante cuatro jueves de Cuaresma, para ofrecer alternativas de preparación a la Pascua de Jesús inspiradas en la tradición espiritual de los dominicos y de la mística de las Madres y los Padres del desierto.

    Siguiendo el camino meditativo de la Lectio Divina, cada jueves iniciábamos con una “colación”, como instrucción para prepararnos a la meditación bíblica. Al inicio del encuentro resaltaba algunos puntos teológicos centrales del relato a meditar, leídos con la lente de la teología medieval y contemporánea, tales como la exégesis feminista del profeta Oseas y de la mujer Samaritana, la teología decolonial de la discapacidad, y la mística apofática o negativa del Maestro Eckhart.

    Los siguientes minutos estaban destinado a poner atención a la postura corporal, el silencio exterior e interior y la respiración acompasada con la antigua práctica de la oración del corazón o hesicasmo, sintonizando la inhalación con la antigua frase Kyrie eleison para recibir así la compasión divina en el interior, reteniendo por unos segundos el aire-espíritu, seguida de la exhalación con Christe eleison para ofrecer al mundo la vida recibida. Con la ayuda de Abraham Mena como instructor, esa respiración inicial iba acompañada de breves reflexiones para centrar el corazón en el texto bíblico de cada jueves: el desierto como lugar espiritual, Jesús en el desierto, el ciego de nacimiento y la mujer samaritana, como relatos para aprender a nacer de nuevoque es el camino de la Cuaresma que nos conduce a la Pascua. Una de esas sesiones estuvo acompañada con música de Handpan, un moderno instrumento de percusión creado en Suiza a inicios de este milenio, inspirado en el ghatam indio y el gamelan indonesio para tocarse con las manos, música que despierta a la sonoridad de las armonías divinas.

    Una vez preparados el cuerpo, la mente y el corazón, leíamos con detenimiento el pasaje de la Biblia que contaba la historia de los encuentros de Jesús con personas vulnerables en proceso de resurrección, invitando a detenerse cada quien, en una frase, una palabra sola tal vez, que captara nuestra intención, para habitar este texto y dejarnos habitar así por una palabra sonora que está viva como Palabra divina.

    Concluíamos con una reflexión para conectar lo vivido con la vida cotidiana, en el contexto presente y con un cántico de la tradición musical de la comunidad ecuménica de Taizé, en Francia, que nos permitiera cerrar con un momento de gratitud y alabanza, para ser enviados de nuevo al mundo cotidiano a ser testigos de lo que habíamos meditado.

    Y como parte del tríptico de Cuaresma en los Altos Chiapas, lanzamos la iniciativa JobeLab con un conversatorio sobre la Escuela de San Cristóbal como uno de los vértices del triángulo de pensamiento crítico, re-existencias de colectivas enfrentando las violencias y el mutuo acompañamiento de personas y comunidades abiertas al soplo de la Ruah divina en las grietas de la sociedad.

    El agotamiento del modelo civilizatorio que conocimos como modernidad, con su expresión de cristiandad colonial, ya había sido diagnosticado por personajes como Ivan Illich, Don Sergio Méndez Arceo, el Abad Lemercier y Sylvia Marcos desde hace sesenta años en Cuernavaca. En tierras chiapanecas, jTatik Samuel Ruiz, el movimiento indígena y la comunidad académica cercana a los pueblos mayas también había captado la necesidad de nuevos modos de vida, organización comunal y espiritualidad ancestral renovada como caminos para transitar en tiempos de escalada de violencia y exclusión.

    Tuvimos el regalo de ser anfitriones de un encuentro con la comunidad musulmana chamula de la ciudad acompañada por el Shayk Mudar Abdulghani. Juntos recibimos a Shayk Yahya Rodus y un grupo internacional de estudiantes sufís, para una reflexión compartida sobre el perdón de Dios como camino de encuentro entre los pueblos en esta hora de violencia en nombre de Dios que se extiende por el mundo. Con la música de Nader Khan, músico pakistaní canadiense, celebramos el encuentro de dos venerables tradiciones espirituales, Cristianismo e Islam, que en sus versiones Sufí y Dominicana, han vivido momentos de mutuo aprendizaje en la mística del silencio, el desapego y la fontalidad de la misericordia divina.

    Desde los Altos de Chiapas ahora, como parte de un caudal de pensamiento y espiritualidades diversas que recorre estas tierras, exploramos esas porosidades del pensamiento, la cultura y los modos de comunalidad que curan a la humanidad herida y a la Casa Común devastada.

    Anuncio de otro mundo posible que, en clave cristiana, llamamos anticipaciones mesiánicas de la resurrección.

    Sots’leb y Jobel, 1 de abril de 2026

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