Categoría: Espiritualidad liberadora

  • Una flor de composta O sobre las re-existencias en medio de la catástrofeCarlos Mendoza | Re-existe 2025 | Ritual de apertura 23 IX 25

    Una flor de composta O sobre las re-existencias en medio de la catástrofe

    Por Carlos Mendoza Álvarez

     

    A fines de septiembre más de ochenta personas de colectivos de sobrevivientes de diversas partes del mundo nos reunimos en un encuentro de mutua escucha, profundizado por diálogos atentos con gente de universidad y nutrido con provocaciones venidas de colectivas de artistas. Fuimos recibidos con la magnífica hospitalidad de la Cátedra Jorge Manzano del ITESO que se convirtió en hogar por unos días.

    Comenzamos celebrando las resistencias que transforman por amor lo que parece desperdicio, inspirados durante el acto inaugural por la reconocida cantante catalana Lídia Pujol que susurraba diciendo que “de la composta que es podredumbre puede surgir la flor” (Babel). Ella había descubierto esta sabiduría en la poesía de su paisano del siglo XII Ramon Llull, quien contaba que “habiendo encontrado el amigo un hombre que moría sin amor, al preguntarle por qué moría sin amor éste le respondió que nadie le había dado a conocer el amor ni lo había instruido a ser amador”.

    Angélica, venida de tierras de Malasia, esparció granos de arroz y de sal del Himalaya como ofrenda durante el ritual inaugural por el que nos dispusimos a escuchar con atención a la otredad que nos acoge como Madre Tierra y nos habita como Divinidad que nos anima con su inefable soplo de vida.

    Cinco mesas con representantes de seis colectivos cada una, en grupos lingüísticos distribuidos en español e inglés, fueron el lugar para escucharnos cada mañana, intercambiando experiencias para despertar, sanar y acuerparnos, desde la vulnerabilidad íntima de cada persona y colectiva. Cada una de las mesas contaba con dos personas “escuchadoras”, para encontrar las semejanzas y las diferencias entre las experiencias  narradas e ir tejiendo así un mutuo acompañamiento con solidaridad y esperanza para enfrentar el horror local y global que íbamos describiendo. Raúl, joven maya educador popular por medio del hip hop en Chiapas, comentó que “nunca nadie se había sentado en una mesa para escuchar mi saber”. Nancy, teóloga feminista latina de los Estados Unidos, junto con Bosque, biólogo y activista ambiental-espiritual de Cuernavaca, tenían a su cargo, como otras personas de academia y sociedad civil organizada presentes en el encuentro, cultivar esta escucha atenta para tejer una narrativa común en medio de las diferencias de cada experiencia y contexto.

    Así, fuimos explorando con mucho respeto la tierra sagrada de las resistencias y las re-existencias. Primero, acercándonos al horror al que le íbamos poniendo nombre y apellido según las historias que cada quien contaba. Sofía, por ejemplo, compartió su experiencia como joven abogada ecuatoriana migrante en Barcelona, donde desde hace algunos años camina con mujeres trabajadoras domésticas sin papeles en un “acuerpamiento” feminista que las fue llevando a la formación de un sindicato que las fortaleciera en la lucha por sus derechos como mujeres migrantes a la vez que les permitiera desarrollar habilidades artesanales para sufragar su causa. La reflexión de Sofía hacía eco con la de Alex, diseñador gráfico y artista popular que acompaña a las Comunidades Eclesiales de Base de El Salvador enfrentando el estado de excepción del presidente Bukele. Ya en su cuarto año con un líder autoritario ese régimen de excepción produce basurización de la vida de las juventudes pobres de las periferias salvadoreñas acusadas de criminalidad para lavar la cara de un régimen que desde hace años pacta con las mafias criminales. La resistencia de ambas colectivas, tanto en Cataluña como en El Salvador, transpiraba una “interioridad” que las anima en el día a día de sus luchas. La espiritualidad cristiana en el caso salvadoreño y la sororidad feminista en el caso catalán.

    Pero no se trataba solamente de compartir la palabra oral, sino de explorar otros lenguajes por medio de talleres de expresión corporal y sonora, o por medio de la danza del Jauja en el altiplano andino peruano como camino de resistencia de un pueblo, para encontrar así otros modos de comunicación entre las madres buscadoras y las compañeras sanadoras que venían de Dakota del Sur o de Malasia. Esos lenguajes otros permitían superar las barreras del idioma y nos ayudaban a crear vínculos de comunicación no verbal muy poderosa.

    Y para ir amarrando nudos en el tejido de los hilos entrelazados en cada jornada, llegaron los performances, como aquel preparado con mucho amor y talento por una colectiva de Portland para celebrar al agua que nos conforma, así nos ayudaban a sentir que somos agua. A ritmo de hip hop y rap como propuesta de arte urbano alternativo, las colectivas mayas de Chiapas que educan a las infancias amenazadas por los cárteles de la droga en las periferias de las ciudades de las montañas del sureste mexicano, resultaron ser un bálsamo para curar heridas aun abiertas por otras violencias. Como aquella narrada por Vero buscando a su hijo Diego, desaparecido desde hace diez años, o la violencia contra las niñas en Pakistán que contaba Sabine en su labor de acompañamiento en barrios populares de Faisalabad, en la región de Punjab en Pakistán. Gracias a ese performance rapero todos nos unimos al baile, a la vez que dibujábamos algún símbolo en el mural pintado por Yara como parte del performance también dedicado al agua que está siendo asesinada en ríos, lagos y mares del planeta.

    Concluíamos cada jornada con un momento de cosecha, donde la narrativa popular de Bendita Mezcla, formada por jóvenes de las Comunidades Eclesiales de Base de Nuestramérica, nos ayudaba a celebrar lo escuchado y compartido a través de símbolos, cantos y rituales. El personaje guía fueron las abejas como símbolo de resistencia de la Madre Tierra a las que dimos la bienvenida con una vela de cera producida por ellas, quemando con su llama la palma de nuestra mano para sentir el dolor de las especies en extinción, gesto que iba acompañado de una gota de miel vertida en la otra mano para darnos a degustar la dulzura de ellas como sobrevivientes.

    Luego vino la casita de Acteal que se puso en el centro del círculo de los participantes para recordarnos la historia martirial de unas abejas humanas. El colectivo pacifista de Las Abejas vinculado a las bases zapatistas optando por la vía de la no-violencia activa en su lucha compartida con justicia y dignidad para los pueblos originarios, padeció el asesinato de 45 de sus miembros, entre ellos cuatro mujeres embarazadas, quienes fueron masacrados el 22 de diciembre de 1997 en Chiapas en la ermita de la comunidad mientras oraban por la paz, crimen perpetrado por paramilitares con la complicidad del ejército federal (Matanza de Acteal, Chiapas. Grave violación a los derechos humanos por parte del Estado mexicano en 1997). Su memoria sigue aguijoneando como astilla que duele la vida de los pueblos originarios que buscan otros mundos posibles.

    Cerramos esos momentos de cosecha elaborando papalotes o cometas con mensajes de paz para las mujeres violentadas por el patriarcado y para el pueblo palestino en resistencia al genocidio en curso por el estado israelí, artefactos que nos ayudaron a dirigir el corazón y la mirada hacia un futuro con dignidad y esperanza para los pueblos en resistencia.

     

     

    La visita a la comunidad de El Salto, en los suburbios de Guadalajara, nos llevó a cruzar la línea abismal del ecocidio en curso que la colectiva ambientalista que nos recibió en el “Tour del horror” (Un Salto de Vida) describe como “un paraíso industrial con infierno ambiental”. La cuenca del río  Lerma-Santiago que recorre 708 kilómetros de longitud del occidente de México es una herida abierta del territorio mexicano y de las especies animales y vegetales con los pueblos que lo habitan. Desde el boom industrial de la posguerra en el siglo pasado la industria contaminante se esparce en esa amplia región como un virus social y ambiental. Al día de hoy se han identificado más de 90 contaminantes altamente tóxicos, muchos de ellos cancerígenos, de los cuales sólo se depuran unos pocos que son más visibles con un par de plantas de tratamiento. Sofía y Pedro, jóvenes ambientalistas de la zona, nos cuentan que las empresas transnacionales instaladas en esa cuenca como Nestlé, Toyota, IBM y muchas otras se dicen ser hoy empresas verdes, cuando en realidad sus proveedoras locales de partes son las que producen alta contaminación pues no cumplen con los reglamentos vigentes nacionales e internacionales (15 empresas transnacionales contaminan el río Santiago, señala informe internacional). El ITESO es parte de una red de universidades de la región que estudian el problema del agua (Industria y naturaleza en conflicto: ¿habrá un
    futuro para el agua en Lerma-Chapala?) en constante colaboración con las colectivas de pobladores y ambientalistas que buscan salvar la cuenca hídrica con sus habitantes de especies diversas.

    Entre los miembros del colectivo que nos recibe está Emmanuel, un pequeño niño de escasos diez años de edad, quien con sus botas y sombrero vaquero, va de la mano de su Mamá a mostrarnos los humedales contaminados, con el olor pestilente de las aguas negras de la ciudad y las especies invasoras que ahí habitan como la tilapia que es un pez contaminado que se vende en muchos mercados del país. El presente ecológico para este pequeño niño tapatío es catastrófico, pero el futuro posible comienza a abrirse paso con la organización de la comunidad.

     

     

    Uno de los rituales de la mañana fue presidio por Cecelia Firethunder, abuela Lakota que nos contó el largo camino de sanación de las heridas de su pueblo en resistencia en los Estados Unidos. La experiencia que tuvo de niña en un campo de girasoles que la acogía en una danza de dignidad y fortaleza cuando ella enfrentaba discriminación en la escuela la sigue arropando desde entonces para acompañar a su pueblo a despertar de la segregación secular, para sanar la memoria herida recuperando su lengua, sus saberes y sus rituales ancestrales. Es posible entonces caminar creando nuevas formas de alimentación, como aquella iniciativa compartida por su compatriota Nick Hernández para recuperar tierras y modos de organización comunal y de agricultura indígena Lakota (Makoce. Agriculture Development) en el corazón de las reservas indias que son territorios controlados por el gobierno estadunidense desde hace doscientos cincuenta años.

     

     

    De la composta que es podredumbre puede surgir la flor, como decía Lídia Pujol.

    Pero para que ese momento llegue en nuestros tiempo de colapso ambiental es preciso reciclar primero los desechos producidos por el capitalismo extractivista, racista y patriarcal para recuperar lo orgánico de las resistencias de las comunidades de sobrevivientes, incluida la Madre Tierra.

    Al finalizar el encuentro, retornamos cada quien a nuestros lares de origen y de opción de vida con la certeza de que mientras haya resistencias habrá esperanza porque ahí, en medio de la catástrofe, brotan los lirios de las re-existencias.

     

     

    Guadalajara, 28 de septiembre de 2025

  • El Espíritu conectando las periferias

    El Espíritu conectando las periferias

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

     

    Desde finales del siglo pasado, las religiones de la humanidad actualizaron su misión al caer en la cuenta de la creciente pobreza e injusticia en el mundo, acompañada de guerras promovidas por líderes corruptos, donde la religión era usada como arma de exclusión y violencia.

    El Parlamento de Religiones del Mundo con el proyecto de una ética mundial (Hacia Una Ética Mundial: Una Declaración Inicial) donde destacó el aporte del teólogo suizo Hans Küng, o la Carta de la Tierra  promovida entre otros por el brasileño Leonardo Boff junto con varios líderes espirituales, sonaron la alarma para movilizar a las religiones a fin de detener la espiral de odio que cunde por el planeta, recurriendo a las fuentes de la interioridad humana que las religiones han cultivado por milenios con fuente de paz.

    Sin embargo, muchas de esas iniciativas, si bien lograron activar entre sus líderes y comunidades así como en los medios de comunicación la conciencia de la urgente tarea de construir la paz con justicia y verdad, no siempre estuvieron a la escucha de los saberes y espiritualidades de las personas y los pueblos en sus luchas cotidianas para defender la vida humana, los ríos, bosques y especies minerales, vegetales y animales que habitan la faz de la tierra pero que son amenazados por la sexta extinción masiva en curso (¿Qué es la sexta extinción masiva y qué podemos hacer al respecto?).

    Las teologías de la liberación de segunda y tercera generación, como ya lo analizamos en el contexto mexicano (La teología de la liberación en México: recepción creativa del Concilio Vaticano II), han cambiado la perspectiva al poner en el centro a las propias víctimas de la violencia global como “sabedoras”, es decir, expertas en humanidad gracias a la resiliencia que se ha tornado en resistencia. Y sobre todo hay que subrayar que, desde esa experiencia de vulnerabilidad, esos sobrevivientes se han reconocido como interlocutores privilegiados de la Divinidad. En efecto, las víctimas buscan re-existir con nuevos modos de organización comunal, de trabajo agroecológico y de espiritualidades diversas.Esas prácticas surgen precisamente de las personas y comunidades mismas que son amenazadas por los sistemas de dominio.

    La ecoteología feminista, desarrollada por Ivonne Gebara (Ecofeminismo: una perspectiva latinoamericana) en Brasil y Marilú Rojas (La pertinencia de la teología ecofeminista y su incidencia política ante el feminicidio y el ecocidio actual) en México, dio un giro radical al pensar las interconexiones entre la fe de las mujeres excluidas, sus cuerpos y territorios vulnerados, así como sus saberes ancestrales de cuidados y resistencias como principio de un cambio de mundo donde se revela un nuevo rostro de la Sofía divina.

    Así fue surgiendo cada vez con mayor claridad la conciencia entre las religiones y los movimientos sociales de escuchar a quienes habitan las periferias del mundo de la riqueza y el privilegio, para explorar cómo “otro mundo es posible” desde esas márgenes sociales y religiosas.

     

     

    Desde 2015 un grupo de personas de universidad, junto con artistas y movimientos sociales de defensa del territorio en México – con la asesoría de Gustavo Esteva (Centro de Encuentros y Diálogos Interculturales) y Boaventura de Sousa Santos con su Conversas do Mundo con varias autoras del Sur epistémico como Silvia Rivera Cusicanqui – comenzamos a explorar caminos para descolonizar la universidad y aprender a “tejer voces por la casa común” (Tejiendo voces). Así fuimos aprendiendo las exigencias de la escucha atenta de quienes viven en las periferias, que no son solamente víctimas sino personas y colectivas que crean procesos para despertar, sanar y acuerpar juntas, y así van tejiendo saberes que expresan sus modos de vida, organización comunal y su profunda espiritualidad de la vida.

    En 2019, proseguimos este camino analizando diversas voces de la teología decolonial en un congreso (Congreso sobre resistencias y espiritualidades) organizado de manera conjunta por la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, la revista internacional de teología Concilium, y el Centro Universitario Cultural de los dominicos de México para explorar juntos los rasgos comunes de las resistencias frente a la violencia sistémica y las espiritualidades que de ahí surgen.

    En 2023, un grupo de colegas universitarios, con el apoyo de organizaciones de la sociedad civil mexicana y del ITESO la universidad jesuita de Guadalajara en México, logramos reunir a más de treinta colectivos de América Latina (¡Re-Existe! El espíritu cruzando periferias) con el objetivo de conocer las nuevas formas de vida, de subjetividad y comunalidad que van tejiendo personas y comunidades de sobrevivientes. Buscábamos con ellas una forma de vislumbrar la esperanza en medio del horror de las fosas clandestinas en México, la discriminación por motivos de género, raza y condición social, la devastación de la madre Tierra, así como explorar la ritualidad que emerge de esas prácticas de resistencia. La memoria gráfica de ese congreso, con su documental que incluye algunas entrevistas, puede dar una idea de lo que vivimos en ese encuentro.

     

     

    Ahora llega el momento de una siguiente fase de Re-existe que enfatizará las conexiones que tejen los sobrevivientes y la fuerza que las anima.

    Se trata esta vez de un encuentro-festival con dos rasgos novedosos y desafiantes: la interculturalidad como modo de existencia y de pensamiento para “volver a pensar como especie” según el llamado de la comunidad científica, íntimamente ligada con lo interreligioso como única forma viable para acercarnos a lo santo.

    Nos proponemos explorar juntos los caminos de la re-existencia en esta hora de colapso del modelo civilizatorio moderno, donde el genocidio en Gaza ha puesto en jaque a la humanidad y se convierte en piedra de toque para la civilización humana.

    A través de tres pasos exploraremos el despertar ante el horror que cada colectiva ha enfrentado. Seguiremos analizando luego el sanar en tanto acciones personales y colectivas de memoria, verdad y justicia que permiten a las víctimas reconstruir sus vidas. Entonces podremos acceder al momento del acuerparnos con nuevas formas de comunalidad.

    Colectivas de mujeres de la India enfrentando la violencia del patriarcado en las religiones hindú, budista y cristiana entrarán en mutuo acompañamiento con madres de desaparecidos en México. Cuidadores de la madre tierra de la misión jesuita de Bachajón en Chiapas dialogarán con líderes del pueblo Lakota que trabajan la memoria colectiva para sanar del pasado colonial, a la vez que recuperan sus formas de agricultura ancestrales por medio de la dieta tradicional, el cultivo de plantas locales y el redescubrimiento de los rituales como el Inipi o baño ritual que es creación de comunalidad, o la danza del búfalo como uno de los principales símbolos de la sacralidad de la tierra y el cielo.

    Estén pendientes en las redes sociales de Re-existe 2025 donde se publicarán breves cápsulas informativas, entrevistas y memoria gráfica de estos momentos que esperamos sean como destellos de la vida que resiste y re-existe, porque la fuerza de las sobrevivientes está animada por la Ruah divina que aletea sobre el caos para hace surgir vida en medio de la muerte.

     

    Guadalajara, 20 de septiembre de 2025

  • ¿Santidad laical?Papalote diseñado por Francisco Toledo en papel Artesanal de Arte Papel Vista Hermosa

    ¿Santidad laical?

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

     

    Este fin de semana dos jóvenes católicos romanos serán canonizados por el Papa León XIV (Canonización de Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati). Pier Giorgio Frassatti, laico dominico italiano, que vivió en el primer cuarto del siglo 20. El otro, Carlo Acutis, el llamado “primer santo millenial”. Cada uno revela no solamente l’air du temps de cada siglo, sino que abren la pregunta por el modelo de Iglesia que nos urge hacer presente en nuestros tiempos de catástrofe global.

    Desde finales del siglo 19, la Iglesia católica romana intentaba, sobre todo en Europa, escuchar a la clase obrera y no perder contacto con la población producida por la revolución industrial. La enseñanza social del magisterio pontificio -desde el Papa León XIII y su Carta Encíclica Rerum Novarum hasta el actual pontífice León XIV que por ese motivo escogió su nombre- desplegó una pastoral urbana propia de la época para caminar con ese sector sufriente del pueblo de Dios.

    La Acción Católica sería una respuesta laical, apoyada por grupos de obispos en países como Bélgica y Francia, ante tales desafíos. Los sacerdotes obreros (Curas obreros. Compromiso de la Iglesia con el mundo obrero) fueron otra loable página de esta historia, donde cabe recordar el acompañamiento del teólogo dominico Marie-Dominique Chenu y la infame supresión posterior del movimiento por parte del Papa Pío XII. La influencia de la Acción Católica llegaría a América Latina con su metodología ver-juzgar-actuar, inspirando más tarde a la teología de la liberación en el Perú, Brasil y otros países de la región, como lo ha estudiado con sumo cuidado Agenor Brighenti en años recientes (O método ver-julgar-agir).

    Hace cien años, un joven laico dominico del Piamonte (Pier Giorgio Frassati OP), cercano a los mineros en su tierra y alpinista por pasión, fue fruto de esa sensibilidad eclesial de la época que daría como frutos en décadas posteriores experiencias pastorales en el resto de Europa y en América Latina, con los movimientos pastorales de inserción en medios populares, en especial el mundo obrero y los pueblos indígenas. Hijo de un famoso periodista que fuera propietario de La Stampa, Pier Giorgio Frassati solía combinar su militancia política en el Partido Popular Italiano con lecturas de Tomás de Aquino y Catalina de Siena, acompañadas por escaladas en los Alpes con un club de amigos y jornadas de adoración eucarística en las que desplegaba su vida interior. Personaje de su tiempo, Pier Giorgio hoy es reivindicado por la Iglesia católica romana como un santo laico juvenil, cuya vida terminó de manera abrupta a los 24 años por una poliomielitis fulminante probablemente contraída por su apostolado con los pobres de Turín, dejando una huella espiritual en los movimientos juveniles pastorales de hace un siglo.

    El otro santo laico joven es Carlo Acutis, italiano nacido en Londres, devoto de la eucaristía y muy activo en las redes sociales, vivió como adolescente centrado en difundir los milagros eucarísticos y las apariciones marianas. Luego de su muerte por leucemia a los quince años de edad, se convirtió en un símbolo para los “influencers católicos” de hoy, pero con un aire más devocional que social y político como su compañero de canonización. Hace unos meses me tocó recibir, junto con el grupo de pastoral juvenil de la Parroquia de Santa Rosa de Lima en la Cuidad de México fundada por los frailes dominicos hace casi cien años, las reliquias de Carlo. Se trataba de una iniciativa de la Arquidiócesis de México para conmemorar el Jubileo de los Jóvenes (Una fe que no envejece: Roma, 25 años después del Jubileo de los Jóvenes con Juan Pablo II) convocado por el Papa Francisco y llevado a cabo por el Papa León XIV. Me llamó la atención la escasa asistencia de jóvenes de esta zona hípster de la ciudad, con la presencia de alguna juventud devota con rasgos muy piadosos y con poca sensibilidad social. El rezo del Rosario preparado por el grupo juvenil local en la tradición de espiritualidad dominicana meditaba los misterios dolorosos de la pasión de Cristo, asociándolos al clamor de los jóvenes de hoy en este barrio de la Ciudad de México: gentrificación, inseguridad, violencia contra las mujeres, desempleo y abuso de drogas como heridas del cuerpo de Cristo hoy. Era un intento por conectar la tradición del rosario con la vida de las personas de hoy. La pequeña comunidad de adultos mayores ahí reunida rezaba atónita siguiendo la iniciativa de los jóvenes, para volver luego a sus devociones tradicionales meditando la vida de Cristo en su pasión y muerte. Algunos poco jóvenes llegados de otras parroquias hicieron al final un breve taller sobre el santo millenial, llamando a usar las redes como nuevo lugar para anunciar a Cristo y promover la adoración de la Eucaristía en las comunidades y los valores del Evangelio.

     

     

    Esta nueva generación de jóvenes católicos tradicionalistas ya la había encontrado antes en Europa y en los Estados Unidos, tanto entre laicos como entre dominicos y jesuitas, las órdenes y congregaciones religiosas reconocidas como promotoras de la renovación conciliar del Vaticano II. Sus intereses me parecen retrógradas en una primera percepción, aunque luego intento acercarme a esas generaciones y descubro en ellas belleza interior, mezclada de ingenuidad y temor a perderse en el laberinto del pluralismo. Buscan identidades que les den certidumbre. En lo religioso, aman la cultura antigua latina del cristianismo medieval, sobre todo, no tanto de la era patrística griega. Quedan extasiados con el canto gregoriano y la Suma de Teología de Tomás de Aquino y otros maestros medievales, pero sin conocer su método abierto a conversar con filósofos paganos, ni seguir el pensamiento lógico escolástico. Les fascinan los signos ostensibles de las creencias, como el hábito religioso, el velo litúrgico y recibir la comunión arrodillándose con mucha devoción, pero con torpeza porque lo hacen como si fueran jirafas recién paridas.

    A pesar de su devoción intensa, lo social les es indiferente como lugar espiritual y teológico. Hablar de Gaza en un sermón les parece ideología. No se diga invitar a la mesa eucarística a parejas que viven juntas sin estar casadas, mucho menos dar la bienvenida a la comunidad de la diversidad sexual en las misas. Tales prácticas las juzgan como desvío de la doctrina de la Iglesia. Estas jóvenes generaciones de laicos católicos buscan volver a la Iglesia doctrinal, como aquella del Concilio de Trento y del Vaticano I, sin conocer del todo lo que significó el espíritu conciliar que animó al Papa Bueno a convocar el Concilio Vaticano II.

     

     

    Y me pregunto entonces qué modelos de Iglesia son urgentes hoy para una ciudad laboratorio como la Ciudad de México y tantas otras en todo el orbe. Se trata de responder a un abanico de identidades juveniles donde es un desafío crear espacios para invitar a mirarse una a la otra, casi imposible acogerlas en una misma celebración litúrgica. Recuerdo que mi generación aun soñaba “con tomar por asalto el Paraíso” por medio del compromiso por la justicia y la paz, con los derechos humanos universales como signo de los tiempos nuevos. Eso nos llevó a una pastoral universitaria en el CUC de los años 80 centrada en una Iglesia liberadora.

    Algo que parece ya caduco en esta era de la des-globalización y la expansión de los ministerios de guerra, las invasiones con drones militares y el cinismo del capitalismo en su fase expansionista de colonización forzada obscena. El uso perverso de la religión como lo vemos hoy en Palestina con el gobierno israelí y sus aliados en todo el mundo, justificando en la Biblia sus acciones genocidas, parece dejar indiferentes a jóvenes católicos de hoy, ausentes en las protestas en las calles y las plazas del mundo por esa manipulación de la fe.

    ¿Qué santos laicos requiere hoy la humanidad en medio de los escombros de nuestra civilización? Frassati o Acutis. El joven alpinista cercano a los mineros o el santo millenial de la adoración eucarística como “autopista al cielo”.

    Pienso que ni uno ni otro, porque ambos fueron hijos de su tiempo. Hoy veo una nueva generación de jóvenes apasionados por Cristo como mesías y hermano universal, a quien reconocen por su excepcional amor inclusivo de justos y pecadores que surge de su íntima experiencia de comunión con su Abbá. Jóvenes que a la vez se dejan tocar por la enseñanza del Dalai Lama y Tich Nath Han, o por las maestras de meditación Zen que han encontrado en retiros de tradiciones espirituales diversas.

    Jóvenes laicos que viven la santidad en sus cuerpos erotizados y amorosos, sin miedo a explorar diversos modos de feminidad y masculinidad, de paternidad y maternidad biológica o adoptiva, arropados por el amor de Cristo y apasionados por servir a su cuerpo herido.

    Millenials que no son influencers de mal gusto que reproducen en las redes lo mismo que escuchaban en sus grupos parroquiales, sino que inventan “benditas mezclas” de teologías narrativas cerca de los descartados, cruzando las periferias, tejiendo lazos de vida, empatía y solidaridad político-espiritual. Santidad laical como la nueva generación de jóvenes de las Comunidades Eclesiales de Base de América Latina y el Caribe (Bendita Mezcla. Teología narrativa de NuestrAmérica) que reinventa aquel viejo método del ver-juzgar-actuar con una teología narrativa en las periferias de la sociedad, con imaginación compasiva, siguiendo los pasos de Jesús de Nazaret y su comunidad mesiánica.

    Tal vez hoy, como hijas e hijos de tiempos inciertos, la santidad laical pase hoy por un colapso de las instituciones religiosas y la invención de otros modos de adorar la presencia amorosa de la Divinidad no solamente en el templo, sino también en la comunidad que, animada por su fe, trata de salvar un río contaminado o un lago moribundo. Comunidades juveniles que escalan los volcanes de Mesoamérica o la cordillera andina, con sus glaciares en peligro de extinción, como rutas de espiritualidad ecológica.

    Iniciativas que buscan adorar a Cristo en su cuerpo herido hoy.

    Santidad laical que, al fin y al cabo, es la vida de la Ruah divina que hace nuevas todas las cosas desde los escombros del mundo que se desmorona.

     

    Ciudad de México, 6 de septiembre de 2025

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