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  • Dominicos en las fronteras En memoria dichosa de fray Daniel Ulloa Herrero OP (+), 1946-2026David Alfaro Siqueiros | Retrato de Santo Domingo | CUC, 1970

    Dominicos en las fronteras En memoria dichosa de fray Daniel Ulloa Herrero OP (+), 1946-2026

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    Hospitalidad y comensalidad son dos actitudes vitales que, a lo largo de los años, he ido cultivando con los dominicos desde mi primer encuentro en 1979 con Daniel Ulloa y Raúl Vera, entonces formadores de postulantes y novicios respectivamente, en el camino de la iniciación al carisma de la predicación, que lleva ya ocho siglos dialogando con culturas de pueblos diversos, con los claroscuros de toda institución centenaria, sus sombras y sus grandes luces.

    Ya desde mi infancia en Puebla, ambas virtudes estaban presentes en la vida de la familia, en torno a la figura de mi abuela materna, mi tía abuela, mi madre y tías, junto con los tíos que hacían de cada encuentro de la familia una verdadera fiesta de sabores y bailes.

    Hace unos días falleció Daniel Ulloa Herrero en Cuernavaca y hoy las cenizas de su cuerpo mortal serán depositadas en el Columbario del Templo de Santa María de la Anunciación, conocida como Parroquia Universitaria, al lado de la Universidad Nacional Autónoma de México en Copilco, que fundaron los dominicos en 1963, con los aires de la renovación conciliar en curso, para cultivar el diálogo con intelectuales, estudiantes, deportistas y trabajadores de la máxima casa de estudios del país.

    Fray Daniel recibió la ordenación presbiteral ahí, junto con fray Miguel Concha y fray Antonio Ramos, el 25 de julio de 1970 de manos del obispo Don Sergio Méndez Arceo, quien fuera padre conciliar y testigo eminente de la Iglesia latinoamericana liberadora, a contracorriente de los grupos prominentes de la jerarquía católica y laicos conservadores de la época.

    El CUC -como se conoce al Centro Universitario Cultural fundado por los dominicos- era famoso en aquella época dorada por la Misa Universitaria, el Cine Club exhibiendo las novedades del cine de arte de autores desconocidos y hasta prohibidos en aquella época como Pasolini, Tarkovski, Kurosawa, Fellini y Buñuel. La presencia de los dominicos en cada facultad de la UNAM -fuese como profesores, estudiantes o conferencistas invitados- cruzaba las fronteras del campus universitario para entablar diálogos entre la fe y la razón con estudiantes y profesores.

    En ese ímpetu, Daniel Ulloa, Raúl Vera y Miguel Concha fueron formados como frailes predicadores por personajes de la talla de fray Alberto Escurdia, profesor en la Facultad de Filosofía y Letras; fray Agustín Desobry que llegaba de Francia con un gran proyecto de centro cultural como espacio para promover el diálogo con los universitarios; fray Jaime Gurza hombre exquisito y culto, conocedor de la tradición mística y estética de los dominicos medievales y modernos; y fray Julián Pablo Fernández, cineasta y pintor amigo de Don Luis Buñuel, David Alfaro Siqueiros, Juan Rulfo, Octavio Paz, Guillermina Bravo y tantos otros creadores de la cultura mexicana de la época.

    Daniel Ulloa destacaba por su brillante inteligencia que cultivaría más tarde como historiador graduado en El Colegio de México con una tesis sobre las corrientes en pugna de los dominicos a su llegada a Tierra Firme en 1526: por un lado fray Domingo de Betanzos, con espíritu reformador riguroso en la vida conventual y la doctrina, como parte de la evangelización y la colonización emprendidas por la Corona española; por otro, fray Bartolomé de Las Casas, con un acento atrevido en su crítica a la colonialidad en curso, enfrentándose a la Encomienda por medio de la promoción de las Leyes de Indias y de un método de evangelización pacífica que ya había probado desde años atrás en la costa de Venezuela y luego en la Verapaz en Guatemala.

    La personalidad viva de Daniel Ulloa estaba marcada por un creativo sentido del humor y por una ironía exquisita que le hacían conectar de manera inmediata con la juventud, tanto en las universidades como en los barrios populares. Una página notable de su historia como joven sacerdote fue la Misa rockera que, junto con una banda de jóvenes del callejón de Leandro Valle, vecino de La Lagunilla y Tepito, los “barrios bravos” del Centro Histórico de la Ciudad de México, animaba los domingos por las noches en el templo de Santo Domingo.

    Más tarde, ambas experiencias intensas, la de vida intelectual como historiador y la del acompañamiento pastoral a jóvenes de culturas urbanas diversas, permitieron a Daniel, como prior del CUC, proponer una visión renovada de la pastoral universitaria en los años ochenta del siglo pasado que enfatizaba la vida intelectual y el acompañamiento pastoral de los universitarios con sus múltiples identidades. En los años de su priorato, por ejemplo, dio la bienvenida a los hermanos Roberto y Benjamín Cuéllar, del Socorro Jurídico Cristiano fundado por Monseñor Romero, quienes fueron nuestros maestros en el trabajo por los derechos humanos, experiencia que abriría paso al nacimiento del Centro de Derechos Humanos fray Francisco de Vitoria OP, organización decana en México de las organizaciones de la sociedad civil que hoy conforman la red Todos los derechos para todos.

    El Capítulo General de la Orden de Predicadores celebrado en México en 1992, en el que tuve la bendición de ser secretario general, eligió a fray Timothy Radcliffe como Maestro de la Orden. En su primer mes de gobierno convocó a un notable grupo de frailes como sus colaboradores cercanos: Jean-Jacques Perennès de la Provincia de Francia como asistente para la vida apostólica, Guido Vergauwen de la Provincia de Flandes como asistente de vida intelectual, y Daniel Ulloa de la Provincia de México como secretario de la Orden. Junto con otros frailes de ese perfil vigoroso -como predicadores ilustrados y con alto sentido de pensamiento y espiritualidad al servicio de la justicia, la paz y la belleza- fray Timothy animó durante nueve años a toda la familia dominicana a rescatar el espíritu profético de la “santa predicación”. Así se llamó la obra iniciada por Domingo de Guzmán, el obispo Diego de Osma, las hermanas de Prulla y el laico Pedro Ceila en el Languedoc, en tiempos convulsos de vuelta a la radicalidad del evangelio, que compartieron los movimientos mendicantes de la época.

    Años después, fray Daniel emigró a los Estados Unidos para continuar allá la pastoral universitaria en Nueva York primero, luego en Brooklyn y más tarde en Nueva Jersey. Los dominicos de México tenemos una deuda pendiente con él para recuperar su legado y renovar el carisma de la predicación en los nuevos lugares teológicos donde Dios sale al encuentro de la humanidad herida que busca vida, dignidad, belleza, justicia y paz en torno a la mesa común de la compasión divina.

    En tiempos más recientes, el 7 de diciembre de 2024, cuando fray Timothy recibió el cardenalato de manos del Papa Francisco, muchos de sus compañeros de aquella época se reunieron en Roma para celebrar tan gran momento. En un video grabado en esa ocasión, fray Daniel recordaba que el principal motivo de ese encuentro consistía en ratificar la urgencia del carisma de la predicación para anunciar la Buena Nueva en medio de los tiempos convulsos que vive la humanidad.

    Para honrar el legado de esa generación de frailes predicadores que ha marcado mi vida como persona, como cristiano y como dominico, mi trabajo teológico y servicio pastoral de varias décadas ha buscado escuchar a cada comunidad y cultura donde he vivido: la Ciudad de México con sus barrios tan dispares y diversos; los universitarios de Friburgo de Suiza, Paraná en Brasil, París, la Ciudad de México, Nueva York, Río de Janeiro y Boston; así como los pueblos originarios de Oaxaca y Chiapas, desde hace décadas a la fecha, hasta los pueblos Lakota y Mapuche en los extremos Norte y Sur del continente.

    Animado por este espíritu dominicano, en la confluencia de la fe y la razón, participo ahora en la gestación de la iniciativa JobeLab en San Cristóbal de Las Casas, junto con amigas y amigos de esta ciudad. Pronto les contaré más sobre esta apasionante red de amistad, hospitalidad y comensalidad en ciernes.

    En los próximos días realizaremos dos eventos aquí en Jobel: el miércoles 25 de marzo a las 5:50 pm en el Restaurante Belil sobre la Escuela de San Cristóbal como un semillero de pensamiento crítico surgido en Chiapas en la segunda mitad del siglo XX, con la participación de Pablo Romo, Martha Elena Welsh y Juan Carlos L Puente. Y el viernes 27 de marzo, a las 5 pm en el templo de Caridad, daremos paso al evento “Música para el encuentro interreligioso”, junto con Shaykh Yahya Rhodus y Shaykh Mudar Abdulghani de la comunidad musulmana de la ciudad, en torno la música y el canto Sufi de Nader Khan, creyente y artista canadiense, como expresiones del encuentro con lo sagrado en tiempos de violencia extrema.

    Les esperamos para vivir una experiencia de hospitalidad y comensalidad.

    Jobel, 21 de marzo de 2026

  • La llamada a la itinerancia De Boston a la Condesa y JovelAntún Kojtom | Gota de agua en el ombligo de la tierra | Tenejapa, Chiapas | 2020

    La llamada a la itinerancia De Boston a la Condesa y Jovel

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

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    Han pasado siete meses desde que dejé Boston, luego del infortunado episodio de censura académica y del creciente riesgo de criminalización de la investigación universitaria en la era Trump.

    Al volver a mi terruño, tuve la dicha de hospedarme por un periodo de varios meses en la casa de los dominicos ubicada en una colonia hípster de la Cuidad de México. El clima litúrgico de la Semana Santa hizo más hondo el proceso de duelo y resurrección que implicaba una experiencia de pérdida, abriendo una pausa para dejar asentarse las emociones y prepararme para la siguiente etapa de vida. El triduo pascual me ayudó a sentir cómo fluye la Vida divina en lo íntimo del corazón. Una percepción que fue creciendo en los meses siguientes, gracias a la compañía de personas y comunidades extraordinarias que pude visitar durante el verano en varias latitudes del planeta con ocasión de mi servicio teológico.

    Llegan a mi memoria escenas extraordinarias de ese periplo, como la mirada de un hombre refugiado pidiendo empatía; o el ruido del oleaje en los acantilados sudafricanos. Llevo en el corazón la escena del altar modesto —y verdadero por su simplicidad orante y de proximidad con el otro— de la comunidad jesuita en país mapuche. También aún resuenan en mis oídos los diálogos en tierras turcas con un puñado de frailes y hermanas de la orden de predicadores, escudriñando señales donde hoy sería posible reconocer los tiempos mesiánicos que tardan en llegar. Con fuerza surgen cada mañana de lo profundo en el corazón los rituales de mujeres sanadoras de Malasia, Dakota, la India y Kenia reunidas en Guadalajara, con escenas que quedaron grabadas en el Documental Re-existe 2025, perdurando como destellos en medio de la noche.

    Durante varios meses de paso por la Ciudad de México pude entrever los cambios que se gestan por la gentrificación en una colonia citadina provocada por las poblaciones en movimiento, en este caso los “nómadas digitales” del Norte global que desplazan a los habitantes pauperizados en el Sur, a la vez que fecundan con nuevos sabores y saberes la cultura local. En lo religioso, como ya les comenté anteriormente, caí en la cuenta de la fragmentación del mundo de la interioridad humana que algunos llaman espiritualidad, pero que designa un hontanar de trascendencia que fluye en toda persona como lo evoca Lanza del Vasto en su poesía  Una fuente santa con frecuencia desecada por la vulgar mercadotecnia de lo religioso. Me sorprendió encontrar en los templos un revival de catolicismo popular de devociones entre jóvenes que se aferran a la piedad sin mucho interés en el talante profético del cristianismo de la renovación conciliar de hace más de medio siglo que puso a la justicia vinculada a la vivencia de la fe como centro del cristianismo latinoamericano.

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    Y por fin, luego de una espera con días y noches de incertidumbre, pude viajar a Chiapas para echar raíces y tejer redes en aquellas tierras mayas en los años por venir. Buscaba un “lugar” donde habitar o, como decía el añorado maestro de la orden de los dominicos fray Timothy, hoy cardenal Radcliffe en su libro El manantial de la esperanza, un “nicho ecológico donde florecer”, en medio de la diversidad de flora y fauna de la condición humana, otro modo de describir nuestras semejanzas y rarezas a la hora de vivir en comunidad.

    Jovel, o tierra de humedales y pastos, como llamaban los pueblos originarios al valle donde se asentó la ciudad novohispana de San Cristóbal de Las Casas, había recibido en 1980 a los novicios dominicos cuando visitamos estas tierras, acompañados por nuestro maestro, fray Raúl Vera, quien ya desde entonces mostraba un celo pastoral por los campesinos en Amecameca y por los pueblos mayenses de Chiapas y Guatemala. Desde entonces, un cachito de mi corazón se quedó aquí, reanimado por las visitas anuales a San Cristóbal y a Ocosingo con los compañeros universitarios de Misiones Servandus de la Parroquia Universitaria animada por los dominicos en la Ciudad de México.

    Mi paso de varios meses por Ocosingo en 1994 tras el levantamiento armado del Ezln fue una página que ha quedado grabada de manera indeleble en mi cercanía con la causa indígena de liberación y la mística que la sustenta. Este movimiento de insurrección había encontrado tierra fecunda en la labor de jTatik Samuel Ruiz, el Caminante, acompañando a los pueblos originarios y a los mestizos de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas desde 1961. Su conversión al pueblo pobre, animado por el El Pacto de las Catacumbas en pleno Concilio Vaticano II, se vio luego refrendada por su activa participación en las conferencias del episcopado latinoamericano en Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida. El Congreso Indígena de 1974 —donde colaboró activamente el dominico Enrique Ruiz Maldonado con ocasión del cuarto centenario de la muerte de fray Bartolomé de Las Casas, primer obispo diocesano en San Cristóbal— marcaría un parteaguas en la asunción de la causa indígena como columna vertebral de la opción por los pobres que hiciera la diócesis ubicada en los Altos de Chiapas y las Cañadas de la Selva Lacandona. Como corolario de este camino, el III Sínodo Diocesano que concluyó en 1999, como cuenta una de sus actoras la hermana Celia Rojas , vendría a ratificar cuatro décadas de opción por los pobres y de promoción de una teología india mayense como expresión más acabada de la inculturación del Evangelio según el espíritu conciliar.

    Volver a estas tierras de manera permanente, cuarenta y cinco años después, implica ahora para mí estar dispuesto a afrontar otros desafíos que no se avizoraba el siglo pasado. Uno de ellos es quizás el de las infancias y la juventud indígena migrante en simbiosis con la cultura urbana y los medios digitales que está generando otras subjetividades indígenas que se debaten entre tradición y modernidad. Gracias a queridos amigos como Geovanni Nájera de Semillero 259 Yara y Sebsor de Psicolexia, por ejemplo, comienzo a disfrutar y comprender un poco más esas otras expresiones de las tribus urbanas indígenas contemporáneas. Por medio de los huertos urbanos, el hip hop y el rap, el arte callejero y los grafitis, entre otras expresiones estéticas y sociales, las iniciativas que ellas promueven son semilla de algo nuevo.

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    Un baño de inmersión en la comunidad tsotsil eclesial sucedió estos días en la Parroquia de San Lorenzo Mártir, fundada por los frailes dominicos en 1545. Casi cinco siglos después, cuarenta y cinco pueblos con sesenta templos y capillas hablan de la vitalidad de las comunidades creyentes en estas tierras de los Altos de Chiapas, donde catequistas, ministros extraordinarios de la eucaristía y autoridades tradicionales coexisten con coros de jóvenes y grupos de mujeres, con el acompañamiento de frailes y hermanas dominicas. Esta presencia fue renovada en 1961 cuando los dominicos regresaron a esta comunidad, luego de una larga pausa posterior a las Leyes de Reforma de 1857, la Revolución y sus secuelas en la primera mitad del siglo XX, como lo cuenta en una crónica viva fray Pablo Iribarren.

    Un par de días fueron suficientes para sumergirme en un mundo otro, con su vigorosa tradición simbólica y lingüística. Si bien ya lo había atisbado como visitante, ahora se abría delante de mí un horizonte nuevo para aprender a estar presente como parte de la comunidad de frailes en acompañamiento a estas comunidades. Sentí que se trataba de un llamado a proseguir la itinerancia bajo modos diversos. Se trata de emprender ahora un nuevo camino al paso de estos pueblos, con su idiosincrasia propia, sus tensiones intergeneracionales, sus expresiones de lo religioso católico, pero a la vez ancestral, todo ello atravesado por sus tensiones entre modernidad capitalista y visión de otros modos de vida, gobernanza y espiritualidad.

    Un reto mayúsculo para mí será iniciarme en la lengua tsotsil y navegar en medio de los poderosos símbolos tradicionales de la cultura zinacanteca, al mismo tiempo que escuchar con empatía a aquellas generaciones de jóvenes que están transformando la tradición de sus ancestros con nuevos modos de vida.

    Otro reto significativo será la vida cultural en la ciudad de San Cristóbal, cosmopolita y provinciana a la vez, con centros de pensamiento crítico de calado internacional como el Colegio de la Frontera Sur, la Universidad de la Tierra-Cideci, la Cátedra fray Bartolomé de Las Casas en la Facultad de Derechos de la Universidad Autónoma de Chiapas, y varios centros de cultura y artes.

    Algunas ideas novedosas surgen por ahora como chispazos para comenzar a entrar en diálogo con las culturas presentes en Jovel y Zinacantán. El programa de radio tradicional que llevaron los frailes en décadas recientes llegaba a una audiencia específica, más de corte confesional. Pero un portal en internet con podcast y videoclips con contenidos sobre la mística de las religiones con sus similitudes y diferencias, o la teología política en el mundo actual que abusa de la religión para justificar genocidios, alcanzaría a un segmento de población más joven y diversa.

    Por ahora los contenidos están por definirse en comunidad para lograr el tono y la modalidad de una teología con calle y de la calle, elaborada de manera dialogal con gente fuera y dentro de los templos que estén dispuestas a dialogar sobre las preocupaciones e intuiciones más profundas en torno al sentido de la vida, la justicia social, la belleza en tantas tradiciones, el pluralismo cultural y la sobrevivencia de la Casa común. Espero que pronto pueda compartir aquí algunas de las primeras iniciativas de este nuevo camino.

    Lo que dará fuerza a estos sueños será, sin duda, la vitalidad de los pueblos mayas de hoy, en su interacción con otras culturas urbanas y digitales. Ahí se encuentra el humus propicio para florecer en estas tierras.

    Los llamados de la itinerancia siempre serán inciertos, pero desde aquí los transito confiado en los saberes de los pueblos ancestrales y modernos que serán luz en el camino.

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    Jovel, 6 de diciembre de 2025

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    Nota: Me gustará leer sus comentarios en la sección final de esta página.

  • Pensar el misterio de Dios desde las ruinas del imperio Sobre encuentros en tierras de Macrina y sus hermanos capadociosMendoza Carlos | Monasterios de Göreme, Capadocia | 2025

    Pensar el misterio de Dios desde las ruinas del imperio Sobre encuentros en tierras de Macrina y sus hermanos capadocios

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

     

    Hace siete años en Toronto nació una iniciativa teológica -durante una conversación con Claudio Monge del Dominican Study Institute (Dost-I) de Estambul– para pensar junto con otros dominicos el significado de la predicación del Evangelio en las ciudades-laboratorio de hoy, siguiendo el estilo de la orden de predicadores que por ocho siglos ha tenido como lema “ueritas” para buscar la verdad donde quiera que se encuentre, como lo hicieron en el siglo XIII Alberto Magno, Tomás de Aquino y más tarde Maestro Eckhart, Catalina de Siena, la Escuela de Salamanca y Bartolomé de Las Casas en el siglo 16 hasta llegar a la Escuela de Le Saulchoir en el siglo 20.

    Muchos mensajes electrónicos y encuentros virtuales fuimos intercambiando a lo largo de los años, invitando a frailes, hermanas y laicos dominicos dedicados a la labor teológica a sumarse a esta inquietud. En el horizonte de aquellos años veíamos el 1700 aniversario del primer Concilio de Nicea del año 325 EC como la ocasión propicia para reunirnos en Estambul, ciudad ubicada en un territorio-símbolo de ese pasado de la antigua Cristiandad que se hace llamado urgente hoy para volver a las fuentes de la fe.

    Se trata de un contexto contemporáneo muy diferente de aquel del emperador Constantino y los obispos de la Iglesia de Oriente reunidos en el concilio que definió la ortodoxia de la fe cristiana en clave griega. Desde las ruinas del Imperio Romano de Oriente, que se asemejan en algo a las ruinas de Occidente moderno hoy, percibíamos el llamado a “dar razón de la esperanza a quien nos lo pida” (1 Pedro 3: 15).

    Nicea 2025 se fue perfilando como un momento propicio para volver a las fuentes de la Tradición viva de la fe cristiana en su acontecimiento fundante que es la potencia del amor del Dios triuno manifestado en la vida y pascua de Jesús el Galileo, con la profundidad de las categorías griegas tales como persona (prosopon), sustancia (ousía) y circularidad amorosa (perijóresis) para deletrear el misterio del Abbá celestial revelado en Jesús el Cristo por el fuego interior de la Ruah divina.

    En el camino se fueron decantando prioridades personales y profesionales de quienes respondieron inicialmente a la propuesta, hasta que por fin en el último año un grupo de doce frailes y hermanas dominicos de Italia, Estados Unidos, Canadá, Bélgica, México y la India fuimos preparando un encuentro en Estambul. Sería éste el punto de partida de un caminar común para hacer teología en “las fronteras” del mundo contemporáneo como habían señalado los capítulos generales de los frailes en el postconcilio; ubicados en “las fracturas de la humanidad” como decía nuestro hermano Pierre Claverie, obispo de Argel asesinado junto con un amigo y colaborador por el fundamentalismo religioso; y estando presentes como comunidades de predicación en el corazón de las ciudades-laboratorios de la aldea global.

     

     

    Estambul es una ciudad poliédrica y vibrante, epicentro de una cultura islámica moderna, atravesando con dificultad e imaginación la tensa frontera entre religiones, culturas y economías en el complejo contexto de la geopolítica de la desglobalización. Las comunidades cristianas conforman menos del 2% de la población. La fuerza del islam con estilo turco y su pasado otomano resplandece con orgullo en sus mezquitas, universidades y bazares. La gran basílica de Santa Sofía, que fuera sede por más de mil años del Patriarcado Cristiano de Oriente hasta el colapso de la Cristiandad oriental en 1453, ha vuelto a ser mezquita luego de una breve pausa de laicidad turca que hoy se echa de menos en la vida cultural del país. La iglesia de la Chora en un barrio de la ciudad, recién restaurada con sus frescos e iconos esplendorosos del arte cristiano, es un destello reluciente de ese pasado bizantino en medio de la ciudad efervescente moderna.

    El coloquio “Nicea OP 2025” fue un modestísimo encuentro que tendió puentes con algunos cuantos colegas de Turquía interesados en el diálogo con Occidente cristiano, en especial a través del arte y la espiritualidad como medio de expresión de las religiones del libro (judaísmo, cristianismo e islam), como la profesora Elif Tokay que trabaja con sus estudiantes de posgrado esos temas en la universidad de Estambul.

    El programa del encuentro consistía en tres días para pensar el significado de la fe cristiana en el contexto del diálogo interreligioso para acompañar comunidades de fe a vivir el testimonio del Dios Eterno en medio de las ruinas de la civilización moderna que encuentran en Gaza su punto de quiebre de aquel “sueño de la razón que ha producido monstruos”, como sentenció el grabador español Francisco de Goya en el ya desde fines del siglo 18.

    A partir de tres categorías teológicas comunes a las religiones del libro: salvación creación y santificación dimos forma a nuestro diálogo, trayendo a nuestro contexto cada una de esas palabras para interpretarlas hoy. Salvación en medio de la violencia sistémica que produce discriminación, exclusión y muerte de las mayorías. Creación como cosmología de la nueva creación que explora la ecoteología en diálogo con las ciencias modernas y los saberes ancestrales. Y santificación como proceso de divinización del cosmos y de la humanidad por la potencia del Espíritu de Dios inspirando procesos de sanación, memoria, justicia y reconciliación en especial para las víctimas de la historia violenta de la humanidad.

    Siguiendo esta ruta, cada día nos centrábamos en uno de esos ejes a partir de la presentación inicial de uno de los participantes, para luego entablar un intercambio de experiencias e ideas de lo que significa la predicación del Verbo de Dios encarnado en Cristo Jesús en cada uno de esos campos.

    La segunda parte de la jornada estaba a cargo de Jean-Jacques Perennès y Elif Tokay, quienes escuchando la conversación inicial abrían nuevos horizontes a partir de su experiencia y reflexión.

    Jean-Jacques, como dominico francés que ha vivido en el mundo árabe por más de tres décadas, nos orientaba con su conocimiento de culturas islámicas para pensar el significado de la predicación en esos mundos (Bibliographie de Jean-Jacques Pérennès), muy cercano a Pierre Claverie y a los monjes de Tibihrine quienes ofrecieron su vida en Argelia por amistad con personas y comunidades del islam. Trabajó en el instituto de los dominicos en El Cairo (Dominican Institute of Oriental Studies), luego como asistente de vida apostólica de los frailes dominicos durante el gobierno de fray Timothy Radcliffe como maestro de la orden, y más recientemente como director de la Escuela Bíblica de Jerusalén.

    Elif, como investigadora del cristianismo bizantino y oriental en torno al concepto de perfección o divinización (theosis) en el pensamiento místico cristiano, nos ayudaba con sus comentarios y preguntas a buscar los puntos en común con la espiritualidad del islam. Dado su trabajo doctoral sobre Gregorio de Nacianzo como padre de la Iglesia de Anatolia, así como sobre obras patrísticas traducidas del griego y el siríaco al árabe, ella nos abría una perspectiva inusitada y preciosa para explorar esas conexiones entre comunidades creyentes de diversas tradiciones encontrándose en ese punto común de la divinización del cosmos y de la humanidad.

    Una visita a las ruinas de Nicea, hoy Izink en Anatolia (Archaeologists Discover Tombs at the Underwater Basilica in İznik), durante un día lluvioso previo al coloquio, había ya dado cierto tono a las conversaciones. ¿Cómo conectar aquel momento crucial del cristianismo antiguo para hablar del ser divino como comunión amorosa en medio de las ruinas de hoy con los desafíos que surgen para las comunidades cristianas, judías e islámicas de hoy en tiempos de violencia extrema?

    Al concluir nuestro encuentro, acordamos seguir tejiendo redes de colaboración con frailes, hermanas y laicos dominicos presentes con su predicación en las ciudades-laboratorio actuales y sus comunidades de interlocución, tanto locales como virtuales, en especial con los más jóvenes de la familia dominicana para profundizar la inteligencia de la fe al servicio del pueblo de Dios hoy.

    Propuse preparar el próximo encuentro en México en 2026 para seguir explorando los caminos de la “santa predicación” en esa otra geografía del Sur global y epistémico para buscar allá, en medio de otras ruinas que son las de la región del no-ser y de quienes habitan en las sombras de las sombras, vías alternas para vivir y pensar el misterio amoroso de Dios desde las grietas del poder hegemónico de hoy con sus idolatrías y trampas tiene a la humanidad y al planeta en jaque.

     

     

    Luego de un encuentro modesto, pero a la vez profundo con este aire de familia dominicana, me dispuse a visitar por primera vez Capadocia.

    Tierra de Basilio y Gregorio, los famosos “Padres Capadocios” que contribuyeron de manera decisiva en el siglo IV EC a desarrollar una teología del Espíritu Santo como tercera persona de la Trinidad Santa. Sus textos habían sido fuentes capitales de los cursos sobre patrística que seguí primero en México con fray Luis Ramos en sus clases en la UNAM, y luego en Friburgo con fray Christoph Schönborn, entonces profesor en aquella universidad helvética que luego vivió su ministerio pastoral como cardenal de Viena por muchos años.

    Si bien recordaba yo haber leído alguna referencia a Macrina -la hermana mayor de esa ilustre familia de Anatolia que padeciera primero la persecución romana y luego se convirtiera en promotora de la vida monástica naciente- fue yendo a su tierra que pude captar su gran influencia como mujer creyente de su tiempo, en especial en el desarrollo de la espiritualidad alternativa a la del imperio romano que también exploró su hermano Naucracio, junto con su amigo Crisafio, como parte del monacato cristiano primitivo en las riberas del río Iris, hoy Kizilirmark, de la región del Ponto.

    La Capadocia actual nada tiene que ver con su pasado hitita, persa, romano, bizantino y otomano. La modernidad turca del siglo 21 ha desplegado en esa región centros urbanos modernos dedicados a la agricultura y la minería, con una poderosa industria de turismo para dar servicios a viajeros procedentes sobre todo de China, Rusia y Japón que inundan de globos aerostáticos el cielo de Capadocia para sobrevolar los sitios arqueológicos de los antiguos monasterios cavados en la roca; o como marabunta de turistas que colapsan las ciudades subterráneas creadas por sus habitantes desde tiempos hititas y persas para sobrevivir a las intermitentes guerras de imperios en turno.

    En medio de esas hordas de turistas de hoy en tierras de historia milenaria me di a la tarea de hacer caminatas meditativas por esos lugares, intentando suspender el tiempo, para releer algunos fragmentos de la historia de los Padres Capadocios y en especial la vida de Macrina y su familia, contada por su hermano Gregorio de Nisa. Me quedo con la oración de Macrina pronunciada en su lecho muerte: “Tú, Señor, nos has librado del temor de la muerte. Tú has convertido el final de la vida de aquí abajo en comienzo para nosotros de la vida verdadera. Tú haces descansar un tiempo nuestros cuerpos en el sueño y los despertarás de nuevo con la trompeta del final de los tiempos”.

    De su testimonio me impresiona la hondura de su esperanza, con imaginación escatológica por el día por venir. No despreciando este mundo, sino abriéndolo a la perspectiva del Amor que no acaba.

    Tal vez eso es lo que hoy nos hace falta en tiempos de catástrofe ambiental e histórica para pensar el misterio de Dios en medio de las ruinas de los imperios de ayer y hoy. Abrir el corazón y la inteligencia a otros mundos posibles, surgidos de las ruinas con el clamor de los sobrevivientes. Otros mundos también ofrecidos por el Dios de vida que no cesa de amar sin condición ni medida a toda su creación.

     

    Capadocia, 7 de octubre de 2025

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