Categoría: Prácticas descoloniales

  • Del fin de los tiempos al tiempo del fin Sobre el colapso de las certezas modernas y los retoños de vida en medio de los escombrosCandido Portinari | ONU Guerra y Paz | Óleo sobre panel de madera | Brasil 1957

    Del fin de los tiempos al tiempo del fin Sobre el colapso de las certezas modernas y los retoños de vida en medio de los escombros

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    La 81ª Asamblea General de la ONU que inició al martes pasado en Nueva York ha mostrado que la barca creada por los gobiernos del mundo tras el traumatismo colectivo de la Segunda Guerra mundial va a la deriva. El cinismo de Trump al dirigirse a los gobernantes de la comunidad internacional con la arrogancia de todo emperador en declive, amenazando a Irán de destrucción total, y hablando del continente americano como de su territorio, no augura más que una delirante violencia militar, financiera y mediática a escala global. También fuimos testigos del perverso espectáculo que ofreció Benjamin Netanyahu, en medio de las protestas de muchas delegaciones dejando la sala principal como acto de repudio mientras el primer ministro israelí intentaba hablar; ese personaje demoniaco, acusado de crímenes de guerra por la Corte Penal Internacional se dirigía a sí mismo y a sus secuaces para justificar el genocidio en curso contra el pueblo palestino, sostenido por la complicidad de empresas de la industria militar y digital de guerra que hacen hoy del mundo su botín.

    Las voces de presidentes que mantienen un sentido vivo del derecho internacional -como los de Brasil, Jordania, Catar, Turquía y Francia, con la sospechosa e infeliz ausencia de la presidenta judía mexicana-mostró el declive de ese foro internacional, incapaz de mantener los compromisos del derecho internacional moderno. Un ideal ético y político que sentó sus bases a inicios de la colonialidad moderna, con el grito del dominico fray Antón de Montesinos de 1511 en la isla de Ayiti, nombrada por los colonizadores como La Española: “¿Acaso éstos no son hombres?”, refiriéndose a los pueblos aborígenes conquistados. Un clamor que más tarde la Escuela de Salamanca promovió como Derecho de Gentes, antecedente del derecho internacional moderno, con el pensamiento de otro dominico, fray Francisco de Vitoria y demás maestros de la universidad salmantina.

    Pero ¿qué ha sucedido para que esos intentos de la humanidad en tiempos modernos hayan colapsado hoy? Varias voces del periodismo de investigación y las ciencias económicas y sociales, atribuyen la crisis civilizatoria actual al poderío devastador del capitalismo industrial moderno, transformado luego en capitalismo financiero y ahora travestido en capitalismo extractivista digital que, con la industria de guerra global y el dispositivo inaudito de la Inteligencia Artificial controla ya el mundo entero. Otras voces en el ámbito de las humanidades refieren la causa al modelo colonial que emprendió Occidente desde fines del siglo XV como una empresa de expansionismo de asentamientos controlando tierras, saberes “y almas”, como dice la teóloga afrobrasileña Silvia Regina de Lima Silba, por el sujeto moderno conquistador que procedió según la máxima política de la colonialidad: “conquiro ergo sum” o “conquisto, luego existo” que propusiera Enrique Dussel como axioma de la colonialidad moderna.

    Desde nuestra perspectiva, sin negar todos esos factores que han producido la crisis civilizatoria que hoy enfrentamos, siguiendo el hilo entresacado por Ivan Illich en la maraña de la sociedad de la máquina -desenredado en el contexto mexicano por Jean Robert, Sylvia Marcos, Gustavo Esteva- existe una causa de fondo de la crisis que podemos llamar “espiritual”, como enfatiza Javier Sicilia en sus escritos siguiendo a Illich el teólogo. Se trata de pensar la crisis global como una “crisis de sentido teológico” porque las sociedades modernas, incluidas las religiones y las iglesias cristianas, perdieron el piso de la encarnación del Verbo divino como fuente de humanidad, es decir, de proximidad con los seres humanos y con las creaturas del cosmos. “De la corrupción de lo mejor se engendró lo peor” según la máxima medieval retomada por Illich.

    En efecto, la modernidad tecnocientífica creó dispositivos de gobierno para controlar las subjetividades y los pueblos, convirtiéndonos en subsistemas de un gran sistema que es el estado-nación de bienestar, con sus herramientas como la escuela, el hospital, la cárcel y la religión para someter a los pueblos en aras del poder de las élites de control extractivista. Por eso, “la proximidad” con el otro quedó supeditada a poderes vicarios en los que todos nosotros fuimos delegando la caridad como acto supremo de la virtud humana a instituciones mediadoras, como la religión sacrificial y el estado benefactor.

    Se trata, por tanto, de recordar aquí que la vuelta al “reducto místico” o espiritual de la persona y de los pueblos -con sus expresiones de fuerza histórica que anima a las víctimas y como potencia de los pobres y excluidos que se rebelan ante la violencia sistémica- es la única brújula ética y política que tenemos como humanidad en esta hora de incertidumbre global.

    El colapso del sistema internacional moderno está dando paso a la barbarie global, con el poderío jamás antes visto de las élites de los “señores de la guerra”, como les llama el Papa León XIV, que gobiernan el mundo. Los potentados de Sillicon Valley, financiando a los gobiernos codiciosos del Norte y del Sur -como lo cuentan de manera detallada Naomi Klein y Astra Taylor en su reciente libro “El fascismo del fin de los tiempos y la lucha por el mundo viviente” que comentamos en la entrada anterior- seguirán comprando territorios, devastando ecosistemas, corrompiendo gobiernos y eliminando a los pueblos que resistan los genocidios y ecocidios que emprendan sus gobiernos cómplices para beneficio de la industria digital militar.

    Pero las resistencias en las grietas de esos muros, aquellas que preservan, reinventan y crean otros modos de vida en cada cuerpo liberado, lugar habitado y territorio autónomo, son las que nos mantendrán de pie como humanidad. En esas experiencias de otros modos de vida late “el tiempo del fin”, es decir, el destello de la vida que enfrenta la muerte y que nos conecta con la fuente de la Vida. En medio del “fin de los tiempos” que imponen los poderosos de hoy, las personas y comunidades en re-existencia siembran vida como semillas de tiempo mesiánico en las que late el mundo nuevo venido de Dios.

    ∂

    En los próximos días, en Arequipa, Perú, gracias la hospitalidad de Belissa y su comunidad en resistencia, compartiremos semillas de esos mundos otros que nacen del mutuo acompañamiento espiritual y teológico. Aquél que, desde hace once años, hemos emprendido un grupo de personas que nos encontramos en la encrucijada de la espiritualidad y el activismo social, para nutrirnos de la fuerza de la Ruah que anima las rebeldías diversas ante el necropoder, y que alumbra la esperanza combativa de quienes dicen “ya no más” a la lógica de muerte, comenzando a vivir, en el aquí y el ahora, “el tiempo del fin”.

    Lima, 26 de septiembre de 2026

  • Tejiendo una teología política para tiempos de Gran catástrofe Algunos avances del libro colectivo en proceso editorial neoyorkinoAntún Kojtom Lam | Mural Ch'ulel | Teatro de la Ciudad, San Cristóbal de Las Casas 2012 | Foto: Carlos Mendoza

    Tejiendo una teología política para tiempos de Gran catástrofe Algunos avances del libro colectivo en proceso editorial neoyorkino

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    La famosa autora canadiense Naomi Klein acaba de publicar, junto con Astra Taylor, un provocador libro sobre el fascismo del fin de los tiempos. Tan sólo en la Introducción de la obra -que se anuncia será un “best seller” en la anglósfera- las autoras plantean con realismo periodístico los hilos del fascismo como expresión del capitalismo de las minorías atrapadas en su propia contradicción: por un lado, ávidas de siempre mayor riqueza, por el otro, amenazadas por mayorías que tejen protestas en las calles en escenarios distópicos cada vez más recurrentes.

    Mi amigo Pablo Reyna me hizo llegar desde Colombia el libro con un escueto mensaje que leí como una provocación para entretejer con las autoras una lectura alternativa del fondo teológico en juego, que a mi juicio se encuentra en el papel movilizador de las espiritualidades de las resistencias. Ciertamente las pensadoras vislumbran en la vuelta al lugar o “hereness” la llave para recuperar la visión de una humanidad que cuida de la vida en el aquí y el ahora, a contrapelo de la historia hegemónica. Por lo que alcanzo a ver hasta ahora ellas no navegan el gran caudal de las prácticas y el pensamiento descoloniales del Sur epistémico que hemos descrito en nuestro trabajo desde hace varios años.

    ∂

    Tal es el tema central del libro que actualmente se encuentra en proceso editorial en la prestigiosa casa editorial Orbis Books de Nueva York que, desde hace seis décadas, presentó al público de habla inglesa las obras fundantes de la teología de la liberación, publicando a sus principales autores como Gustavo Gutiérrez, Jon Sobrino, Leonardo Boff y sus lectores creativos en el contexto estadounidense y de otras latitudes como Sudáfrica, Corea y Palestina.

    Se trata de una obra colectiva como fruto de los coloquios que organicé durante cinco años en el Boston College, cobijados por la iniciativa “Más allá de la violencia global” que propuse como plataforma de investigación personal en mi calidad de “senior professor” en aquella institución. Desde ahí pude invitar a colegas de Brasil, México, Inglaterra, España, Japón, Puerto Rico y los Estados Unidos para participar en diversos conversatorios sobre el pensamiento social, filosófico y teológico en ciernes tras el colapso del sueño moderno. En mi investigación previa realizada en México, Suiza, Francia y Brasil, había ido conectando el análisis de la fenomenología de la modernidad tardía con la teoría mimética de René Girard para explorar subjetividad colapsada por el sueño del ego tecnocientífico. Pero faltaba incluir el análisis decolonial inspirado en Frantz Fanon y Aníbal Quijano que proseguía la ruta del pensamiento latinoamericano de la liberación, incorporando nuevas categorías teóricas y prácticas para pensar la “colonialidad” como un proceso moderno de cinco siglos de extractivismo del trabajo, los saberes y las formas de vida de los pueblos sometidos.

    Surgió así la pregunta por la suplantación de lo divino que promovió la modernidad por medio del endiosamiento de la razón, la técnica, el mercado, el patriarcado y la voluntad de dominio, por mencionar solamente algunos de los dispositivos de control implementados por la racionalidad occidental tecnocientífica. De ahí la necesidad de postular “el hontanar apofático” de lo político, apelando a “la nada” como aquello que tenemos en común, según la feliz expresión de Matthew Kruger del “nothing in common”, en el “más acá” de nuestras identidades de clase social, raza, género, religión y cultura.

    De esta manera, gracias a estos conversatorios pudimos acceder al manantial de las resistencias y re-existencias donde fluye la teología política descolonial para tiempos de gran catástrofe. Así surgió la idea de un libro colectivo que recogiera las intuiciones y los relatos por los que fuimos discurriendo a lo largo de un lustro en tierras de los Massachussets.

    Cuando le conté a Neto Valiente, querido colega salvadoreño de la Escuela de Teología y Ministerios del Boston College, sobre la teología política descolonial que se iba cocinando -yendo más lejos que la teología de la liberación de primera generación que él admira y conoce a fondo- aquella que surge del encuentro entre fenomenología, teoría mimética, filosofía apofática y pensamiento decolonial, se quedó mirándome incrédulo. Y preguntó: “¿y quién ha escrito sobre eso?” Solamente le respondí: “nadie hasta ahora, pero nosotros lo vamos a hacer”.

    Laurel, Sole, Matthew, Valentina, Maddie, Francis, Juan Miguel, Martín y Amirah -entre muchos otros maestrandos y doctorandas- que seguían mis cursos de posgrado sobre teologías de la liberación, descolonial y queer en el Boston College fueron testigos de cómo se iban tejiendo esos hilos aparentemente tan disímbolos en un telar discursivo con la trama de la vulnerabilidad-convivencialidad-esperanza combativa como relectura de la colonialidad del poder-saber-ser que analizábamos en las clases y profundizábamos durante las tertulias en casa de Mingo y Valentina con la espléndida hospitalidad chilena, donde la comensalidad hacía fluir mejor las ideas y la amistad.

    Los colegas que invitaba a cada coloquio sobre una de esas fuentes teóricas que mencioné arriba aceptaban participar con gusto, pero cuando les hablaba yo de la correlación entre esos enfoques muchos manifestaron su escepticismo, mientras que otros asintieron con curiosidad. Y así nació el libro que propuse a la editorial neoyorkina cuando uno de sus editores me invitó a publicar alguna obra de mi autoría en una charla durante la convención de la Sociedad Teológica Católica de los Estados Unidos (CTSA por sus siglas en inglés) de junio de 2024 en Baltimore. Le comenté que tenía una mejor idea: proponer un manuscrito colectivo sobre teología política en tiempos de incertidumbre global. Y aceptó curioso la propuesta que le envié, luego de consultar con las y los colegas que habían participado en los coloquios bostonianos si se animaban a poner por escrito lo compartido en persona.

    En ese momento estábamos entrando en la Gran Catástrofe donde hoy nos encontramos entrampados. Así, la obra colectiva iría tomando forma como relato colectivo de esperanza en medio de los escombros del genocidio en Gaza, de las fosas clandestinas de México, en las grietas de las diásporas palestina y afrobrasileña, y desde los centros de detención de personas indocumentadas en Estados Unidos, entre otros no-lugares donde, de manera paradójica, surge “lo político” como resistencia al necropoder.

    ∂

    El libro lleva por título “El poder y la potencia”, una glosa a la importante obra del filósofo italiano Giorgio Agamben “El poder y la Gloria”, donde discurre sobre la suplantación de lo divino (la Gloria) por la economía y la política moderna (el poder). Nosotros queremos acercarnos a la Gloria divina, siempre inefable y no manipulable, desde las periferias del mundo hegemónico, en específico, desde la “potencia” de los pobres y excluidos como señalaron Jean Robert y Majid Rahmena, o de “los condenados de la tierra” en palabras de Frantz Fanon.

    El subtítulo “Teología política en tiempos de Gran catástrofe” es revelador de la tesis principal que recorre cada capítulo, a saber, que es posible una vivencia y pensamiento de la esperanza al vivir “lo político” desde su reverso y con imaginación escatológica, en su fuente mesiánica y en medio de los escombros de la Nakba, como lo hace hoy el pueblo palestino. Pero ahora es preciso hacerlo a escala global de Gran catástrofe, como propone en su reflexión en este libro el pensador puertorriqueño Nelson Maldonado-Torres. Los zapatistas en el sureste mexicano nombran “el común” a su modo de vivir y pensar lo político, recuperando así su tradición ancestral maya del territorio que, además de las tierras comunales, no pertenece a nadie en privado, sino que es de la comunidad.

    Las cuatro secciones del libro las presento en la Introducción a mi cargo. Ellas dan razón de los cruces de dos ejes: el fenomenológico-antropológico y el deacolonial-apofático. La primera sección parte de los escombros de Gaza con las reflexiones de Viola Raheb, filósofa palestina de la diáspora, acompañada de un planteamiento de teología política decolonial propuesto por Nicolás Panotto desde Chile y Argentina, analizando el sionismo evangélico como dispositivo de la colonialidad del poder. La segunda sección entreteje el hilo antropológico a partir de la teoría mimética aplicada al contexto sacrificial del militarismo israelí por Silvana Rabinovich, y sus efectos en la era Trump analizada con mirada aguda por James Alison para rastrear la “catolicidad” posible en tiempos de catástrofe; con un capítulo de tono místico propuesto por Brian Robinette buscando el fondo de “la vida escondida en Dios” en medio de la polarización extrema de las sociedades contemporáneas como la estadounidense.

    La tercera sección es una polifonía de voces descoloniales venidas de Puerto Rico, México, Martinica y Brasil. Nelson Maldonado-Torres abre con una invitación a pensar la colonialidad del tecnofascismo como Gran catástrofe, teniendo a Palestina como epicentro; Donovan Hernández desde México propone una “crítica de la razón de guerra” como leitmotiv de la colonialidad; Andrew Prevot, joven teólogo afroestadounidense de la nueva generación, rescata la obra del poeta martiniqués Édourd Glissant como provocación para pensar lo político; Cleusa Caldeira profundiza su propuesta del “teoquilombismo” como descolonización del pensamiento y la praxis que surge desde las subjetividades afrodiaspóricas en Brasil; Aída Hernández, quien invitó como coautora a su colega Gabriela Juárez, propone una lectura de lo político desde el acompañamiento a las Madres Buscadoras en México para explorar una espiritualidad encarnada en medio de las fosas clandestinas; y, finalmente, Ángel Méndez-Montoya, coreógrafo y teólogo “cuir” mexicano, reflexiona sobre la mesa queer como provocación teológica para pensar lo político como “el común” que insurge desde las subjetividades de las disidencias sexo-genéricas.

    Y para abrir el pensamiento crítico hacia su fondo pre-lingüístico, la cuarta sección explora el hontanar de la vida y del pensamiento. Raquel Bouso desde Barcelona hace un recuento de la filosofía de la nada desde Maestro Eckhart hasta la Escuela de Kioto, con sus implicaciones para pensar lo político. Y Matthew Kruger, joven pensador estadounidense, se asoma al pensamiento abismal de la Nada como hontanar de lo político que nos previene de idolatrías antiguas y nuevas en contextos políticos que manipulan la divinidad como ideologías identitarias.

    El prólogo a cargo de Mark Lewis Taylor, reconocido profesor emérito de Princeton, anuncia la urgente deconstrucción de lo sagrado violento en tiempos de Nakba, a partir de las reflexiones del poeta Darwish y del pensador camerunés Achille Mbembe, para enfrentar la poética de la desesperación a partir de las resistencias diversas, como el Sumud palestino.

    Y el Epílogo de M. Shawn Copeland, profesora emérita del Boston College y reconocida autora de teología negra feminista en los Estados Unidos, nos convoca a “la praxis de humanidad” para vivir en medio de los escombros con esperanza.

    El lanzamiento del libro está previsto para febrero de 2027, pero ya desde ahora se puede adquirir en pre-venta en el portal de Orbis Books. Más adelante les contaré sobre las presentaciones virtuales y presenciales que iremos organizando, junto con mis colegas editores y autores, de este gran volumen colectivo que quiere contribuir así, de manera colegiada y crítica, a pensar la esperanza posible en tiempos de colapso civilizatorio.

    Jobel, 19 de septiembre de 2026

  • Semillero sobre espiritualidades y teologías descoloniales en Cholula Subjetividades, cuerpos y territorios como lugares teológicos de resistenciaAmira Rahim | Cholula | 2017

    Semillero sobre espiritualidades y teologías descoloniales en Cholula Subjetividades, cuerpos y territorios como lugares teológicos de resistencia

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    Durante un almuerzo con Kochurani en Cotonú, la capital de Benín, hace unas semanas con ocasión el Foro Mundial Teología y Liberación pudimos compartir el anhelo común de crear “cosmic homes” donde podamos encontrarnos, arraigados al terruño, para cultivar semilleros de teologías diversas, con un mismo afán de florecer como personas y colectivas en resistencia. Entre Kerala y Cholula se establecía así una incipiente conexión para alumbrar esos hogares, aprendiendo de nuestras historias de vida, donde sea posible escuchar las preguntas lacerantes surgidas de las víctimas-sobrevivientes que acompañamos, a la vez que dejarnos sorprender por su terca esperanza. Lugares donde sea posible compartir también las inspiraciones poéticas y las intuiciones de pensamiento por las que la Divinidad nos deletrea en lenguajes tan diversos como los colores de la tierra.

    Desde hace al menos una década, en mi caso, el sueño de ese hogar había ido tomando forma, gracias a “experiencias vientre”, como dice Kochurani, donde capté que algo nuevo estaba sucediendo, con frecuencia en tiempos y lugares en apariencia insignificantes, pero donde la fuerza de la Ruah era clara y potente.

    Juan Carlos me contaba con emoción hace años, durante una caminata en Mount Hood -el antiguo Wyeast del pueblo Chinook en tierra de Wuaregan, hoy Oregón- cómo le impactó visitar la casita de Raimon Panikkar en Cataluña, donde el místico y teólogo cristiano-hindú-budista gustaba recibir a sus amistades cercanas. Ubicada a las afueras de un pueblito en la montaña, su hogar era un espacio de hospitalidad para provocar el diálogo entre personas de fes diversas que abrevan de la misma fuente de “misterio cosmoteándrico”, como gustaba describir el gran místico de nuestro tiempo la realidad del mundo entretejido de vida.

    La cabaña de los jesuitas en tierra mapuche, con su capilla de madera adornada con tejidos de lana y una lamparita de aceite, fue otro de esos microcosmos donde el infinito parecía concentrarse bajo un cielo estrellado. Conservo en la memoria ese instante como una llama de hospitalidad sincera y generosa de tres compañeros de camino que habían optado por dejarse habitar por el pueblo de Wallmapu para abrirse así al Dios de la vida que no deja de convocarnos y sorprendernos como fuente de plenitud para todos los pueblos.

    Un “lugar” semejante -con todo el eco illichiano de este sustantivo- buscamos crear un grupo de amigxs en un territorio de Chollollan -o “agua que cae” en náhuatl-, la ciudad habitada más antigua de América que florece cada año con sus árboles frutales de agosto y sus flores de cempaxúchitl de noviembre, a los pies de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, cerca de Puebla, mi ciudad natal de origen novohispano.

    ∂

    A reserva de ser recibidos un tiempo propicio por esa tierra fecunda para plantar allí los árboles que darán cobijo a la cabaña-hogar en los años por venir, realizaremos en marzo del próximo año un semillero sobre teologías descoloniales, con queridxs colegas que hace años fueron mis estudiantes universitarios y ahora son compañerxs de camino en la labor teológica animada por espiritualidades de la vida que resiste y re-existe en las grietas del poder que mata.

    Con Juan Jesús y Juan Carlos he explorado desde hace décadas lo que significa la teología con el sello de los dominicos en tiempos de modernidad tardía. Las preguntas de Juan Jesús sobre los condicionamientos de la subjetividad, sea en su dimensión psicológica o en sus potencias de conocimiento y acción, me ayudaron a comprender el fondo emocional y práctico del pensamiento que nos urge tejer en una sociedad herida por la libido dominandi. Con Juan Carlos aprendí, desde el tiempo que compartimos el studium como labor comunitaria en el Instituto Pedro de Córdoba en Santiago de Chile, a preguntar por la mística que sostiene a las y los defensores de derechos humanos, inspirados por la teología de la liberación en su compromiso con los pobres y las víctimas, pero indagando con honestidad las profundidades y potencia de nuestras propias historias de vulnerabilidad compartida. El camino del mutuo acompañamiento espiritual y teológico nació ahí, al pie de los Andes, como un río con su cauce propio que ha irrigado otros valles en varias latitudes del planeta.

    Cleusa y Pedro Igor, con la fuerza de los saberes afrobrasileños en conversación con las teologías de la liberación, me han enseñado a valorar la memoria de la diáspora africana en nuestro continente, marcada sin duda por el drama de la esclavitud centenaria, pero sobre todo por la fuerza y la belleza de sus pueblos en resistencia a lo largo de cinco siglos. Las nuevas epistemologías de la negritud, las sabidurías de las religiones ancestrales vivas y la potencia de los feminismos afrodiaspóricos son otras tantas maneras de explorar las subjetividades negadas por la modernidad colonial que comencé a explorar en mi tesis doctoral y que ahora descubro con nuevas tonalidades y profundidades gracias a estos amigxs de la diáspora afrobrasileña.

    Con Laurel, Sole, Martín y Francis caminé desde hace seis años en tierra de los Massachussets -llegados a Boston College desde Chile y Ohio- para descubrir la fuerza de las nuevas generaciones de teólogxs sintiendo y pensando desde sus cuerpos, subjetividades y territorios, con sus heridas y sus potencias de experiencia que subvierten la violencia sistémica. Sea con el acento liberador de las comunidades eclesiales de base de El Salvador y Chile, sea con el afán feminista y queer para incorporar esos territorios del género en disputa, sea para pensar lo político desde las márgenes del imperio en tiempos de escalada del tecno-fascismo. Nuevas voces de la teología feminista, de la liberación y descolonial que nutren hoy de manera asombrosa mi vida y pensamiento.

    En marzo próximo viviremos la emoción de volver a encontrarnos, como lo hicimos hace un año en Río de Janeiro en torno a lo que juntxs hemos ido aprendiendo, para seguir “conspirando” como decía Ivan Illich y gusta pensar Javier Sicilia, es decir, compartiendo las provocaciones de la Ruah divina que nos anima, interpela, seduce y alienta a “dar razón de nuestra esperanza a quien nos lo pida”, según la visión del autor bíblico en 1 Pe 3:15. Dicha provocación significa para nuestra generación de tiempos sombríos a escala global ciertamente, vislumbrar los destellos de esperanza que surgen en las grietas y los escombros de Gaza, de las fosas clandestinas, de los campos de refugiados en Sudán del Sur y de tantos otros lugares de muerte convertidos en lugares de vida por las personas sobrevivientes y por las colectivas de resistencia. Durante esos días presentaremos también el libro colectivo que es fruto de aquel coloquio de Río como una semilla que deseamos plantar en aquel territorio sagrado. Ya les contaremos más adelante los detalles del semillero en gestación.

    Chollollan nos recibirá como territorio de antiguas y nuevas sabidurías donde queremos “sembrar semilla y echar candela”, según dicen los pueblos originarios de Nuestramérica, y preparar el fogón de la cabaña-hogar que nos espera.

    Huitepec, Chiapas, 29 de agosto de 2026

Spanish