Categoría: Pueblos originarios

  • La IA, ¿amenaza o compañera? Sobre los retos del mundo digital y la conmemoración 500 OP ChiapasFreepik | Arte digital, recurso generado con IA | 2026

    La IA, ¿amenaza o compañera? Sobre los retos del mundo digital y la conmemoración 500 OP Chiapas

    Por Carlos Mendoza Álvarez

     

    En días recientes el tema de la inteligencia artificial (IA) se ha “viralizado” en las redes sociales por la primera Carta Encíclica del Papa León XIV. Como ironía de la era de los sistemas -según llamaba Ivan Illich a este nuevo paradigma social que convendría tener presente a la hora de analizar el mundo digital- las advertencias del pontífice han sido ya devoradas por los algoritmos y las cuentas de Instagram, X, TikTok y Facebook (para la vieja generación del mundo digital). Los memes del Papa León luchando contra la IA han inundado las redes, como aquel del pontífice con su báculo advirtiendo con firmeza a Palantir: “No pasarás”. Y para colmo, miles, quizás millones de personas, han recurrido a la IA para crear un resumen de la encíclica, las más de las veces por curiosidad, otras con el afán de criticar al Papa o bien al poderío de las empresas que la producen y controlan. Valdría la pena una lectura pausada y personal de la carta encíclica para analizar su contenido.

    Sin quitar un dedo del renglón de la crítica ética y de la regulación jurídica internacional que es preciso promover para la producción y el uso de la IA, me parece que conviene primero caer en la cuenta de que ya estamos inmersos en esa maraña de datos movida por voluntades individuales, empresariales y gubernamentales, con una “autonomía” cada vez mayor de lo que se llamaba hace años “el internet de las cosas” (IoT por sus siglas en inglés, Internet of Things). Esa red de sistemas digitales de flujo de datos llegó para quedarse, monitoreando la información que circula en el medio digital de manera automatizada dentro de sistemas creados por los humanos, pero operando cada vez con mayor “autonomía” para generar nuevos datos y producir efectos sociales, mercantiles, científicos y culturales sin precedentes.

    La serie de ciencia ficción distópica Black Mirror, creada en Gran Bretaña en 2011, mostraba episodios, fascinantes y espeluznantes a la vez, de una sociedad controlada por la tecnología, donde las fronteras entre realidad humana y mundo virtual eran tan porosas que creaban escenarios apocalípticos. Quince años atrás esta realidad del poder del algoritmo parecía un acto de la imaginación. Hoy ya es parte de nuestra vida cotidiana.

     

     

    Me encuentro ahora preparando un par de charlas sobre la IA. La primera la ofreceré esta semana en la Casa diocesana de San Cristóbal de Las Casas a un grupo de sacerdotes de las Generaciones X y Y -ambas nacieron después de 1965 luego de la generación de los Baby boomers- hasta 1982 cuando aparecen los Millenials. Por supuesto que esta clasificación, propuesta por la sociología colonial británica y canadiense para designar primero a una generación que no tenía un deseo definido, y luego a la primera generación de nativos digitales, es pertinente para describir a ciertos estratos sociales en cada país. Pero también designa la otra cara de la Luna de la globalización, debido al impacto tecnológico que han tenido la televisión y la informática en la vida de todos los pueblos.

    Más adelante, con el equipo de JobeLab realizaremos un conversatorio sobre IA a fines de junio en el templo de Caridad para reflexionar sobre la reciente Carta Encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV, publicada el pasado lunes 24 de mayo. Lo haremos desde una perspectiva interdisciplinaria, dando primero la voz a colegas de la informática, la educación y la filosofía. Ahí me tocará plantear algunas reflexiones sobre el sentido teológico del problema en cuestión, desde una perspectiva fenomenológica y descolonial, profundizando una intuición presente en la Carta Encíclica, la vulnerabilidad humana, pero por desagracia no desarrollada por el Papa León de manera suficiente.

    Son muchos los foros eclesiales, universitarios y sociales donde hemos de abrir conversaciones inteligentes, con imaginación creativa, para pensar de manera conjunta la realidad digital que ya nos alcanzó, con sus enormes posibilidades de flujo de información y sus desafiantes escenarios de control post-humano de procesos de producción y de conocimiento que jamás hemos imaginado.

    La IA es percibida hoy como una amenaza, aunque ya forma parte de nuestros “usos y costumbres” de la era digital. Tal vez debamos aprender a convivir con ella como “creatura”, es decir, como realidad marcada por la finitud de todo los creado y, por tanto, incapaz de suplantar nuestra imaginación y nuestra creatividad -y mucho menos la Gloria divina- aunque debamos estar atentos al peligro de control de nuestras vidas y destino. Hoy más que nunca, el reducto místico de la condición humana se presenta con mayor claridad como fuente de libertad en tiempos de IA.

     

    500 OP Chiapas

     

    Este jueves 4 de junio iniciamos los actos conmemorativos por los 500 años de la llegada de los frailes dominicos a Tierra Firme del continente americano, el 23 de junio de 1526 en la Villa Rica de la Veracruz, como primer anclaje de la colonización europea y de la llegada del Evangelio con su modelo de Cristiandad occidental.

    En Chiapas, la pequeña comunidad de frailes dominicos de San Cristóbal de Las Casas, junto con amigos y colegas, ha preparado actos culturales y litúrgicos para conmemorar esa gesta. Iniciaremos el jueves 4 de junio con el concierto de la Orquesta Sinfónica y Coro San Cristóbal de Las Casas en el Templo de Santo Domingo, donde este conjunto juvenil interpretará obras de música clásica barroca y moderna, con interludios que remorarán brevemente los momentos de llegada de los frailes a estas tierras, su misión evangelizadora, su apogeo en el periodo novohispano y su posterior decadencia en el siglo XIX, hasta el progresivo florecimiento en el siglo XX.

    El viernes 5 de junio, un coloquio académico sobre la contribución de los dominicos a la cultura chiapaneca tendrá lugar en el antiguo convento de los frailes en la Ciudad de San Cristóbal de Las Casas, hoy Museo de los Altos de Chiapas, con la participación de dos historiadores de la arquitectura novohispana de los dominicos en Chiapas. Será la ocasión para la presentación del libro más reciente de fray Pablo Iribarren sobre los dominicos en el siglo XX, enfocado en la evangelización en diálogo con los pueblos originarios de Chiapas. La música de marimba de las Hermanas Díaz pondrá el tono festivo en este evento.

    El sábado 6 de junio será el turno para el festejo en Zinacantán, con la generosa colaboración de las comunidades creyentes de la Parroquia de San Lorenzo Mártir. Una misa solemne de acción de gracias en el Templo de San Lorenzo Mártir, sede parroquial, estará seguida por el acto cultural “Transfiguraciones: espiritualidades mayas hoy”, que me ha tocado organizar junto con dos maestros del arte maya contemporáneo. Iniciaremos con la develación del mural 500 OP Chiapas, realización magistral del maestro Antún Kojtom, artista tseltal de Tenejapa, sobre el encuentro de las tradiciones espirituales del pueblo tsotsil y otros pueblos mayas de los Altos y la Selva de Chiapas con los frailes dominicos a lo largo de la historia. La poesía tsotsil del maestro Xun Betán y de algunos de sus alumnos del taller de creación literaria, realizado este mes como preparación a este evento, estará acompañada por música tradicional tsotsil interpretada por músicos del templo parroquial. Y por la tarde, será ofrecida una charla sobre los dominicos en Zinacantán por fray Pablo Iribarren, como marco para un acto litúrgico de cierre en el que jóvenes zinacantecos harán sus promesas iniciales como miembros del Movimiento Juvenil Dominicano.

    Y para concluir los actos conmemorativos, el domingo 7 de junio, con una Eucaristía presidida por Don Rodrigo Aguilar, actual obispo de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, la familia dominicana y el pueblo creyente de la ciudad daremos gracias al Dios de la Vida por este medio milenio de obra de la predicación, con sus luces y sombras, invocando la misericordia divina para caminar con esperanza como pueblo de Dios en los tiempos arduos que nos toca vivir para dar testimonio del Evangelio de la liberación con justicia y paz para todas las creaturas del cosmos.

    Les esperamos pronto en Chiapas.

    San Cristóbal de Las Casas, 31 de mayo de 2026

  • La fiesta de la Ruah divina Reflexiones sobre la memoria viva de los pueblos en movimientoAntún Kojtom | Mural 500 OP Chiapas | Detalle: boceto de fray Pedro Lorenzo de la Nada con Sabio Lacandón | Sots´leb, 2026

    La fiesta de la Ruah divina Reflexiones sobre la memoria viva de los pueblos en movimiento

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

    Cincuenta días después de la Pascua las comunidades cristianas en todo el mundo celebramos la sobreabundancia del amor divino, cosechando los frutos del tiempo mesiánico recogidos con alegría en medio del sufrimiento, como dice el poeta hebreo: “Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre cantares” (Salmo 126: 5).

    Hace dos mil años, tras el duelo por la ejecución cruenta de Jesús, el Galileo, por el imperio romano -en complicidad con autoridades del Templo de Jerusalem y de la turba enardecida como parte del infernal círculo mimético-un tiempo de duelo fue necesario a su comunidad de amigas y compañeros para comprender el sentido del sinsentido que representaba la muerte del inocente. Una pregunta que aún hoy surge en el corazón doliente de quienes han sobrevivido a los linchamientos antiguos y nuevos. Un cuestionamiento por el sentido de la ausencia que también late en el corazón de las Madres Buscadoras de personas desaparecidas hoy en México, que se hace clamor por encontrar a sus retoños para ayudarles “a volver a casa”.

    Celebrar que el amor es tan fuerte como la muerte y, aún más, que el amor vence al odio o que la vida resiste y re-existe parece, a primera vista, una evasión que olvida el sufrimiento de las víctimas y la urgencia de la justicia. Por el contrario, me parece precisamente que en ese sufrimiento esperanzado late el corazón de la indignación ética, política y espiritual de los sobrevivientes a tantas violencias. Un clamor que se expresa en las plazas públicas de Gaza y Teherán, Beirut y México, Kakuma y Dadaab en Kenia, por parte de quienes ponen cuerpo, corazón e inteligencia al servicio de la vida en medio de la muerte.

    La fiesta de Pentecostés echa sus raíces en el gozo de los pueblos que, tras enfrentar el horror, son capaces de ir más lejos en la regeneración del trauma y el discreto cultivo de la esperanza. Sin negar el pasado doloroso, ni la irrenunciable rendición de cuentas de los perpetradores, lo que importa a quienes sobrevivieron es ponerse de pie y volver a vivir con esperanza. Es lo que he ido aprendiendo, paso a paso, de las colectivas queer que enfrentan las fobias de género de diverso signo, de las mujeres enfrentando abusos y feminicidios, así como de los pueblos originarios que fortalecen sus resistencias por medio de procesos de autonomía de cuerpos y territorios, desde los Inuit en Canadá hasta los Mapuches en el extremo sur de nuestro continente.

    ¿Cómo celebrar la cosecha de la Ruah divina en estos tiempos de tanta incertidumbre que anida en nuestra época? Vivimos signos alarmantes de retorno de la barbarie a manos de gobiernos genocidas en Medio Oriente y en África, como de estados fallidos atrapados por la complicidad de los gobernantes con las mafias criminales transnacionales, como es el caso de México, El Salvador y Nicaragua. La espiral de odio genocida es transmitida en tiempo real por los ataques del estado sionista israelí cometiendo crímenes de lesa humanidad, con la complicidad de Estados Unidos y la Unión Europea y la indiferencia de la comunidad internacional, contra pueblos enteros que estorban a su afán de poder geopolítico.

    El fortalecimiento de las resistencias tiene que enfrentar también debates de fondo para encontrar el rumbo de la utopía en tiempos de distopías. La memoria colectiva, que yace en el corazón de estos procesos, es hoy territorio de debate. Quién cuenta la historia y cómo la cuenta son preguntas que se hacen los zapatistas en Chiapas, como la Flotilla Sumud Global, intentando visibilizar a quienes siempre quedan en las sombras del poder que mata.

    Los dominicos no estamos exentos de estos debates a la ahora que conmemoramos 500 años de la llegada de los frailes a lo que hoy llamamos Veracruz en México, el 25 de julio de 1526. La gran gesta de la evangelización -que, sin duda, trajo a misioneros inspirados por la utopía renacentista y por el celo de la reforma de las órdenes religiosas para volver a sus orígenes de seguimiento de Cristo-  también estuvo marcada por la libido dominandi de los conquistadores que seguían aquella máxima de la modernidad occidental pensada por Enrique Dussel de manera tan contundente: conquiro, ergo sum, es decir, “conquisto, luego existo”.

    A la hora de hacer el recuento histórico de la presencia dominicana en esta región del continente -llamada por los occidentales navegantes Tierra Firme y por geógrafos posteriores Mesoamérica- no podemos olvidar que una contradicción de origen marcó la labor evangelizadora de los frailes dominicos en el siglo XVI, como lo estudió con rigor histórico fray Daniel Ulloa Herrero en su tesis de doctorado en El Colegio de México: una corriente observante que encabezaba fray Domingo de Betanzos, y otra tendencia profética que animó fray Bartolomé de Las Casas. Sin duda hubo muchos matices entre ambas tendencias a la hora de lidiar con la evangelización en tierra colonizada que luego dio lugar a la edad de oro novohispana, aquella de los templos barrocos de la ruta dominicana desde la Ciudad de México hasta Guatemala, recorriendo todo el centro y sur del virreinato de la Nueva España.

    El esplendor del arte barroco de los templos conventuales de Puebla, Oaxaca y Chiapas ha marcado una visión del mundo donde México fue el axis mundi de aquella época inicial de la modernidad, punto de encuentro entre Asia y Europa. Fue también laboratorio de una cultura cosmopolita, como gustaba decir fray Julián Pablo Fernández cuando era prior de las ruinas del Imperial Convento de Santo Domingo de México. Una época que dio nacimiento a una cultura criolla y mestiza de valor universal, como lo cuenta el historiador de la UNAM José Rubén Romero Galván. Aunque no podemos olvidar que esa cultura criolla sometió e invisibilizó a los pueblos originarios, como subraya la lectura decolonial de nuestros días.

    Estas reflexiones vienen a cuento a la hora de acompañar a un gran pintor maya tseltal, el maestro Antún Kojtom, quien actualmente realiza el mural conmemorativo de la llegada de los dominicos a Chiapas, en un muro ubicado en la plaza principal de Sots’leb, entre el templo y el mercado, en la cabecera municipal de Zinacantán.

    Desde hace medio año comenzamos a conversar sobre la narrativa del mural en ciernes, subrayando lo que hoy llamamos un “diálogo de saberes”, entre los pueblos mayas de Chiapas y los frailes dominicos.

    Elegimos un tono conversacional para la representación de las escenas que aparecen en el mural, dando relevancia a la religión ancestral del pueblo tsotsil, en particular sus cargos religiosos como el de las abuelas, los videntes y los mayordomos, con sus rituales de rezo en los cerros, bendiciones de los ancestros y cargos comunitarios. Mediante esta narrativa buscamos subrayar el legado de tantos siglos que hoy en día se mantiene vivo en la vida pastoral de la parroquia de San Lorenzo Mártir de Zinacantán.

    En el centro del mural aparece el encuentro entre un mayordomo tsotsil y un fraile dominico, fray Bartolomé de Las Casas, ambos de pie con la misma dignidad, intercambiando la palabra, cada uno con su símbolo de autoridad, el bastón de mando para el primero, la Biblia para el segundo.

    A la derecha, una tercera escena congrega a la Iglesia profética que ha florecido en los Altos de Chiapas y la selva Lacandona desde el siglo XVI hasta nuestros días: un grupo de frailes, con fray Matías de Córdoba que promovió la independencia de Chiapas en el siglo XIX y fray Raúl Vera con jTotik Samuel al lado, obispos de la Iglesia de los pobres y excluidos en el siglo XX. Sobre sus cabezas, a modo de papalotes movidos por el viento de la Ruah divina, los mártires de la Iglesia sancristobalense de décadas recientes: Ignacio Pérez López, pre-diácono de Chicomuselo, el padre Marcelo Pérez, párroco de Guadalupe en Jobel, Simón Pedro Pérez López, miembro de Las Abejas de Acteal y Guadalupe Vázquez Luna, sobreviviente de la masacre de Acteal.

    Al extremo derecho aparece una escena altamente simbólica para la recreación de la memoria histórica de los frailes dominicos en Chiapas, contando historias de rebeldías creativas: fray Pedro Lorenzo de la Nada dialogando con un sabio Lacandón, ambos sentados sobre rocas, a la sombra de una gran ceiba, el árbol sagrado de los mayas, con los glifos de la palabra florida saliendo de sus bocas. El fraile mueve las manos significando elocuencia, a la vez que escucha. El sabio lacandón toca su corazón con una mano y señala a la madre Tierra con la otra. Uno, vestido con su hábito blanco y capa negra; el otro, adornado con un collar de jade y calzón blanco. Los acompañan un grupo de mujeres, jóvenes y niños lacandones atentos al diálogo. Esta escena busca representar la aventura apostólica emprendida por un fraile que quiso ir más allá de los límites de las normas de la cristiandad, como lo cuenta de manera magistral Jan de Vos en su biografía de fray Pedro Lorenzo. Lo que nos pareció más importante resaltar del fundador del Palenque moderno, fue el atrevimiento del fraile rebelde de “ir a la nada”, como le espetó el prior del convento de Santo Domingo de San Cristóbal ante la insistencia de fray Pedro Lorenzo de ir a la selva a buscar a sus pobladores para anunciarles la Buena Nueva. Escapando del convento se perdió por varios años, apareciendo más tarde en tierra de los Tsendales, donde fundó Palenque. En su travesía apostólica logró llegar a Pochutla y al lago de Lacam-Tum, hoy conocido como Miramar, centro sagrado del pueblo lacandón. De esa época se conservan en el archivo diocesano algunas actas bautismales con su nuevo nombre: fray Pedro Lorenzo de la Nada.

    Al compartir con amigos los bocetos del mural en elaboración, no han faltado comentarios elogiosos por la iniciativa, sobre todo porque fue resultado de un largo diálogo con autoridades civiles y religiosas de Zinacantán. Otros han valorado que el autor invitado sea un reconocido maestro del arte contemporáneo maya. Algunas voces críticas han subrayado la presencia menor de las mujeres, o el protagonismo de los frailes en las imágenes. Por mi parte, una vez acordado con el maestro Antún el tono de la narrativa con la importancia de los símbolos de las dos tradiciones por representar en el mural, recibí con respeto y gran admiración la propuesta visual del artista quien, con su genio propio, nos dejará sin duda un legado pictórico que es el regalo de los frailes dominicos al pueblo de Zinacantán en esta conmemoración.

    Dentro de un par de semanas estaremos celebrando en San Cristóbal de Las Casas y en Zinacantán tal acontecimiento.

    Ya les contaré sobre las nuevas semillas que se van sembrando en este camino de memoria viva.

    Jobel, 22 de mayo de 2026

  • Los frutos de la Pascua floridaCarlos Mendoza Álvarez | Capilla del Rosario, Templo de Santo Domingo de Puebla | 2026

    Los frutos de la Pascua florida

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    Tres semanas de silencio en este blog han transcurrido en medio de una vorágine de acontecimientos pastorales y personales que, en retrospectiva, veo relacionados como frutos del camino de la Pascua de este año. A través de breves historias trataré de contar los destellos del mundo por venir que percibí a lo largo de estos días.

    Las celebraciones religiosas de la Semana Santa se conectaron de repente con una experiencia de encuentro misterioso en los pozos de agua de Yalentay, en los cerros de Zinacantán, donde fui recibido de manera inesperada por el guardián del lugar. Esas celebraciones religiosas multiformes se dieron en medio de visitas de colegas y amigas queridas venidas de lejos, Amirah y Alicia con Adriana, con quienes anhelaba compartir los sabrosos frutos de una Iglesia autóctona de raíces y rostro tsotsil, acompañadas por las preguntas sobre lo que aún falta por aprender a cuidar como parte del camino de las resistencias.

    Pascua en Jobel

    El grupo de seis acólitos me fue encomendado para su formación y la preparación de su vestimenta según el estilo de los dominicos. Son seis adolescentes coletos que, con mucha convicción y emoción, quieren dedicar parte de su vida humana y espiritual, ocupando su tiempo libre durante la secundaria y la preparatoria, a “servir al altar”. En el contexto de la sociedad coleta, de intensa práctica religiosa y devocional, resulta todo un desafío pastoral conectar con las juventudes para servir a Cristo en el altar y en la comunidad, especialmente con los pobres y los excluidos. Integrar a una nueva generación de jóvenes creyentes se enfrenta a diversas resistencias por parte de las personas mayores, que parecen inamovibles en sus prácticas religiosas jerarquizadas e individuales de la piedad popular sancristobalense.

    Pero luego de dos meses de encuentros sabatinos en un clima de fraternidad, con oración sencilla, salida del corazón y por medio de la escucha de historias bíblicas en versiones audiovisuales contemporáneas, se fue formando una incipiente comunidad de amistad con Jesús, como pastor y amigo de las ovejas de este y otros rediles.

    Al final de dicho proceso, que tuvo algunas tensiones con la vieja generación, caigo en la cuenta del corazón bueno de las juventudes coletas de hoy, deseosas de servir con belleza y verdad en el altar litúrgico, a la vez que inquietas por traducir el simbolismo del altar de Cristo —los pobres— en actos de servicio a los más vulnerables de la ciudad.

    65 soles

    Y llegó abril con su fuerza afectiva de cumpleaños, brindándome la posibilidad de rememorar el festín del deseo en mi propia carne —con misa y mesa dispuestas con el sello de los sabores y el estilo poblano—, acompañado por mi familia y por amistades antiguas y nuevas, como acción de gracias por los 65 abriles que he podido vivir como hombre y como dominico, la mayor parte de mi vida.

    La Capilla del Rosario, epicentro de la vida espiritual de muchas familias poblanas, incluida la mía, fue el lugar perfecto para entonar una acción de gracias por el don de la vida, acompañado por mi familia y amistades a lo largo de tantos años de compartir el pan y la sal, el dolor y la esperanza, la fiesta y los trabajos por construir otros mundos aquí y ahora. La música barroca interpretada por Julio Saldaña y Suzy Torres, con Magda como soprano y Abraham como tecladista, nos permitió conectar con los ancestros de la familia y de mi orden religiosa. Ese espacio extraordinario de arte barroco es aún más admirable porque cuenta historias de mujeres de fe, como María, la joven mujer de Palestina que dijo sí al ángel, y de muchas mujeres de la Biblia y hermanas dominicas de Europa y América, todas ellas caminando, acompañadas por las tres virtudes teologales, hacia la gracia plena.

    Fue un gusto recibir como comensales a mis compañeros de la secundaria del Instituto Normal del Estado y de la Preparatoria Popular Emiliano Zapata. Los años que pasaron volando parecen ahora acercarnos más que distanciarnos. Tuve la sensación de que volvíamos a casa, luego de que cada uno siguiera su propio sendero, ya fuera abogado, química, ingeniero, educador o guerrillero.

    Y para mi sorpresa, volver a encontrarme con Polo Sánchez Brito, guía scout de la patrulla Antílopes del Grupo 1 de Puebla más de medio siglo después, fue refrendar aquellos aprendizajes para valerse por sí mismo y en comunidad en medio del bosque, orientándose con la brújula y las estrellas en las caminatas de iniciación, aprendiendo a encender fuego con pedernal y un poco de paja, a cocinar el desayuno y preparar café con leche al amanecer, además de reconocer las huellas de los animales que pasaban por los caminos y grabarlas en moldes de yeso.

    Seis brindis, uno por cada década vivida, me permitieron rememorar pequeñas historias de infancia familiar y como boy scout, el despertar afectivo de adolescencia, la juventud preparatoriana crítica, la profesión elegida desde temprana edad en mi caso como dominico, la fe comprometida a lo largo de los años según una tradición espiritual e intelectual de ocho siglos, y finalmente la vida académica de tres décadas inspirada por el acompañamiento pastoral a comunidades vulnerables de México.

    Y al final, toda esta memoria compartida fue coronada por el brindis amoroso en las voces de mi hermana María Eugenia, mi amigo Raúl de la prepa y de Amirah, quien representaba a los doctorandos de Boston College de diversos países de Nuestramérica, con quienes tanto sigo aprendiendo.

    ¡Qué alegría celebrar así el don de la vida!

     

    Diálogos bávaros

    Y, como continuación desafiante de la vida, ahora estoy realizando una breve estancia académica en Eichstätt, en Baviera, gracias a la invitación de mi amigo, el profesor Martin Kirschner, quien me está permitiendo conectar de nuevo con aquel oficio de profesor que dejé hace un año al renunciar a Boston College, luego de tres décadas de vida académica.

    Ser “objeto de estudio” de los doctorandos en Baviera no fue del todo extraño para mí, después de que Cleusa Caldeira, en la Facultad Jesuita de Teología de Belo Horizonte, Brasil, dedicara su tesis doctoral a explorar mi contribución al pensamiento teológico. Aquí, Constantin tuvo el encargo de leer mi último libro sobre la resurrección como anticipación mesiánica, para plantear preguntas acuciosas sobre “lo real” del acontecimiento de la resurrección de Jesús, preguntándome qué pasó con su cuerpo y cómo nos afecta hoy. En el fondo, había un cuestionamiento metafísico que subyace a este acontecimiento fundacional de la existencia cristiana.

    Volver al ritmo de una ciudad europea universitaria, tranquilo, silencioso y ordenado en sus tiempos y formas, resulta un deleite. Pero también es un desafío no desconectarme de los procesos de vida y de pastoral en los que estoy inmerso desde hace cinco meses en Chiapas.

    ¿En qué modo, en adelante, podrá lograr un equilibrio entre acción y pensamiento, con tiempo suficiente para la meditación, la reflexión y la escritura?

    Se asoma en el horizonte el sueño de una cabaña-hogar donde departir con amigos en el cuerpo y el espíritu, el soplo de la Ruah divina para dejarnos mover por su brisa.

    Tal vez el entorno de los volcanes de mi infancia sea el humus fecundo que haga florecer ese sueño.

    Eichstätt, 30 de abril de 2026

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