Categoría: Prácticas descoloniales

  • De vuelta a las raíces en tiempos de devastación Sobre testigos de mundos otrosCosta | La hora de los pueblos | Jobel, 2025

    De vuelta a las raíces en tiempos de devastación Sobre testigos de mundos otros

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    Hace unos meses lloramos la partida de Diego Irrazábal, teólogo chileno que dedicó buena parte de su vida madura al acompañamiento de pueblos originarios andinos y a comunidades de base en “Nuestramérica”, según la expresión que las juventudes de Bendita Mezcla acostumbran decir para nombrar a nuestro continente. El querido amigo Fran Bosch escribió en Ameridia desde Mar del Plata una despedida memorable a Diego, recordando su legado de sonrisa y cercanía como lugares espirituales y teológicos donde podemos celebrar al Dios de la Vida. Tal fue el regalo precioso del teólogo misionero para tantas personas y comunidades a lo largo de su vida.

    Conocí a Diego en el consejo editorial de la revista Concilium hace una década, donde coincidimos por breve tiempo en un paso de estafeta entre colegas latinoamericanos de antiguas y nuevas generaciones. Compartimos en ese espacio el anhelo de actualizar la visión y misión de una revista internacional que había sabido leer “los signos de los tiempos” en el espíritu del Papa Bueno, Juan XXIII, abriendo nuevas perspectivas para la teología cristiana en tiempos difíciles de la Guerra Fría y las utopías de cambio social de los años sesenta y setenta del siglo pasado que se esparcían por América Latina y otros continentes.

    Pero el marco teórico para la teología católica de aquellos años no podía ser el mismo sesenta años después para dar cuenta del giro decolonial que toda teología -no solamente la cristiana sino también judía, musulmana, hindú y todas las tradiciones religiosas y espirituales- estamos llamadas a realizar para discenir las complicidades de la colonialidad que se apropiaron de nuestras prácticas religiosas y discursos teológicos, donde los caminos de resistencia y liberación adquieren formas atrevidas y nuevas. Algo pudimos avanzar en esta nueva comprensión de la teología en tiempos de devastación global y de re-existencias de personas y pueblos con esperanza combativa, pero quedan pendientes los procesos y trabajos de reflexión crítica que puedan surgir en esos nuevos lugares teológicos en tiempos de la violencia sistémica que se adueña del mundo de manera vertiginosa.

    Recordando estos días a Diego en el Foro Mundial Teología y Liberación (FMTL) celebrado en Cotonú, Benín, Luiz Carlos Suzin -colega brasileño de la generación que fundó este proceso teológico para acompañar los movimientos sociales del Sur global- recordaba con gratitud la visión del compañero chileno, ya desde tiempo atrás, para admirar el alma de los pueblos en sus religiones ancestrales y sus modos diversos de coexistir con el cristianismo colonial que marcó la primera evangelización de América, explorando nuevos modos de diálogo de saberes espirituales.

    Encontré de nuevo a Diego en algunos coloquios en Belo Horizonte en Brasil y en Santiago de Chile. Él fue siempre un hombre curioso, apasionado por saber cómo tejer vínculos con las nuevas generaciones, sin perder el ímpetu de un cristianismo profético y liberador que no podía renunciar a su ADN espiritual y teológico para estar siempre del lado de los pobres y los desheredados de la tierra.

    Al participar estos días en el Foro Mundial Teología y Liberación veo su huella también en este proceso de acompañamiento a los movimientos sociales que cultivan en cada territorio el cambio de mundo que anhelamos y construimos colectivas diversas desde las márgenes del mundo hegemónico. Al fin y al cabo buscamos edificar el “otro mundo posible” del Foro Social Mundial, uno “donde quepan muchos mundos” como proponen las comunidades zapatistas hoy.

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    En su edición presente, la incertidumbre se adueñó de los participantes en el Foro Social  Mundial al recibir la inesperada noticia de que sería pospuesto, en parte por la difícil relación con el gobierno beninés, como a la inestabilidad política de la región de África occidental en un contexto internacional aséptico al internacionalismo social, así como a cierta confusión del comité organizador en el seguimiento del proceso que siguió al foro realizado en 2024 en Katmandú, Nepal.

    Ante esta situación, la delegación internacional invitada al Foro Mundial Teología y Liberación fue convocada a una asamblea de última hora para decidir cómo albergar los dos paneles que como FMTL se habían ofrecido al Foro Social Mundial, uno sobre los feminismos como voces teológicas de cambio e innovación enfrentando el patriarcado, y el otro sobre las resistencias de los pueblos ante la devastación de la Madre Tierra. Una jornada intensa nos permitió escuchar voces de movimientos sociales que son signo de esperanza, como la iniciativa Ecolojah con su Centro de Valorización de la agroecología, las ciencias y las técnicas endógenas (Cevaste), abierta por Père Jah y Mère Jah en el interior de Benín, donde es posible explorar las conexiones entre el ciudado de la tierra y las espiritualidades del Dios de la vida.

    Con el fin de mantener vivo “el espíritu de Porto Alegre” que dio nacimiento al Foro Social Mundial, Silvia Regina de Lima Silva, Nicolas Panotto y yo propusimos à la coordinación un día de trabajo como delegación internacional del FMTL para pensar juntos de manera creativa los retos actuales de la teología de la liberación en un contexto de violencia global creciente. Reformulamos los pasos tradicionales del ver-pensar-actuar propios de la teología de la liberación con un acento decolonial, para visibilizar-problematizar-articular nuestras opciones políticas, epistémicas y espirituales donde hoy tejemos teología con los movimientos sociales. Fue una rica e intensa jornada de reflexión acompañada de símbolos de las resistencias y re-existencias donde vemos surgir destellos del Reino de Dios en nuestro tiempo presente.

    Finalmente decidimos participar un día del Foro Social Mundial para explorar su edición actual en un país africano. La difíciles negociaciones entre el comité organizado y el gobierno, así como el tiempo reducido para que muchas delegaciones internacionales llegaran al evento, abrieron una duda sobre el futuro de este espacio de movimientos sociales autónomos que comparten la visión del otro mundo posible que dio origen al FSM. Habrá que evaluar la pertinencia de este modelo que tiene ya veinticinco años y que se enfrenta a una crisis del internacionalismo y del altermundismo en tiempos de tecnofascismo a escala global.

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    Hoy 8 de agosto es la fiesta de Domingo de Guzmán quien -junto con Diego de Osma, obispo inquieto ante la incertidumbre de su época en Castilla del siglo XIII, un grupo de mujeres de Prulla en el sur de Francia buscando volver a la raíz del Evangelio en comunidad, pobreza y oración, junto con Pedro Ceyla, laico del Languedoc que ofreció su casa para albergar la iniciativa de la “santa predicación”- recibieron de manera compartida “el carisma de la predicación” para volver a la raíz de la fe cristiana mediante la predicación apostólica.

    Es ocasión de celebrar sin triunfalismo y con sentido critico un estilo de vida en constante movimiento que ha dado sabrosos frutos para la Iglesia y para la humanidad. Carisma de búsqueda de la verdad, donde sea que se encuentre, como lo vivieron Alberto Magno, Tomás de Aquino y Maestro Eckhart en la Edad Media. Ímpetu por la justicia, comenzando por los olvidados de la sociedad, con la Escuela de Salamanca y Bartolomé de Las Casas en Chiapas en el siglo XVI, y en nuestros tiempos con Albert Nolan en la Sudáfrica del Apartheid y Gustavo Gutiérrez en el Perú de Sendero Luminoso.  Pasión por la belleza que es esplendor de la divinidad, desde Fra Angélico en Florencia hasta el padre Couturier en Francia, y Julián Pablo en México. Anhelo de espiritualidad del misterio insondable del Dios vivo, como Maestro Eckhart en las riberas del Rin, o la laica Catalina de Siena la Toscana medievales, o el laico Piergiorgio Frassati en el siglo XX, tradición mística nunca atrapada por sentimiento, idea o institución alguna, sino seducida por la divinidad amorosa siempre inalcanzable y a la vez cercana.

    Celebro hoy esta fiesta con los frailes dominicos y la familia dominicana de Cotonú, animados por un coro juvenil de potentes voces y ritmos africanos, aunque en medio de un ritual romano que no tiene visos de inculturación de la fe del pueblo beninés. Espero que algún día, predicación, teología y espiritualidad alcancen ese “estadio descolonial” que nos permita a los pueblos abrevar la sed de la divinidad en la polifonía de las tradiciones espirituales que nos entretejen como obra humana y divina en el corazón de los pueblos.

    Feliz fiesta de Domingo, el buscador y predicador de la verdad que salva.

     

    Cotonú, 8 de agosto de 2026

  • La puerta sin retorno Algunos ecos del XII Foro Mundial Teología y LiberaciónCarlos Mendoza | Puerta sin retorno (detalle) | Cotonú, 1° de agosto de 2026

    La puerta sin retorno Algunos ecos del XII Foro Mundial Teología y Liberación

    Por Carlos Mendoza Álvarez

     

    Ouidah es el puerto-símbolo del cautiverio, el tráfico de personas y la esclavitud africana producida en los albores de la modernidad. Representa la cara oculta de la luna del sueño egoico de la razón occidental que se convirtió en pesadilla para quienes fueron sometidos a la libido dominandi del poder conquistador europeo.

    Esta pequeña ciudad de la costa atlántica de Benín, en África occidental, ha ido transformando lentamente la memoria del sufrimiento atroz que vivieron alrededor de catorce millones de personas -que fueron esclavizadas por los traficantes portugueses, desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII- en un territorio de resistencia y esperanza para sus sobrevivientes.

    « África decide » es un centro comunitario cultural que promueve la sanación de la memoria colectiva de los sobrevivientes de aquellas personas y comunidades que fueron deportadas a Brasil hace quinientos años. Se trata de una diáspora sin precedentes que cruzó « la puerta sin retorno », una expresión sumaria para describir el horror de aquellas generaciones que nunca volvieron a casa.

    En el siglo XIX, luego de la abolición de la esclavitud en Brasil en 1888, hubo quienes decidieron volver desde el nordeste brasileño hasta su terruño beninés, el antiguo reino de Dahomey. Regresaron con el anhelo de encontrar su tierra de la que fueron arrebatados, aquella que llevaron tatuada en sus cuerpos, corazones y almas. Esa huella indeleble fue la que les hizo volver.

    Pero al regresar, esas nuevas generaciones venidas de la diáspora descubrieron que se trataba de otro tiempo y otro lugar, donde no reconocieron a sus familias ni sus cultivos. Su tierra había sido colonizada por Francia en el siglo XVIII hasta su independencia en 1960. Otro período de despojo que hasta el día de hoy ha dejado una huella de empobrecimiento en la vida cotidiana de los pueblos. El país tuvo un breve periodo socialista entre 1960 y 1975 que dejó una huella de inquietud social, hasta que transitó a la democracia occidental con fuerte influencia en la región del África occidental.

    Aquellos redivivos habían vuelto para encontrarse con sus ancestros y recuperar el rumbo como pueblo de la diáspora con quienes aquí quedaron. El renacimiento del Vudú en el Benín actual representa un modo de recuperar precisamente aquella memoria colectiva que les fue arrebatada y que quedó tatuada en sus cuerpos y almas. Un sello radicalmente diferente a la marca de la esclavitud impuesta con hierro ardiente en sus pieles negras, por la que el traficante les asignaba un dueño, una plantación y una labor que iba desde los trabajos forzados en las fincas hasta el abuso sexual sistemático. Fueron prácticas que duraron siglos y que resultaron ser el sustento del enriquecimiento por despojo que creó la riqueza europea moderna.

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    Silvia Regina de Lima Silva es una teóloga feminista decolonial que participa en el Foro Mundial Teología y Liberación desde hace años. Ella nos habló desde su propia historia como mujer afrodescendiente brasileña, enraizada en el cristianismo y en el candomblé al mismo tiempo. Tejió una narrativa desde su historia diaspórica de « retorno a casa ». Silvia nos propuso pensar la decolonialidad como un proceso de liberación de las colonialidades diversas -aquellas del poder-saber-ser analizadas por el peruano Aníbal Quijano- en las que escarbó el fondo espiritual de este proceso de devastación que llamó « colonialidad del alma », proceso de dominación que consiste, en sus propias palabras, en « matar por dentro las creencias propias ». El aspecto más profundo de la colonialidad moderna, ligado de manera intrínseca con el racismo, es para ella esa servidumbre del ser en sus pulsiones espirituales más hondas.

    En diálogo con Silvia Regina hemos comenzado una reflexión teológica conjunta para pensar las nuevas formas de cristianismo que pueden surgir de este proceso de « des-colonización del alma », poniendo en diálogo creativo las tradiciones espirituales que habitan nuestro cuerpos e imaginarios. Cada quien desde su « lugar », su « cuerpo », su « ser profundo creyente » explorando diálogos, mixturas, síntesis en movimiento y prácticas otras de espiritualidades diversas que hoy llamamos « doble pertenencia », o quizás « mutua pertenencia », hasta no encontrar otras maneras de hablar de nuevos modos de vida en la Ruah divina.

    Lo mismo en Sudáfrica que en Brasil, en Benín que en Chiapas, los pueblos vivimos la hora de ese « retorno », para dar el giro decolonial a la historia de la colonialidad de ayer y de hoy dando cauce a espiritualidades del pluriverso.

    El « no retorno » significa hoy un impulso generador de nuevas comunidades espirituales de pertenencia compartida, donde las tradiciones dejen atrás la lógica de la colonialidad del alma para dar paso a una « descolonialidad del creer » como fuente de vida plena para todas las tradiciones espirituales de la humanidad.

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    El Foro Social Mundial está por realizarse en Benín actualizando el « espíritu de Porto Alegre » que animara a los movimientos sociales del Sur global a buscar « otros mundos posibles ». Como alternativa al Foro de Davos dirigido por las gobiernos y compañías transnacionales de las potencias del Norte, durante más de veinticinco años este foro ha buscado tejer redes de solidaridad entre movimientos sociales por la justicia, los derechos humanos y el cuidado del planeta en una perspectiva altermundialista.

    En el contexto de la des-globalización, la oligarquía financiera y los « señores de la guerra » que controlan hoy la economía global y la política mundial, se perfilan enormes desafíos para la articulación de las resistencias a esta « guerra contra la humanidad », según la llaman los zapatistas desde el sureste mexicano.

    En los días siguientes sabremos cómo se van tejiendo esas redes en medio de un contexto local incierto. Es tiempo de creatividad para la mutua escucha, el acompañamiento y la solidaridad Sur-Sur, y la transversalidad de las resistencias. Pueblos originarios, mujeres, niñeces y juventudes, junto con tantas otras colectivas que resisten a la violencia sistémica siguen tejiendo voces donde la recuperación del alma de cada pueblo será la brújula para el nacimiento de esos mundos otros, « donde quepan muchos mundos ».

     

    Cotonú, 2 de agosto de 2026

  • La paz como caminos de insurrección mesiánica Sobre la Agenda Frayba 2026 Memorias subterráneasGabriela Soriano | Memorias Subterráneas | San Cristóbal de las Casas, Chiapas | 2026

    La paz como caminos de insurrección mesiánica Sobre la Agenda Frayba 2026 Memorias subterráneas

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    El miércoles pasado se llevó a cabo la presentación de la décimo quinta edición de la Agenda Frayba con el título “Memorias subterráneas”, preparada por el Centro de Derechos Humanos fray Bartolomé de Las Casas, en Chiapas. Se trata de una publicación anual que, desde el año 2011, conserva la memoria viva de las acciones llevadas a cabo en la promoción y defensa de los derechos humanos de los pueblos originarios de Chiapas, así como de personas en movilidad forzada y refugiadas, que han sido acompañadas por esta organización de la sociedad civil a lo largo de varias décadas. El Frayba -como se llama con cariño a esta organización- nació inspirado por los vientos de renovación conciliar de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas y de los procesos sociales surgidos como expresión del movimiento indígena de la segunda mitad del siglo XX.

    Tres artículos de reflexión sobre el contexto local, regional y nacional -a cargo de Jorge Santiago, fundador de varias organizaciones eclesiales y civiles, Susana Montes de la Comisión de Apoyo a la Reconciliación Comunitaria (Coreco) y una entrevista a Carlos González, integrante de la Coordinación del Congreso Nacional Indígena de Gobierno realizada por Pedro Faro-  van acompañados por una valiosa memoria gráfica de los momentos cumbre de tres décadas de construcción de paz en tierras chiapanecas. El diseño editorial y las ilustraciones de Gabriela Soriano Segoviano reflejan, con bellos trazos de arte popular contemporáneo, las conexiones de las memorias subterráneas de resistencia que animan a los pueblos originarios de hoy, así como a la sociedad civil y las iglesias que caminan con ellos.

    A continuación, transcribo mi participación en la mesa redonda, en esa tarde lluviosa en San Cristóbal de Las Casas.

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    “No hay camino hacia paz, la paz es el camino”

    Mahatma Gandhi

    Estamos conmemorando este año tres décadas de construcción de paz en Chiapas: el Frayba, Coreco, Sipaz, el Congreso Nacional Indígena, el Movimiento Zapatista, los Acuerdos de San Andrés y muchas otras iniciativas de la sociedad civil, las iglesias y los movimientos sociales. Dichas redes surgieron en la tierra fértil chiapaneca, preparada desde hace más de seis décadas por el plan pastoral de la Diócesis de San Cristóbal con la llegada del obispo jTatik Samuel Ruiz que condujo, luego de una ardua y paciente conversación y camino andado con los pueblos originarios, al nacimiento de una Iglesia autóctona.

    Una década después, el Congreso Indígena de 1974 propició el surgimiento de la conciencia colectiva de los pueblos originarios como sujetos históricos. Y finalmente la aparición del movimiento zapatista del EZLN, con sus bases de apoyo y sus milicianos, propuso otro modo de vivir y crear lo político como el común. Todos estos procesos fueron acompañados por una viva y creativa corriente de pensamiento crítico, surgida en los Altos de Chiapas y las cañadas de la Selva Lacandona, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX.

    La Escuela de San Cristóbal, llamada así por Pablo Romo, junto con la Escuela de Cuernavaca, analizada por Humberto Bech, han sido mi parecer las dos principales contribuciones mexicanas al pensamiento crítico de la segunda mitad del siglo XX. Ambas nos dan hoy un rumbo preciso para enfrentar con lucidez la espiral creciente de violencia sistémica que, con el pensador puertorriqueño decolonial Nelson Maldonado-Torres, llamamos aquí la Gran Catástrofe.

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    La reflexión de Jorge Santiago en la Agenda Frayba 2026. Memorias subterráneas que hoy presentamos subraya con mucha razón la centralidad de los Acuerdos de San Andrés como crisol de luchas de varias décadas por la paz con justicia y dignidad. El pensador sancristobalense nos hace notar que siguen vigentes las reivindicaciones históricas de los pueblos originarios, con la deuda pendiente del estado mexicano para honrar esos acuerdos históricos.

    Dos cartas pastorales de jTatik Samuel Ruiz y Don Raúl Vera prepararon la celebración del III Sínodo Diocesano que se llevó a cabo de 1995 a 1999, proceso que permitió recoger la cosecha de lo sembrado por medio siglo de vida pastoral y darle así un camino certero de sinodalidad a la vida y compromisos de esta diócesis. Ambas cartas nacieron en un contexto de incertidumbre por la animadversión y el conflicto de parte de autoridades vaticanas de aquella época, atizadas por el Club de Roma o grupo de obispos mexicanos que fueron los enemigos declarados de la teología de la liberación en México y América Latina.

    La primera carta pastoral Para que la justicia y la paz se encuentren (1996) es una respuesta eclesial al levantamiento armado de 1994. Refleja la lucha por la tierra de los pueblos originarios, así como la opción por la justicia y la paz que hiciera esta diócesis, siguiendo el impulso del Concilio Vaticano II y de la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín. La segunda carta pastoral Del dolor a la esperanza, firmada por ambos obispos en 1998, después de la masacre de Acteal, es una apuesta por la esperanza en medio del dolor de los sobrevivientes y un compromiso para seguir buscando paz con justicia y dignidad.

    La violencia de la curia vaticana contra este proyecto pastoral se iría desatando después contra Don Raúl Vera, quien fue trasladado a la Diócesis de Saltillo el 30 de diciembre de 1999 como un intento fallido de desmantelar el proceso sinodal. Lo que nunca imaginaron sus detractores es que esa decisión perversa sería la ocasión para esparcir la semilla de una Iglesia liberadora, ahora en tierras de extractivismo minero y violencias de género, que Don Raúl asumiría con fidelidad a su misión como pastor en aquellas tierras del norte desértico de México.

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    Finalmente, deseo hacer dos comentarios finales para proseguir la conversación.

    Los retos del caminar, luego de tres décadas de construcción de paz, ahora son inéditos ya que estamos ubicados en la incierta hora del colapso civilizatorio. Ya no basta con el compromiso por la justicia para los pueblos originarios, es imprescindible integrar otras justicias como la de género (diversidad sexual) y la justicia ecológica para comprender las rebeldías transmodernas que construyen personas y colectivas de sobrevivientes en contextos de violencia global. La fuerza histórica de los pobres, que pensó la teología de la liberación de la primera generación, está dando paso a la razón insumisa de movimientos sociales y eclesiales que ya desde ahora tejen redes de mutuo acompañamiento, dignidad, resistencia y re-existencias diversas.

    Es hora también de reformular el marco teórico para pensar la violencia sistémica. La teología de la liberación requiere una radicalización que surja del diálogo con el pensamiento decolonial, la teoría queer/cuir y la interseccionalidad para seguir acompañando procesos de paz, de justicia transicional y de espiritualidades diversas de la vida que enfrenten la Gran Catástrofe en curso.

    No olvidemos que es tarea nuestra honrar el legado de los ancestros de la Iglesia liberadora, pero desde las nuevas subjetividades, los cuerpos y los territorios en resistencia, con los frutos de pensamiento, arte y espiritualidad que surgen como insurrecciones mesiánicas anticipando mundos otros, de dignidad y vida para todes.

    La espiritualidad del tiempo mesiánico es interrupción del tiempo lineal de ese chronos que devora a sus hijos en altares de sacrificios cruentos. Tal fuerza mesiánica surge como insurrección pacífica ante la violencia sistémica, es decir, como ruptura del círculo fatal de la rivalidad y la violencia, para instaurar procesos de mutuo reconocimiento, más allá de la violencia que produce pobreza, exclusión y sometimiento a los poderes hegemónicos. Es una espiritualidad de la vida en medio de la muerte. Tiempo otro que (in)surge como anticipación de otros mundos posibles desde los sobrevivientes de ayer y hoy.

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    El próximo miércoles 25 de marzo, a las 6 de la tarde, seguiremos conversando sobre el pensamiento crítico surgido en tierras chiapanecas, con las reflexiones de Pablo Romo sobre la Escuela de San Cristóbal y las experiencias de una espiritualidad del mutuo acompañamiento en medio de las violencias, a cargo del amigo y colega peruano Juan Carlos La Puente. Ambas reflexiones serán celebradas con el performance dancístico de Martha Elena Welsh.

    Nos vemos en el Restaurante Belil, en el centro histórico de San Cristóbal de Las Casas, donde con Ricardo y Carmen como anfitriones, junto con Angélica y Abraham, seguiremos abriendo espacios de comensalidad, donde las resistencias y las espiritualidades surgen como apuesta de diálogo permanente y mutuo acompañamiento en los cuidados de la vida.

    San Cristóbal de Las Casas, 7 de marzo de 2026

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