Categoría: Violencias contemporáneas

  • De las resistencias a las re-existencias Sobre los aprendizajes descoloniales de la última décadaAlex Serpas | Re-existe: Un salto de vida | Pintura acrílica sobre papel | El Salvador, 2025

    De las resistencias a las re-existencias Sobre los aprendizajes descoloniales de la última década

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

    Retomo la historia del río de aguas de vida y pensamiento que se ha ido formando gracias a experiencias de aprendizaje compartido con amigas y amigos con quienes descubro un modo inspirador para vivir la espiritualidad y para tejer un pensamiento teológico y filosófico que sea significativo y movilizador para los tiempos que vivimos en nuestra época de incertidumbre global.

    El Mutuo Acompañamiento Espiritual y Teológico fue el primer riachuelo que se fue formando para irrigar las tierras de mi labor teológica que fui cultivando con personas ubicadas en las periferias de la sociedad, buscando una espiritualidad de la vida que florece en medio de las grietas del poder, primero en México y los Estados Unidos, luego en todo el continente hasta llegar ahora a Europa y África. Así, poco a poco fui explorando espacios de gran vitalidad de espiritualidades diversas, con su saber teológico propio fuera de la universidad, como la plaza pública, el servicio pastoral y el activismo social. Espiritualidades que ya intuía desde mi juventud, pero que ahora escuchaba con mayor atención del corazón y de la inteligencia.

    ∂

    El otro afluente del valle de las prácticas y saberes descoloniales lo comencé a navegar con Pablo Reyna, Araceli Téllez, Eduardo Velasco y varios colegas de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México desde hace más de una década. Eran los tiempos del movimiento estudiantil #YoSoy132 que se levantó contra la corrupción del sistema político mexicano; tiempo también de las protestas por la desaparición forzada de los normalistas de Ayotzinapa; y, posteriormente, tiempo del movimiento #MeToo encendido por las compañeras feministas en plazas públicas de todo el mundo para desmantelar el patriarcado milenario.

    Me sumé al proceso de aprendizaje para “descolonizar la universidad”, al que nos había convocado David Fernández -quien inició su rectorado en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México inspirado por el pensamiento y martirio de su compañero jesuita Ignacio Ellacuría de la Universidad Centroamericana de El Salvador, y asesorado por la aguda inteligencia del gran pensador mexicano Gustavo Esteva- desde mi lugar como académico y directivo. Propuse entonces, en mi calidad de Divisional de Humanidades y Comunicación de la Ibero Ciudad de México, llevar a cabo en 2016 un coloquio que llamamos “Por un cambio de mundo”, donde convocábamos a estudiantes, docentes e investigadoras, así como al personal administrativo y compañeros de servicios de la universidad, a plantear los problemas sociales más urgentes de nuestro tiempo para conversar sobre los modos de hacerles frente, pensando sus causas como parte de nuestra vocación universitaria, y dando el giro “epistemológico” crucial para aprender de los saberes de los pueblos y los movimientos sociales que enfrentaban con creatividad y esperanza esas violencias. Fue memorable en ese coloquio la conferencia magistral dictada por Leonardo Boff sobre los desafíos de nuestro tiempo.

    A partir de ese momento propicio se fueron concatenando otros conversatorios, semilleros y coloquios académicos, cada uno convocando siempre tres miradas y análisis de perspectivas diversas y complementarias: los movimientos sociales en resistencia a las violencias diversas; las personas de academia aprendiendo e investigando junto con esos movimientos; y las colectivas de artistas creando performances, coreografías, música, pintura, escultura, dramaturgia y literatura para contar y recrear las historias de vida que van surgiendo en las grietas del mundo violento. Resultó ser con el tiempo una fórmula apasionante, llena de muchos desafíos cognitivos, sociales, culturales y espirituales, que se fue revelando como una vía específica para “descolonizar” la universidad, abriéndola así a otros procesos de conocimiento y de transformación de la realidad surgidos en las periferias del mundo hegemónico.

    El coloquio “En la encrucijada del Norte y el Sur” sobre la obra poética y académica de Boaventura de Sousa Santo de 2017 fue otro momento memorable, donde raperos, cantando y bailando la poesía de la escritura INKZ (incapaz) del autor portugués, interactuaban con Madres Buscadoras de México y Argentina, con jóvenes mujeres de las Guardias Comunitarias de Cherán en Michoacán, y con sanadores de Bojayá en Colombia curando el trauma de la masacre perpetrada por paramilitares y ejército, entre muchas otras experiencias de víctimas convertidas en sobrevivientes. Explorábamos así nuevos caminos de la “ecología de saberes”. Un territorio apenas explorado que tendremos que ir recorriendo en los años por venir.

    Más adelante, la conferencia sobre teologías descoloniales organizada en 2019 por la revista internacional de teología Concilium en la Ciudad de México -iniciativa editorial de la que formaba parte como consejero editorial y directivo más tarde que mantenía viva la llama del Concilio Vaticano II- en colaboración con la Ibero y con el CUC de los dominicos en Ciudad Universitaria vino a atar varios de esos hilos en un nudo maestro. Una oración ecuménica en el templo de Santo Domingo de México, copresidida por un obispo católico dominico y una obispa afro puertorriqueña y queer abrió el evento, que luego congregaría en el campus universitario de Santa Fe a movimientos sociales de México, Guatemala, El Salvador, Colombia, Brasil y Argentina, entablando inspiradoras conversaciones con periodistas de investigación, antropólogas, filósofos y teólogas, en mesas redondas de mutua escucha. Cada jornada estaba acompañada de conversatorios a tres voces siguiendo el formato que nos había revelado un nuevo modelo de universidad en ciernes. Otras veces organizamos mesas redondas con figuras reconocidas, como aquella extraordinaria conversación entre Rita Segato, Raúl Zibechi y Amador Fernández Savater sobre las espiritualidades que animan las resistencias, un tema para los tres personajes fuera de sus acostumbradas reflexiones de teoría crítica que aceptaron explorar, llevada a cabo en el CUC de la Parroquia Universitaria de los dominicos, para cerrar el evento con provocadoras intuiciones sobre la “esperanza política”.

    ∂

    Hasta ahí llamábamos “Resiste” a esos conversatorios hasta que, en diálogo con Nelson Maldonado-Torres durante un coloquio en Boston en la primavera de 2022, caí en la cuenta de la necesidad de nombrar con una nueva expresión esta fase más profunda del proceso de la descolonización de la vida y del pensamiento. Era crucial concentrarnos en las “re-existencias” que crean los pueblos afrodiaspóricos, las mujeres en su lucha contra el patriarcado, las colectivas queer, las madres buscadoras en Argentina y México, los colectivos de personas en migración forzada, las personas discapacitadas (o de capacidades diferentes, según el énfasis deseado) creando espacios de vida, y tantas otras comunidades en resistencia que inventan, día tras día, nuevos modos de vida, de organización comunal y de espiritualidades del Buen vivir.

    Animados por esa intuición llevamos a cabo, junto con Elías González y Juan Carlos La Puente, dos encuentros-festivales en el ITESO de Guadalajara con el nombre “Re-existe”, el primero en 2023 y luego en 2025. Con la gran visión de su rector Alexander Zatyrka, la imaginación creativa de un puñado de teólogas y teólogos de Perú, Kenia, Nigeria, Cataluña, la India y México hizo posible congregar a ochenta personas invitadas y cientos de estudiantes y docentes en ambos encuentros. El corazón de ambos conversatorios y festivales latía concentrado en las espiritualidades que mantienen de pie, con “esperanza combativa”, a las personas y comunidades ubicadas en las grietas del mundo hegemónico. El extractivismo de minería se analizaba en sus conexiones con el racismo de supremacía blanca y las políticas migratorias xenófobas, con sus estrategias de limpieza étnica y exterminio enfocadas en el control de territorios y subjetividades por medio de nuevos colonialismos de asentamientos, como los que dieron origen a países como los Estados Unidos, Sudáfrica e Israel. Ahí buscábamos desentrañar los procesos para despertar, sanar y acuerparse que son desplegados por las comunidades en resistencia. Historias que, poco a poco, se transforman en re-existencias.

    La cosecha de esos maravillosos encuentros se expresó también como ritualidad celebrativa gracias al apoyo de Fran, Diego, Glenda y Lau, educadores populares del colectivo Bendita Mezcla, formado por las jóvenes generaciones de las Comunidades Eclesiales de Base de Nuestramérica. Y, así, estos conversatorios llegaron a su clímax estético con el talento del cómic de Katsumi Lemus, el rap y el hip hop de los compañeros de Psicolexia y Semillero 259 de Chiapas, con los performances de la colectiva de artistas de Portland, en Oregón, los bailadores del Jauja en tierras andinas, y tantas otras personas creadoras de resplandores de belleza en las grietas del necropoder.

    Soñamos ahora con volver a reunirnos en Madre África en 2028, donde podamos honrar la memoria viva de esos pueblos que mucho nos enseñan hoy de aquella potencia de la ancestralidad recuperada. Pueblos que son testimonio vivo de la creatividad de la diáspora y de la profundidad del pensamiento que surge de heridas centenarias trasformadas en cuerpos y territorios de dignidad y esperanza, como en Sudáfrica y Kenia, Sudán del Sur y el Congo.

    En el contexto de la gran catástrofe (Nakba) que hoy enfrentamos -sea como “guerra contra la humanidad” según los zapatistas en Chiapas, sea como genocidio en Palestina denunciado en sus dispositivos ideológicos de sionismo judío y evangélico por Silvana Rabinovich y Mitri Raheb, o bien como tecnofascismo en el mundo entero según el pensamiento decolonial- son más que nunca urgentes estos encuentros para tejer redes de mutuo reconocimiento y esperanza política, promoviendo un análisis agudo de la complejidad de la catástrofe.

    Pero quizás el mayor desafío radica en la compartición de las iniciativas de cuidado de los territorios y de los procesos de autonomías que cultivan muchos colectivos ubicados en las grietas del mundo hegemónico, donde la vida de los pueblos es preservada y potenciada como semilla de esperanza para la humanidad y para la Casa Común que nos acoge en su seno.

    ∂

    Sobre este urgente tema, un libro sobre teología política descolonial está en el horno desde hace un año. Se trata de un análisis descolonial porque surge de las grietas del necropoder en tiempos de la gran catástrofe. Pero tal aproximación es insuficiente si no está enriquecida con el análisis antropológico del deseo mimético que da razón de las violencias en el seno de la subjetividad en relación con la otredad del prójimo y del Dios otro. Esta teología política descolonial se encuentra abierta a la permanente crítica gracias al horizonte del pensamiento apofático que nos alerta contra toda suplantación de lo divino. Se trata de una obra colectiva que fui amasando poco a poco, junto con colegas que participaron en los coloquios que organicé con el apoyo de Martin, Matthew y Francis, entusiastas doctorandos en Boston College, a lo largo de los cinco años que viví en tierras de los Massachussets. La editorial Orbis Books de Nueva York es la casa que nos acoge para la publicación de esta obra, donde daremos razón de nuestros sentires y pensares de re-existencia en tiempos del necropoder.

    Sobre este libro en la etapa final del proceso editorial les contaré más detalles en próximas entradas.

    Jobel, 12 de septiembre de 2026

  • Los sionismos que nos acechan Sobre el (ab)uso de la Biblia en tiempos de la Gran NakbaJuan Fuentes | Critical Zionism Studies | 2025

    Los sionismos que nos acechan Sobre el (ab)uso de la Biblia en tiempos de la Gran Nakba

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    En semanas recientes se activó la alerta en Chiapas por la presencia del grupo israelí “Héroes por la Vida” en escuelas primarias de Zinacantán, formado por jóvenes israelíes ofreciendo actividades como cursos de inglés y remozamiento de las instalaciones escolares, presentándose como una experiencia de “voluntariado de la juventud israelí” con sonriente y amigable “labor humanitaria” con la población vulnerable del planeta. Al parecer muchos de ellos y sus asesores son miembros del ejército israelí en activo o en retiro que han participado en diversas guerras sionistas, como lo ha comentado recientemente Herman Bellinghausen.

    Unas semanas antes, la cónsul de Israel en México Hilla Burk, acompañada de asesores de seguridad israelíes, era recibida por el secretario de “Seguridad del Pueblo”, Óscar Aparicio Avendaño, en sus oficinas del gobierno estatal en Tuxtla Gutiérrez. Hasta el día de hoy no se ha informado a la sociedad de manera cabal sobre la agenda de ese encuentro, ni sobre los acuerdos a los que se llegó. Según notas periodísticas, en otros estados como Chihuahua y Querétaro, existen ya contratos de asesoría israelí a los gobiernos en turno en materia de seguridad estratégica, que incluye contratos de venta de tecnología y armamento “de última generación” de la creciente industria militar transnacional.

    A este activismo israelí en México, se suman los “retiros de sanación” organizados por la organización israelí Chabat en Cozumel y otras playas del caribe mexicano dirigidos a miembros del ejército israelí en activo o en reserva que han participado en “la guerra para defensa del estado de Israel”, como reporta la periodista Georgina Zerega. Un eufemismo para ocultar su participación en el genocidio en curso contra el pueblo palestino en Gaza y Cisjordania, así como la invasión al sur del Líbano con el proyecto del Gran Israel que incluye, como lo analiza la pensadora Silvana Rabinovich, la construcción del Tercer Templo de Jerusalén como símbolo supremo de esta narrativa bélica religiosa. En algunos países como Chile, Irlanda y España, se han emprendido campañas de denuncia de crímenes de lesa humanidad cometidos por soldados israelíes a quienes se les identifica de paso por esas tierras y a quienes la sociedad civil organizada y algunos gobiernos buscan llevar ante los tribunales nacionales e internacionales.

    Existe un plan de expansionismo israelí territorial en América Latina más allá del Medio Oriente, como periodistas de investigación han documentado en Patagonia y en Yucatán, lugares estratégicos por sus recursos naturales como el agua, los minerales y las tierras raras.

    Detrás de esa fachada humanitaria y de turismo, el sionismo despliega una ideología religiosa perversa basado en una mal llamada teología política de la elección y la promesa de la tierra, haciendo de la Biblia un arma de guerra.

    Ante tal escenario, el cristianismo se enfrenta a uno de sus mayores desafíos en medio de la crisis civilizatoria que vivimos hoy, a saber, discernir las idolatrías que suplantan el nombre de Dios para producir muerte de pueblos y control de territorios estratégicos. El judaísmo y el islam -en las expresiones críticas de sus propias tradiciones espirituales- tendrán que discernir también el desafío de la Gran Nakba o Gran Catástrofe de nuestro tiempo, como llama el filósofo puertorriqueño Nelson Maldonado-Torres a la crisis civilizatoria de colonialidad del tecno-fascismo.

    El Papa León XIV, por su parte, ha llamado la atención sobre “los señores de la guerra” que controlan la economía de guerra marcada, de ahora en adelante, por el uso abusivo de la inteligencia artificial para beneficio de una oligarquía de tecnócratas digitales, entre quienes se encuentran los dueños de las mega compañías del Silicon Valley en California.

    Pero como pastor y maestro en la sede de Pedro, el Papa transcultural ha denunciado también la blasfemia de quienes usan el nombre de Dios para hacer la guerra, sin mencionar de manera explícita al sionismo ni al trumpismo. En efecto, en su primera Carta Encíclica “Magnifica Humanitas”, León XIV denuncia “las ideologías de muerte” que provocan sufrimiento y guerras por la codicia del mundo moderno en su versión “posthumanista” que prepara el advenimiento de una especie mejor que la humana generada por el algoritmo, y “transhumanista” porque subordina lo humano al sistema controlado por los dispositivos biotecnológicos. Un apocalipsis de lo humano que Ivan Illich ya había anunciado hace seis décadas.

    ∂

    En este contexto, las comunidades cristianas de todo el orbe -en su diversidad de tradiciones como colectivos creyentes, de academia y artistas, junto con los movimientos sociales de inspiración profética y liberadora-estamos llamadas a comprender y desactivar el sionismo, tanto judío como evangélico, que se encuentra en la base del expansionismo territorial israelí de nuestros días,  de manera particular en América Latina y el Caribe, con la complicidad de la extrema derecha que acecha la vida política en Argentina, Chile, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México y los Estados Unidos.

    Se trata, en primer lugar, de honrar el nombre de Dios como Sabiduría divina que guía nuestros pasos de justicia, paz y misericordia en un mundo en guerra global o, como lo llama Silvana Rabinovich, un “omnicidio” en curso. Nombre de Dios que denota, a la vez, el insondable misterio divino y la dignidad inalienable de la creación como obra de su amor, que ningún poder de este mundo puede suplantar ni controlar. Ni la demonología antigua, como tampoco las jerarquías de los señores del necropoder de hoy, pueden sustituir la Gloria divina que trasciende siempre el poder político, como lo ha analizado con agudeza el pensador italiano Giorgio Agamben.

    En segundo lugar, es importante desmantelar la ideología política religiosa (que no teología política en sentido propio) que hace hoy de la Biblia un arma de guerra, en especial contra el pueblo palestino y los pueblos semitas de Palestina, cristianos y de otras tradiciones religiosas. Al respecto, Mitri Raheb y Munther Isaac -teólogos luteranos palestinos resistiendo al genocidio de su pueblo- no dejan de subrayar la importancia de desmantelar la ideología sionista que ha manipulado la teología de la promesa de la tierra y de la elección divina en beneficio exclusivo del pueblo judío.

    Es importante recordar, como lo señala el intelectual mexicano libanés Alfredo Jalife-Rahme, que el lobby sionista en los Estados Unidos y Gran Bretaña creó desde el siglo XIX la ideología sionista como expresión del colonialismo de los judíos de la diáspora, que no son semitas sino descendientes de la presencia judía en los países de Europa Central y del Este en el siglo XIX. El sionismo nace como una ideología política de control del territorio de Palestina para beneficio exclusivo del pueblo judío.

    Y, en tercer lugar, debemos recordar que el expansionismo sionista que ha llegado a México, en específico a Chiapas, requiere de un seguimiento crítico por parte de la sociedad civil, las iglesias y los gobiernos en sus planes de control de territorios, con la justificación ideológica que difunde el estado israelí de Netanyahu y su ministro de seguridad nacional Itamar Ben Gvir, con su lógica genocida y expansionista del Gran Israel difundida con descaro. El proyecto sionista echa sus raíces en una poderosa industria de guerra que hace del sionismo judío y cristiano hoy una amenaza para la humanidad y para la Casa Común.

    Siguiendo las pistas de la teología descolonial, tanto judía como cristiana, es preciso releer la Biblia como libro de la fe de los pueblos semitas en la promesa del Dios vivo que se va abriendo progresivamente a todas las naciones de la humanidad como destinatarias de los tiempos mesiánicos que superan la violencia fratricida e instauran la nueva humanidad. Teología de “los mansos que heredarán la tierra” (Mateo 5: 5), según la imaginación poética de Jesús de Galilea, como lo recuerda Mitri Raheb, desde la opción del Dios de la vida por los pobres y excluidos de todos los tiempos. Teología de la promesa cumplida en el acontecimiento de la resurrección de Jesús, el Cristo de Dios, que lleva a su más radical expresión la manifestación, “no de un Dios de muertos, sino de vivos” (Mateo 22: 32). Promesa y elección que el Abbá de Jesús lleva a cumplimiento siempre desde los excluidos de los sistemas hegemónicos de dominación para convocar a todos los pueblos de la tierra al festín del deseo, como lo propone el teólogo cuir mexicano Ángel Méndez.

    ∂

    Una vez que la sociedad civil de Chiapas y de México descubra los hilos que tejen hoy el sionismo judío y cristiano que se expande por el mundo en complicidad con empresas y gobiernos tecno-fascistas que promueven la discriminación de pueblos y religiones, será preciso promover comunidades de encuentro entre tradiciones espirituales diversas, en mutuo acompañamiento, nutriendo las resistencias al mal de rostros tan diversos.

    El cuidado de la niñez y las juventudes de Chiapas ante el acecho del sionismo hoy, junto con la rendición de cuentas de autoridades de distintos órdenes de gobierno en el financiamiento y gestión de la seguridad pública, permitirá crear entornos de respeto irrestricto a la dignidad humana, con especial atención a las personas y comunidades más marginadas y vulnerables.

    Entonces habrá que promover la celebración de la bendición divina para todas las naciones, no solamente para el pueblo judío que en su versión sionista está traicionando su vocación de ser testigo del Eterno, como la describía André Neher, el gran pensador judío francés del siglo XX.

    No olvidemos que los tiempos mesiánicos advienen en todos pueblos -en medio de la historia de la humanidad amenazada de muerte, pero prometida de plenitud por el Dios de la Vida- gracias a las personas justas de la historia que dan su vida por el mundo venido de Dios, no de los poderosos de este mundo.

    San Cristóbal de Las Casas, 20 de junio de 2026

  • La paz como caminos de insurrección mesiánica Sobre la Agenda Frayba 2026 Memorias subterráneasGabriela Soriano | Memorias Subterráneas | San Cristóbal de las Casas, Chiapas | 2026

    La paz como caminos de insurrección mesiánica Sobre la Agenda Frayba 2026 Memorias subterráneas

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    El miércoles pasado se llevó a cabo la presentación de la décimo quinta edición de la Agenda Frayba con el título “Memorias subterráneas”, preparada por el Centro de Derechos Humanos fray Bartolomé de Las Casas, en Chiapas. Se trata de una publicación anual que, desde el año 2011, conserva la memoria viva de las acciones llevadas a cabo en la promoción y defensa de los derechos humanos de los pueblos originarios de Chiapas, así como de personas en movilidad forzada y refugiadas, que han sido acompañadas por esta organización de la sociedad civil a lo largo de varias décadas. El Frayba -como se llama con cariño a esta organización- nació inspirado por los vientos de renovación conciliar de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas y de los procesos sociales surgidos como expresión del movimiento indígena de la segunda mitad del siglo XX.

    Tres artículos de reflexión sobre el contexto local, regional y nacional -a cargo de Jorge Santiago, fundador de varias organizaciones eclesiales y civiles, Susana Montes de la Comisión de Apoyo a la Reconciliación Comunitaria (Coreco) y una entrevista a Carlos González, integrante de la Coordinación del Congreso Nacional Indígena de Gobierno realizada por Pedro Faro-  van acompañados por una valiosa memoria gráfica de los momentos cumbre de tres décadas de construcción de paz en tierras chiapanecas. El diseño editorial y las ilustraciones de Gabriela Soriano Segoviano reflejan, con bellos trazos de arte popular contemporáneo, las conexiones de las memorias subterráneas de resistencia que animan a los pueblos originarios de hoy, así como a la sociedad civil y las iglesias que caminan con ellos.

    A continuación, transcribo mi participación en la mesa redonda, en esa tarde lluviosa en San Cristóbal de Las Casas.

    ∂

    “No hay camino hacia paz, la paz es el camino”

    Mahatma Gandhi

    Estamos conmemorando este año tres décadas de construcción de paz en Chiapas: el Frayba, Coreco, Sipaz, el Congreso Nacional Indígena, el Movimiento Zapatista, los Acuerdos de San Andrés y muchas otras iniciativas de la sociedad civil, las iglesias y los movimientos sociales. Dichas redes surgieron en la tierra fértil chiapaneca, preparada desde hace más de seis décadas por el plan pastoral de la Diócesis de San Cristóbal con la llegada del obispo jTatik Samuel Ruiz que condujo, luego de una ardua y paciente conversación y camino andado con los pueblos originarios, al nacimiento de una Iglesia autóctona.

    Una década después, el Congreso Indígena de 1974 propició el surgimiento de la conciencia colectiva de los pueblos originarios como sujetos históricos. Y finalmente la aparición del movimiento zapatista del EZLN, con sus bases de apoyo y sus milicianos, propuso otro modo de vivir y crear lo político como el común. Todos estos procesos fueron acompañados por una viva y creativa corriente de pensamiento crítico, surgida en los Altos de Chiapas y las cañadas de la Selva Lacandona, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX.

    La Escuela de San Cristóbal, llamada así por Pablo Romo, junto con la Escuela de Cuernavaca, analizada por Humberto Bech, han sido mi parecer las dos principales contribuciones mexicanas al pensamiento crítico de la segunda mitad del siglo XX. Ambas nos dan hoy un rumbo preciso para enfrentar con lucidez la espiral creciente de violencia sistémica que, con el pensador puertorriqueño decolonial Nelson Maldonado-Torres, llamamos aquí la Gran Catástrofe.

    ∂

    La reflexión de Jorge Santiago en la Agenda Frayba 2026. Memorias subterráneas que hoy presentamos subraya con mucha razón la centralidad de los Acuerdos de San Andrés como crisol de luchas de varias décadas por la paz con justicia y dignidad. El pensador sancristobalense nos hace notar que siguen vigentes las reivindicaciones históricas de los pueblos originarios, con la deuda pendiente del estado mexicano para honrar esos acuerdos históricos.

    Dos cartas pastorales de jTatik Samuel Ruiz y Don Raúl Vera prepararon la celebración del III Sínodo Diocesano que se llevó a cabo de 1995 a 1999, proceso que permitió recoger la cosecha de lo sembrado por medio siglo de vida pastoral y darle así un camino certero de sinodalidad a la vida y compromisos de esta diócesis. Ambas cartas nacieron en un contexto de incertidumbre por la animadversión y el conflicto de parte de autoridades vaticanas de aquella época, atizadas por el Club de Roma o grupo de obispos mexicanos que fueron los enemigos declarados de la teología de la liberación en México y América Latina.

    La primera carta pastoral Para que la justicia y la paz se encuentren (1996) es una respuesta eclesial al levantamiento armado de 1994. Refleja la lucha por la tierra de los pueblos originarios, así como la opción por la justicia y la paz que hiciera esta diócesis, siguiendo el impulso del Concilio Vaticano II y de la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín. La segunda carta pastoral Del dolor a la esperanza, firmada por ambos obispos en 1998, después de la masacre de Acteal, es una apuesta por la esperanza en medio del dolor de los sobrevivientes y un compromiso para seguir buscando paz con justicia y dignidad.

    La violencia de la curia vaticana contra este proyecto pastoral se iría desatando después contra Don Raúl Vera, quien fue trasladado a la Diócesis de Saltillo el 30 de diciembre de 1999 como un intento fallido de desmantelar el proceso sinodal. Lo que nunca imaginaron sus detractores es que esa decisión perversa sería la ocasión para esparcir la semilla de una Iglesia liberadora, ahora en tierras de extractivismo minero y violencias de género, que Don Raúl asumiría con fidelidad a su misión como pastor en aquellas tierras del norte desértico de México.

    ∂

    Finalmente, deseo hacer dos comentarios finales para proseguir la conversación.

    Los retos del caminar, luego de tres décadas de construcción de paz, ahora son inéditos ya que estamos ubicados en la incierta hora del colapso civilizatorio. Ya no basta con el compromiso por la justicia para los pueblos originarios, es imprescindible integrar otras justicias como la de género (diversidad sexual) y la justicia ecológica para comprender las rebeldías transmodernas que construyen personas y colectivas de sobrevivientes en contextos de violencia global. La fuerza histórica de los pobres, que pensó la teología de la liberación de la primera generación, está dando paso a la razón insumisa de movimientos sociales y eclesiales que ya desde ahora tejen redes de mutuo acompañamiento, dignidad, resistencia y re-existencias diversas.

    Es hora también de reformular el marco teórico para pensar la violencia sistémica. La teología de la liberación requiere una radicalización que surja del diálogo con el pensamiento decolonial, la teoría queer/cuir y la interseccionalidad para seguir acompañando procesos de paz, de justicia transicional y de espiritualidades diversas de la vida que enfrenten la Gran Catástrofe en curso.

    No olvidemos que es tarea nuestra honrar el legado de los ancestros de la Iglesia liberadora, pero desde las nuevas subjetividades, los cuerpos y los territorios en resistencia, con los frutos de pensamiento, arte y espiritualidad que surgen como insurrecciones mesiánicas anticipando mundos otros, de dignidad y vida para todes.

    La espiritualidad del tiempo mesiánico es interrupción del tiempo lineal de ese chronos que devora a sus hijos en altares de sacrificios cruentos. Tal fuerza mesiánica surge como insurrección pacífica ante la violencia sistémica, es decir, como ruptura del círculo fatal de la rivalidad y la violencia, para instaurar procesos de mutuo reconocimiento, más allá de la violencia que produce pobreza, exclusión y sometimiento a los poderes hegemónicos. Es una espiritualidad de la vida en medio de la muerte. Tiempo otro que (in)surge como anticipación de otros mundos posibles desde los sobrevivientes de ayer y hoy.

    ∂

    El próximo miércoles 25 de marzo, a las 6 de la tarde, seguiremos conversando sobre el pensamiento crítico surgido en tierras chiapanecas, con las reflexiones de Pablo Romo sobre la Escuela de San Cristóbal y las experiencias de una espiritualidad del mutuo acompañamiento en medio de las violencias, a cargo del amigo y colega peruano Juan Carlos La Puente. Ambas reflexiones serán celebradas con el performance dancístico de Martha Elena Welsh.

    Nos vemos en el Restaurante Belil, en el centro histórico de San Cristóbal de Las Casas, donde con Ricardo y Carmen como anfitriones, junto con Angélica y Abraham, seguiremos abriendo espacios de comensalidad, donde las resistencias y las espiritualidades surgen como apuesta de diálogo permanente y mutuo acompañamiento en los cuidados de la vida.

    San Cristóbal de Las Casas, 7 de marzo de 2026

Spanish