Etiqueta: Papa León XIV

  • Vulnerabilis Humanitas Sobre los destellos en las grietas del serRebeca Morimoto Hishikawa | Ilustración digital | Lima, 2021

    Vulnerabilis Humanitas Sobre los destellos en las grietas del ser

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    El jueves pasado, el colectivo JobeLab —formado por amigas y colegas de la ciudad para promover conversaciones abiertas sobre temas que importan a la calidad de vida de comunidades diversas— nos reunió en la librería La Madriguera, en el barrio de Guadalupe de la ciudad de Jobel, nombre indígena de San Cristóbal de Las Casas, para hablar sobre la Inteligencia artificial (IA).

    Un tema que convocó a cerca de cincuenta personas de diversas generaciones, perfiles e inquietudes, provenientes del mundo del activismo social, la universidad, la vida eclesial y las artes. El pretexto era proponer diversas lecturas de la carta encíclica “Magnifica Humanitas” del Papa León XIV, publicada el 15 de mayo pasado, en el centenario de la encíclica “Rerum Novarum” o Sobre las cosas nuevas, de su predecesor León XIII, cuando la Iglesia católica romana se planteaba los retos de la industrialización de la época.

    La pregunta de fondo, sin embargo, no era sólo técnica ni pastoral: era una pregunta por el alma de nuestra época. ¿Cómo custodiar la magnificencia y la vulnerabilidad de lo humano cuando las máquinas prometen eficiencia, cálculo y memoria sin herida? ¿Cómo reconocer, en medio del fulgor digital, que nuestra grandeza no consiste en volvernos invulnerables, sino en aprender a habitar la fragilidad (vulnerabilis humanitas) como lugar de encuentro, discernimiento y comunión humano-divina?

    Hoy, la digitalización ha traído consigo una transformación cultural sin precedentes. Los datos, los algoritmos y los prompts —esos instructivos maestros diseñados sobre bases de datos— ejercen una influencia omnipresente a través de nuestros teléfonos celulares, tabletas y computadoras que, como comentaba Abraham Mena, se aplican con creciente sofisticación a todas las esferas de la vida social: la economía, la ciencia, la tecnología, las artes, la sexualidad, la educación y la religión.

    Se trata de una “máquina” que no es inteligente, argumentaba Kathia Loyzaga, pero que debemos aprender a conocer en sus mecanismos y administrar: explorar sus posibilidades, reconocer sus límites y mantener siempre, como subraya León XIV, la primacía de lo humano, con su creatividad y su talento propio como imagen de Dios. Ese núcleo irremplazable es el corazón humano, que João Almeida nos recordaba como centro del mensaje religioso del cristianismo y de otras tradiciones espirituales de la humanidad. Una realidad de ser en relación con los otros que forma parte de nuestro camino de humanización y liberación, recordando a Paulo Freire.

    Además de reconocer las oportunidades de la IA para el desarrollo de la ciencia y la tecnología, con impacto inmediato en nuestras vidas, hemos de mirar también los riesgos que engendra el abuso de este dispositivo cuando queda en manos de gobiernos, ejércitos y empresas transnacionales que lucran con el aprendizaje automático” o “Machine learning” para su propio beneficio.

    Al abordar la dimensión ética de la IA, tema que me asignaron tratar en el conversatorio, quise recordar la advertencia de Ivan Illich sobre la era de los sistemas: un tiempo en que los humanos hemos pasado a ser subsistemas reemplazables, en cualquier momento, por robots y decisiones algorítmicas bajo el mando de un “puñado de oligarcas”, como dijo el Papa León en su reciente viaje por Camerún, refiriéndose a los amos de Silicon Valley.

    La humanidad magnífica y vulnerable ante los señores de la guerra

    El marco teórico del Papa León le permite moverse con soltura en una visión de la persona humana como ser en relación, explorando los vericuetos de la subjetividad narrada con maestría por san Agustín hace mil seiscientos años en sus obras teológicas y en su regla de vida monástica. Desde ahí, León XIV habla sobre la IA para elogiar a “la magnífica humanidad”, que ha recibido de Dios la huella indeleble de su amor, a la vez que reconoce los límites que no puede traspasar bajo pena de convertirse en fuente de caos moral. León subraya por eso que, si bien la humanidad es “magnífica” por su condición de imagen de la divinidad, también es “vulnerable” por ser creatura finita: una subjetividad que explora sus límites, los reconoce y los descubre como lugar de encuentro con los otros, con el cosmos y con Dios.

    Algunas voces de la comunidad teológica mundial proponen seguir pensando cómo acercarnos a la IA con sentido crítico, sin dejar de reconocer sus posibles beneficios para la especie humana y para el planeta. Una voz provocadora es la de Paolo Gamberini, filósofo jesuita italiano, quien imagina una encíclica papal sobre este tema desde el marco teórico del Cristo cósmico de Teilhard de Chardin, ese gran científico y místico del siglo XX. En su cosmología, la humanidad aparece íntimamente asociada a la evolución de las especies y del cosmos a partir del Alfa crístico, incluyendo creaturas nuevas —como la IA— asumidas todas por la Sabiduría divina en el movimiento hacia la Omega, donde el Cristo total será todo en todos.

    En el conversatorio surgieron lecturas distintas. La de un joven escultor, por ejemplo, que toma distancia de la IA porque, a su parecer, no puede sustituir el genio humano de la creación artística. O la voz de una líder en defensa de los humedales de Jobel, tierra de juncos y cuerpos de agua hoy amenazados por el desarrollo inmobiliario, el caos urbano y la desidia de una población que contamina sus cauces con basura, mientras el gobierno municipal se muestra incapaz de regular el desorden urbano. ¿Cómo la IA puede ser un instrumento útil para una planeación urbana que no desplace a los habitantes como actores del cuidado de la Madre Tierra?

    Nuevos conversatorios sobre la IA se preparan en foros diversos: en escuelas de la ciudad y en comunidades de Zinacantán, la ciudad vecina, donde las jóvenes generaciones conviven diariamente con la IA y la usan, muchas veces, de manera ingenua o indiscriminada. El objetivo será generar una reflexión colectiva sobre cómo “desarmar” a la IA de sus graves riesgos y peligros, y cómo “recuperar lo humano” en esta nueva época digital para los pueblos originarios, las comunidades mestizas y las ciudades multiculturales. Se trata de una tarea común que nos urge a promover la dignidad de todos los seres humanos, junto con las especies con las que compartimos este “lugar”, donde la vida florece de manera multiforme, en formas nuevas y sorprendentes de “lo vernáculo”, ese vínculo con el terruño tan querido a Illich como lugar de la convivencialidad porque solamente ahí florecemos como personas y como especie humana en armonía con el entorno vital que nos sostiene.

    Pero la recuperación de lo humano no se decreta desde una sala ni se agota en el análisis de una encíclica. Necesita encarnarse en vínculos, territorios, memorias compartidas y fuegos pequeños que resisten al viento. Por eso, al salir del conversatorio, la pregunta por la IA comenzó a resonar con otros nombres: humedal, volcán, cabaña, soplo, comunidad. Allí, en esas grietas donde la vida insiste, resistiendo a tantas violencias, la reflexión se volvió camino para aprender a ser de otro modo.

    A propósito del legado de Ivan Illich, como parte de los numerosos eventos por el centenario de su muerte, el colectivo JobeLab organiza la presentación del libro “Hospedar el mundo: pensar con Ivan Illich bajo un techo común” de Elías González y Carlos Tornel, el próximo sábado 18 de julio a las 5 pm, en el Restaurante Belil de nuestra ciudad. Contaremos con la presencia de los autores y los comentarios de Irene Ragzzini, Fabio Ceballos y un servidor. Será sin duda la ocasión de compartir buenas contribuciones para pensarnos juntos en este entorno local.

    Del algoritmo a la fogata: el volcán-triángulo y el magma

    Tras el viaje a la tierra de los volcanes del valle Puebla-Tlaxcala que conté aquí la semana pasada, los ecos de mi relato retumbaron hasta Kerala, en la India, donde Kochurani Abraham, queridísima teóloga feminista, me escribió con emoción por ese anhelo compartido de un “Cosmic Home” donde muchos microplanetas y miniestrellas puedan ser cuidados con esmero con los destellos de la Ruah divina. Una cabaña-hogar que alumbre el camino, como paja que empieza a arder en el hueco de una fogata ya dispuesta por sus habitantes, quienes atizan las llamas con su soplo y con la ayuda de un “tlatecuinaltiani” o soplador de palma en náhuatl.

    También desde Oregón llegaron ecos de mutuo acompañamiento, con Juan Carlos y Carolina, soñando un “lugar” compartido donde podamos encontrarnos por temporadas, abiertos a la espiritualidad encarnada de la ancestralidad peruana quechua en comunión con la ancestralidad mexicana del altiplano. Y desde Minnesota, en las Ciudades Gemelas, Laurel envió remembranzas de su paso por Puebla y su sierra norte, cuando era estudiante de intercambio: una ruta que luego dirigió sus pasos a El Salvador para caminar con las Comunidades Eclesiales de Base del hermano país centroamericano. Y llegaron también otros ecos de Soweto, Wallmapu y Dakota, de amigas y amigos con quienes he vivido momentos memorables de espiritualidad enraizada en tierras sagradas diversas, con pensamiento y creación artística vernácula que nos permiten celebrar siempre la vida en las fronteras de la muerte.

    A lo largo de tres décadas he ido tejiendo redes de pensamiento, activismo y espiritualidad de la vida en las grietas de mundos hegemónicos, junto con colegas y compañeras de diversos colectivos y comunidades en resistencia, donde vamos aprendiendo a ser. De ahí surgieron procesos como el Mutuo Acompañamiento Espiritual y Teológico, que congrega cada año a un centenar de personas en casitas virtuales animadas por una persona chef, que culmina con un retiro anual, virtual o presencial, visitando territorios de resistencia. También han nacido, en este camino, los encuentros-festivales Resiste/Re-existe, con decenas de movimientos sociales del Sur epistémico en diálogo con personas de la academia y artistas, para fortalecer nuestras espiritualidades diversas, nuestra solidaridad mutua y nuestro pensamiento descolonial en construcción. Y como tercer vértice del triángulo, el pensamiento mismo: la intersección de la fenomenología posmoderna, la teoría mimética, el pensamiento descolonial y la filosofía apofática, enriquecida con nuevos enfoques gracias a una generación apasionante de compañeras y compañeros como Cleusa Caldeira y Pedro Igor Leite da Silva en Brasil, Laurel Potter en los Estados Unidos y El Salvador, Juan Carlos La Puente en Oregon y Perú, Juan Jesús Vázquez en México, y Soledad del Villar, Valentina Nilo y Martín Aguilera en Chile.

    Como colectivo de pensamiento filosófico y teológico descolonial nos reuniremos en marzo del próximo año en Cholula, Puebla, como terruño ancestral del volcán-triángulo, para compartir intuiciones, hallazgos y propuestas de pensamiento y vida, con el afán de seguir caminando con nuestras comunidades de pertenencia por elección en la construcción de otros mundos posibles, alentados por el magma incandescente de la Ruah divina en las grietas del ser.

    Jobel, 11 de julio de 2026

  • El primer cumpleaños de mi blogDenilson Baniwa | Curumim, guardador de memórias | Brasil, 2018

    El primer cumpleaños de mi blog

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    Una de las facetas del “intelectual desprofesionalizado”, usando esa expresión querida para Gustavo Esteva, luego de treinta años de vida académica en mi caso, ha consistido en explorar el territorio del blog. Todo un desafío ha resultado descubrir tierra esta inhóspita para un ciudadano de la generación llamada de los Baby boomers o de la posguerra.

    Esta aventura digital ha significado un reto para alguien venido del mundo de la prehistoria digital. Fui un niño de los años sesenta que creció jugando con Towi, pequeñas piezas de madera para formar figuras de casitas o animales, imaginando historias de indios y vaqueros. Infancia de juegos de carreras de cochecitos de metal, del tamaño de la palma de la mano, lanzados con golpes precisos dados con el dedo índice sobre el carrito, para hacerlo avanzar por el borde de la banqueta de cemento, dando la vuelta a la cuadra de la casa, ubicada en el bello barrio de San Francisco en Puebla. Recorríamos así un perímetro de unos cien metros, pasando largas horas con primos y vecinos. Luego vinieron los juegos de Mecano para armar máquinas y puentes con piezas de metal llenas de agujeros empalmados con tornillos. Eran momentos alternados con las carreras de carritos de baleros, corriendo veloces en las calles de pendiente. Ningún juego de videos marcó a mi generación.

    Para las actividades escolares, la máquina de escribir era nuestra aliada irremplazable en la secundaria y la prepa para presentar trabajos finales, haciendo copia de los trabajos con papel carbón en hojas de papel de china de diversos colores, según la materia cursada. Sufríamos como verdadero drama cometer un error de mecanografía porque había que escribir de nuevo toda la hoja.

    Años más tarde, cuando redacté mi tesis de doctorado en Friburgo ya pude usar la máquina eléctrica, con corrector integrado, lo que me parecía un salto cuántico con respecto a las máquinas mecánicas Olivetti de la infancia y adolescencia. Pero, aun así, cuando el riguroso director de tesis hacía comentarios al capítulo sobre las hojas de papel mecanografiado, entregado luego de muchos días y noches en vela, había que escribir de nuevo todo el capítulo. No existía la magia del copy-paste de los procesadores de textos que ahora nos hace ahorrar horas y días de trabajo en un solo clic.

    No obstante las grandes ventajas del mundo digital de nuestros días, recuerdo ahora con nostalgia aquel heroísmo de la escritura académica de los años de infancia y juventud que nos fue probando en el arte de la paciencia a la hora de escribir, corregir y preparar los trabajos académicos con cuidado, a ritmo de ensayo y error, en una parsimonia que favorecía la reflexión y, a veces, nos llevaba a la histeria colectiva.

    El engargolado final del trabajo mecanografiado era el toque maestro que, para estudiantes con buenos recursos económicos, se hacía con alarde al usar la nueva tecnología de encuadernamiento térmico, más fino y elegante, para impresionar al profesor.

    De repente, sin percatarme del salto cualitativo al mundo digital, me ha tocado cruzar hacia otro territorio inhóspito llamado Inteligencia artificial. Hace unos años algunos periodistas y científicos hablaban del “internet de las cosas”, lo que parecía un oráculo de ciudad gótica traído al mundo digital. Todos los dispositivos tecnológicos diseñados con semiconductores y microchips se conectaban en una red secreta en alguna nube digital que parecía flotar sobre nuestras cabezas. Esa nube representaba quizás algo similar a lo que imaginaban las abuelitas cuando rezaban a los coros angélicos para que nos protegieran desde el cielo. La diferencia es que ahora esa nube es una amenaza porque almacena nuestros datos en algún centro controlado por Google o Palantir, devastando el territorio y a su población, pero sobre todo dejándonos desprotegidos ante esa vigilancia global que aterrorizó al Papa León XIV.

    En el mundo de la filosofía, recuerdo que, a inicios del nuevo milenio, Mariano Corbì, un jesuita catalán al que no le gustaba que lo identificaran como compañero de Ignacio, hablaba de “razón digital”, como alternativa a “la razón analógica” que había dominado a Occidente por miles de años, augurando un salto ontológico en las relaciones cósmicas y humanas que tendría impacto inmediato en una nueva forma de vivir la espiritualidad como “religión sin religión”.

    Por su parte, Ivan Illich, en su genial obra “En el viñedo del texto” publicado en 1993, exploraba el parto de Occidente en términos de tecnología de la producción de sentido a partir del libro medieval, siguiendo a su gran maestro parisino Hugo de San Víctor en su obra “Didascalicon”, como metáfora del argumento que se desprende como un viñedo de las hojas del texto con sus numerosas glosas. Basado en esa inteligencia del texto, Illich caracterizó la era de los sistemas que cruzaba la humanidad con la tecnología digital de fin del milenio pasado como un peligroso umbral de deshumanización.

    Pero ahora la Inteligencia artificial crece que llegó para quedarse como un entorno de control de datos y comunicación que, en su versión generativa, amenaza con tomar decisiones por sí sola, cruzando datos y sacando conclusiones, para tomar decisiones en las empresas, gobiernos y ejércitos que dependen de ella para lograr la eficiencia terminal (válgase la expresión) de sus objetivos comerciales y militares. Mucho tenemos que aprender, valorar y decidir para que esta nueva tecnología no termine por devorarnos como especie humana.

    Hace un año, el 1° de junio de 2025, inauguré mi blog como un camino virtual para entretejer conversaciones con personas y comunidades con quienes comparto amistad, anhelos, ideas y algunas iniciativas en curso para sembrar un mundo un poco más humano en nuestros territorios propios. El mundo digital me permite así proseguir ahora el diálogo con personas del Sur y del Norte, con quienes he coincidido en algún momento de la vida personal, académica y pastoral, desde territorios Mapuche y Dakota hasta Sudáfrica, entre Boston y Chiapas, desde la Pomerania hasta El Salvador, Brasil y el Perú.

    Con el apoyo de Raquel, Sergio y Fátima, talentosos colegas del taller Afink y asesores en comunicación gráfica y digital, así como al ojo crítico de Eduardo Velasco como asesor de  la imagen del portal, he ido proponiendo cada semana un texto corto sobre temas de actualidad, con énfasis en el trasfondo humano, de pensamiento, de espiritualidad y de compromiso social para contar y tejer historias de dignidad y esperanza.

    Cumplir un primer año de publicaciones semanales me permite volver la mirada a los temas tratados -acompañados siempre con una imagen de arte decolonial o fotografía de mi autoría que he tomado en algunos viajes- para expresar mi agradecimiento por este aprendizaje colectivo, confiando en que la conversación siga adelante para nutrirnos mutuamente con palabras verdaderas.

    San Cristóbal de Las Casas, 29 de junio de 2026

  • Dios ya no es redondo Sobre las asimetrías creadas por el afán de poderGermán Pose | Balón con nimbo | 2016

    Dios ya no es redondo Sobre las asimetrías creadas por el afán de poder

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    Cuando Dios era redondo

    Hace un par de décadas Juan Villoro describió en su libro “Dios es redondo” la utopía del futbol, nacido como deporte de los llanos y las calles del mundo, en términos de un ritual de la fiesta urbana que congregaba a la niñez y las juventudes en torno a una esfera de plástico, a veces de cuero, como celebración del gozo de esquivar al contrincante hasta anotar el gol que sería celebrado con porras, brincos y abrazos en la cancha y en las gradas.

    Nicolás de Cusa había escrito en 1462 su libro “De ludo Globi”, una obra filosófica para describir, a partir del juego de bolos de la época, al cosmos redondo con su mundo de esferas planetarias como metáfora de la perfección de la creación divina y su huella en la inteligencia humana. Siglos después, en el imaginario colectivo de nuestra época un balón redondo condensa ese anhelo de un mundo de extremos equidistantes, símbolo que además pone en movimiento a los pueblos en una cancha de tierra o de pasto.

    También los antiguos pueblos mesoamericanos habían ritualizado esta perfección de la esfera en el juego de pelota sacralizando -según cuenta la arqueología moderna- la lucha entre la luz y la oscuridad cósmica en un juego ritual que hacía pasar por un aro de piedra el balón de caucho, en un ir y venir de golpes con la cadera, los codos y los hombros, donde las articulaciones del cuerpo humano espejeaban al cosmos.

    En tiempos modernos, la FIFA ha hecho del arte del balompié un negocio creado por una maquinaria industrial televisiva para administrar con voracidad el deporte de los llanos y las canchas en los barrios populares de Buenos Aires, Río de Janeiro, México, Barcelona, Seúl y Lagos.  Con orgullo decimos que México ha sido tres veces sede de la copa mundial de futbol, pero desde 1970 hasta hoy, la industria de la televisión, coludida con gobiernos corruptos -antes del PRI y ahora de su clon perverso que es Morena- ha corrompido el juego del balón redondo hecho negocio billonario. Es impresionante ver la propaganda mediática que ha desplegado la FIFA para justificar su avidez en los tres países anfitriones. Y aún más vergonzosa es la servidumbre del Gobierno de México arrodillado ante esa oligarquía que tiene privilegios fiscales sin precedentes en nuestro país y que se ha adueñado del usufructo de estadios y de plazas públicas como el Campo Marte del Ejército Mexicano y el Castillo de Chapultepec, para celebrar su codicia.

    Por fortuna, la magia del juego de pelota mesoamericana, o del juego de los bolos del renacimiento italiano, y del futbol moderno persiste donde quiera que dos equipos despliegan la fantasía del movimiento de una esfera y la puntería de un objetivo cumplido para celebrar la vida.

    Un Papa transcultural

    El Papa León XIV ha sorprendido al mundo con su cuarto viaje apostólico, ahora por Madrid, Barcelona y la Gran Canaria, al convocar a los pueblos que ahí moran -castellanos, catalanes y latinoamericanos- a una fiesta de la vida y la dignidad humana.

    Me ha sorprendido la claridad y valentía con las que el primer Papa transcultural -estadunidense hijo de migrantes y peruano por decisión, hoy ciudadano universal por vocación- ha animado a los pueblos a cuidar la dignidad de las personas y de la naturaleza, en especial de los migrantes en movilidad forzada.

    Su discurso en Tenerife se dirigió de manera frontal a las mafias que trafican personas, recordándoles que tendrán que dar cuenta ante Dios de sus actos criminales, y llamándolas a la conversión y al cese del enriquecimiento a costa del sufrimiento de las personas más vulnerables. También es memorable su crítica a “los señores de la guerra” en su discurso ante el Parlamento español, denunciando el uso del nombre de Dios en vano al justificar guerras de destrucción de pueblos y culturas.

    Dignidad inalienable de las personas migrantes, dignidad de la vida humana desde su inicio hasta su fin, construcción de la paz y desmantelamiento de la industria de la guerra, humanización en tiempos de inteligencia artificial como instrumento en control de un puñado de oligarcas, son los principios de una ética para tiempos de violencia sistémica que ondean como banderas en los discursos y gestos del Papa León.

    Nos queda ahora, a quienes formamos parte de la Iglesia en su tradición católico-romana, unirnos a las demás tradiciones espirituales de la humanidad para retomar el rumbo de la humanidad reconciliada en tiempos de espiral creciente de violencia.

    Israelíes en Chiapas

    Una alerta ha encendido la sociedad civil chiapaneca en las últimas semanas por la presencia de veteranos y soldados israelíes en campaña “humanitaria” en escuelas de Zinacantán.

    En un breve sondeo con habitantes de ese municipio, pude verificar que en las semanas recientes “grupos extranjeros hablando inglés” estuvieron ofreciendo talleres de pintura y de inglés en escuelas primarias de Nachig, Zinacantán y Jech-Chentic. Algunos periodistas advierten el peligro de que se trate del grupo Guerreros sin Fronteras, presentándose como la organización humanitaria Héroes de la Vida, lavando la imagen del ejército israelí en el mundo, envuelto hoy en el genocidio del pueblo palestino con su ideología sionista.

    A esta presencia se suma la reciente visita de la cónsul israelí y de “expertos en seguridad” a autoridades del estado de Chiapas, bajo pretexto de intercambio de experiencias de seguridad y para ratificarles que este estado del Sureste mexicano es un lugar seguro para visitantes israelíes. El secretario estatal de seguridad no parece advertir que sus visitantes provienen de un estado genocida, implementando estrategias y dispositivos de guerra contra la población civil palestina. Actos considerados crímenes de guerra por la Corte Penal Internacional.

    Es urgente exigir a las autoridades de gobierno de Chiapas que hagan públicos los acuerdos de colaboración que existan con el gobierno israelí, sus empresas y sus organizaciones. Y a nosotros, como parte de la sociedad civil, nos toca estar alertas para observar con atención y responsabilidad mediática las actividades de las organizaciones israelíes en el territorio chiapaneco, en especial sus veteranos, excombatientes y miembros de su ejército. Por su parte, las comunidades de los pueblos originarios -que son hasta ahora el principal objetivo de sus acciones “humanitarias”- tienen la responsabilidad de cuidar el bien común en juego en sus comunidades, en especial sus escuelas y grupos de educación y esparcimiento, para evitar la manipulación de la niñez y las juventudes por ideologías de muerte que acechan sus territorios.

    Dios ya no es redondo porque los amos de la guerra global, los estados genocidas y las mafias criminales han creado la distopía en que vivimos hoy a escala planetaria, pervirtiendo la fiesta del futbol como negocio y dominio de los pueblos en sus selecciones nacionales que quedaron atrapadas en la industria de la FIFA.

    Por fortuna, el sentido lúdico de la existencia lo mantienen los pueblos, en especial aquellos que enfrentan la violencia sistémica y, sin embargo, celebran la vida en medio de la muerte. En esos pueblos late la terca esperanza de que el mundo puede ser armonioso asumiendo las diferencias de pueblos, culturas y espiritualidades como un poliedro numinoso.

    San Cristóbal de Las Casas, 13 de junio de 2026

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