Autor: mendocinomx

  • Desaprendiendo la eficacia para habitar la incertidumbreDiedrick Brackens | The Cup is a Cloud | Los Angeles, 2018

    Desaprendiendo la eficacia para habitar la incertidumbre

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

    Hace ya siete meses que dejé Boston, luego de un quinquenio de vida académica en el frenético engranaje de la eficiencia estadounidense, con un desafío especial de fondo que consistió en traducir las ideas maestras de la teología latinoamericana y europea moderna a grupos multiculturales de estudiantes blancos de Estados Unidos, y otros venidos de Corea, China y Japón en su mayoría, más algunos de Turquía, El Salvador, Colombia y Chile.

    La cortesía inicial de los colegas, tanto estudiantes como profesores, fue dando paso con algunos pocos de ellos a una conversación verdadera, siempre predominando el respeto al trabajo individual con escasos intercambios sobre el sentido de nuestro trabajo como comunidad académica.

    Guardo en el corazón los mejores momentos de esos encuentros, como los coloquios a los que les dimos el tono descolonial de “conversatorios” (Beyond Global Violence Initiative), donde pudimos abrir ventanas para que colegas del norte y del sur se escucharan mutuamente, con ciertas dificultades para transitar entre ambos mundos, no solamente por las diferencias de la lengua sino por las vivencias diversas que dan sustento al cuerpo, al pensamiento y a la palabra.

    Lo que más disfrutábamos todos eran las tertulias en el calor del hogar chileno bostoniano de Valentina y Domingo, anfitriones excepcionales para el corazón y el paladar. Ahí podíamos compartir con mayor cercanía y libertad las ideas e intuiciones que habían quedado flotando en los auditorios del campus de Chestnut Hill. En algunas ocasiones, con la sazón italiana de Francis ayudado por Martín, y al calor de la bonhomía de Neto en su casa siempre lista para recibirnos como buen salvadoreño, cada quien iba encontrando su lugar en el vaivén de la palabra, del vino y del canto. En esos hogares acogedores recibimos a amistades de Brasil, México, El Salvador, Colombia, Puerto Rico, España, Ohio, Illinois, Nueva York, Indiana y California, de paso por tierras de los Massachussets. Y ahí nacieron nuevos proyectos de coloquios, libros y viajes que hasta el día de hoy nos siguen sorprendiendo e inspirando a todos.

    Pero todo se interrumpió por mi súbita salida de territorio estadounidense en la era Trump, quedando sembrada esa semilla de inteligencia cordial en la memoria viva.

    En los meses posteriores, de vuelta al terruño y con viajes entrelazados entre Sudáfrica, Turquía, Brasil y Chile, me encontré con el desafío de mirar con ojos nuevos mundos diversos, poniendo especial atención en “quienes habitan en las sombras de las sombras de las sombras”. Así fui llevado –por puro regalo de mis anfitriones durante esos periplos– a vivir momentos de una simplicidad demoledora y bella, como la visita acompañando a Lance de la Universidad de Pretoria a la granja de refugiados congoleños en las afueras de la ciudad, donde su dolor por no tener hogar por más de cinco años se veía en su mirada, pero en ella surgía a la vez un destello de dignidad que aun llevo en el corazón y el espíritu como un llamado a la cercanía.

    Tengo viva en la memoria la caminata por los acantilados de Cape Town en compañía de Grant y su equipo donde contemplamos, en una mañana soleada y fría del invierno sudafricano, cómo los dos grandes océanos Atlántico e Índico se encuentran, a veces con furor y otras con ternura. Metáfora de mundos entrelazados.

    Recuerdo también con emoción la oración ecuménica estilo Taizé animada por mi hermano dominico Claudio junto con Eda, ciudadana estambulita, y un grupo de estudiantes africanos y ucranianos residentes en Estambul, intercalando mantras por la paz en diversas lenguas, acogidos en la penumbra de la iglesia de los predicadores, ubicada cerca de la torre de Gálata. Fue un destello de lo que significa Pentecostés, aunque solamente como un reducto de espiritualidad en medio de una vibrante cultura musulmana moderna que mira con curiosidad lo que pasa dentro de esos enclaves cristianos.

    Atesoro en la memoria la eucaristía sencilla y breve en la capillita de madera de los jesuitas de Tirúa, en un pequeño altar cubierto con un tejido mapuche y adornado con una lámpara de aceite estilo oriental que creaba una penumbra luminosa, en una mañana de primavera en el Wallmapu, al extremo sur de Chile. Tuve la gracia de departir con ellos por unos días su despojo gozoso, como caminantes acompañando al pueblo Mapuche en defensa de su territorio, su lengua y su espiritualidad ancestral.

    En cada una de esas experiencias quedó en el aire para mí la pregunta de cómo tender puentes para compartir intimidad espiritual entre personas y comunidades de tradiciones diversas. Y me acordé de los rituales que hemos explorado en Re-existe, precisamente buscando nuevos lenguajes para celebrar juntos nuestras vidas precarias pero abiertas a la esperanza según tradiciones ancestrales diversas, desde los pueblos originarios hasta las religiones del libro y la interioridad secular de quienes son personas o colectivos sin religión.

    De vuelta a la tierra de mis ancestros, ya sin la presión cotidiana del salón de clase y las insufribles reuniones académicas, comienzo ahora a sentir lo que significa ir desaprendiendo la eficacia. Disfrutar el tiempo libre del otium, más allá del negotium, como se los contaba hace unas semanas aquí.

    Pero se trata de algo más que desacelerar el paso. Algo me mueve hoy a vivir el tiempo de otro modo como interioridad renovada y el lugar como terruño. Busco un ritmo externo entre caminata matinal, deberes religiosos, lectura atenta de libros apilados en el escritorio desde hace años, escritura más creativa soltando la pluma explorando nuevos géneros literarios. Pero no basta. Es algo más lo que intuyo en el horizonte, la búsqueda de un “lugar” donde echar raíces, crecer lentamente y florecer, siguiendo aquella creativa intuición de Ivan Illich y Jean Robert (El lugar en la era del espacio). Ya se irá vislumbrando poco a poco con mayor nitidez en los próximos meses el lugar y el tiempo donde fluya la inspiración.

    Ahora que tengo tiempo para “no hacer nada”, me siento invitado a reinventarme cada día. Ciertamente laboro en el presente con maravillosos proyectos de creación intelectual, como el libro colectivo sobre teología política –con la introducción a mi cargo, invitando a la mesa de la palabra a quince comensales de ocho países distintos invitados a pensar “lo común” en tiempos de gran catástrofe– cuyo manuscrito reviso con el apoyo de Francis y Nathan, queridos colega.s que conocí en Boston College, mismo que será publicado el próximo año por una prestigiosa editorial de los Estados Unidos.

    Me deleito revisando los guiones del documental y del cómic –a cargo de Juan y Katsumi respectivamente–que harán memoria del pasado encuentro Re-existe 2025. El Espíritu conectando las periferias que pronto difundiremos en el mundo digital para seguir nutriendo nuestras resistencias ante el mal que nos rodea hoy como violencia sistémica. Esta iniciativa ha ido creando un lugar-tiempo poliédrico donde aprendemos a re-existir, reinventándonos junto con otros sobrevivientes.

    Y con emoción imagino también –junto con algunos dominicos y dominicas que buscamos nuevas expresiones del carisma de la predicación en nuestro contexto inédito– lo que nacerá luego de nuestro encuentro sobre Nicea en octubre pasado en Estambul. Ubicados en las ciudades y aldeas laboratorios de hoy buscamos cómo comunicar hoy a la humanidad el gozo de ser habitados por la Palabra divina y humana que nos redime, arraigados en el mundo secularizado o en medio de tradiciones espirituales diversas.

    Animado por esos recuerdos vivos y por las labores en curso que conectan con mi deseo profundo enfrento ahora el reto de “parar” la vorágine de la eficacia, desaprendiendo a vivir y pensar sólo produciendo. Se trata de un camino en reversa, pero sobre todo de una implosión de un deseo vertiginoso, para volver al centro inmóvil del cuerpo, del deseo, del pensamiento y del espíritu desde donde fluye otro modo de existencia.

    Y entonces aprenderé a dejarme habitar y ser movido –como lo conversaba con mi amigo Juan Carlos La Puente en el corazón de la pandemia (Mutuo acompañamiento en la Ruah divina)– por la incertidumbre como don y sorpresa del aleteo de la Vida que a todos nos anima.

    Ciudad de México, 15 de noviembre de 2025

    Nota: Agradeceré tus comentarios al final de esta página.

  • Cuando la verdad sí importaMarlon Puac | Tejido Decolonial | Sololá, Guatemala, 2022

    Cuando la verdad sí importa

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

    El asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, en el estado mexicano de Michoacán, el día 1° de noviembre pasado, es un ejemplo atroz de la “pedagogía del terror” cuyo objetivo, según Rita Segato, consiste en “mostrar que existen poderes que son soberanos en la impunidad más absoluta, como pedagogía del control territorial de la soberanía” (Contra-pedagogías de la crueldad). Es una estrategia que emplean las mafias criminales para inmovilizar a la población, eliminar a los políticos que no les obedecen y controlar sus territorios. El crimen se perpetró en una plaza pública en la víspera del Día de Muertos cuando la comunidad festejaba, según la tradición de las velas, el paso de las ánimas. Acompañado de su esposa Grecia y de sus dos hijos pequeños, el fundador del “Movimiento del Sombrero” fue acribillado por un muchacho menor de edad, al parecer en complicidad con otros dos sujetos, enredados en el engranaje de los carteles de drogas que están destrozando la vida de la juventud en el mundo entero con el espejismo del poder y el dinero que matan.

    Escasos cinco días después, la viuda de Carlos Manzo tomó posesión como alcaldesa de la ciudad con un discurso entrecortado de rabia, desolación e indignación que la ubica ahora en el epicentro de un movimiento telúrico que sacude a la sociedad mexicana. Grecia Quiroz en su primer discurso como alcaldesa dijo unas frases que ha quedado retumbando en mi memoria: “Hoy Carlos Manzo está más fuerte que nunca. Este legado, este Movimiento del Sombrero no lo callaron. Y no lo van a callar porque aquí sigo firme con la firme convicción que él me enseñó […] Que se escuche fuerte y claro, el legado de Carlos Manzo va a seguir. Así hayan acallado su voz. Así [a] quienes hayan dado la indicación de arrebatarle la vida de la manera más cruel, [les digo] esto seguirá, esto continuará. El Movimiento del Sombrero no parará”. Como candidato independiente su esposo venció en las elecciones pasadas al candidato del partido en el poder que luego de siete años no ha logrado pacificar al país, sino que por el contrario ha ido perdiendo más y más control sobre el territorio nacional. Y ahora Grecia toma esa bandera de la ciudadanía harta del estado fallido que sigue produciendo cada día más basurización de la vida.

    Las primeras declaraciones de la presidenta Sheinbaum fueron lamentables, además de tardías, achacando a “la derecha” las causas de la violencia en Michoacán por la guerra contra el narcotráfico emprendida en 2006, hace casi veinte años, por el entonces presidente de la república Felipe Calderón, del partido de derecha que gobernó el país por dos sexenios con resultados fatales. Pero el rumbo de México como país soberano sigue extraviado. Los siete años en que el actual partido “de izquierda” en el poder ha gobernado México representan el fracaso de la Cuarta Transformación emprendida por el caudillo López Obrador. El plan de pacificación de la presidenta llega tarde y no surge de las comunidades mismas ni atiende las causas sistémicas de esa espiral de violencia. La verdad no importa para ella ni para su partido. Lo que vale es controlar la narrativa en los medios de comunicación para seguir adelante con “el segundo piso” de la infeliz Cuarta Transformación.

    En este ambiente de zozobra nacional, la sociedad civil organizada tiene un papel urgente que cumplir para salvar al país de la debacle. Iniciativas como Reinserta para rescatar a la niñez en precariedad producida por la violencia en el país dan pistas de los proyectos por imaginar y crear en cada región del país, aunque muchos de ellos dependan de los caprichos de las empresas o gobiernos que las financian. Por lo que solamente la creatividad de colectivos, comunidades y pueblos tendrá la fuerza necesaria para persistir en esta lucha a muerte por la vida.

    Las universidades también están convocadas por la sociedad herida para conocer la trama de esa violencia sistémica que nos aqueja.  Las iglesias han comenzado a salir del letargo para ser parte de procesos de sanación colectiva con su herencia espiritual. En años recientes nació en medios eclesiales la iniciativa del Diálogo Nacional por la Paz tras el asesinato de los jesuitas de Cerocahui en la Sierra Tarahumara hace tres años, y prepara su segundo encuentro en enero del 2026 en Guadalajara. Representa un intento de la Iglesia católica romana para retomar la estafeta del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, iniciado por Javier Sicilia y las víctimas de la violencia en México en 2011 (“El movimiento por la paz es una referencia moral”: Sicilia), que fue cooptado primero por los gobiernos de Felipe Calderón del PAN y Enrique Peña Nieto del PRI, luego despreciado por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador de Morena.

    ¿Cuál es la verdad de las víctimas? ¿Cómo se escucha y se reconoce esa verdad en la narrativa de la sociedad y del gobierno en turno? ¿Qué nos dice a la ciudadanía mexicana la indignación de Grecia Quiroz en Uruapan? ¿Cómo nos interpela la monstruosidad de Víctor Manuel Ubaldo, el sicario menor de edad abatido luego del crimen cometido? ¿Cómo destruir la red de criminalidad necropolítica que hoy controla a México? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí en la corrupción del cuerpo social de nuestra patria y qué procesos colectivos podemos promover en cada lugar para salir de esta barbarie que no está llevando al abismo?

    Al mismo tiempo que miraba azorado los videos y leía las noticias sobre los trágicos sucesos en Michoacán, pude asistir al congreso “Heteronomías de la Justicia” (3er Coloquio Internacional: Justicia del Otro), organizado en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM por la querida colega Silvana Rabinovich. Las ponencias de jóvenes investigadores giraron en torno a la pregunta de cómo descolonizar el discurso y la praxis por la justicia, a partir de las conversaciones entre culturas diversas, por ejemplo, entre la filosofía judía de Herman Cohen y Emmanuel Levinas en el siglo 20 con la filosofía de la liberación de Enrique Dussel en América Latina y el Caribe; o entre el pensamiento feminista de María Isasi Díaz, autora mujerista en los Estados Unidos, y el realismo histórico de Ignacio Ellacuría en El Salvador comprometido como rector de la UCA con los pobres y la justicia en tiempos de poderío militar.

    También se abrió la conversación universitaria para pensar las conexiones y diferencias entre la filosofía de la esperanza de Ernst Bloch en Alemania durante el régimen nazi y el pensamiento de Enrique Dussel en Argentina y México en tiempos de dictadura y resistencias. Estos intercambios se dieron con ocasión del segundo aniversario del fallecimiento del gran pensador argentino-mexicano.

    Un fruto sabroso de este coloquio consistió en enfocarnos en el problema del núcleo mesiánico de la historia, donde las resistencias de los pueblos generan los cambios en la historia de opresión sembrando historias de liberación y redención ética y política, con un hontanar místico. Siguiendo las intuiciones del maestro Dussel, la ética se revela como primera política con apertura a anticipaciones mesiánicas de trascendencia. Deliberaciones todas que no estaban ajenas a la cuestión de la esperanza que surge de las víctimas en Gaza, o de las Madres Buscadoras en México, como lo recordaba una y otra vez nuestra anfitriona.

    Cerramos la jornada con el pre-estreno del documental “Dussel: la filosofía es un don para un mundo sin sentido”, de la cineasta argentina Cecilia Fiel. Durante más de hora y media el documental da cuenta del personaje, su historia de exilio, su biblioteca, sus estudiantes y su visión de la historia de la colonialidad propia de la modernidad eurocéntrica y las resistencias que la enfrentaron. Resalta la belleza narrativa de las escenas del maestro Dussel, anciano con gran lucidez, caminando por sitios emblemáticos de Mexico-Tenochtitlan, como el zócalo en el corazón de la Ciudad de México y la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, donde el pensador de la liberación nos da una cátedra, en el atardecer de su vida, sobre el papel de la filosofía para buscar el sentido de la historia.

    Esos intercambios en la UNAM me hacían pensar en otra versión de la verdad. Cuando la verdad sí importa es posible destruir las falacias que crean los poderosos, sean los gobiernos en turno, las religiones corrompidas o las mafias criminales.

    ¿Cómo podremos salir de esta espiral creciente de odio en México, en Palestina y en México? Una primera condición será volver a la importancia de la verdad. No como arma de guerra para contar la versión de los poderosos o los perpetradores, sino para escuchar a las víctimas y sobrevivientes.

    Atrevernos a conversar con los otros a fin de buscar juntos el sentido de la vida en la utopía de un “nos-otros” como germen de redención es el principio de una (im)posible esperanza.

    Porque la verdad sí importa cuando queremos sanar a la humanidad herida para que todos un día gocemos de la Vida.

    Ciudad de México, 8 de noviembre de 2025

    Nota: Espero tus comentarios al final de esta página.

  • Noticias de WallmapuGabriel Pozo Menares | Calendario Mapuche | Wallmapu, 2011

    Noticias de Wallmapu

    Por Carlos Mendoza Álvarez

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    La luz del atardecer llega a Tirúa, en tierras mapuche, mientras Carlos, mi anfitrión jesuita que ha estado aquí más de quince años (HistoriActiva comunidad jesuita de Tirúa), conduce por el camino de terracería para visitar a sus amigos que le han abierto las puertas de su casa para compartir la vida en el territorio desde hace años. Llegamos y nos recibe la hija mayor junto con sus gatos y perros. Interrumpe por un momento las tareas que prepara en su último semestre de preparatoria, ya que luego de graduarse planea inscribirse en la universidad para estudiar pedagogía. La vida transcurre de manera simple entre las familia que aquí habitan. El papá pasó el día cultivando papas y después dedicó la tarde a poner el piso de un cuarto nuevo de la casa. Nos ofrecen mate como ritual para acompañar la conversación. Antes de irnos los amigos intercambian comida para las aves y hacen planes para reciclar una vieja puerta de madera que será instalada en un centro de eco-espiritualidad en ciernes.

    Wallmapu (Declaración Departamento de Historia sobre el término Wallmapu) es el término que hace referencia a las tierras ancestrales del pueblo mapuche (El Mundo Indígena 2025: Chile). Hoy son dominadas por la industria forestal que contaminó el territorio con especies invasoras como el eucalipto y el pino para producir celulosa a escala masiva para exportarla al mercado mundial del embalaje.

    El pueblo mapuche hoy está dividido entre la frenética integración al mundo moderno del consumo por un lado y, por otro, la defensa del territorio, la lengua y la medicina tradicional con el liderazgo de las mujeres Machi, sanadoras y ancestras espirituales.

    De ambos lados de la cordillera, dividido entre Chile y Argentina, el pueblo mapuche lucha por su sobrevivencia territorial y cultural, ante la avasalladora inercia del mundo moderno (Chile: La resistencia al modelo forestal en el Wallmapu, territorio Mapuche). Para las comunidades asimiladas al modelo moderno de hoy parece mejor comer comida procesada que algas y mariscos como hacían los antiguos; o bien, tomar Coca Cola en lugar de infusiones de hierbas porque da mayor estatus; prefieren ser cristianos evangélicos o católico-romanos que seguir la espiritualidad y la lengua de los ancestros. Al fin y al cabo se trata de un asunto de « integración » al mundo moderno, aunque sea al precio de la asimilación cultural y la depredación ambiental que, en su trasfondo simbólico, es violencia contra los ancestros y contra la madre Tierra.

    Redes de la sociedad civil tales como “Iglesias y Minería”, o las iniciativas de diálogo intercultural sobre astronomía ancestral y moderna que impulsan algunas universidades de la región, son intentos modestos para acompañar a un pueblo desgarrado por las contradicciones internas entre modernidad y tradición.

    Quizás la eco-espiritualidad esté siendo una « articulación », entre otras de corte más social y político, que permita esos cruces. Carlos me contaba la anécdota de una abuela que, asistiendo a un taller de medicina tradicional y eco-espiritualidad, decía no entender nada de los cruces de los tres cuerpos (personal, comunitario y territorial) que presentaba el taller, porque ella se había quedado pensando durante todo el encuentro sobre lo que significaba esa palabra rara que estaba escrita en la invitación : « articulación ». Un término que la abuela tuvo rondando en su cabeza todo el tiempo hasta que por fin intuyó que seguramente hacía referencia a las articulaciones de los huesos, cuando sentía en su cuerpo que algo estaba descuadrado, le impedía la movilidad y provocaba dolor. De modo que ella concluyó que el taller era  un camino para curar sus articulaciones. ¡Y en el fondo ese era el objetivo del taller! Aquella abuela lo había seguido a su modo propio, aunque estuviera ausente del resto de las charlas.

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    Antes de llegar a tierras mapuches pude conversar con personas de universidad en dos foros en Santiago de Chile. El primero sobre la obra de Gustavo Gutiérrez, uno de los padres de la teología de la liberación, con ocasión del primer aniversario de su fallecimiento (Congreso Internacional Gustavo Gutiérrez). En un formato académico tradicional con conferencias magistrales y ponencias, a lo largo de un par de días fue emergiendo una conciencia más clara entre los asistentes sobre la importancia del estilo latinoamericano para hablar de Dios, íntimamente conectado con la experiencia de los pobres y oprimidos. Una sabiduría que ya forma parte de la manera como algunas comunidades cristianas católico-romanas y protestantes comprenden su fe en un Dios liberador y promueven el papel transformador de las víctimas en sus propios procesos de liberación para dejar atrás tierras de esclavitud y emprender caminos de vida nueva.

    Pero también comenzamos a ver, no sin la sorpresa de algunos asistentes, que es preciso abrir el corazón y la mirada a otras exclusiones, como aquellas que viven las mujeres, las personas queer/cuir, los migrantes indocumentados, los familiares de personas desaparecidas, los pueblos afrodiaspóricos y los pueblos originarios, por mencionar a quienes representan las resistencias de hoy a la violencia que nos aqueja de muchos modos, teniendo en el corazón hoy al pueblo palestino enfrentando el genocidio perpetrado por el gobierno israelí y sus cómplices.

    Durante el coloquio surgieron algunas iniciativas para mantener viva la memoria de la obra del gran teólogo peruano, a través del trabajo de los archivos que resguardan las grabaciones de los cursos de verano que Gutiérrez ofreció en Lima por varios años, un valioso material que mostrará otro ángulo del pensamiento del autor. Asimismo, algunos nos propusimos investigar las relaciones del pensamiento de Gustavo con la obra de Aníbal Quijano, compatriota suyo, quien representa una de las fuentes de mayor importancia en el pensamiento decolonial de nuestros días, junto con Frantz Fanon. La confluencia de ambos pensamientos, junto con la teología de la liberación negra, feminista, queer/cuir y palestina, nos dará un marco teórico más pertinente para comprender la interseccionalidad de las violencias y de las resistencias en curso a fin de crear otros modos de vida, gobernanza y espiritualidad que animen a comunidades ubicadas en las fracturas de la humanidad.

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    El otro encuentro, realizado con colegas de la Sociedad Chilena de Teología (UCSC fue sede de Jornada Anual de la Sociedad Chilena de Teología), fue la ocasión para pensar juntos los posibles caminos de la esperanza de las comunidades que enfrentan la violencia sistémica.

    Mi contribución en esa jornada anual puso en la mesa la cuestión de pensar la esperanza con un talante de « decolonialidad combativa », como la digna rabia que practican las comunidades zapatistas, o la indignación de las mujeres que enfrentan un abuso sexual o espiritual en sus respectivas religiones. Porque se trata, desde mi punto de vista, de desmantelar una visión de la esperanza como huida del mundo a la espera de una consolación en el más allá de la vida eterna.

    Más bien se trata de descubrir y fortalecer la esperanza que « insurge » en las fracturas de la humanidad. Ahí donde las personas sobrevivientes reman a contracorriente de la historia de  la opresión y el privilegio, habitando el mundo con prácticas de cuidado mutuo, en la pedagogía del acuerpamiento y la sanación colectiva con memoria, verdad y justicia, como lo exploramos en el pasado encuentro Re-existe 2025.

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    El cielo de Wallmapu, con la luna creciente brillando con intensidad, es hoy una metáfora viva de la esperanza que nos arropa cuando escuchamos los latidos de las tierras y los astros del Sur.

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    Tirúa, 25 de octubre de 2025

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