Categoría: Proximidad

  • De las resistencias a las re-existencias Sobre los aprendizajes descoloniales de la última décadaAlex Serpas | Re-existe: Un salto de vida | Pintura acrílica sobre papel | El Salvador, 2025

    De las resistencias a las re-existencias Sobre los aprendizajes descoloniales de la última década

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

    Retomo la historia del río de aguas de vida y pensamiento que se ha ido formando gracias a experiencias de aprendizaje compartido con amigas y amigos con quienes descubro un modo inspirador para vivir la espiritualidad y para tejer un pensamiento teológico y filosófico que sea significativo y movilizador para los tiempos que vivimos en nuestra época de incertidumbre global.

    El Mutuo Acompañamiento Espiritual y Teológico fue el primer riachuelo que se fue formando para irrigar las tierras de mi labor teológica que fui cultivando con personas ubicadas en las periferias de la sociedad, buscando una espiritualidad de la vida que florece en medio de las grietas del poder, primero en México y los Estados Unidos, luego en todo el continente hasta llegar ahora a Europa y África. Así, poco a poco fui explorando espacios de gran vitalidad de espiritualidades diversas, con su saber teológico propio fuera de la universidad, como la plaza pública, el servicio pastoral y el activismo social. Espiritualidades que ya intuía desde mi juventud, pero que ahora escuchaba con mayor atención del corazón y de la inteligencia.

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    El otro afluente del valle de las prácticas y saberes descoloniales lo comencé a navegar con Pablo Reyna, Araceli Téllez, Eduardo Velasco y varios colegas de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México desde hace más de una década. Eran los tiempos del movimiento estudiantil #YoSoy132 que se levantó contra la corrupción del sistema político mexicano; tiempo también de las protestas por la desaparición forzada de los normalistas de Ayotzinapa; y, posteriormente, tiempo del movimiento #MeToo encendido por las compañeras feministas en plazas públicas de todo el mundo para desmantelar el patriarcado milenario.

    Me sumé al proceso de aprendizaje para “descolonizar la universidad”, al que nos había convocado David Fernández -quien inició su rectorado en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México inspirado por el pensamiento y martirio de su compañero jesuita Ignacio Ellacuría de la Universidad Centroamericana de El Salvador, y asesorado por la aguda inteligencia del gran pensador mexicano Gustavo Esteva- desde mi lugar como académico y directivo. Propuse entonces, en mi calidad de Divisional de Humanidades y Comunicación de la Ibero Ciudad de México, llevar a cabo en 2016 un coloquio que llamamos “Por un cambio de mundo”, donde convocábamos a estudiantes, docentes e investigadoras, así como al personal administrativo y compañeros de servicios de la universidad, a plantear los problemas sociales más urgentes de nuestro tiempo para conversar sobre los modos de hacerles frente, pensando sus causas como parte de nuestra vocación universitaria, y dando el giro “epistemológico” crucial para aprender de los saberes de los pueblos y los movimientos sociales que enfrentaban con creatividad y esperanza esas violencias. Fue memorable en ese coloquio la conferencia magistral dictada por Leonardo Boff sobre los desafíos de nuestro tiempo.

    A partir de ese momento propicio se fueron concatenando otros conversatorios, semilleros y coloquios académicos, cada uno convocando siempre tres miradas y análisis de perspectivas diversas y complementarias: los movimientos sociales en resistencia a las violencias diversas; las personas de academia aprendiendo e investigando junto con esos movimientos; y las colectivas de artistas creando performances, coreografías, música, pintura, escultura, dramaturgia y literatura para contar y recrear las historias de vida que van surgiendo en las grietas del mundo violento. Resultó ser con el tiempo una fórmula apasionante, llena de muchos desafíos cognitivos, sociales, culturales y espirituales, que se fue revelando como una vía específica para “descolonizar” la universidad, abriéndola así a otros procesos de conocimiento y de transformación de la realidad surgidos en las periferias del mundo hegemónico.

    El coloquio “En la encrucijada del Norte y el Sur” sobre la obra poética y académica de Boaventura de Sousa Santo de 2017 fue otro momento memorable, donde raperos, cantando y bailando la poesía de la escritura INKZ (incapaz) del autor portugués, interactuaban con Madres Buscadoras de México y Argentina, con jóvenes mujeres de las Guardias Comunitarias de Cherán en Michoacán, y con sanadores de Bojayá en Colombia curando el trauma de la masacre perpetrada por paramilitares y ejército, entre muchas otras experiencias de víctimas convertidas en sobrevivientes. Explorábamos así nuevos caminos de la “ecología de saberes”. Un territorio apenas explorado que tendremos que ir recorriendo en los años por venir.

    Más adelante, la conferencia sobre teologías descoloniales organizada en 2019 por la revista internacional de teología Concilium en la Ciudad de México -iniciativa editorial de la que formaba parte como consejero editorial y directivo más tarde que mantenía viva la llama del Concilio Vaticano II- en colaboración con la Ibero y con el CUC de los dominicos en Ciudad Universitaria vino a atar varios de esos hilos en un nudo maestro. Una oración ecuménica en el templo de Santo Domingo de México, copresidida por un obispo católico dominico y una obispa afro puertorriqueña y queer abrió el evento, que luego congregaría en el campus universitario de Santa Fe a movimientos sociales de México, Guatemala, El Salvador, Colombia, Brasil y Argentina, entablando inspiradoras conversaciones con periodistas de investigación, antropólogas, filósofos y teólogas, en mesas redondas de mutua escucha. Cada jornada estaba acompañada de conversatorios a tres voces siguiendo el formato que nos había revelado un nuevo modelo de universidad en ciernes. Otras veces organizamos mesas redondas con figuras reconocidas, como aquella extraordinaria conversación entre Rita Segato, Raúl Zibechi y Amador Fernández Savater sobre las espiritualidades que animan las resistencias, un tema para los tres personajes fuera de sus acostumbradas reflexiones de teoría crítica que aceptaron explorar, llevada a cabo en el CUC de la Parroquia Universitaria de los dominicos, para cerrar el evento con provocadoras intuiciones sobre la “esperanza política”.

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    Hasta ahí llamábamos “Resiste” a esos conversatorios hasta que, en diálogo con Nelson Maldonado-Torres durante un coloquio en Boston en la primavera de 2022, caí en la cuenta de la necesidad de nombrar con una nueva expresión esta fase más profunda del proceso de la descolonización de la vida y del pensamiento. Era crucial concentrarnos en las “re-existencias” que crean los pueblos afrodiaspóricos, las mujeres en su lucha contra el patriarcado, las colectivas queer, las madres buscadoras en Argentina y México, los colectivos de personas en migración forzada, las personas discapacitadas (o de capacidades diferentes, según el énfasis deseado) creando espacios de vida, y tantas otras comunidades en resistencia que inventan, día tras día, nuevos modos de vida, de organización comunal y de espiritualidades del Buen vivir.

    Animados por esa intuición llevamos a cabo, junto con Elías González y Juan Carlos La Puente, dos encuentros-festivales en el ITESO de Guadalajara con el nombre “Re-existe”, el primero en 2023 y luego en 2025. Con la gran visión de su rector Alexander Zatyrka, la imaginación creativa de un puñado de teólogas y teólogos de Perú, Kenia, Nigeria, Cataluña, la India y México hizo posible congregar a ochenta personas invitadas y cientos de estudiantes y docentes en ambos encuentros. El corazón de ambos conversatorios y festivales latía concentrado en las espiritualidades que mantienen de pie, con “esperanza combativa”, a las personas y comunidades ubicadas en las grietas del mundo hegemónico. El extractivismo de minería se analizaba en sus conexiones con el racismo de supremacía blanca y las políticas migratorias xenófobas, con sus estrategias de limpieza étnica y exterminio enfocadas en el control de territorios y subjetividades por medio de nuevos colonialismos de asentamientos, como los que dieron origen a países como los Estados Unidos, Sudáfrica e Israel. Ahí buscábamos desentrañar los procesos para despertar, sanar y acuerparse que son desplegados por las comunidades en resistencia. Historias que, poco a poco, se transforman en re-existencias.

    La cosecha de esos maravillosos encuentros se expresó también como ritualidad celebrativa gracias al apoyo de Fran, Diego, Glenda y Lau, educadores populares del colectivo Bendita Mezcla, formado por las jóvenes generaciones de las Comunidades Eclesiales de Base de Nuestramérica. Y, así, estos conversatorios llegaron a su clímax estético con el talento del cómic de Katsumi Lemus, el rap y el hip hop de los compañeros de Psicolexia y Semillero 259 de Chiapas, con los performances de la colectiva de artistas de Portland, en Oregón, los bailadores del Jauja en tierras andinas, y tantas otras personas creadoras de resplandores de belleza en las grietas del necropoder.

    Soñamos ahora con volver a reunirnos en Madre África en 2028, donde podamos honrar la memoria viva de esos pueblos que mucho nos enseñan hoy de aquella potencia de la ancestralidad recuperada. Pueblos que son testimonio vivo de la creatividad de la diáspora y de la profundidad del pensamiento que surge de heridas centenarias trasformadas en cuerpos y territorios de dignidad y esperanza, como en Sudáfrica y Kenia, Sudán del Sur y el Congo.

    En el contexto de la gran catástrofe (Nakba) que hoy enfrentamos -sea como “guerra contra la humanidad” según los zapatistas en Chiapas, sea como genocidio en Palestina denunciado en sus dispositivos ideológicos de sionismo judío y evangélico por Silvana Rabinovich y Mitri Raheb, o bien como tecnofascismo en el mundo entero según el pensamiento decolonial- son más que nunca urgentes estos encuentros para tejer redes de mutuo reconocimiento y esperanza política, promoviendo un análisis agudo de la complejidad de la catástrofe.

    Pero quizás el mayor desafío radica en la compartición de las iniciativas de cuidado de los territorios y de los procesos de autonomías que cultivan muchos colectivos ubicados en las grietas del mundo hegemónico, donde la vida de los pueblos es preservada y potenciada como semilla de esperanza para la humanidad y para la Casa Común que nos acoge en su seno.

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    Sobre este urgente tema, un libro sobre teología política descolonial está en el horno desde hace un año. Se trata de un análisis descolonial porque surge de las grietas del necropoder en tiempos de la gran catástrofe. Pero tal aproximación es insuficiente si no está enriquecida con el análisis antropológico del deseo mimético que da razón de las violencias en el seno de la subjetividad en relación con la otredad del prójimo y del Dios otro. Esta teología política descolonial se encuentra abierta a la permanente crítica gracias al horizonte del pensamiento apofático que nos alerta contra toda suplantación de lo divino. Se trata de una obra colectiva que fui amasando poco a poco, junto con colegas que participaron en los coloquios que organicé con el apoyo de Martin, Matthew y Francis, entusiastas doctorandos en Boston College, a lo largo de los cinco años que viví en tierras de los Massachussets. La editorial Orbis Books de Nueva York es la casa que nos acoge para la publicación de esta obra, donde daremos razón de nuestros sentires y pensares de re-existencia en tiempos del necropoder.

    Sobre este libro en la etapa final del proceso editorial les contaré más detalles en próximas entradas.

    Jobel, 12 de septiembre de 2026

  • De mundos alternos que se tocan Conmemorando el primer centenario del nacimiento de Ivan IllichStreet Art | Elogio de la bicicleta | Buenos Aires, 2015

    De mundos alternos que se tocan Conmemorando el primer centenario del nacimiento de Ivan Illich

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

    Entre la Europa de la posguerra y la América Latina y caribeña del espejismo moderno hubo flujos de vida y pensamiento que iban y venían entre ambos litorales del Atlántico. Lo que antes fuera la frontera de conquista, colonización y evangelización —con las creaciones criollas y mestizas que reinventaron Occidente durante el periodo colonial— se convirtió en tiempos modernos en un océano de susurros de mundos nuevos, navegando a contracorriente del progreso y de la industrialización.

    La década de los años sesenta del siglo pasado vio surgir en Cuernavaca, México, un río de pensamiento yendo “al norte del futuro”, como Ivan Illich gustaba enunciar el porvenir llegando a nosotros aquí y ahora, citando el poema de Paul Celan, ese autor hebreo rumano que tanto le fascinaba:

    En los ríos, al norte del futuro,
    tiendo la red que tú
    titubeante cargas
    de escritura de piedras,
    sombras.

    En mi mano el otoño come su hoja: somos amigos.
    Extraemos el tiempo de las nueces y le enseñamos a caminar:
    regresa el tiempo a la nuez.

    En el espejo es domingo,
    en el sueño se duerme,
    la boca dice la verdad.

    Mi ojo asciende al sexo de la amada:
    nos miramos,
    nos decimos palabras oscuras,
    nos amamos como se aman amapola y memoria,
    nos dormimos como el vino en los cuencos,
    como el mar en el rayo sangriento de la luna.

    Nos mantenemos abrazados en la ventana, nos ven desde la calle:
    tiempo es de que se sepa,
    tiempo es de que la piedra pueda florecer,
    de que en la inquietud palpite un corazón.
    Tiempo es de que sea tiempo.

    Es tiempo.

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    La investigadora austriaca Isabella Bruckner, joven profesora en el Ateneo de San Anselmo de los benedictinos en Roma, que ahora se traslada a Friburgo de Brisgovia, organizó un coloquio europeo para profundizar en el legado teológico de Ivan Illich, rastreando la genealogía de sus intuiciones más profundas sobre la crisis de la modernidad instrumental, surgidas de lo que él llamó la perversión del cristianismo.

    Junto con el profesor Martin Kirschner, de la Universidad Católica de Eichstätt en Baviera, fui invitado a ofrecer una ponencia conjunta, comparando la teología política que surge en algunos lugares de Alemania y México inspirada en las intuiciones e ideas de Illich. El desafío era doble porque suponía encontrar un suelo común y un lenguaje apropiado para dar cuenta de experiencias de proximidad y convivencialidad en países tan disímbolos en su cultura política: el pueblo alemán debatiéndose hoy por la complicidad de la Unión Europea como aliada de Israel y Estados Unidos en su guerra geopolítica en Medio Oriente, y el pueblo mexicano seducido por los cantos de las sirenas de la Cuarta Transformación y los alaridos de la Copa del Mundo de Futbol que silencian el drama de las personas desaparecidas y la corrupción del narcogobierno en buena parte del territorio del país.

    Cuando fui invitado a participar, sugerí a la organizadora invitar a personas que por años han caminado inspiradas por el pensamiento de Illich, en particular a Javier Sicilia, Sylvia Marcos, Roberto Ochoa y Rafael Mondragón, poco conocidos por la academia europea. Así que me di a la tarea de presentar en mi ponencia las ideas centrales de este diálogo crítico sobre lo que Humberto Beck llamó la Escuela de Cuernavaca, con el pensador hebreo y cristiano de la proximidad y la convivencialidad. Subrayé los nuevos derroteros que se presentan en México y otras partes del mundo de abajo y de las periferias de los centros de poder hegemónico, donde fluyen las resistencias como otros modos de comer, sanar y educar —según decía el añorado Gustavo Esteva hablando de los verbos revolucionarios— para promover autonomías territoriales, epistémicas y espirituales que dan sustento a comunidades y pueblos que enfrentan a la hidra de muchas cabezas que devora el mundo.

    Uno de los temas illichianos que más impactó a colegas en Alemania durante la pandemia de COVID-19 fue la crítica a la maquinaria industrial farmacéutica, promovida por los gobiernos democráticos occidentales que impusieron políticas de salud pública sin considerar la autonomía de las personas y las comunidades en la elección de los modos más adecuados para enfrentar la pandemia. Mis colegas alemanes, Martin Kirschner y Markus Riedenauer, insistieron en la vigencia de esa crítica al poder del Estado para imponer esquemas obligatorios de vacunación, sin tener en cuenta las graves objeciones científicas al uso indiscriminado de la vacuna y a los efectos que esta causó en la población.

    Otro tema recurrente en los debates de Roma fue el de las autonomías territoriales, epistémicas y culturales que surgen al colocar en el centro de la vida la proximidad del cara a cara o, en palabras de Illich, la convivencialidad como modo de existencia y el lugar que se habita con la fuerza de lo vernáculo. Tanto en Europa como en América Latina y el Caribe, esas autonomías han andado camino en décadas recientes, con la conquista de cuerpos y territorios por parte de mujeres, pueblos originarios y colectivas queer/cuir, entre otros colectivos en resistencia.

    Les sorprendió a los colegas europeos el enfoque diverso sobre las implicaciones éticas, políticas y espirituales de la obra del pensador migrante Ivan Illich. Desde su diáspora de la Iglesia clerical hasta su vuelta a los clásicos medievales como Hugo de San Víctor —pasando por su convivencialidad con comunidades puertorriqueñas en Nueva York y luego con comunidades campesinas en Cuernavaca— Illich fue testigo de esos mundos otros que se tocan. Fabio Milana, editor, junto con Giorgio Agamben, de la obra de Illich en italiano, presentó una joya de investigación de archivo de la familia Illich para contar la “vocación de Ivan”, como joven hijo de madre hebrea y padre cristiano, que cultivó desde la infancia y la juventud la pasión por el pensamiento surgido del cristianismo como acontecimiento de la encarnación del Verbo de Dios. Un núcleo que, más adelante, quedaría como rescoldo en la obra del pensador migrante hasta nuestros días, en la que ahora recuperamos esa mirada prístina de Illich sobre una iglesia sin poder.

    Quedó abierta la propuesta de proseguir la exploración del pensamiento de Illich desde sus diversas perspectivas, tanto la europea como la latinoamericana. Esperamos organizar un encuentro en Cuernavaca que anime estos diálogos y nuevos modos de vida en la convivencialidad de quienes resisten la era del sistema, recuperando el lugar y lo vernáculo como ejes de otra modernidad posible.

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    Esta semana inician los talleres culturales de escritura y pintura en Sots’leb, como parte de los preparativos para la conmemoración de los 500 OP Chiapas, que se llevará a cabo el sábado 6 de junio en Zinacantán.

    He tenido la fortuna de contribuir a la organización de estos eventos a cargo de los maestros Antún Kojtom, pintor tseltal de Tenejapa, y Xun Betán, antropólogo y poeta tsotsil de Venustiano Carranza. Estos actos de memoria colectiva buscan explorar la vigencia de las culturas de los Altos de Chiapas y su encuentro con los frailes dominicos en un diálogo que comenzó hace quinientos años.

    Un mural en la explanada afuera del templo de San Lorenzo Mártir de Zinacantán plasmará escenas de la religión ancestral del pueblo tsotsil, tales como el rezo en los cerros a cargo de los Jiloletic, la bendición de las abuelas y la importancia de los cargos tradicionales como vínculo de la comunidad. Como parte de esa ancestral historia, en el centro del mural aparece una escena del encuentro imaginario entre un Jilol o vidente tsotsil con fray Bartolomé de Las Casas, acompañado a sus espaldas por otros frailes que cuidaron el legado del Evangelio ligado a la defensa de los derechos de los pueblos, como fray Matías de Córdoba contribuyendo a la independencia de Chiapas y, en tiempos recientes, fray Raúl Vera con jTatic Samuel Ruiz caminando con los pueblos mayas. Y al extremo derecho del mural, el maestro Antún creó una bellísima escena del diálogo entre el sabio de Pochutla Chan ak’abal o serpiente nocturna,  y fray Pedro Lorenzo de la Nada, ambos sentados bajo una ceiba, el árbol sagrado de los mayas de la selva Lacandona, en mutua escucha: el fraile hablando con elocuencia y respeto, el sabio maya señalando a la tierra y tocando su corazón.

    Quienes puedan asistir el sábado 6 de junio a Zinacantán podrán participar en el develamiento del mural, acompañado de poesía tsotsil y música tradicional, para refrendar de esta manera el diálogo de saberes que buscamos seguir promoviendo entre frailes y comunidades tsotsiles, y fortalecer la vida de los pueblos con la savia vital de sus tradiciones ancestrales y la fuerza profética del Evangelio.

    Roma, 17 de mayo de 2026

  • Amores no patriarcalesEl Cometa Ludo | La lucha no continúa, es continua | 2014

    Amores no patriarcales

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    “El patriarcado es un juez que nos juzga por nacer | y nuestro castigo es la violencia que ya ves […] Y la culpa no era mía ni cómo andaba ni cómo vestía | y la culpa no era mía ni cómo andaba ni cómo vestía…” Así iniciaba el performance de la colectiva chilena de Valparaíso Las Tesis en el auge del movimiento #MeToo antes de la pandemia del Covid19 que azotó a la humanidad. Recuerdo cómo en el 2020 se extendían por el mundo, como un oleaje creciente, las protestas en las plazas, los tendederos de denuncia de acoso sexual en universidades, empresas, oficinas de gobierno y jardines públicos. Una marea verde y negro de acción afirmativa de las mujeres enfrentando el patriarcado.

    En aquél entonces las colegas de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México denunciaron en el tendedero a compañeros estudiantes, profesores y directivos que habían cometido algún acto de acoso sexual. Gracias a esas protestas se estableció tiempo después de manera formal un protocolo institucional para denuncias de acoso en la universidad gestionado por diversos comités y comisiones institucionales. También se promovió una cultura de los derechos humanos para combatir la violencia de género, integrando esa problemática al currículum y fundando el Centro de Estudios Críticos de Género y Feminismos. Años antes se había creado un programa de doctorado para investigar ese fenómeno en la sociedad contemporánea desde una perspectiva interdisciplinaria y contribuir así al fortalecimiento de colectivas feministas y de la diversidad sexual, a la vez que diseñar propuestas para el establecimiento de políticas públicas de equidad de género. Me tocó explorar, junto con las colegas feministas y queer, los mejores caminos para apoyar esa iniciativa desde la División de Humanidades y Comunicación, donde trabajaba como divisional en aquellos años con un formidable equipo de colegas jóvenes, expertos en filosofía, comunicación, artes gráficas, administración y gestión académica.

    En aquellos años también se multiplicaron las denuncias de figuras públicas que fueron surgiendo en diversos ambientes culturales, como el artístico, el académico y el religioso, que expresaban el clamor de más de la mitad de la población de la humanidad harta de la violencia de género, principalmente contra las mujeres, pero también contra las personas y colectivas queer. Gracias a ese despertar colectivo descubrí el admirable trabajo de la teóloga de la India Kochurani Abraham con mujeres víctimas de violencia de género infligida contra las mujeres por líderes varones de tres tradicionales religiosas de la India: el hinduismo, el islam y el cristianismo. Su trabajo consistía en visibilizar dicha violencia milenaria y acompañar a las mujeres en su camino de liberación del lastre patriarcal por medio de la invención de nuevas formas de pertenencia a su tradición espiritual, nutrida con cuidados mutuos y creatividad en su compromiso por entrelazar espiritualidad con justicia social y equidad de género.

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    Pero también hubo excesos como la cultura de la cancelación que destrozaba con un clic la vida y la trayectoria de personas acusadas sin sustento, a veces como ajuste de cuentas, otras como fruto podrido de la rivalidad, y algunas otras con motivos suficientes para una denuncia anónima por miedo a las redes de corrupción que mantenían el pacto patriarcal intacto, fenómeno político analizado por Rita Segato como mandato de masculinidad en su obra Contra-pedagogías de la crueldad.

    El caso de Boaventura de Sousa Santos me tocó de manera muy cercana porque años atrás había organizado, junto con el querido colega y amigo Pablo Reyna, un coloquio sobre su obra científica y poética, para enmarcar el Doctorado Honoris Causa que le otorgaba cinco universidades del Sistema Universitario Jesuita de México por su notable contribución a las epistemologías del Sur, al Foro Social Mundial y a la ecología de saberes. Un grupo de colegas del Centro de Estudios Sociales (CES) la Universidad de Coímbra le denunció por acoso sexual en una publicación británica que luego fue retirada. La denuncia acabó con su carrera de manera fulminante. Esa crisis, al mismo tiempo, visibilizó un problema soterrado de rivalidad en la academia portuguesa con sus conexiones en todas las latitudes del planeta. Luego que ya ha pasado un lustro hoy sabemos que las acusaciones no han sido probadas, aunque el daño ya está hecho, según el reciente relato de la filósofa brasileña Marilena Chaui. Como parte de esta triste historia, Maria Paula Meneses, académica de Mozambique que fue una de las personas acusadas por encubrimiento del autor portugués, acaba de fallecer y puede leerse un mensaje de despedida que hizo público en julio pasado antes de su muerte.

    ¿Cómo mantener la vigencia de una obra colosal como la de Boaventura, Maria Paula y Marilena, con su red de conversaciones sobre el mundo con colegas decoloniales y anticoloniales como Silvia Rivera-Cusicanqui y Gladys Tzul Tzul luchando desde abajo, honrando primero la memoria de las víctimas del patriarcado, así como a aquellas atrapadas en la espiral de resentimiento y odio que se expande en diversos colectivos humanos, sin dejar de clamar por la necesaria rendición de cuentas y el desafío del descubrimiento comunal de la verdad?

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    Esta semana participé en el Seminario sobre prácticas no patriarcales dirigido por el querido amigo y colega antropólogo Abraham Mena en Ecosur. Fue una sesión virtual que nos permitió incluir en la conversación académica en esta ciudad coleta e indígena a la teología crítica como interlocutora de otras disciplinas sociales y las humanidades para pensar los caminos de superación del patriarcado con sus masculinidades tóxicas.

    En mi presentación subrayé la necesidad de la interseccionalidad como método a fin de conectar las violencias diversas que padecen “los condenados de la tierra”, comenzando por las mujeres, pero incluyendo a las personas basurizadas por una sociedad hegemónica patriarcal, capitalista, clasista y de supremacía blanca.

    Me sorprendieron las preguntas en línea que apuntaban a las buenas prácticas de desmantelamiento del patriarcado. Mi hilo conductor en el diálogo fueron los amores no patriarcales como una brújula para salir del enredo del poder hegemónico con sus muchas cabezas, como la hidra capitalista de la que nos advirtieron los zapatistas hace algunos años.

    Esos amores no patriarcales son amores disidentes que desmantelan la manera tóxica de afirmar la condición humana como poder, control y mandato de masculinidad. Amores diaspóricos de personas queer, pero también amores de personas cisgénero que dan cabida a la diversidad en sus propios cuerpos, mentes y espíritus. Y como expresión de esos amores, subrayaba también la importancia de la ritualidad que crean las colectivas en su diversidad para celebrar la vida como sobrevivientes: las madres de personas desaparecidas, los migrantes enfrentando al tren del horror, no por azar nombrado La Bestia, y los pueblos originarios entrelazando la tradición ancestral con cristianismos de diversas tonalidades confesionales.

    Contaba yo, como referente de estas nuevas formas, la historia de las liturgias feministas que recrean su propia sacramentalidad del paso de la divinidad por las vidas, las cuerpas y las luchas de las mujeres, como lo ha explorado Marilú Rojas en sus investigaciones sobre la ecoteología feminista de la liberación. Traía al corazón también las liturgias queer/cuir de aquellas colectivas de la diversidad Lbgtiq+ que no cesan de celebrar al Dios raro como divinidad encarnada, pues como señala Ángel Méndez, no hay nada más cuir que un Dios humanizado.

    Los amores no patriarcales son, al fin y al cabo, aquellos amores diaspóricos, es decir, en salida hacia los otros, las otras, los otroas. Amores de género fluido que se reconceptualizan sin cesar, como lo analiza Sylvia Marcos en el caso de las mujeres zapatistas, donde lo que importa son las personas que se arriesgan a vivir cada relación humana y creatural en la tesitura del amor que no controla, ni impone, ni mata, sino que celebra la vida en su asombrosa diversidad.

    Amores no patriarcales que es preciso descubrir en cada historia de quienes se atreven a salir al encuentro del otra, la otra, les otroas como dádiva, regalo, don, llamado, caricia, clamor y encuentro.

    San Cristóbal de Las Casas, 14 de febrero de 2026

    Nota: ¿Cómo entretejes tú amores no patriarcales?

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