Categoría: Espiritualidad liberadora

  • Noticias de WallmapuGabriel Pozo Menares | Calendario Mapuche | Wallmapu, 2011

    Noticias de Wallmapu

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    p

    La luz del atardecer llega a Tirúa, en tierras mapuche, mientras Carlos, mi anfitrión jesuita que ha estado aquí más de quince años (HistoriActiva comunidad jesuita de Tirúa), conduce por el camino de terracería para visitar a sus amigos que le han abierto las puertas de su casa para compartir la vida en el territorio desde hace años. Llegamos y nos recibe la hija mayor junto con sus gatos y perros. Interrumpe por un momento las tareas que prepara en su último semestre de preparatoria, ya que luego de graduarse planea inscribirse en la universidad para estudiar pedagogía. La vida transcurre de manera simple entre las familia que aquí habitan. El papá pasó el día cultivando papas y después dedicó la tarde a poner el piso de un cuarto nuevo de la casa. Nos ofrecen mate como ritual para acompañar la conversación. Antes de irnos los amigos intercambian comida para las aves y hacen planes para reciclar una vieja puerta de madera que será instalada en un centro de eco-espiritualidad en ciernes.

    Wallmapu (Declaración Departamento de Historia sobre el término Wallmapu) es el término que hace referencia a las tierras ancestrales del pueblo mapuche (El Mundo Indígena 2025: Chile). Hoy son dominadas por la industria forestal que contaminó el territorio con especies invasoras como el eucalipto y el pino para producir celulosa a escala masiva para exportarla al mercado mundial del embalaje.

    El pueblo mapuche hoy está dividido entre la frenética integración al mundo moderno del consumo por un lado y, por otro, la defensa del territorio, la lengua y la medicina tradicional con el liderazgo de las mujeres Machi, sanadoras y ancestras espirituales.

    De ambos lados de la cordillera, dividido entre Chile y Argentina, el pueblo mapuche lucha por su sobrevivencia territorial y cultural, ante la avasalladora inercia del mundo moderno (Chile: La resistencia al modelo forestal en el Wallmapu, territorio Mapuche). Para las comunidades asimiladas al modelo moderno de hoy parece mejor comer comida procesada que algas y mariscos como hacían los antiguos; o bien, tomar Coca Cola en lugar de infusiones de hierbas porque da mayor estatus; prefieren ser cristianos evangélicos o católico-romanos que seguir la espiritualidad y la lengua de los ancestros. Al fin y al cabo se trata de un asunto de « integración » al mundo moderno, aunque sea al precio de la asimilación cultural y la depredación ambiental que, en su trasfondo simbólico, es violencia contra los ancestros y contra la madre Tierra.

    Redes de la sociedad civil tales como “Iglesias y Minería”, o las iniciativas de diálogo intercultural sobre astronomía ancestral y moderna que impulsan algunas universidades de la región, son intentos modestos para acompañar a un pueblo desgarrado por las contradicciones internas entre modernidad y tradición.

    Quizás la eco-espiritualidad esté siendo una « articulación », entre otras de corte más social y político, que permita esos cruces. Carlos me contaba la anécdota de una abuela que, asistiendo a un taller de medicina tradicional y eco-espiritualidad, decía no entender nada de los cruces de los tres cuerpos (personal, comunitario y territorial) que presentaba el taller, porque ella se había quedado pensando durante todo el encuentro sobre lo que significaba esa palabra rara que estaba escrita en la invitación : « articulación ». Un término que la abuela tuvo rondando en su cabeza todo el tiempo hasta que por fin intuyó que seguramente hacía referencia a las articulaciones de los huesos, cuando sentía en su cuerpo que algo estaba descuadrado, le impedía la movilidad y provocaba dolor. De modo que ella concluyó que el taller era  un camino para curar sus articulaciones. ¡Y en el fondo ese era el objetivo del taller! Aquella abuela lo había seguido a su modo propio, aunque estuviera ausente del resto de las charlas.

    p

    p

    Antes de llegar a tierras mapuches pude conversar con personas de universidad en dos foros en Santiago de Chile. El primero sobre la obra de Gustavo Gutiérrez, uno de los padres de la teología de la liberación, con ocasión del primer aniversario de su fallecimiento (Congreso Internacional Gustavo Gutiérrez). En un formato académico tradicional con conferencias magistrales y ponencias, a lo largo de un par de días fue emergiendo una conciencia más clara entre los asistentes sobre la importancia del estilo latinoamericano para hablar de Dios, íntimamente conectado con la experiencia de los pobres y oprimidos. Una sabiduría que ya forma parte de la manera como algunas comunidades cristianas católico-romanas y protestantes comprenden su fe en un Dios liberador y promueven el papel transformador de las víctimas en sus propios procesos de liberación para dejar atrás tierras de esclavitud y emprender caminos de vida nueva.

    Pero también comenzamos a ver, no sin la sorpresa de algunos asistentes, que es preciso abrir el corazón y la mirada a otras exclusiones, como aquellas que viven las mujeres, las personas queer/cuir, los migrantes indocumentados, los familiares de personas desaparecidas, los pueblos afrodiaspóricos y los pueblos originarios, por mencionar a quienes representan las resistencias de hoy a la violencia que nos aqueja de muchos modos, teniendo en el corazón hoy al pueblo palestino enfrentando el genocidio perpetrado por el gobierno israelí y sus cómplices.

    Durante el coloquio surgieron algunas iniciativas para mantener viva la memoria de la obra del gran teólogo peruano, a través del trabajo de los archivos que resguardan las grabaciones de los cursos de verano que Gutiérrez ofreció en Lima por varios años, un valioso material que mostrará otro ángulo del pensamiento del autor. Asimismo, algunos nos propusimos investigar las relaciones del pensamiento de Gustavo con la obra de Aníbal Quijano, compatriota suyo, quien representa una de las fuentes de mayor importancia en el pensamiento decolonial de nuestros días, junto con Frantz Fanon. La confluencia de ambos pensamientos, junto con la teología de la liberación negra, feminista, queer/cuir y palestina, nos dará un marco teórico más pertinente para comprender la interseccionalidad de las violencias y de las resistencias en curso a fin de crear otros modos de vida, gobernanza y espiritualidad que animen a comunidades ubicadas en las fracturas de la humanidad.

    p

    p

    El otro encuentro, realizado con colegas de la Sociedad Chilena de Teología (UCSC fue sede de Jornada Anual de la Sociedad Chilena de Teología), fue la ocasión para pensar juntos los posibles caminos de la esperanza de las comunidades que enfrentan la violencia sistémica.

    Mi contribución en esa jornada anual puso en la mesa la cuestión de pensar la esperanza con un talante de « decolonialidad combativa », como la digna rabia que practican las comunidades zapatistas, o la indignación de las mujeres que enfrentan un abuso sexual o espiritual en sus respectivas religiones. Porque se trata, desde mi punto de vista, de desmantelar una visión de la esperanza como huida del mundo a la espera de una consolación en el más allá de la vida eterna.

    Más bien se trata de descubrir y fortalecer la esperanza que « insurge » en las fracturas de la humanidad. Ahí donde las personas sobrevivientes reman a contracorriente de la historia de  la opresión y el privilegio, habitando el mundo con prácticas de cuidado mutuo, en la pedagogía del acuerpamiento y la sanación colectiva con memoria, verdad y justicia, como lo exploramos en el pasado encuentro Re-existe 2025.

    p

    p

    El cielo de Wallmapu, con la luna creciente brillando con intensidad, es hoy una metáfora viva de la esperanza que nos arropa cuando escuchamos los latidos de las tierras y los astros del Sur.

    p

    Tirúa, 25 de octubre de 2025

  • Una flor de composta O sobre las re-existencias en medio de la catástrofeCarlos Mendoza | Re-existe 2025 | Ritual de apertura 23 IX 25

    Una flor de composta O sobre las re-existencias en medio de la catástrofe

    Por Carlos Mendoza Álvarez

     

    A fines de septiembre más de ochenta personas de colectivos de sobrevivientes de diversas partes del mundo nos reunimos en un encuentro de mutua escucha, profundizado por diálogos atentos con gente de universidad y nutrido con provocaciones venidas de colectivas de artistas. Fuimos recibidos con la magnífica hospitalidad de la Cátedra Jorge Manzano del ITESO que se convirtió en hogar por unos días.

    Comenzamos celebrando las resistencias que transforman por amor lo que parece desperdicio, inspirados durante el acto inaugural por la reconocida cantante catalana Lídia Pujol que susurraba diciendo que “de la composta que es podredumbre puede surgir la flor” (Babel). Ella había descubierto esta sabiduría en la poesía de su paisano del siglo XII Ramon Llull, quien contaba que “habiendo encontrado el amigo un hombre que moría sin amor, al preguntarle por qué moría sin amor éste le respondió que nadie le había dado a conocer el amor ni lo había instruido a ser amador”.

    Angélica, venida de tierras de Malasia, esparció granos de arroz y de sal del Himalaya como ofrenda durante el ritual inaugural por el que nos dispusimos a escuchar con atención a la otredad que nos acoge como Madre Tierra y nos habita como Divinidad que nos anima con su inefable soplo de vida.

    Cinco mesas con representantes de seis colectivos cada una, en grupos lingüísticos distribuidos en español e inglés, fueron el lugar para escucharnos cada mañana, intercambiando experiencias para despertar, sanar y acuerparnos, desde la vulnerabilidad íntima de cada persona y colectiva. Cada una de las mesas contaba con dos personas “escuchadoras”, para encontrar las semejanzas y las diferencias entre las experiencias  narradas e ir tejiendo así un mutuo acompañamiento con solidaridad y esperanza para enfrentar el horror local y global que íbamos describiendo. Raúl, joven maya educador popular por medio del hip hop en Chiapas, comentó que “nunca nadie se había sentado en una mesa para escuchar mi saber”. Nancy, teóloga feminista latina de los Estados Unidos, junto con Bosque, biólogo y activista ambiental-espiritual de Cuernavaca, tenían a su cargo, como otras personas de academia y sociedad civil organizada presentes en el encuentro, cultivar esta escucha atenta para tejer una narrativa común en medio de las diferencias de cada experiencia y contexto.

    Así, fuimos explorando con mucho respeto la tierra sagrada de las resistencias y las re-existencias. Primero, acercándonos al horror al que le íbamos poniendo nombre y apellido según las historias que cada quien contaba. Sofía, por ejemplo, compartió su experiencia como joven abogada ecuatoriana migrante en Barcelona, donde desde hace algunos años camina con mujeres trabajadoras domésticas sin papeles en un “acuerpamiento” feminista que las fue llevando a la formación de un sindicato que las fortaleciera en la lucha por sus derechos como mujeres migrantes a la vez que les permitiera desarrollar habilidades artesanales para sufragar su causa. La reflexión de Sofía hacía eco con la de Alex, diseñador gráfico y artista popular que acompaña a las Comunidades Eclesiales de Base de El Salvador enfrentando el estado de excepción del presidente Bukele. Ya en su cuarto año con un líder autoritario ese régimen de excepción produce basurización de la vida de las juventudes pobres de las periferias salvadoreñas acusadas de criminalidad para lavar la cara de un régimen que desde hace años pacta con las mafias criminales. La resistencia de ambas colectivas, tanto en Cataluña como en El Salvador, transpiraba una “interioridad” que las anima en el día a día de sus luchas. La espiritualidad cristiana en el caso salvadoreño y la sororidad feminista en el caso catalán.

    Pero no se trataba solamente de compartir la palabra oral, sino de explorar otros lenguajes por medio de talleres de expresión corporal y sonora, o por medio de la danza del Jauja en el altiplano andino peruano como camino de resistencia de un pueblo, para encontrar así otros modos de comunicación entre las madres buscadoras y las compañeras sanadoras que venían de Dakota del Sur o de Malasia. Esos lenguajes otros permitían superar las barreras del idioma y nos ayudaban a crear vínculos de comunicación no verbal muy poderosa.

    Y para ir amarrando nudos en el tejido de los hilos entrelazados en cada jornada, llegaron los performances, como aquel preparado con mucho amor y talento por una colectiva de Portland para celebrar al agua que nos conforma, así nos ayudaban a sentir que somos agua. A ritmo de hip hop y rap como propuesta de arte urbano alternativo, las colectivas mayas de Chiapas que educan a las infancias amenazadas por los cárteles de la droga en las periferias de las ciudades de las montañas del sureste mexicano, resultaron ser un bálsamo para curar heridas aun abiertas por otras violencias. Como aquella narrada por Vero buscando a su hijo Diego, desaparecido desde hace diez años, o la violencia contra las niñas en Pakistán que contaba Sabine en su labor de acompañamiento en barrios populares de Faisalabad, en la región de Punjab en Pakistán. Gracias a ese performance rapero todos nos unimos al baile, a la vez que dibujábamos algún símbolo en el mural pintado por Yara como parte del performance también dedicado al agua que está siendo asesinada en ríos, lagos y mares del planeta.

    Concluíamos cada jornada con un momento de cosecha, donde la narrativa popular de Bendita Mezcla, formada por jóvenes de las Comunidades Eclesiales de Base de Nuestramérica, nos ayudaba a celebrar lo escuchado y compartido a través de símbolos, cantos y rituales. El personaje guía fueron las abejas como símbolo de resistencia de la Madre Tierra a las que dimos la bienvenida con una vela de cera producida por ellas, quemando con su llama la palma de nuestra mano para sentir el dolor de las especies en extinción, gesto que iba acompañado de una gota de miel vertida en la otra mano para darnos a degustar la dulzura de ellas como sobrevivientes.

    Luego vino la casita de Acteal que se puso en el centro del círculo de los participantes para recordarnos la historia martirial de unas abejas humanas. El colectivo pacifista de Las Abejas vinculado a las bases zapatistas optando por la vía de la no-violencia activa en su lucha compartida con justicia y dignidad para los pueblos originarios, padeció el asesinato de 45 de sus miembros, entre ellos cuatro mujeres embarazadas, quienes fueron masacrados el 22 de diciembre de 1997 en Chiapas en la ermita de la comunidad mientras oraban por la paz, crimen perpetrado por paramilitares con la complicidad del ejército federal (Matanza de Acteal, Chiapas. Grave violación a los derechos humanos por parte del Estado mexicano en 1997). Su memoria sigue aguijoneando como astilla que duele la vida de los pueblos originarios que buscan otros mundos posibles.

    Cerramos esos momentos de cosecha elaborando papalotes o cometas con mensajes de paz para las mujeres violentadas por el patriarcado y para el pueblo palestino en resistencia al genocidio en curso por el estado israelí, artefactos que nos ayudaron a dirigir el corazón y la mirada hacia un futuro con dignidad y esperanza para los pueblos en resistencia.

     

     

    La visita a la comunidad de El Salto, en los suburbios de Guadalajara, nos llevó a cruzar la línea abismal del ecocidio en curso que la colectiva ambientalista que nos recibió en el “Tour del horror” (Un Salto de Vida) describe como “un paraíso industrial con infierno ambiental”. La cuenca del río  Lerma-Santiago que recorre 708 kilómetros de longitud del occidente de México es una herida abierta del territorio mexicano y de las especies animales y vegetales con los pueblos que lo habitan. Desde el boom industrial de la posguerra en el siglo pasado la industria contaminante se esparce en esa amplia región como un virus social y ambiental. Al día de hoy se han identificado más de 90 contaminantes altamente tóxicos, muchos de ellos cancerígenos, de los cuales sólo se depuran unos pocos que son más visibles con un par de plantas de tratamiento. Sofía y Pedro, jóvenes ambientalistas de la zona, nos cuentan que las empresas transnacionales instaladas en esa cuenca como Nestlé, Toyota, IBM y muchas otras se dicen ser hoy empresas verdes, cuando en realidad sus proveedoras locales de partes son las que producen alta contaminación pues no cumplen con los reglamentos vigentes nacionales e internacionales (15 empresas transnacionales contaminan el río Santiago, señala informe internacional). El ITESO es parte de una red de universidades de la región que estudian el problema del agua (Industria y naturaleza en conflicto: ¿habrá un
    futuro para el agua en Lerma-Chapala?) en constante colaboración con las colectivas de pobladores y ambientalistas que buscan salvar la cuenca hídrica con sus habitantes de especies diversas.

    Entre los miembros del colectivo que nos recibe está Emmanuel, un pequeño niño de escasos diez años de edad, quien con sus botas y sombrero vaquero, va de la mano de su Mamá a mostrarnos los humedales contaminados, con el olor pestilente de las aguas negras de la ciudad y las especies invasoras que ahí habitan como la tilapia que es un pez contaminado que se vende en muchos mercados del país. El presente ecológico para este pequeño niño tapatío es catastrófico, pero el futuro posible comienza a abrirse paso con la organización de la comunidad.

     

     

    Uno de los rituales de la mañana fue presidio por Cecelia Firethunder, abuela Lakota que nos contó el largo camino de sanación de las heridas de su pueblo en resistencia en los Estados Unidos. La experiencia que tuvo de niña en un campo de girasoles que la acogía en una danza de dignidad y fortaleza cuando ella enfrentaba discriminación en la escuela la sigue arropando desde entonces para acompañar a su pueblo a despertar de la segregación secular, para sanar la memoria herida recuperando su lengua, sus saberes y sus rituales ancestrales. Es posible entonces caminar creando nuevas formas de alimentación, como aquella iniciativa compartida por su compatriota Nick Hernández para recuperar tierras y modos de organización comunal y de agricultura indígena Lakota (Makoce. Agriculture Development) en el corazón de las reservas indias que son territorios controlados por el gobierno estadunidense desde hace doscientos cincuenta años.

     

     

    De la composta que es podredumbre puede surgir la flor, como decía Lídia Pujol.

    Pero para que ese momento llegue en nuestros tiempo de colapso ambiental es preciso reciclar primero los desechos producidos por el capitalismo extractivista, racista y patriarcal para recuperar lo orgánico de las resistencias de las comunidades de sobrevivientes, incluida la Madre Tierra.

    Al finalizar el encuentro, retornamos cada quien a nuestros lares de origen y de opción de vida con la certeza de que mientras haya resistencias habrá esperanza porque ahí, en medio de la catástrofe, brotan los lirios de las re-existencias.

     

     

    Guadalajara, 28 de septiembre de 2025

  • El Espíritu conectando las periferias

    El Espíritu conectando las periferias

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

     

    Desde finales del siglo pasado, las religiones de la humanidad actualizaron su misión al caer en la cuenta de la creciente pobreza e injusticia en el mundo, acompañada de guerras promovidas por líderes corruptos, donde la religión era usada como arma de exclusión y violencia.

    El Parlamento de Religiones del Mundo con el proyecto de una ética mundial (Hacia Una Ética Mundial: Una Declaración Inicial) donde destacó el aporte del teólogo suizo Hans Küng, o la Carta de la Tierra  promovida entre otros por el brasileño Leonardo Boff junto con varios líderes espirituales, sonaron la alarma para movilizar a las religiones a fin de detener la espiral de odio que cunde por el planeta, recurriendo a las fuentes de la interioridad humana que las religiones han cultivado por milenios con fuente de paz.

    Sin embargo, muchas de esas iniciativas, si bien lograron activar entre sus líderes y comunidades así como en los medios de comunicación la conciencia de la urgente tarea de construir la paz con justicia y verdad, no siempre estuvieron a la escucha de los saberes y espiritualidades de las personas y los pueblos en sus luchas cotidianas para defender la vida humana, los ríos, bosques y especies minerales, vegetales y animales que habitan la faz de la tierra pero que son amenazados por la sexta extinción masiva en curso (¿Qué es la sexta extinción masiva y qué podemos hacer al respecto?).

    Las teologías de la liberación de segunda y tercera generación, como ya lo analizamos en el contexto mexicano (La teología de la liberación en México: recepción creativa del Concilio Vaticano II), han cambiado la perspectiva al poner en el centro a las propias víctimas de la violencia global como “sabedoras”, es decir, expertas en humanidad gracias a la resiliencia que se ha tornado en resistencia. Y sobre todo hay que subrayar que, desde esa experiencia de vulnerabilidad, esos sobrevivientes se han reconocido como interlocutores privilegiados de la Divinidad. En efecto, las víctimas buscan re-existir con nuevos modos de organización comunal, de trabajo agroecológico y de espiritualidades diversas.Esas prácticas surgen precisamente de las personas y comunidades mismas que son amenazadas por los sistemas de dominio.

    La ecoteología feminista, desarrollada por Ivonne Gebara (Ecofeminismo: una perspectiva latinoamericana) en Brasil y Marilú Rojas (La pertinencia de la teología ecofeminista y su incidencia política ante el feminicidio y el ecocidio actual) en México, dio un giro radical al pensar las interconexiones entre la fe de las mujeres excluidas, sus cuerpos y territorios vulnerados, así como sus saberes ancestrales de cuidados y resistencias como principio de un cambio de mundo donde se revela un nuevo rostro de la Sofía divina.

    Así fue surgiendo cada vez con mayor claridad la conciencia entre las religiones y los movimientos sociales de escuchar a quienes habitan las periferias del mundo de la riqueza y el privilegio, para explorar cómo “otro mundo es posible” desde esas márgenes sociales y religiosas.

     

     

    Desde 2015 un grupo de personas de universidad, junto con artistas y movimientos sociales de defensa del territorio en México – con la asesoría de Gustavo Esteva (Centro de Encuentros y Diálogos Interculturales) y Boaventura de Sousa Santos con su Conversas do Mundo con varias autoras del Sur epistémico como Silvia Rivera Cusicanqui – comenzamos a explorar caminos para descolonizar la universidad y aprender a “tejer voces por la casa común” (Tejiendo voces). Así fuimos aprendiendo las exigencias de la escucha atenta de quienes viven en las periferias, que no son solamente víctimas sino personas y colectivas que crean procesos para despertar, sanar y acuerpar juntas, y así van tejiendo saberes que expresan sus modos de vida, organización comunal y su profunda espiritualidad de la vida.

    En 2019, proseguimos este camino analizando diversas voces de la teología decolonial en un congreso (Congreso sobre resistencias y espiritualidades) organizado de manera conjunta por la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, la revista internacional de teología Concilium, y el Centro Universitario Cultural de los dominicos de México para explorar juntos los rasgos comunes de las resistencias frente a la violencia sistémica y las espiritualidades que de ahí surgen.

    En 2023, un grupo de colegas universitarios, con el apoyo de organizaciones de la sociedad civil mexicana y del ITESO la universidad jesuita de Guadalajara en México, logramos reunir a más de treinta colectivos de América Latina (¡Re-Existe! El espíritu cruzando periferias) con el objetivo de conocer las nuevas formas de vida, de subjetividad y comunalidad que van tejiendo personas y comunidades de sobrevivientes. Buscábamos con ellas una forma de vislumbrar la esperanza en medio del horror de las fosas clandestinas en México, la discriminación por motivos de género, raza y condición social, la devastación de la madre Tierra, así como explorar la ritualidad que emerge de esas prácticas de resistencia. La memoria gráfica de ese congreso, con su documental que incluye algunas entrevistas, puede dar una idea de lo que vivimos en ese encuentro.

     

     

    Ahora llega el momento de una siguiente fase de Re-existe que enfatizará las conexiones que tejen los sobrevivientes y la fuerza que las anima.

    Se trata esta vez de un encuentro-festival con dos rasgos novedosos y desafiantes: la interculturalidad como modo de existencia y de pensamiento para “volver a pensar como especie” según el llamado de la comunidad científica, íntimamente ligada con lo interreligioso como única forma viable para acercarnos a lo santo.

    Nos proponemos explorar juntos los caminos de la re-existencia en esta hora de colapso del modelo civilizatorio moderno, donde el genocidio en Gaza ha puesto en jaque a la humanidad y se convierte en piedra de toque para la civilización humana.

    A través de tres pasos exploraremos el despertar ante el horror que cada colectiva ha enfrentado. Seguiremos analizando luego el sanar en tanto acciones personales y colectivas de memoria, verdad y justicia que permiten a las víctimas reconstruir sus vidas. Entonces podremos acceder al momento del acuerparnos con nuevas formas de comunalidad.

    Colectivas de mujeres de la India enfrentando la violencia del patriarcado en las religiones hindú, budista y cristiana entrarán en mutuo acompañamiento con madres de desaparecidos en México. Cuidadores de la madre tierra de la misión jesuita de Bachajón en Chiapas dialogarán con líderes del pueblo Lakota que trabajan la memoria colectiva para sanar del pasado colonial, a la vez que recuperan sus formas de agricultura ancestrales por medio de la dieta tradicional, el cultivo de plantas locales y el redescubrimiento de los rituales como el Inipi o baño ritual que es creación de comunalidad, o la danza del búfalo como uno de los principales símbolos de la sacralidad de la tierra y el cielo.

    Estén pendientes en las redes sociales de Re-existe 2025 donde se publicarán breves cápsulas informativas, entrevistas y memoria gráfica de estos momentos que esperamos sean como destellos de la vida que resiste y re-existe, porque la fuerza de las sobrevivientes está animada por la Ruah divina que aletea sobre el caos para hace surgir vida en medio de la muerte.

     

    Guadalajara, 20 de septiembre de 2025

Spanish