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  • De vuelta a las raíces en tiempos de devastación Sobre testigos de mundos otrosCosta | La hora de los pueblos | Jobel, 2025

    De vuelta a las raíces en tiempos de devastación Sobre testigos de mundos otros

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    Hace unos meses lloramos la partida de Diego Irrazábal, teólogo chileno que dedicó buena parte de su vida madura al acompañamiento de pueblos originarios andinos y a comunidades de base en “Nuestramérica”, según la expresión que las juventudes de Bendita Mezcla acostumbran decir para nombrar a nuestro continente. El querido amigo Fran Bosch escribió en Ameridia desde Mar del Plata una despedida memorable a Diego, recordando su legado de sonrisa y cercanía como lugares espirituales y teológicos donde podemos celebrar al Dios de la Vida. Tal fue el regalo precioso del teólogo misionero para tantas personas y comunidades a lo largo de su vida.

    Conocí a Diego en el consejo editorial de la revista Concilium hace una década, donde coincidimos por breve tiempo en un paso de estafeta entre colegas latinoamericanos de antiguas y nuevas generaciones. Compartimos en ese espacio el anhelo de actualizar la visión y misión de una revista internacional que había sabido leer “los signos de los tiempos” en el espíritu del Papa Bueno, Juan XXIII, abriendo nuevas perspectivas para la teología cristiana en tiempos difíciles de la Guerra Fría y las utopías de cambio social de los años sesenta y setenta del siglo pasado que se esparcían por América Latina y otros continentes.

    Pero el marco teórico para la teología católica de aquellos años no podía ser el mismo sesenta años después para dar cuenta del giro decolonial que toda teología -no solamente la cristiana sino también judía, musulmana, hindú y todas las tradiciones religiosas y espirituales- estamos llamadas a realizar para discenir las complicidades de la colonialidad que se apropiaron de nuestras prácticas religiosas y discursos teológicos, donde los caminos de resistencia y liberación adquieren formas atrevidas y nuevas. Algo pudimos avanzar en esta nueva comprensión de la teología en tiempos de devastación global y de re-existencias de personas y pueblos con esperanza combativa, pero quedan pendientes los procesos y trabajos de reflexión crítica que puedan surgir en esos nuevos lugares teológicos en tiempos de la violencia sistémica que se adueña del mundo de manera vertiginosa.

    Recordando estos días a Diego en el Foro Mundial Teología y Liberación (FMTL) celebrado en Cotonú, Benín, Luiz Carlos Suzin -colega brasileño de la generación que fundó este proceso teológico para acompañar los movimientos sociales del Sur global- recordaba con gratitud la visión del compañero chileno, ya desde tiempo atrás, para admirar el alma de los pueblos en sus religiones ancestrales y sus modos diversos de coexistir con el cristianismo colonial que marcó la primera evangelización de América, explorando nuevos modos de diálogo de saberes espirituales.

    Encontré de nuevo a Diego en algunos coloquios en Belo Horizonte en Brasil y en Santiago de Chile. Él fue siempre un hombre curioso, apasionado por saber cómo tejer vínculos con las nuevas generaciones, sin perder el ímpetu de un cristianismo profético y liberador que no podía renunciar a su ADN espiritual y teológico para estar siempre del lado de los pobres y los desheredados de la tierra.

    Al participar estos días en el Foro Mundial Teología y Liberación veo su huella también en este proceso de acompañamiento a los movimientos sociales que cultivan en cada territorio el cambio de mundo que anhelamos y construimos colectivas diversas desde las márgenes del mundo hegemónico. Al fin y al cabo buscamos edificar el “otro mundo posible” del Foro Social Mundial, uno “donde quepan muchos mundos” como proponen las comunidades zapatistas hoy.

    En su edición presente, la incertidumbre se adueñó de los participantes en el Foro Social  Mundial al recibir la inesperada noticia de que sería pospuesto, en parte por la difícil relación con el gobierno beninés, como a la inestabilidad política de la región de África occidental en un contexto internacional aséptico al internacionalismo social, así como a cierta confusión del comité organizador en el seguimiento del proceso que siguió al foro realizado en 2024 en Katmandú, Nepal.

    Ante esta situación, la delegación internacional invitada al Foro Mundial Teología y Liberación fue convocada a una asamblea de última hora para decidir cómo albergar los dos paneles que como FMTL se habían ofrecido al Foro Social Mundial, uno sobre los feminismos como voces teológicas de cambio e innovación enfrentando el patriarcado, y el otro sobre las resistencias de los pueblos ante la devastación de la Madre Tierra. Una jornada intensa nos permitió escuchar voces de movimientos sociales que son signo de esperanza, como la iniciativa Ecolojah con su Centro de Valorización de la agroecología, las ciencias y las técnicas endógenas (Cevaste), abierta por Père Jah y Mère Jah en el interior de Benín, donde es posible explorar las conexiones entre el ciudado de la tierra y las espiritualidades del Dios de la vida.

    Con el fin de mantener vivo “el espíritu de Porto Alegre” que dio nacimiento al Foro Social Mundial, Silvia Regina de Lima Silva, Nicolas Panotto y yo propusimos à la coordinación un día de trabajo como delegación internacional del FMTL para pensar juntos de manera creativa los retos actuales de la teología de la liberación en un contexto de violencia global creciente. Reformulamos los pasos tradicionales del ver-pensar-actuar propios de la teología de la liberación con un acento decolonial, para visibilizar-problematizar-articular nuestras opciones políticas, epistémicas y espirituales donde hoy tejemos teología con los movimientos sociales. Fue una rica e intensa jornada de reflexión acompañada de símbolos de las resistencias y re-existencias donde vemos surgir destellos del Reino de Dios en nuestro tiempo presente.

    Finalmente decidimos participar un día del Foro Social Mundial para explorar su edición actual en un país africano. La difíciles negociaciones entre el comité organizado y el gobierno, así como el tiempo reducido para que muchas delegaciones internacionales llegaran al evento, abrieron una duda sobre el futuro de este espacio de movimientos sociales autónomos que comparten la visión del otro mundo posible que dio origen al FSM. Habrá que evaluar la pertinencia de este modelo que tiene ya veinticinco años y que se enfrenta a una crisis del internacionalismo y del altermundismo en tiempos de tecnofascismo a escala global.

    Hoy 8 de agosto es la fiesta de Domingo de Guzmán quien -junto con Diego de Osma, obispo inquieto ante la incertidumbre de su época en Castilla del siglo XIII, un grupo de mujeres de Prulla en el sur de Francia buscando volver a la raíz del Evangelio en comunidad, pobreza y oración, junto con Pedro Ceyla, laico del Languedoc que ofreció su casa para albergar la iniciativa de la “santa predicación”- recibieron de manera compartida “el carisma de la predicación” para volver a la raíz de la fe cristiana mediante la predicación apostólica.

    Es ocasión de celebrar sin triunfalismo y con sentido critico un estilo de vida en constante movimiento que ha dado sabrosos frutos para la Iglesia y para la humanidad. Carisma de búsqueda de la verdad, donde sea que se encuentre, como lo vivieron Alberto Magno, Tomás de Aquino y Maestro Eckhart en la Edad Media. Ímpetu por la justicia, comenzando por los olvidados de la sociedad, con la Escuela de Salamanca y Bartolomé de Las Casas en Chiapas en el siglo XVI, y en nuestros tiempos con Albert Nolan en la Sudáfrica del Apartheid y Gustavo Gutiérrez en el Perú de Sendero Luminoso.  Pasión por la belleza que es esplendor de la divinidad, desde Fra Angélico en Florencia hasta el padre Couturier en Francia, y Julián Pablo en México. Anhelo de espiritualidad del misterio insondable del Dios vivo, como Maestro Eckhart en las riberas del Rin, o la laica Catalina de Siena la Toscana medievales, o el laico Piergiorgio Frassati en el siglo XX, tradición mística nunca atrapada por sentimiento, idea o institución alguna, sino seducida por la divinidad amorosa siempre inalcanzable y a la vez cercana.

    Celebro hoy esta fiesta con los frailes dominicos y la familia dominicana de Cotonú, animados por un coro juvenil de potentes voces y ritmos africanos, aunque en medio de un ritual romano que no tiene visos de inculturación de la fe del pueblo beninés. Espero que algún día, predicación, teología y espiritualidad alcancen ese “estadio descolonial” que nos permita a los pueblos abrevar la sed de la divinidad en la polifonía de las tradiciones espirituales que nos entretejen como obra humana y divina en el corazón de los pueblos.

    Feliz fiesta de Domingo, el buscador y predicador de la verdad que salva.

     

    Cotonú, 8 de agosto de 2026

  • Transfiguraciones mayas Acto cultural de los 500 OP Chiapas

    Transfiguraciones mayas Acto cultural de los 500 OP Chiapas

    Palabras de bienvenida

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    Buenas tardes, queridos hermanos y hermanas:

    Este acto cultural en la plaza pública del municipio de Zinacantán es un símbolo del diálogo fe y razón que ha sido el corazón de la predicación del Evangelio, desde sus orígenes en tierras de Palestina con Jesús de Nazaret, hace dos mil años, hasta el día de hoy en los Altos de Chiapas.

    Jesús de Galilea fue un predicador de buenas noticias para la humanidad, enfrentando a los poderosos de su tiempo, y acompañado por su comunidad mesiánica a pesar de que fue traicionado por una turba enfurecida.

    La entrega amorosa de Jesús por una humanidad reconciliada consigo misma y con la madre Tierra adquiere una fuerza cósmica con su resurrección de entre los muertos que es la buena noticia más radical de todos los tiempos.

    Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos. Y por eso el Dios de la vida siempre está del lado de los pobres, los excluidos y los vulnerables, para desde ahí llamar a todos, víctimas y verdugos, a sanar a la humanidad herida de muerte y llevarnos a su vida plena

    Con motivo de la llegada de los primeros frailes dominicos a Tierra firme de la Abya Yala de los pueblos originarios, hace cinco siglos en las costas de Veracruz en 1526, los frailes dominicos de hoy anhelamos hacer memoria dichosa, a la vez que crítica, de esos cinco siglos de encuentros y desencuentros con los pueblos de México, en especial de Chiapas.

    El diálogo fe y razón, los frailes dominicos lo hemos promovido desde hace ocho siglos en la espiritualidad, el pensamiento y las artes, siempre acompañado de la promoción de la dignidad humana y sus derechos humanos inalienables, a través de la justicia y la paz para todos los pueblos y creaturas, como lo hiciera el primer obispo de Chiapas, nuestro hermano fray Bartolomé de Las Casas, por medio de la evangelización pacífica, y luego siguiera sus pasos fray Pedro Lorenzo de la Nada en tierras de los Pochutlas y los Lacandones, como se podrá apreciar en el mural que está por develarse.

    El acto cultural que hoy nos congrega es un movimiento en tres momentos: la imagen, la palabra y la música.

    La imagen

    Por medio de los murales los pueblos mayenses han plasmado desde antiguo su memoria ancestral, cuyo ejemplo culmen son los murales de Bonampak. Esa tradición se renueva en el arte maya contemporáneo, como el del gran maestro Antún Kojtom, artista tseltal de Tenejapa, quien aceptó la invitación de los frailes dominicos a imaginar, diseñar y pintar el mural que será develado en unos instantes por el Prior Provincial de los Dominicos en México, fray Luis Javier Rubio Guerrero, el maestro Antún Kojtom, artista invitado, y un hermano representando a las autoridades del templo de San Lorenzo mártir.

    Luego se expondrán nueve cuadros de jóvenes de Zinacantán que participaron en el Taller de iniciación a la pintura acrílica que ofreció el maestro Antún la semana pasada. Sus obras muestran el ch’ulel o fuerza espiritual que les acompaña en su vida interior. Y haremos entrega de los diplomas de reconocimiento a su compromiso.

    La palabra

    Desde antiguo la palabra humana es un destello de la palabra divina, en especial la poesía. En la segunda parte de este acto cultural escucharemos poesía del maestro Xun Betan, escritor tsotsil de Venustiano Carranza ,y de las y los jóvenes que participaron en el taller que animó por varias semanas en Zinacantán. También haremos entrega de los diplomas de reconocimiento a su compromiso.

    La música

    Y para concluir, la música tradicional, esa memoria ancestral sonora, nos inspirará para mirar de cerca el mural monumental del maestro Antún Kojtom y los acrílicos de sus estudiantes. Las ondas sonoras de los músicos tradicionales de la Parroquia de San Lorenzo Mártir de Sots’leb alcanzarán a escucharse en toda la plaza, con ecos en los cerros sagrados con los ch’ulelal que los pueblan, quienes también nos miran y acompañan hoy.

    Los frailes dominicos ofrecemos este regalo al pueblo zinacanteco. Fue posible gracias al acuerdo de las tres autoridades de la comunidad: municipio, templos y plan pastoral.

    Una palabra especial de gratitud a la Fundación Sertull de la Ciudad de México por su generoso apoyo para financiar esta iniciativa, así como al Centro de Derechos. Humanos fray Bartolomé de Las Casas por su acompañamiento en la educación de la memoria histórica y de los derechos humanos de los pueblos originarios.

    Para concluir hago una invitación a la familia dominicana (frailes, hermanas y laicos) a seguir profundizando, con rigor y con esperanza, la memoria histórica de ese pasado complejo de los dominicos en Chiapas desde los desafíos que se abren en el horizonte de nuestro tiempo:

    • visibilizar las historias de las mujeres sabedoras de la espiritualidad ancestral maya y sus cargos actuales en las comunidades, así como a las personas de la

    diversidad sexual en su dignidad, sus derechos y su responsabilidad comunitaria;

    • y acompañar en sus procesos a las infancias y juventudes que se incorporan con pasión a la modernidad tecnológica, con sus oportunidades y sus graves riesgos de devastación ecológica, social y política, en tiempos del algoritmo y la inteligencia artificial.

    Que el arte tsotsil y tseltal contemporáneo que vamos a contemplar en el mural y los acrílicos, a escuchar en los poemas y a celebrar con la música tradicional nos permitan celebrar el diálogo de saberes entre los pueblos, con sus espiritualidades ancestrales y contemporáneas diversas.

    Que sigamos practicando la escucha mutua en nuestros días para promover la vida plena de los pueblos originarios de los Altos de Chiapas, en especial del pueblo zinacanteco.

    ¡Sean todes bienvenides a esta fiesta de la Vida del pueblo zinacanteco de ayer y hoy!

    Sots’leb, 6 de junio de 2026

    fray Carlos Mendoza Álvarez, OP

    Coordinador de las actividades culturales 500 OP Chiapas

  • La fiesta de la Ruah divina Reflexiones sobre la memoria viva de los pueblos en movimientoAntún Kojtom | Mural 500 OP Chiapas | Detalle: boceto de fray Pedro Lorenzo de la Nada con Sabio Lacandón | Sots´leb, 2026

    La fiesta de la Ruah divina Reflexiones sobre la memoria viva de los pueblos en movimiento

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

    Cincuenta días después de la Pascua las comunidades cristianas en todo el mundo celebramos la sobreabundancia del amor divino, cosechando los frutos del tiempo mesiánico recogidos con alegría en medio del sufrimiento, como dice el poeta hebreo: “Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre cantares” (Salmo 126: 5).

    Hace dos mil años, tras el duelo por la ejecución cruenta de Jesús, el Galileo, por el imperio romano -en complicidad con autoridades del Templo de Jerusalem y de la turba enardecida como parte del infernal círculo mimético-un tiempo de duelo fue necesario a su comunidad de amigas y compañeros para comprender el sentido del sinsentido que representaba la muerte del inocente. Una pregunta que aún hoy surge en el corazón doliente de quienes han sobrevivido a los linchamientos antiguos y nuevos. Un cuestionamiento por el sentido de la ausencia que también late en el corazón de las Madres Buscadoras de personas desaparecidas hoy en México, que se hace clamor por encontrar a sus retoños para ayudarles “a volver a casa”.

    Celebrar que el amor es tan fuerte como la muerte y, aún más, que el amor vence al odio o que la vida resiste y re-existe parece, a primera vista, una evasión que olvida el sufrimiento de las víctimas y la urgencia de la justicia. Por el contrario, me parece precisamente que en ese sufrimiento esperanzado late el corazón de la indignación ética, política y espiritual de los sobrevivientes a tantas violencias. Un clamor que se expresa en las plazas públicas de Gaza y Teherán, Beirut y México, Kakuma y Dadaab en Kenia, por parte de quienes ponen cuerpo, corazón e inteligencia al servicio de la vida en medio de la muerte.

    La fiesta de Pentecostés echa sus raíces en el gozo de los pueblos que, tras enfrentar el horror, son capaces de ir más lejos en la regeneración del trauma y el discreto cultivo de la esperanza. Sin negar el pasado doloroso, ni la irrenunciable rendición de cuentas de los perpetradores, lo que importa a quienes sobrevivieron es ponerse de pie y volver a vivir con esperanza. Es lo que he ido aprendiendo, paso a paso, de las colectivas queer que enfrentan las fobias de género de diverso signo, de las mujeres enfrentando abusos y feminicidios, así como de los pueblos originarios que fortalecen sus resistencias por medio de procesos de autonomía de cuerpos y territorios, desde los Inuit en Canadá hasta los Mapuches en el extremo sur de nuestro continente.

    ¿Cómo celebrar la cosecha de la Ruah divina en estos tiempos de tanta incertidumbre que anida en nuestra época? Vivimos signos alarmantes de retorno de la barbarie a manos de gobiernos genocidas en Medio Oriente y en África, como de estados fallidos atrapados por la complicidad de los gobernantes con las mafias criminales transnacionales, como es el caso de México, El Salvador y Nicaragua. La espiral de odio genocida es transmitida en tiempo real por los ataques del estado sionista israelí cometiendo crímenes de lesa humanidad, con la complicidad de Estados Unidos y la Unión Europea y la indiferencia de la comunidad internacional, contra pueblos enteros que estorban a su afán de poder geopolítico.

    El fortalecimiento de las resistencias tiene que enfrentar también debates de fondo para encontrar el rumbo de la utopía en tiempos de distopías. La memoria colectiva, que yace en el corazón de estos procesos, es hoy territorio de debate. Quién cuenta la historia y cómo la cuenta son preguntas que se hacen los zapatistas en Chiapas, como la Flotilla Sumud Global, intentando visibilizar a quienes siempre quedan en las sombras del poder que mata.

    Los dominicos no estamos exentos de estos debates a la ahora que conmemoramos 500 años de la llegada de los frailes a lo que hoy llamamos Veracruz en México, el 25 de julio de 1526. La gran gesta de la evangelización -que, sin duda, trajo a misioneros inspirados por la utopía renacentista y por el celo de la reforma de las órdenes religiosas para volver a sus orígenes de seguimiento de Cristo-  también estuvo marcada por la libido dominandi de los conquistadores que seguían aquella máxima de la modernidad occidental pensada por Enrique Dussel de manera tan contundente: conquiro, ergo sum, es decir, “conquisto, luego existo”.

    A la hora de hacer el recuento histórico de la presencia dominicana en esta región del continente -llamada por los occidentales navegantes Tierra Firme y por geógrafos posteriores Mesoamérica- no podemos olvidar que una contradicción de origen marcó la labor evangelizadora de los frailes dominicos en el siglo XVI, como lo estudió con rigor histórico fray Daniel Ulloa Herrero en su tesis de doctorado en El Colegio de México: una corriente observante que encabezaba fray Domingo de Betanzos, y otra tendencia profética que animó fray Bartolomé de Las Casas. Sin duda hubo muchos matices entre ambas tendencias a la hora de lidiar con la evangelización en tierra colonizada que luego dio lugar a la edad de oro novohispana, aquella de los templos barrocos de la ruta dominicana desde la Ciudad de México hasta Guatemala, recorriendo todo el centro y sur del virreinato de la Nueva España.

    El esplendor del arte barroco de los templos conventuales de Puebla, Oaxaca y Chiapas ha marcado una visión del mundo donde México fue el axis mundi de aquella época inicial de la modernidad, punto de encuentro entre Asia y Europa. Fue también laboratorio de una cultura cosmopolita, como gustaba decir fray Julián Pablo Fernández cuando era prior de las ruinas del Imperial Convento de Santo Domingo de México. Una época que dio nacimiento a una cultura criolla y mestiza de valor universal, como lo cuenta el historiador de la UNAM José Rubén Romero Galván. Aunque no podemos olvidar que esa cultura criolla sometió e invisibilizó a los pueblos originarios, como subraya la lectura decolonial de nuestros días.

    Estas reflexiones vienen a cuento a la hora de acompañar a un gran pintor maya tseltal, el maestro Antún Kojtom, quien actualmente realiza el mural conmemorativo de la llegada de los dominicos a Chiapas, en un muro ubicado en la plaza principal de Sots’leb, entre el templo y el mercado, en la cabecera municipal de Zinacantán.

    Desde hace medio año comenzamos a conversar sobre la narrativa del mural en ciernes, subrayando lo que hoy llamamos un “diálogo de saberes”, entre los pueblos mayas de Chiapas y los frailes dominicos.

    Elegimos un tono conversacional para la representación de las escenas que aparecen en el mural, dando relevancia a la religión ancestral del pueblo tsotsil, en particular sus cargos religiosos como el de las abuelas, los videntes y los mayordomos, con sus rituales de rezo en los cerros, bendiciones de los ancestros y cargos comunitarios. Mediante esta narrativa buscamos subrayar el legado de tantos siglos que hoy en día se mantiene vivo en la vida pastoral de la parroquia de San Lorenzo Mártir de Zinacantán.

    En el centro del mural aparece el encuentro entre un mayordomo tsotsil y un fraile dominico, fray Bartolomé de Las Casas, ambos de pie con la misma dignidad, intercambiando la palabra, cada uno con su símbolo de autoridad, el bastón de mando para el primero, la Biblia para el segundo.

    A la derecha, una tercera escena congrega a la Iglesia profética que ha florecido en los Altos de Chiapas y la selva Lacandona desde el siglo XVI hasta nuestros días: un grupo de frailes, con fray Matías de Córdoba que promovió la independencia de Chiapas en el siglo XIX y fray Raúl Vera con jTotik Samuel al lado, obispos de la Iglesia de los pobres y excluidos en el siglo XX. Sobre sus cabezas, a modo de papalotes movidos por el viento de la Ruah divina, los mártires de la Iglesia sancristobalense de décadas recientes: Ignacio Pérez López, pre-diácono de Chicomuselo, el padre Marcelo Pérez, párroco de Guadalupe en Jobel, Simón Pedro Pérez López, miembro de Las Abejas de Acteal y Guadalupe Vázquez Luna, sobreviviente de la masacre de Acteal.

    Al extremo derecho aparece una escena altamente simbólica para la recreación de la memoria histórica de los frailes dominicos en Chiapas, contando historias de rebeldías creativas: fray Pedro Lorenzo de la Nada dialogando con un sabio Lacandón, ambos sentados sobre rocas, a la sombra de una gran ceiba, el árbol sagrado de los mayas, con los glifos de la palabra florida saliendo de sus bocas. El fraile mueve las manos significando elocuencia, a la vez que escucha. El sabio lacandón toca su corazón con una mano y señala a la madre Tierra con la otra. Uno, vestido con su hábito blanco y capa negra; el otro, adornado con un collar de jade y calzón blanco. Los acompañan un grupo de mujeres, jóvenes y niños lacandones atentos al diálogo. Esta escena busca representar la aventura apostólica emprendida por un fraile que quiso ir más allá de los límites de las normas de la cristiandad, como lo cuenta de manera magistral Jan de Vos en su biografía de fray Pedro Lorenzo. Lo que nos pareció más importante resaltar del fundador del Palenque moderno, fue el atrevimiento del fraile rebelde de “ir a la nada”, como le espetó el prior del convento de Santo Domingo de San Cristóbal ante la insistencia de fray Pedro Lorenzo de ir a la selva a buscar a sus pobladores para anunciarles la Buena Nueva. Escapando del convento se perdió por varios años, apareciendo más tarde en tierra de los Tsendales, donde fundó Palenque. En su travesía apostólica logró llegar a Pochutla y al lago de Lacam-Tum, hoy conocido como Miramar, centro sagrado del pueblo lacandón. De esa época se conservan en el archivo diocesano algunas actas bautismales con su nuevo nombre: fray Pedro Lorenzo de la Nada.

    Al compartir con amigos los bocetos del mural en elaboración, no han faltado comentarios elogiosos por la iniciativa, sobre todo porque fue resultado de un largo diálogo con autoridades civiles y religiosas de Zinacantán. Otros han valorado que el autor invitado sea un reconocido maestro del arte contemporáneo maya. Algunas voces críticas han subrayado la presencia menor de las mujeres, o el protagonismo de los frailes en las imágenes. Por mi parte, una vez acordado con el maestro Antún el tono de la narrativa con la importancia de los símbolos de las dos tradiciones por representar en el mural, recibí con respeto y gran admiración la propuesta visual del artista quien, con su genio propio, nos dejará sin duda un legado pictórico que es el regalo de los frailes dominicos al pueblo de Zinacantán en esta conmemoración.

    Dentro de un par de semanas estaremos celebrando en San Cristóbal de Las Casas y en Zinacantán tal acontecimiento.

    Ya les contaré sobre las nuevas semillas que se van sembrando en este camino de memoria viva.

    Jobel, 22 de mayo de 2026

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