Por Carlos Mendoza Álvarez
Un microcosmos en los Altos de Chiapas se despliega a cada paso, como mundos paralelos que tienen pasadizos secretos conectando ancestralidad y modernidad. Es posible recorrerlos cuando se aguza la mirada y se silencia el ruido exterior para escuchar las sonoridades que vibran en cada recinto.
Aquí se puede atravesar en un instante el túnel del tiempo al entrar en el templo de Sots’leb donde deambulan mujeres y varones ataviados con trajes floridos, ocupados en rezos, sembrando candelas a los santos, vistiendo las imágenes con miles de flores. Las procesiones el atrio son como una espiral de clamores mezclados con pom o incienso, colores, cantos y rezos. Todo ese barullo religioso se detiene al llegar el momento culminante de la elevación del Cristo en la cruz. Entonces toda la comunidad cae de rodillas ante el Nazareno acompañado por su Madre, con María Magdalena y Juan evangelista a sus costados.
Y súbitamente, en el mismo pueblo zinacanteco, aparecen los ministros con los celulares filmando, los encargados de medios transmitiendo en vivo la procesión con su cámara puesta en un estabilizador, y las juventudes chateando con sus amistades en tsotsil sobre el próximo concierto de alabanzas que ofrecerá el domingo de Pascua el grupo Alfarero en Navenchauk. La tecnología los conecta con el ciberespacio.
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A escasos kilómetros, en tierras coletas, otra ritualidad, ahora mestiza y barroca, festeja con delirio piadoso el Viernes Santo con penitentes encapuchados, imágenes del Santo Entierro, la Virgen de los Dolores, santa María Magdalena y san Juan Evangelista en andas, acompañados por el pueblo creyente avanzando con recato en la procesión del silencio. La columna se abre con la cruz alta y dos ciriales, seguida por los frailes con su hábito blanco y capa negra, y unos encapuchados tocando el tambor de duelo. Caminamos a paso lento por el andador peatonal lleno de turistas que pasean, se detienen, filman con sus celulares y siguen su camino con desdén, alguna que otra persona se santigua, pero la mayoría ignora el ritual religioso. Me llamó la atención un grupo de jóvenes indígenas urbanas que venían en sentido contrario al de la procesión. Como enojadas y con risas burlonas pasaron con velocidad desafiando al grupo orante por en medio. ¿Su rabia era aquella de las juventudes adolescentes o expresaba algún resentimiento de siglos? Nunca lo sabré. Los empleados de las tiendas y los conductores de autos se ponían nerviosos por el lento avance de la procesión, pero no tocaron el claxon. En contraste, las bocinas de los negocios que buscan atraer clientes con música estridente y vulgar no se apagaron. Su ruido anulaba el retumbar del tambor de la procesión del silencio, a pesar de los intentos de algunos creyentes que se acercaban a pedir a los empleados que, por unos minutos, apagaran sus bocinas. No obstante, los fieles avanzaron impávidos en la procesión, mientras los espectadores a los lados seguían su rumbo como moscas que vuelan a otros manjares.
Así pasan los días santos, entre mundos paralelos que a veces se tocan, pero las más de las veces se ignoran.
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En un suburbio de Jobel, el caracol zapatista se reúne al mismo tiempo para hablar de amores y desamores. De críticas a las pirámides del privilegio. Y de resentimientos también.
Más de quinientas personas inscritas, procedentes de más de cuarenta “geografías” distintas, para escuchar la sabiduría del Comandante Moisés disertando -con una narrativa lenta, acompañada de chispazos potentes-sobre el Común como alternativa a las pirámides de ayer y hoy, estructuras de privilegio y mando, incluida la propia organización del Ezln.
La presencia de tres niñas en la mesa representaba a las infancias en resistencia, acompañando al Subcomandante y al Capitán. Un símbolo de la visión intergeneracional del movimiento zapatista que imagina otros mundos posibles dentro de 120 años, para irlos acercando como herencia para las nuevas infancias y juventudes. Por medio de acuerdos comunales, a partir de ahora las asambleas incluirán a las bases zapatistas y a otros pueblos que no necesariamente compartan su organización, pero sí el anhelo y compromiso de justicia: “Para nosotros nada, para todos… el Común”, sentenció contundente el Subcomandante insurgente Moisés.
Uno de esos días, el Capitán sorprendió a muchas personas y comunidades hablando de “la iglesia católica progresista que quiso destruirnos”. Un tema que merece ser tratado con detenimiento por sus principales actores, profundizado en el contexto social y religioso del momento, para ir más allá de las acusaciones que reproducen la espiral de rivalidad, resentimiento y odio. No se puede borrar de un plumazo un camino de seis décadas de una Iglesia liberadora, por supuesto con sus luces y sus sombras, que ha dado sabrosos frutos de memoria colectiva, dignidad y fortalecimiento de los pueblos mayas en estas tierras.
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El sábado por la noche miles de comunidades cristianas en el mundo nos congregamos para celebrar que la vida es más fuerte que la muerte con la ceremonia del fuego nuevo. En Sots’leb, el Pregón Pascual, cantado en tsotsil por Paco Torre, arropó a la comunidad en medio de la oscuridad con el resplandor de la luz del Crucificado que despertó.
La Vigilia Pascual nos recuerda que -en medio de la noche que atraviesan las víctimas de ayer y hoy- el Abbáde Jesús pronuncia un sí definitivo, rescatando a su hijo del Sheol, el abismo, el inframundo, para abrir en los muros del mundo hegemónico pasado y presente una grieta de esperanza por donde insurge la vida plena para todo el cosmos.
Y será una mujer, María de Magdala, la primera en atreverse a ver, a reconocer y a movilizar a su comunidad en duelo para ir más allá de la rivalidad y el resentimiento por la tortura y la ejecución de su Rabí Jesús como un criminal en una cruz romana con la complicidad de la turba enardecida en un linchamiento ejemplar. Junto con las otras mujeres de la comunidad del Galileo, el llamado consiste en “ir a Galilea”, para encontrarse con el amigos y maestro resucitado prosiguiendo su sueño de una humanidad herida y sanada por el amor incondicional del Abbá en la fuerza su Ruah divina.
Releyendo las Escrituras hebreas, como los discípulos de Emaús, esa comunidad mesiánica en ciernes fue capaz de recibir los destellos del mundo otro venido del Dios de la vida.
¡Feliz Pascua de Resurrección!
Sots’leb, Jobel y Navenchauk, 5 de abril de 2026



