Etiqueta: Desaparecidos en México

  • Tejiendo una teología política para tiempos de Gran catástrofe Algunos avances del libro colectivo en proceso editorial neoyorkinoAntún Kojtom Lam | Mural Ch'ulel | Teatro de la Ciudad, San Cristóbal de Las Casas 2012 | Foto: Carlos Mendoza

    Tejiendo una teología política para tiempos de Gran catástrofe Algunos avances del libro colectivo en proceso editorial neoyorkino

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    La famosa autora canadiense Naomi Klein acaba de publicar, junto con Astra Taylor, un provocador libro sobre el fascismo del fin de los tiempos. Tan sólo en la Introducción de la obra -que se anuncia será un “best seller” en la anglósfera- las autoras plantean con realismo periodístico los hilos del fascismo como expresión del capitalismo de las minorías atrapadas en su propia contradicción: por un lado, ávidas de siempre mayor riqueza, por el otro, amenazadas por mayorías que tejen protestas en las calles en escenarios distópicos cada vez más recurrentes.

    Mi amigo Pablo Reyna me hizo llegar desde Colombia el libro con un escueto mensaje que leí como una provocación para entretejer con las autoras una lectura alternativa del fondo teológico en juego, que a mi juicio se encuentra en el papel movilizador de las espiritualidades de las resistencias. Ciertamente las pensadoras vislumbran en la vuelta al lugar o “hereness” la llave para recuperar la visión de una humanidad que cuida de la vida en el aquí y el ahora, a contrapelo de la historia hegemónica. Por lo que alcanzo a ver hasta ahora ellas no navegan el gran caudal de las prácticas y el pensamiento descoloniales del Sur epistémico que hemos descrito en nuestro trabajo desde hace varios años.

    ∂

    Tal es el tema central del libro que actualmente se encuentra en proceso editorial en la prestigiosa casa editorial Orbis Books de Nueva York que, desde hace seis décadas, presentó al público de habla inglesa las obras fundantes de la teología de la liberación, publicando a sus principales autores como Gustavo Gutiérrez, Jon Sobrino, Leonardo Boff y sus lectores creativos en el contexto estadounidense y de otras latitudes como Sudáfrica, Corea y Palestina.

    Se trata de una obra colectiva como fruto de los coloquios que organicé durante cinco años en el Boston College, cobijados por la iniciativa “Más allá de la violencia global” que propuse como plataforma de investigación personal en mi calidad de “senior professor” en aquella institución. Desde ahí pude invitar a colegas de Brasil, México, Inglaterra, España, Japón, Puerto Rico y los Estados Unidos para participar en diversos conversatorios sobre el pensamiento social, filosófico y teológico en ciernes tras el colapso del sueño moderno. En mi investigación previa realizada en México, Suiza, Francia y Brasil, había ido conectando el análisis de la fenomenología de la modernidad tardía con la teoría mimética de René Girard para explorar subjetividad colapsada por el sueño del ego tecnocientífico. Pero faltaba incluir el análisis decolonial inspirado en Frantz Fanon y Aníbal Quijano que proseguía la ruta del pensamiento latinoamericano de la liberación, incorporando nuevas categorías teóricas y prácticas para pensar la “colonialidad” como un proceso moderno de cinco siglos de extractivismo del trabajo, los saberes y las formas de vida de los pueblos sometidos.

    Surgió así la pregunta por la suplantación de lo divino que promovió la modernidad por medio del endiosamiento de la razón, la técnica, el mercado, el patriarcado y la voluntad de dominio, por mencionar solamente algunos de los dispositivos de control implementados por la racionalidad occidental tecnocientífica. De ahí la necesidad de postular “el hontanar apofático” de lo político, apelando a “la nada” como aquello que tenemos en común, según la feliz expresión de Matthew Kruger del “nothing in common”, en el “más acá” de nuestras identidades de clase social, raza, género, religión y cultura.

    De esta manera, gracias a estos conversatorios pudimos acceder al manantial de las resistencias y re-existencias donde fluye la teología política descolonial para tiempos de gran catástrofe. Así surgió la idea de un libro colectivo que recogiera las intuiciones y los relatos por los que fuimos discurriendo a lo largo de un lustro en tierras de los Massachussets.

    Cuando le conté a Neto Valiente, querido colega salvadoreño de la Escuela de Teología y Ministerios del Boston College, sobre la teología política descolonial que se iba cocinando -yendo más lejos que la teología de la liberación de primera generación que él admira y conoce a fondo- aquella que surge del encuentro entre fenomenología, teoría mimética, filosofía apofática y pensamiento decolonial, se quedó mirándome incrédulo. Y preguntó: “¿y quién ha escrito sobre eso?” Solamente le respondí: “nadie hasta ahora, pero nosotros lo vamos a hacer”.

    Laurel, Sole, Matthew, Valentina, Maddie, Francis, Juan Miguel, Martín y Amirah -entre muchos otros maestrandos y doctorandas- que seguían mis cursos de posgrado sobre teologías de la liberación, descolonial y queer en el Boston College fueron testigos de cómo se iban tejiendo esos hilos aparentemente tan disímbolos en un telar discursivo con la trama de la vulnerabilidad-convivencialidad-esperanza combativa como relectura de la colonialidad del poder-saber-ser que analizábamos en las clases y profundizábamos durante las tertulias en casa de Mingo y Valentina con la espléndida hospitalidad chilena, donde la comensalidad hacía fluir mejor las ideas y la amistad.

    Los colegas que invitaba a cada coloquio sobre una de esas fuentes teóricas que mencioné arriba aceptaban participar con gusto, pero cuando les hablaba yo de la correlación entre esos enfoques muchos manifestaron su escepticismo, mientras que otros asintieron con curiosidad. Y así nació el libro que propuse a la editorial neoyorkina cuando uno de sus editores me invitó a publicar alguna obra de mi autoría en una charla durante la convención de la Sociedad Teológica Católica de los Estados Unidos (CTSA por sus siglas en inglés) de junio de 2024 en Baltimore. Le comenté que tenía una mejor idea: proponer un manuscrito colectivo sobre teología política en tiempos de incertidumbre global. Y aceptó curioso la propuesta que le envié, luego de consultar con las y los colegas que habían participado en los coloquios bostonianos si se animaban a poner por escrito lo compartido en persona.

    En ese momento estábamos entrando en la Gran Catástrofe donde hoy nos encontramos entrampados. Así, la obra colectiva iría tomando forma como relato colectivo de esperanza en medio de los escombros del genocidio en Gaza, de las fosas clandestinas de México, en las grietas de las diásporas palestina y afrobrasileña, y desde los centros de detención de personas indocumentadas en Estados Unidos, entre otros no-lugares donde, de manera paradójica, surge “lo político” como resistencia al necropoder.

    ∂

    El libro lleva por título “El poder y la potencia”, una glosa a la importante obra del filósofo italiano Giorgio Agamben “El poder y la Gloria”, donde discurre sobre la suplantación de lo divino (la Gloria) por la economía y la política moderna (el poder). Nosotros queremos acercarnos a la Gloria divina, siempre inefable y no manipulable, desde las periferias del mundo hegemónico, en específico, desde la “potencia” de los pobres y excluidos como señalaron Jean Robert y Majid Rahmena, o de “los condenados de la tierra” en palabras de Frantz Fanon.

    El subtítulo “Teología política en tiempos de Gran catástrofe” es revelador de la tesis principal que recorre cada capítulo, a saber, que es posible una vivencia y pensamiento de la esperanza al vivir “lo político” desde su reverso y con imaginación escatológica, en su fuente mesiánica y en medio de los escombros de la Nakba, como lo hace hoy el pueblo palestino. Pero ahora es preciso hacerlo a escala global de Gran catástrofe, como propone en su reflexión en este libro el pensador puertorriqueño Nelson Maldonado-Torres. Los zapatistas en el sureste mexicano nombran “el común” a su modo de vivir y pensar lo político, recuperando así su tradición ancestral maya del territorio que, además de las tierras comunales, no pertenece a nadie en privado, sino que es de la comunidad.

    Las cuatro secciones del libro las presento en la Introducción a mi cargo. Ellas dan razón de los cruces de dos ejes: el fenomenológico-antropológico y el deacolonial-apofático. La primera sección parte de los escombros de Gaza con las reflexiones de Viola Raheb, filósofa palestina de la diáspora, acompañada de un planteamiento de teología política decolonial propuesto por Nicolás Panotto desde Chile y Argentina, analizando el sionismo evangélico como dispositivo de la colonialidad del poder. La segunda sección entreteje el hilo antropológico a partir de la teoría mimética aplicada al contexto sacrificial del militarismo israelí por Silvana Rabinovich, y sus efectos en la era Trump analizada con mirada aguda por James Alison para rastrear la “catolicidad” posible en tiempos de catástrofe; con un capítulo de tono místico propuesto por Brian Robinette buscando el fondo de “la vida escondida en Dios” en medio de la polarización extrema de las sociedades contemporáneas como la estadounidense.

    La tercera sección es una polifonía de voces descoloniales venidas de Puerto Rico, México, Martinica y Brasil. Nelson Maldonado-Torres abre con una invitación a pensar la colonialidad del tecnofascismo como Gran catástrofe, teniendo a Palestina como epicentro; Donovan Hernández desde México propone una “crítica de la razón de guerra” como leitmotiv de la colonialidad; Andrew Prevot, joven teólogo afroestadounidense de la nueva generación, rescata la obra del poeta martiniqués Édourd Glissant como provocación para pensar lo político; Cleusa Caldeira profundiza su propuesta del “teoquilombismo” como descolonización del pensamiento y la praxis que surge desde las subjetividades afrodiaspóricas en Brasil; Aída Hernández, quien invitó como coautora a su colega Gabriela Juárez, propone una lectura de lo político desde el acompañamiento a las Madres Buscadoras en México para explorar una espiritualidad encarnada en medio de las fosas clandestinas; y, finalmente, Ángel Méndez-Montoya, coreógrafo y teólogo “cuir” mexicano, reflexiona sobre la mesa queer como provocación teológica para pensar lo político como “el común” que insurge desde las subjetividades de las disidencias sexo-genéricas.

    Y para abrir el pensamiento crítico hacia su fondo pre-lingüístico, la cuarta sección explora el hontanar de la vida y del pensamiento. Raquel Bouso desde Barcelona hace un recuento de la filosofía de la nada desde Maestro Eckhart hasta la Escuela de Kioto, con sus implicaciones para pensar lo político. Y Matthew Kruger, joven pensador estadounidense, se asoma al pensamiento abismal de la Nada como hontanar de lo político que nos previene de idolatrías antiguas y nuevas en contextos políticos que manipulan la divinidad como ideologías identitarias.

    El prólogo a cargo de Mark Lewis Taylor, reconocido profesor emérito de Princeton, anuncia la urgente deconstrucción de lo sagrado violento en tiempos de Nakba, a partir de las reflexiones del poeta Darwish y del pensador camerunés Achille Mbembe, para enfrentar la poética de la desesperación a partir de las resistencias diversas, como el Sumud palestino.

    Y el Epílogo de M. Shawn Copeland, profesora emérita del Boston College y reconocida autora de teología negra feminista en los Estados Unidos, nos convoca a “la praxis de humanidad” para vivir en medio de los escombros con esperanza.

    El lanzamiento del libro está previsto para febrero de 2027, pero ya desde ahora se puede adquirir en pre-venta en el portal de Orbis Books. Más adelante les contaré sobre las presentaciones virtuales y presenciales que iremos organizando, junto con mis colegas editores y autores, de este gran volumen colectivo que quiere contribuir así, de manera colegiada y crítica, a pensar la esperanza posible en tiempos de colapso civilizatorio.

    Jobel, 19 de septiembre de 2026

  • Sobre la esperanza en tiempos inciertosMadres buscadoras | NTR | Zacatecas, 2025

    Sobre la esperanza en tiempos inciertos

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

    Al atardecer de este sábado comienza la primera vigilia de Adviento, cuando las comunidades cristianas en todo el mundo iniciamos un camino, en medio de la noche de los tiempos, para recibir la luz humana y divina de la dignidad con esperanza que trae el mesías. En las celebraciones nocturnas resonará el antiguo canto Rorate caeli cuya letra y melodía es como un lamento que sube al cielo desde la ciudad desolada, clamando que “las nubes lluevan al Justo”, como imploraba el profeta Isaías (45:8) durante el exilio en Babilonia.

    Cada año, este calendario de cuatro semanas previas a la Navidad está acompañado de signos de luz, verdor, cánticos, dulces, ternura y comunidad. Según cada cultura, el tiempo de espera del advenimiento del mesías evoca la conciencia de que “algo nos falta” para el cumplimiento de esos tiempos nuevos de justicia, verdad, compasión y paz, no solamente para un pueblo que con arrogancia pretende ser el único elegido, sino para toda la humanidad e incluso para el cosmos entero.

    Cada generación ha visto señales terribles de que el mundo se está acabando, sea por epidemias que nos hacen sentir cuán vulnerables son nuestros cuerpos y conocimientos; sea por guerras de los imperios en turno contra poderes emergentes que amenazan su soberbia; sea por la incertidumbre de la propia vida que se ve disminuida por la edad, la enfermedad, el fracaso, la soledad o la desesperanza.

    Los textos bíblicos que las comunidades creyentes meditamos estos días hablan de la espera del mesías, primero con un fuerte tono apocalíptico que anuncia la destrucción del mundo corrupto, alcanzando a todo el cosmos con una catástrofe que destruirá todo por la soberbia humana que se ha adueñado de la creación.

    Luego, conforme se acerca la fecha de celebración de la natividad del mesías Niño, un nazareno, el tono de los textos se va haciendo más esperanzado por el anuncio del Dios cercano, humanizado, pequeño y frágil. Se trata de la promesa encarnada de una vida divina y humana que comienza en completa vulnerabilidad en la historia de una familia migrante con un bebé recién nacido, tratando de sobrevivir en la periferia del imperio y huyendo de la furia del gobernante local, para encontrar luego un refugio en Egipto, desde donde comenzará a escribirse una página definitiva de la historia de redención humana.

    ∂

    Sin embargo, la depresión colectiva que atravesamos hoy como humanidad debido a la escalada a los extremos del odio –que cunde por el planeta de manera apocalíptica “como mentira de Satán”, decía René Girard en una entrevista que me concedió en 2007 en París (La esperanza como apocalipsis)– parece hacer ilusoria toda narrativa de esperanza para nuestros tiempos de incertidumbre. El genocidio en Gaza sigue su curso como clímax de la Nakba o Catástrofe iniciada en 1947 con la expulsión de cerca de un millón de palestinos de sus tierras para dar paso a la creación del estado de Israel en 1948; una violencia sistémica que sucede hoy ante nuestras pantallas digitales con la indiferencia actual de las redes sociales y de la comunidad internacional. Las guerras en Ucrania, Congo y Sudán del Sur se han “normalizado” al punto de no ser ya portada de periódicos, y mucho menos trending topic en el mundo digital. En México, la indiferencia de la opinión pública en temas urgentes como la crisis de agricultores de maíz, limón y aguacate que ha producido la violencia en Michoacán, junto con los feminicidios que persisten junto con la desaparición forzada de personas, hablan de un hartazgo de la población que se expresa en paros, tomas de carreteras y protestas en las calles. Pero la masa parece anestesiada y se refugia en burbujas de entretenimiento y compras desaforadas de temporada decembrina que, además de otros males, dejan a la economía doméstica en ruinas por los próximos meses y años.

    El consumismo religioso también es parte de la avasalladora mercadotecnia navideña, entre decoraciones kitsch y remembranzas de artesanías populares para preparar piñatas con los personajes del momento. No faltará ahora en las posadas mexicanas la piñata de Trump que se vende en varios mercados de México y los Estados Unidos, que recibirá palos como ritual de venganza entre risas y abucheos hasta que se quiebre el cartón y las mechas güeras del tirano salgan volando como estrellas fugaces en algún patio de vecindad en la Ciudad de México, Chicago o Los Ángeles para solaz de todos.

    Algunas pocas familias tal vez recuperen el sentido “místico” de la corona de Adviento, siguiendo al Avatar de Carlo Acutis explicando el Adviento 2025 que circula en redes, explicando con mucha propiedad el significado espiritual del rito de encendido de cada una de las cuatro velas de esta temporada que prepara la Navidad. La luz encendida cada domingo de Adviento simboliza al “pueblo que caminaba en tinieblas y vio una gran luz” (Isaías 9: 2) que anunciara el profeta al pueblo hebreo devastado por la división entre los pequeños reinos de Israel y de Judá, con sus líderes corrompidos por la idolatría del poder, buscando alianzas con la vecina Siria para vencer a la tribu rival.

    Y como un no-lugar en medio de tanta bulla, haciendo un vacío en medio de la algarabía citadina, en México las colectivas de Madres Buscadoras (Madres buscadoras encienden árbol de Navidad) montarán árboles de Navidad revestidos de esferas con los rostros de quienes nos faltan. Ellas son hoy “la voz que clama en el desierto” (Juan 1: 23) porque hablan en nombre de las víctimas de la guerra del narcoestado y de la idolatría del necropoder de nuestros días.

    ∂

    Tal vez ahí radica el fondo teologal de esta temporada: la ausencia del mesías es algo que ha inspirado a generaciones hebreas y cristianas desde hace siglos para movilizarse a fin de hacer presentes los tiempos mesiánicos por medio de actos de rememoración, justicia y una (im)posible reconciliación.

    Más allá de una celebración folclórica del advenimiento del Dios-con-nosotros, de lo que se trata hoy es de ir al reverso de la historia para contemplar ahí, en el silencio de la noche, algún destello de luz que anuncie la llegada del mesías. Y quienes sienten en cada segundo de su vida, en cada respiro –como Vero y Fabiola, madres buscadoras que nos compartieron su esperanza en un encuentro reciente en Guadalajara– la ausencia que duele y moviliza a la búsqueda por amor, son quienes nos enseñan lo que significa la esperanza en tiempos de incertidumbre, corazón del Adviento.

    El próximo lunes 1° de diciembre, se presentará en línea el documental Re-existe 2025 (Presentación del documental Re-existe 2025), preparado por el realizador uruguayo Juan Meza. Ahí se cuentan algunas de las historias de despertar, sanar y acuerpar que compartieron personas de diecisiete países y diferentes tradiciones religiosas y espirituales de cuatro continentes enfrentando violencias diversas donde ha sido posible deletrear la esperanza.

    El Adviento es tiempo para seguir tejiendo redes de esperanza combativa, afirman los movimientos sociales en las periferias del imperio, a fin de que este mundo nuestro no se vaya al precipicio. Y es posible hacerlo escuchando a las personas que por años y siglos han resistido y ahora nos acompañan a re-existir.

    Porque habrá esperanza siempre que haya personas y comunidades que vivan el tiempo del fin, subrayado con tanta insistencia por Javier Sicilia y Elías González, como la oportunidad para entrar en otro modo de existir en medio de la violencia pero preñados con la espera activa de los tiempos mesiánicos.

    ¡Buen tiempo de Adviento!

    Ciudad de México, 29 de noviembre de 2025

    Nota: Agradeceré tus comentarios al final de esta página.

  • Las paces desde abajoTings Chak, “Palestine Will Be Free,” 2023 (courtesy of the artist).

    Las paces desde abajo

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    Luego de dos años del genocidio en curso en Gaza, hace unos días Trump “decretó” su plan de paz para Palestina, con la presencia sumisa de un grupo internacional de “negociación” formado por Egipto, Catar y Turquía, con la complicidad de líderes políticos europeos de Italia, Gran Bretaña y España que dicen “buscar la paz para la región”.

    Ese plan no habla por supuesto de justicia para las víctimas palestinas del genocidio, mucho menos de reparación del daño de la devastación económica y cultural creada por el gobierno israelí de Netanyahu. Con un cinismo criminal, Trump estuvo de paso por Israel para ratificar su alianza con el primer ministro israelí y tratar de protegerlo de la rendición de cuentas a la que todo criminal de guerra debe ser sometido, un proyecto que promueve un grupo minoritario de ciudadanía israelí con un puñado de aliados en el gobierno.

    La comunidad internacional se enfrenta ahora al reto más radical desde la segunda guerra mundial para promover un juicio por crímenes de lesa humanidad contra Netanyahu y otros militares israelíes, con sus cómplices de otros estados cómplices, como Trump y líderes de la Unión Europea. Se tratará de juzgar una guerra sistemática contra el pueblo palestino iniciada desde 1947 cuando comenzó la Nakba o catástrofe que hasta el día de hoy está llevando a los extremos el exterminio del pueblo palestino en la franja de Gaza y Cisjordania.

    La denuncia de crímenes de guerra por parte del estado de Israel presentada por Sudáfrica hace más de un año fue solamente el inicio de un lago proceso de diplomacia internacional que podría llevar un día a la creación de un juicio internacional similar al de Nuremberg el siglo pasado para juzgar los delitos del régimen nazi.

    ∂

    Pero hay otras “paces” (de paz en plural) que vale la pena tener presentes, ubicadas desde abajo del mundo del dominio imperial, porque son las que perduran en el tiempo y arraigan en la vida de las comunidades.

    Nos referimos a aquellas que se construyeron a contracorriente del odio de los líderes políticos desde las colectivas de mujeres palestinas y judías, que organizaban actos comunes antes de los ataques del 8 de octubre de 2023 pues luego fueron prohibidos por el gobierno israelí. Pero también existen las “paces” que tejen las mujeres kurdas frente a la violencia del estado turco. Y aquellas que día a día construyen las mujeres zapatistas para recuperar sus cuerpos y territorios en Chiapas.

    Carmenmargarita Sánchez de León acaba de presentar hace unos meses en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México una tesis doctoral en estudios críticos de género sobre la resistencia de mujeres puertorriqueñas creando en muchos frentes la construcción de la paz para su pueblo colonizado por el gobierno estadounidense desde 1952, cuando fue incorporado como estado libre asociado, un modo de colonización reciente de territorio en los parámetros del derecho moderno. Esas otras paces se tejen cuerpo a cuerpo, en el mutuo cuidado de quienes se saben vulnerables pero poderosas cuando conectan sus heridas. La Colectiva Ilé en Puerto Rico que analiza esa tesis doctoral, así como otras colectivas feministas decoloniales como la Colectiva Feminista en Construcción, recuperan espacios urbanos en la isla, critican la deuda pública del estado de Puerto Rico impuesta por la administración federal estadounidense, pero también tejen sororidad entre mujeres racializadas por el patriarcado blanco por medio de redes de colaboración en producción de bienes y formación de un pensamiento feminista descolonial.

    La Ruta Pacífica de las Mujeres en Colombia representa otro intento por tejer la paz desde abajo, no desde los acuerdos entre actores de las masacres, que fueron los paramilitares, el ejército y el estado colombiano, sino la paz que surge de la escucha cuidadosa de las víctimas y algunos verdugos que buscan reconocer su culpa, para transitar a la justicia, la reparación y así tal vez un día recibir el don de la reconciliación del cuerpo social herido.

    Un caso paradójico pero significativo de esos otros modos de construir paz es el de las familias de personas desaparecidas que al llegar en brigada a un pueblo o ciudad plantan “el árbol de la memoria”, con fotos de sus seres queridos que han desaparecido y algunas mantas pidiendo empatía y solidaridad a la comunidad que visitan. También buscan tejer hilos de paz con el buzón que ponen en la plaza donde la gente puede escribir de manera anónima información para dar con el paradero de sus familiares desaparecidos. Por ese medio ha sido posible encontrar fosas clandestinas, casas de prostitución, granjas de trabajos forzados en producción de amapola o laboratorios de droga, donde pueden estar sus hijas e hijas e hijos vivos o muertos. Las madres buscadoras no piden justicia ni venganza en primer lugar, sino que piden información. De esa manera humanizan a los perpetradores creando espacios de búsqueda para encontrar a “sus tesoros” pidiendo algunas pistas para dar con el paradero de sus seres queridos.

    Esas son las paces que importan porque son tejidas lentamente por personas y comunidades en resistencia, sobre todo por mujeres que deconstruyen el patriarcado.

    Ahí precisamente, en las grietas de esos muros de odio, se tejen otros modos de existir con justicia y dignidad, donde paulatinamente se va arraigando la paz.

    ∂

    ¿Y qué podemos hacer nosotros para tejer la paz para el pueblo palestino y los otros pueblos semitas que comparten la misma tierra desde hace miles de años?

    Para comenzar, estar informados con fuentes creíbles de lo que sucede en Palestina para vincularnos luego de manera virtual o personal con alguna comunidad palestina en resistencia en aquellas tierras, o bien en la diáspora, para promover escucha y diálogo persona a persona. Un segundo paso es conocer mejor a las comunidades judías que viven con cercanía la causa del pueblo palestino apoyando su derecho a vivir en esa tierra. Porque es importante recordar que hay personas palestinas y judías de la diáspora que tienen en común al amor a la tierra de Palestina y el anhelo de poder encontrar caminos para que los pueblos hermanos vuelvan a cohabitar en la misma tierra.

    Tal vez muchos años tendrán que pasar para que haya paz en Palestina, hasta que los pueblos hermanos descendiente de Abraham, Sara y Agar —sí, los tres con su descendencia— reconozcan sus derechos compartidos a habitar la misma tierra. Mientras tanto, la construcción de la paz será tarea de todas las comunidades dondequiera que se encuentren.

    Porque Palestina es brújula de la humanidad hoy dividida, ojalá también en proceso de conversión. Hagamos posible la paz para el pueblo palestino junto con sus pueblos hermanos tejiendo “paces” donde cada quien habita. Solamente así podremos seguir imaginando un futuro como especie humana antes de que nos vayamos al precipicio.

    ∂

    Esta mañana llegué a tierras del Sur que surgen entre la majestuosa cordillera de los Andes y el océano Pacífico, donde los pueblos mapuche y chileno habitan el mismo territorio con muchas barreras que incluso los gobiernos democráticos de las últimas décadas no han podido derrumbar. He llegado aquí para dialogar con colegas de universidad sobre la vigencia y los límites de la teología de la liberación, con ocasión del primer aniversario de la muerte de Gustavo Gutiérrez (Congreso Internacional Gustavo Gutiérrez). También podré conversar con colegas de la Sociedad Chilena de Teología sobre la difícil esperanza en tiempos de catástrofe. Y con mucha emoción espero la posibilidad de visitar por primera vez territorio mapuche para escuchar algo de las resistencias que esas comunidades han creado para enfrentar tantas formas de colonialidad antigua y nueva (Pensamiento mapuche, autonomía y colonialismo en Chile).

    En la próxima entrada les podré contar algunas de estas historias.

    Santiago de Chile, 19 de octubre de 2025

Spanish