Categoría: Geopolítica y espiritualidad

  • Una flor de composta O sobre las re-existencias en medio de la catástrofeCarlos Mendoza | Re-existe 2025 | Ritual de apertura 23 IX 25

    Una flor de composta O sobre las re-existencias en medio de la catástrofe

    Por Carlos Mendoza Álvarez

     

    A fines de septiembre más de ochenta personas de colectivos de sobrevivientes de diversas partes del mundo nos reunimos en un encuentro de mutua escucha, profundizado por diálogos atentos con gente de universidad y nutrido con provocaciones venidas de colectivas de artistas. Fuimos recibidos con la magnífica hospitalidad de la Cátedra Jorge Manzano del ITESO que se convirtió en hogar por unos días.

    Comenzamos celebrando las resistencias que transforman por amor lo que parece desperdicio, inspirados durante el acto inaugural por la reconocida cantante catalana Lídia Pujol que susurraba diciendo que “de la composta que es podredumbre puede surgir la flor” (Babel). Ella había descubierto esta sabiduría en la poesía de su paisano del siglo XII Ramon Llull, quien contaba que “habiendo encontrado el amigo un hombre que moría sin amor, al preguntarle por qué moría sin amor éste le respondió que nadie le había dado a conocer el amor ni lo había instruido a ser amador”.

    Angélica, venida de tierras de Malasia, esparció granos de arroz y de sal del Himalaya como ofrenda durante el ritual inaugural por el que nos dispusimos a escuchar con atención a la otredad que nos acoge como Madre Tierra y nos habita como Divinidad que nos anima con su inefable soplo de vida.

    Cinco mesas con representantes de seis colectivos cada una, en grupos lingüísticos distribuidos en español e inglés, fueron el lugar para escucharnos cada mañana, intercambiando experiencias para despertar, sanar y acuerparnos, desde la vulnerabilidad íntima de cada persona y colectiva. Cada una de las mesas contaba con dos personas “escuchadoras”, para encontrar las semejanzas y las diferencias entre las experiencias  narradas e ir tejiendo así un mutuo acompañamiento con solidaridad y esperanza para enfrentar el horror local y global que íbamos describiendo. Raúl, joven maya educador popular por medio del hip hop en Chiapas, comentó que “nunca nadie se había sentado en una mesa para escuchar mi saber”. Nancy, teóloga feminista latina de los Estados Unidos, junto con Bosque, biólogo y activista ambiental-espiritual de Cuernavaca, tenían a su cargo, como otras personas de academia y sociedad civil organizada presentes en el encuentro, cultivar esta escucha atenta para tejer una narrativa común en medio de las diferencias de cada experiencia y contexto.

    Así, fuimos explorando con mucho respeto la tierra sagrada de las resistencias y las re-existencias. Primero, acercándonos al horror al que le íbamos poniendo nombre y apellido según las historias que cada quien contaba. Sofía, por ejemplo, compartió su experiencia como joven abogada ecuatoriana migrante en Barcelona, donde desde hace algunos años camina con mujeres trabajadoras domésticas sin papeles en un “acuerpamiento” feminista que las fue llevando a la formación de un sindicato que las fortaleciera en la lucha por sus derechos como mujeres migrantes a la vez que les permitiera desarrollar habilidades artesanales para sufragar su causa. La reflexión de Sofía hacía eco con la de Alex, diseñador gráfico y artista popular que acompaña a las Comunidades Eclesiales de Base de El Salvador enfrentando el estado de excepción del presidente Bukele. Ya en su cuarto año con un líder autoritario ese régimen de excepción produce basurización de la vida de las juventudes pobres de las periferias salvadoreñas acusadas de criminalidad para lavar la cara de un régimen que desde hace años pacta con las mafias criminales. La resistencia de ambas colectivas, tanto en Cataluña como en El Salvador, transpiraba una “interioridad” que las anima en el día a día de sus luchas. La espiritualidad cristiana en el caso salvadoreño y la sororidad feminista en el caso catalán.

    Pero no se trataba solamente de compartir la palabra oral, sino de explorar otros lenguajes por medio de talleres de expresión corporal y sonora, o por medio de la danza del Jauja en el altiplano andino peruano como camino de resistencia de un pueblo, para encontrar así otros modos de comunicación entre las madres buscadoras y las compañeras sanadoras que venían de Dakota del Sur o de Malasia. Esos lenguajes otros permitían superar las barreras del idioma y nos ayudaban a crear vínculos de comunicación no verbal muy poderosa.

    Y para ir amarrando nudos en el tejido de los hilos entrelazados en cada jornada, llegaron los performances, como aquel preparado con mucho amor y talento por una colectiva de Portland para celebrar al agua que nos conforma, así nos ayudaban a sentir que somos agua. A ritmo de hip hop y rap como propuesta de arte urbano alternativo, las colectivas mayas de Chiapas que educan a las infancias amenazadas por los cárteles de la droga en las periferias de las ciudades de las montañas del sureste mexicano, resultaron ser un bálsamo para curar heridas aun abiertas por otras violencias. Como aquella narrada por Vero buscando a su hijo Diego, desaparecido desde hace diez años, o la violencia contra las niñas en Pakistán que contaba Sabine en su labor de acompañamiento en barrios populares de Faisalabad, en la región de Punjab en Pakistán. Gracias a ese performance rapero todos nos unimos al baile, a la vez que dibujábamos algún símbolo en el mural pintado por Yara como parte del performance también dedicado al agua que está siendo asesinada en ríos, lagos y mares del planeta.

    Concluíamos cada jornada con un momento de cosecha, donde la narrativa popular de Bendita Mezcla, formada por jóvenes de las Comunidades Eclesiales de Base de Nuestramérica, nos ayudaba a celebrar lo escuchado y compartido a través de símbolos, cantos y rituales. El personaje guía fueron las abejas como símbolo de resistencia de la Madre Tierra a las que dimos la bienvenida con una vela de cera producida por ellas, quemando con su llama la palma de nuestra mano para sentir el dolor de las especies en extinción, gesto que iba acompañado de una gota de miel vertida en la otra mano para darnos a degustar la dulzura de ellas como sobrevivientes.

    Luego vino la casita de Acteal que se puso en el centro del círculo de los participantes para recordarnos la historia martirial de unas abejas humanas. El colectivo pacifista de Las Abejas vinculado a las bases zapatistas optando por la vía de la no-violencia activa en su lucha compartida con justicia y dignidad para los pueblos originarios, padeció el asesinato de 45 de sus miembros, entre ellos cuatro mujeres embarazadas, quienes fueron masacrados el 22 de diciembre de 1997 en Chiapas en la ermita de la comunidad mientras oraban por la paz, crimen perpetrado por paramilitares con la complicidad del ejército federal (Matanza de Acteal, Chiapas. Grave violación a los derechos humanos por parte del Estado mexicano en 1997). Su memoria sigue aguijoneando como astilla que duele la vida de los pueblos originarios que buscan otros mundos posibles.

    Cerramos esos momentos de cosecha elaborando papalotes o cometas con mensajes de paz para las mujeres violentadas por el patriarcado y para el pueblo palestino en resistencia al genocidio en curso por el estado israelí, artefactos que nos ayudaron a dirigir el corazón y la mirada hacia un futuro con dignidad y esperanza para los pueblos en resistencia.

     

     

    La visita a la comunidad de El Salto, en los suburbios de Guadalajara, nos llevó a cruzar la línea abismal del ecocidio en curso que la colectiva ambientalista que nos recibió en el “Tour del horror” (Un Salto de Vida) describe como “un paraíso industrial con infierno ambiental”. La cuenca del río  Lerma-Santiago que recorre 708 kilómetros de longitud del occidente de México es una herida abierta del territorio mexicano y de las especies animales y vegetales con los pueblos que lo habitan. Desde el boom industrial de la posguerra en el siglo pasado la industria contaminante se esparce en esa amplia región como un virus social y ambiental. Al día de hoy se han identificado más de 90 contaminantes altamente tóxicos, muchos de ellos cancerígenos, de los cuales sólo se depuran unos pocos que son más visibles con un par de plantas de tratamiento. Sofía y Pedro, jóvenes ambientalistas de la zona, nos cuentan que las empresas transnacionales instaladas en esa cuenca como Nestlé, Toyota, IBM y muchas otras se dicen ser hoy empresas verdes, cuando en realidad sus proveedoras locales de partes son las que producen alta contaminación pues no cumplen con los reglamentos vigentes nacionales e internacionales (15 empresas transnacionales contaminan el río Santiago, señala informe internacional). El ITESO es parte de una red de universidades de la región que estudian el problema del agua (Industria y naturaleza en conflicto: ¿habrá un
    futuro para el agua en Lerma-Chapala?) en constante colaboración con las colectivas de pobladores y ambientalistas que buscan salvar la cuenca hídrica con sus habitantes de especies diversas.

    Entre los miembros del colectivo que nos recibe está Emmanuel, un pequeño niño de escasos diez años de edad, quien con sus botas y sombrero vaquero, va de la mano de su Mamá a mostrarnos los humedales contaminados, con el olor pestilente de las aguas negras de la ciudad y las especies invasoras que ahí habitan como la tilapia que es un pez contaminado que se vende en muchos mercados del país. El presente ecológico para este pequeño niño tapatío es catastrófico, pero el futuro posible comienza a abrirse paso con la organización de la comunidad.

     

     

    Uno de los rituales de la mañana fue presidio por Cecelia Firethunder, abuela Lakota que nos contó el largo camino de sanación de las heridas de su pueblo en resistencia en los Estados Unidos. La experiencia que tuvo de niña en un campo de girasoles que la acogía en una danza de dignidad y fortaleza cuando ella enfrentaba discriminación en la escuela la sigue arropando desde entonces para acompañar a su pueblo a despertar de la segregación secular, para sanar la memoria herida recuperando su lengua, sus saberes y sus rituales ancestrales. Es posible entonces caminar creando nuevas formas de alimentación, como aquella iniciativa compartida por su compatriota Nick Hernández para recuperar tierras y modos de organización comunal y de agricultura indígena Lakota (Makoce. Agriculture Development) en el corazón de las reservas indias que son territorios controlados por el gobierno estadunidense desde hace doscientos cincuenta años.

     

     

    De la composta que es podredumbre puede surgir la flor, como decía Lídia Pujol.

    Pero para que ese momento llegue en nuestros tiempo de colapso ambiental es preciso reciclar primero los desechos producidos por el capitalismo extractivista, racista y patriarcal para recuperar lo orgánico de las resistencias de las comunidades de sobrevivientes, incluida la Madre Tierra.

    Al finalizar el encuentro, retornamos cada quien a nuestros lares de origen y de opción de vida con la certeza de que mientras haya resistencias habrá esperanza porque ahí, en medio de la catástrofe, brotan los lirios de las re-existencias.

     

     

    Guadalajara, 28 de septiembre de 2025

  • El Espíritu conectando las periferias

    El Espíritu conectando las periferias

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

     

    Desde finales del siglo pasado, las religiones de la humanidad actualizaron su misión al caer en la cuenta de la creciente pobreza e injusticia en el mundo, acompañada de guerras promovidas por líderes corruptos, donde la religión era usada como arma de exclusión y violencia.

    El Parlamento de Religiones del Mundo con el proyecto de una ética mundial (Hacia Una Ética Mundial: Una Declaración Inicial) donde destacó el aporte del teólogo suizo Hans Küng, o la Carta de la Tierra  promovida entre otros por el brasileño Leonardo Boff junto con varios líderes espirituales, sonaron la alarma para movilizar a las religiones a fin de detener la espiral de odio que cunde por el planeta, recurriendo a las fuentes de la interioridad humana que las religiones han cultivado por milenios con fuente de paz.

    Sin embargo, muchas de esas iniciativas, si bien lograron activar entre sus líderes y comunidades así como en los medios de comunicación la conciencia de la urgente tarea de construir la paz con justicia y verdad, no siempre estuvieron a la escucha de los saberes y espiritualidades de las personas y los pueblos en sus luchas cotidianas para defender la vida humana, los ríos, bosques y especies minerales, vegetales y animales que habitan la faz de la tierra pero que son amenazados por la sexta extinción masiva en curso (¿Qué es la sexta extinción masiva y qué podemos hacer al respecto?).

    Las teologías de la liberación de segunda y tercera generación, como ya lo analizamos en el contexto mexicano (La teología de la liberación en México: recepción creativa del Concilio Vaticano II), han cambiado la perspectiva al poner en el centro a las propias víctimas de la violencia global como “sabedoras”, es decir, expertas en humanidad gracias a la resiliencia que se ha tornado en resistencia. Y sobre todo hay que subrayar que, desde esa experiencia de vulnerabilidad, esos sobrevivientes se han reconocido como interlocutores privilegiados de la Divinidad. En efecto, las víctimas buscan re-existir con nuevos modos de organización comunal, de trabajo agroecológico y de espiritualidades diversas.Esas prácticas surgen precisamente de las personas y comunidades mismas que son amenazadas por los sistemas de dominio.

    La ecoteología feminista, desarrollada por Ivonne Gebara (Ecofeminismo: una perspectiva latinoamericana) en Brasil y Marilú Rojas (La pertinencia de la teología ecofeminista y su incidencia política ante el feminicidio y el ecocidio actual) en México, dio un giro radical al pensar las interconexiones entre la fe de las mujeres excluidas, sus cuerpos y territorios vulnerados, así como sus saberes ancestrales de cuidados y resistencias como principio de un cambio de mundo donde se revela un nuevo rostro de la Sofía divina.

    Así fue surgiendo cada vez con mayor claridad la conciencia entre las religiones y los movimientos sociales de escuchar a quienes habitan las periferias del mundo de la riqueza y el privilegio, para explorar cómo “otro mundo es posible” desde esas márgenes sociales y religiosas.

     

     

    Desde 2015 un grupo de personas de universidad, junto con artistas y movimientos sociales de defensa del territorio en México – con la asesoría de Gustavo Esteva (Centro de Encuentros y Diálogos Interculturales) y Boaventura de Sousa Santos con su Conversas do Mundo con varias autoras del Sur epistémico como Silvia Rivera Cusicanqui – comenzamos a explorar caminos para descolonizar la universidad y aprender a “tejer voces por la casa común” (Tejiendo voces). Así fuimos aprendiendo las exigencias de la escucha atenta de quienes viven en las periferias, que no son solamente víctimas sino personas y colectivas que crean procesos para despertar, sanar y acuerpar juntas, y así van tejiendo saberes que expresan sus modos de vida, organización comunal y su profunda espiritualidad de la vida.

    En 2019, proseguimos este camino analizando diversas voces de la teología decolonial en un congreso (Congreso sobre resistencias y espiritualidades) organizado de manera conjunta por la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, la revista internacional de teología Concilium, y el Centro Universitario Cultural de los dominicos de México para explorar juntos los rasgos comunes de las resistencias frente a la violencia sistémica y las espiritualidades que de ahí surgen.

    En 2023, un grupo de colegas universitarios, con el apoyo de organizaciones de la sociedad civil mexicana y del ITESO la universidad jesuita de Guadalajara en México, logramos reunir a más de treinta colectivos de América Latina (¡Re-Existe! El espíritu cruzando periferias) con el objetivo de conocer las nuevas formas de vida, de subjetividad y comunalidad que van tejiendo personas y comunidades de sobrevivientes. Buscábamos con ellas una forma de vislumbrar la esperanza en medio del horror de las fosas clandestinas en México, la discriminación por motivos de género, raza y condición social, la devastación de la madre Tierra, así como explorar la ritualidad que emerge de esas prácticas de resistencia. La memoria gráfica de ese congreso, con su documental que incluye algunas entrevistas, puede dar una idea de lo que vivimos en ese encuentro.

     

     

    Ahora llega el momento de una siguiente fase de Re-existe que enfatizará las conexiones que tejen los sobrevivientes y la fuerza que las anima.

    Se trata esta vez de un encuentro-festival con dos rasgos novedosos y desafiantes: la interculturalidad como modo de existencia y de pensamiento para “volver a pensar como especie” según el llamado de la comunidad científica, íntimamente ligada con lo interreligioso como única forma viable para acercarnos a lo santo.

    Nos proponemos explorar juntos los caminos de la re-existencia en esta hora de colapso del modelo civilizatorio moderno, donde el genocidio en Gaza ha puesto en jaque a la humanidad y se convierte en piedra de toque para la civilización humana.

    A través de tres pasos exploraremos el despertar ante el horror que cada colectiva ha enfrentado. Seguiremos analizando luego el sanar en tanto acciones personales y colectivas de memoria, verdad y justicia que permiten a las víctimas reconstruir sus vidas. Entonces podremos acceder al momento del acuerparnos con nuevas formas de comunalidad.

    Colectivas de mujeres de la India enfrentando la violencia del patriarcado en las religiones hindú, budista y cristiana entrarán en mutuo acompañamiento con madres de desaparecidos en México. Cuidadores de la madre tierra de la misión jesuita de Bachajón en Chiapas dialogarán con líderes del pueblo Lakota que trabajan la memoria colectiva para sanar del pasado colonial, a la vez que recuperan sus formas de agricultura ancestrales por medio de la dieta tradicional, el cultivo de plantas locales y el redescubrimiento de los rituales como el Inipi o baño ritual que es creación de comunalidad, o la danza del búfalo como uno de los principales símbolos de la sacralidad de la tierra y el cielo.

    Estén pendientes en las redes sociales de Re-existe 2025 donde se publicarán breves cápsulas informativas, entrevistas y memoria gráfica de estos momentos que esperamos sean como destellos de la vida que resiste y re-existe, porque la fuerza de las sobrevivientes está animada por la Ruah divina que aletea sobre el caos para hace surgir vida en medio de la muerte.

     

    Guadalajara, 20 de septiembre de 2025

  • La monstruosidad de la religión Sobre un debate moderno en curso“Paroxismo”, Iván Gardea, grabado, Cuernavaca, 2019

    La monstruosidad de la religión Sobre un debate moderno en curso

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

     

    Está semana fui invitado a la presentación en Cuernavaca de un libro que recoge una conversación fallida entre John Milbank, teólogo anglicano británico, y Slavo Žižek filósofo esloveno ateo, en torno a la monstruosidad de Cristo (La monstruosidad de Cristo: ¿paradoja o dialéctica?). La traducción al español fue publicada por la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, por iniciativa de Ángel Méndez Montoya, como parte de un innovador programa editorial para ofrecer a personas lectoras de México y el mundo de habla castellana debates teológicos actuales en torno a Dios como problema ontológico, como fuente de sentido ético en una civilización moderna sacudida en sus fundamentos y como problema político.

     

     

    Antes de asistir a la presentación en la Biblioteca Galería Miguel Salinas de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, ubicada en el centro histórico de la ciudad en una casona antigua restaurada como centro cultural, tuve la fortuna de conversar con el artista juarense Iván Gardea, al visitar su exposición en el Jardín Borda que está abierta al público hasta fines de septiembre.

    El maestro Gardea, además de ser un impresionante grabador, en la más rigurosa tradición mexicana del grabado que se remonta a Posadas y al Taller de Gráfica Colectiva de hace un siglo, es un pensador nato, letrado en temas de literatura, música, filosofía y teología. Nos habíamos conocido en su taller hace seis años, para preparar la exposición de su serie de grabados sobre la violencia inspirada en el pensamiento de René Girard, que realizamos en la Galería Andrea Pozzo de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México en 2019, con motivo del congreso internacional “¡Resiste! Violencias, resistencias y espiritualidades”, organizado de manera conjunta por la universidad jesuita con la Revista internacional de Teología Concilium, donde tuve la ocasión de ser parte del consejo directivo y editorial por ocho años.

    Durante nuestra conversación en el luminoso patio colonial del Jardín Borda, Iván me contó historias sobre su trabajo artístico en curso, una serie de grabado precisamente sobre la monstruosidad de lo sagrado en la sociedad actual, perdida entre el liberalismo occidental “desfundado” de toda creencia y los ateísmos de cuño materialista que pululan en ambientes académicos como sociales. A juicio de Iván, si bien lo interpreto, esa monstruosidad tiene muchas aristas, entre ellas el nihilismo como una forma de vida sin esperanza. Fue grande mi sorpresa al escuchar sus reflexiones pues esa misma tarde íbamos a hablar de la “monstruosidad” de Cristo en el debate Žižek – Milbank.

    Así que brevemente le resumí las ideas que más tarde expondría yo en torno a ese libro, alternando con los queridísimos colegas Sylvia Marcos, reconocida antropóloga del género en Mesoamérica que conoció a Žižek en Eslovenia; con Ángel Méndez, teólogo cuir que trabajó su tesis doctoral sobre teología del alimento bajo la dirección de Milbank; y con Nicolás Panotto, teólogo protestante argentino con quien comparto proyectos en el grupo “Teología después de Gaza” convocado hace dos años por Mitri Raheb para repensar la teología política.

    En el claustro del Jardín Borda, le comentaba a Iván que, a mi parecer, la monstruosidad que importaba discernir hoy era aquella de la religión que pervierte lo sagrado, expresada como sionismo judío y cristiano, asociado a movimientos de extrema derecha en el mundo que, en nombre de Dios, no solamente pervierten la Biblia en su teología de la elección y la promesa, sino que incitan a la violencia genocida manipulando el sentimiento religioso de comunidades enteras. Otro ejemplo es el caso de la telepredicadora Paula White en la Casa Blanca asesorando a Trump, a su vicepresidente Vince y al secretario de estado Rubio en una cruzada por hacer que su país “retorne a los valores cristianos”.

    Otro ejemplo emblemático de la monstruosidad de la religión dentro de las instituciones religiosas son los casos criminales de manipulación de lo religioso por parte de líderes corruptos creando emporios financieros basados en la ambición sin medida con control de masas adormecidas. Este fenómeno ha producido corrupción de élites políticas, sociales y religiosas en varias latitudes del planeta, acompañada de abusos sexuales y espirituales de personas, tráfico de prebendas políticas y financieras por parte de personalidades religiosas perversas como Marcial Maciel y Naasón García en México, Fernando Karadima en Chile y los líderes del Sodalicio en el Perú.

    Esa monstruosidad de lo religioso es la que importa analizar desde el pensamiento crítico para contribuir a desmantelar en el ámbito social sus redes de poder. Es urgente hacerlo por medio de periodismo de investigación como el de Emiliano Ruiz Parra (Emiliano Ruiz Parra: Serie de HBO, vehículo masivo para la desmitificación de Marcial Maciel), de comisiones de la verdad como la que propusiera el entonces candidato Borič en Chile (que por cierto nunca llevó a cumplimiento), para asegurar la rendición de cuentas ante la sociedad como obligación del estado laico y, sobre todo, garantizar la justicia restaurativa para las víctimas.

    Iván llamaba a estos grupos religiosos de hoy una parodia de lo religioso y, a la vez, otra versión de la modernidad que está colapsando en nuestros tiempos.

     

     

    Avivado por esta apasionante conversación me di a la tarea de compartir mis ideas en la presentación del libro en el evento preparado por la Facultad de Psicología de la UAEM, en conjunto don la Cátedra Doble Legado “Jean Robert y Sylvia Marcos”. Resumo lo que expuse en ese conversatorio.

    Lo primero fue subrayar la importancia de abordar el libro como una provocación teológica desde nuestro contexto latinoamericano y caribeño, de manera que sea posible hacer una lectura crítica de los autores europeos del libro, siguiendo de cerca su argumentación y subrayando otras perspectivas interculturales de acercamiento al mysterion de lo real que las religiones llaman Dios.

    Luego, cabía recordar ahí que el significado de Cristo para la humanidad en tiempos del colapso civilizatorio que vivimos hoy parece una cuestión irrelevante frente al incremento exponencial de la violencia bajo una nueva figura que algunos llaman, siguiendo a René Girard, la “escalada a los extremos de la aniquilación del otro”. No parece relevante discurrir sobre un personaje religioso que quedó atrapado por una religión que domesticó su amor universal. Mucho menos parece importante perderse en el debate entre un filósofo esloveno y un teólogo británico cuando nos encontramos en medio de la desolación de las guerras de genocidio en Gaza, de exterminio en Congo y Sudán del Sur, de desapariciones forzadas en México, donde lo urgente consiste en detener la espiral de odio si deseamos hablar del ethos político y espiritual posible para la humanidad en esta hora incierta.

    Y es precisamente aquí que la pregunta por la experiencia de Jesús de Nazaret en su siglo I de la Era Común, enfrentando el odio en su propio cuerpo, puede ser relevante para nosotros hoy.

    Los debates académicos suelen extraviarse en el mundo de las ideas, por muy aterrizados que quieran ser. Defender o acusar a Hegel de las soluciones diversas a la dialéctica de la historia para justificar el materialismo teológico como hace Žižek, o promover la ortodoxia radical de Milbank como vigía de la Ciudad de Dios parece algo secundario cuando se trata de enfrentar otra monstruosidad, aquella que tiene muchas cabezas como la del odio y de la muerte que produce la hidra capitalista, patriarcal y de hegemonía blanca y occidental.

    Incluso defender o acusar a Maestro Eckhart -o mejor al ex fraile dominico Rainer Schürmann (El Principio de Anarquia: Heidegger y la Cuestion del Actuar), uno de sus intérpretes modernos multicitado por Žižek- por su interpretación de la negatividad del ser divino como antecedente del momento de negatividad de la dialéctica hegeliana parece paja cuando la prioridad es pensar la negatividad de quienes habitan en “la región del no-ser”, como decía Fanon, y están siendo reducidos a la nada.

    Propuse entonces un acercamiento descolonial del libro La monstruosidad de Cristo. ¿Paradoja o dialéctica? Un libro erudito que hará correr mucha tinta en el mundo de la academia sea para validar el agnosticismo teológico de Žižek, o bien para confirmar la filosofía teológica de Milbank.  La pregunta crucial que plantea el libro radica en el callejón sin salida de la razón frente al misterio del ser. Sin embargo, lo que conviene explorar es un acercamiento ontológico diferente, aquél que piensa “el ser que envejece y muere”, como decía Levinas.

    Para ello, es preciso acudir a la Biblia como fuente originaria de esa inteligencia de la paradoja del ser y luego a la filosofía apofática para deletrear la inteligibilidad del absurdo cuando el cristianismo anuncia un “mesías crucificado” como sentido de la historia. Siguiendo esta ruta será posible cruzar la línea abismal para pensar la monstruosidad del ser, pero en tanto resplandor del instante mesiánico en el que la historia parece abrirse como un recoveco de “esperanza contra toda esperanza” a través de “las heridas que curan”.

    Surge así otro modo de hablar del vínculo crítico entre la filosofía, la teología y la política, no como idea ni como potestas política, sino como nudo mesiánico, es decir, resistencias a la violencia que tejen quienes habitan en “las sombras de las sombras de las sombras”.

     

     

    “En sus llagas seremos curados” dice el oxímoron del deutero Isaías (53:5) escrito por un discípulo del profeta durante el destierro de su pueblo en Babilonia. Se trata quizás de la cumbre de la revelación del Primer Testamento y una de las más radicales verdades sobre la condición humana, lo político y la esperanza. Con esta luz, por cierto, será leída siglos después la tortura y la ejecución de Jesús de Nazaret por el poder romano en complicidad por las autoridades del Templo de Jerusalén y la turba enardecida.

     

    El destierro fue un lugar espiritual y teológico para el discípulo del profeta, como lo fue para Juan el Bautista y tantos profetas de la historia “cuya voz clama en el desierto” (Juan 1: 23). Hasta llegar a la voz de Munther Isaac en el sermón de Navidad de 2021 en Belén de Palestina. El destierro babilonio significaba una contradicción para el pueblo expatriado: por un lado, el dolor de ser arrancados de su patria, por otro, el reconocimiento de que solamente han podido vivir de las migajas de Nabucodonosor II, el rey babilonio. Y, sin embargo, en los cuatro poemas que conservamos en el libro de Isaías, la verdadera fuente de vida será el pueblo-discípulo. El poder babilonio aplastó al poder davídico. Pero el pueblo sobrevivió en virtud de su fidelidad a la alianza primera, si no todo, al menos los pocos Tzadikkim o personas justas e la historia. Y por eso, aquel pueblo sufriente es la fuente de “otro modo de ser”, más allá de la esencia del poder babilonio, en la potencia de quienes resisten. Ellos son el siervo de Yhwh.

     

    Siguiendo esta chispa del anónimo discípulo de Isaías, podemos entonces releer la historia de “los malditos de la tierra”, de ayer y hoy. En particular, la historia del pueblo palestino que, en el fondo sin fondo de su dolor por el genocidio padecido, hace que de sus heridas todos podamos sanar si abrimos la vida y la acción a ese clamor. Un eslogan de la Flotilla Sumud Global precisamente dice eso: “Quisieron borrar a Palestina, y ahora Palestina navega en todos los mares”.

     

    Ante la monstruosidad del exilio en Babilonia, el pueblo hebreo de los anawin, de los pobres de Dios, hace surgir la belleza del Sumud o resistencia ante la catástrofe que les ha llegado.

     

     

    ¿Qué dialéctica de la historia en la lectura hegeliana recreada por Žižek rige la historia? La de los opuestos que se aniquilan buscando una supuesta síntesis de Aufhebung o superación de esta rivalidad que no hace sino prologar los estertores de la humanidad con el triunfo de los verdugos.

    Tampoco la filosofía de la Ciudad de Dios añorada por John Milbank como un retorno a la teocracia, superando los estrechos límites de la autonomía moderna que se convirtió en pesadilla, es capaz de cruzar la línea abismal que separa al privilegio de la desolación.

    ¿Acaso tienen razón ambos autores en ese ficticio diálogo en plantear la alternativa entre dialéctica del sábado santo que aniquila a los débiles en el Sheol y la paradoja del Domingo de Pascua que se anuncia como el triunfo de las víctimas sobre los verdugos?

     

     

    Ni paradoja ni dialéctica, sino contracción mesiánica del ser que envejece y muere.

    Eckhart nos puso alerta sobre las figuras y los ídolos (deitas) que sustituyen al Dios inefable (diuinitas). Pueden ser ídolos religiosos o políticos. Lo crucial en la vida del Espíritu es por eso, pa el dominico alemán, el desapego (Gellasenheit) como una forma de negación apofática o negativa, que no dialéctica de las suplantaciones de la Divinidad.

    El Pseudo Dionisio había explorado previamente esa vía de la superación del ego, dando curso a la experiencia de las Madres y los Padres del desierto en su confrontación con los demonios antes de llegar a la contemplación del mysterion del Dios vivo.

    Por eso hoy, la teología apofática es compañera de la teoría política del común que plantean las colectivas y subjetividades ubicadas en las periferias del mundo hegemónico, pero enraizadas en el mundo de la conexión vital de lo humano, lo cósmico y lo divino.

    Escuchando el clamor, la indignación y la esperanza de los más vulnerables de hoy podremos entonces acceder a la aparente monstruosidad de Cristo que deviene entonces la belleza de los olvidados que re-existen cuando dicen basta a la violencia del ser imperial que mata.

     

    Puebla, 14 de septiembre de 2025

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