Categoría: Palestina

  • Adiós, “America”.Foto de Elizabeth Scholl para The Huntington News

    Adiós, “America”.

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

     

    Desde niño tuve una relación ambivalente con la cultura estadunidense. Por un lado, disfrutando sus cartoons como toda infancia del siglo 20, luego su música multicultural, desde el jazz que escuchábamos en las fiestas familiares y los ritmos de época como el Twist y el Rock & Roll, que movían a los mayores en casa danzando. El beisbol era el deporte que más disfrutábamos en casa, el “rey de los deportes” que mi Papá y mi familia seguíamos con pasión por la radio y luego por la televisión. La hazaña del Apolo 13 alunizando la viví como niño de 9 años frente al televisor, admirando el último prodigio de la civilización humana.

    Pero también recuerdo en mi adolescencia leer las noticias en periódicos y ver en la tele escenas de las continuas invasiones militares del Tío Sam por todo el mundo, con las tristes páginas de las guerras promovidas por el imperialismo estadunidense de la época en Vietnam. Ya como estudiante de preparatoria fui siendo más consciente del intervencionismo de los Estados Unidos en América Latina, desde el apoyo a las dictaduras en América del Sur hasta el financiamiento de grupos paramilitares por la CIA para desarticular los movimientos guerrilleros en todo el continente y en mi propio país.

     

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    Mi educación en México sentó las bases de un pensamiento crítico, primero en la Benemérita Universidad Autónoma Puebla donde inicié los estudios de filosofía y luego en la UNAM donde concluí la licenciatura, sin graduarme por seguir indicaciones de mis superiores dominicos. El posgrado en Suiza y Francia me abrió nuevas perspectivas a las tradiciones de pensamiento europeo fenomenológico y la filosofía hebrea contemporánea.

    Nunca imaginé vivir por largo tiempo en “el corazón del imperio” hasta que llegó la invitación de Boston College (BC) para sumarme a su prestigiado departamento de teología. Aterrizaba yo a esas tierras de los Massachussets, en la cima de mi carrera académica luego de 25 años de docencia e investigación en México, Suiza, Francia y Chile, para tender puentes entre el Sur y el Norte por medio de clases de teología de la liberación y pensamiento latinoamericano. Pero mi bagaje incluía también, para sorpresa de mis colegas bostonianos, el pensamiento decolonial y la teoría queer. Tres vías que fui explorando y conectando con los años para pensar la crisis de la modernidad y sus efectos en la experiencia de la subjetividad abierta a la revelación del Dios otro.

    Fui recibido con una gran atención profesional por las autoridades de BC y con un educado respeto por mis colegas, reconocidos como los mejores en sus disciplinas en el mundo académico internacional, según el modelo dominante de conocimiento. Inicié mi trabajo en enero de 2021 en pleno invierno y durante la fase crítica de la pandemia. El campus parecía un fantasma congelado en el tiempo por un frío glacial y por la práctica del cerco sanitario. Ofrecí mis primeras clases en un modelo híbrido, con la mitad de los alumnos en el salón de clases usando sus mascarillas y la otra mitad en línea. Sobreviví el primer año de aislamiento gracias al invaluable apoyo de Sole, querida doctoranda chilena como asistente de enseñanza, y de Neto, colega salvadoreño de gran corazón.

    Una vez establecido como “Senior Scholar” me entregué de lleno a la enseñanza, descubriendo para mi sorpresa la tremenda carga de trabajo que implicaba un modelo educativo que privilegia la atención total del “instructor” a estudiantes que siguen al pie de la letra las instrucciones, con escasa imaginación creativa para buscar fuentes por su propia cuenta, problematizar temas y sugerir nuevas interpretaciones. Era importante adaptar además la bibliografía solamente a textos en inglés pues los estudiantes no leen otras lenguas.  Y para colmo descubrí que el español no era reconocido como una “lengua científica”. Entonces las señales de alerta se activaron pues comencé a percibir el poder de la academia blanca presente aun en la Costa Este del país, tan afamada por su pensamiento liberal, pero al fin y al cabo con un colonialismo internalizado aun por desactivar.

    Me di a la tarea de sumergirme en esa experiencia de un nuevo modelo educativo, dejando de lado mi primera intención al aceptar esta invitación, que consistía para mí en concentrarme en escribir dos libros pendientes para completar mi segunda trilogía teológica, ahora sobre la idea de la “tradición” que comunica la revelación divina según la narrativa cristiana. Esos manuscritos aún siguen sobre mi escritorio. Intuí que era importante proseguir la investigación de otro modo, por lo que inicié un proyecto llamado Beyond Global Violence Initiative (BGVI), como plataforma para promover conversaciones académicas con colegas del Sur y del Norte sobre temas urgentes para la labor de las humanidades hoy. Gracias al apoyo inicial de las autoridades académicas y, sobre todo, a la generosidad de colegas de diversas latitudes que se sumaron a la invitación, pude organizar cinco coloquios para tejer reflexiones colectivas sobre la subjetividad moderna enfrentando la catástrofe civilizatoria, siguiendo la ruta de la fenomenología, la teoría mimética y el pensamiento apofático. Un libro en proceso sobre teología política está por aparecer en 2026, será la sabrosa cosecha de estos encuentros.

     

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    El proyecto académico inicial de tender puentes entre el Sur y el Norte iba viento en popa hasta que dimos la bienvenida a Palestina. Entonces comencé a percibir la extrañeza, convertida luego en sospecha y al final en desconfianza, de parte de algunos colegas y autoridades académicas sobre estas pesquisas con sus implicaciones sociales y políticas, como la crítica abierta a las teologías del imperio, fuese bajo su forma de sionismo israelí o cristiano. Con algunos colegas profesores, doctorandos y pocos alumnos de pregrado que compartían esta inquietud por el genocidio en curso del pueblo palestino, organizamos dos eventos académicos para aprender del pensamiento palestino actual. Pero comencé a recibir mensajes de “preocupación” por parte de autoridades académicas y el franco rechazo de algunos estudiantes que, como envalentonados seguidores de Trump, se expresaban abiertamente de manera agresiva contra los temas expuestos en clase sobre la crítica decolonial al capitalismo extractivista, al patriarcado heteronormativo y al racismo de supremacía blanca.

    El miedo promovido por la administración Trump desde su primer mandato creció de manera masiva desde el inicio de su segundo periodo de gobierno. Se fue enfocando en controlar el pensamiento en las universidades estadunidenses. Su estrategia fue haciéndose más agresiva desde que tomó posesión en enero de 2025. Por medio de una “retórica de odio” —analizada con lente mimética por el colega brasileño João Cezar de Castro Rocha, primero en Brasil y luego en Estados Unidos y otros países de extrema derecha en el gobierno— el movimiento Make America Great Again (MAGA) fue controlando cada vez con mayor furia mentes y universidades por medio de redes sociales y de políticas de censura. El problema no sólo era Trump, sino los más de 70 millones de votantes que lo apoyaron y que, aun ahora en pleno expansionismo militar geopolítico, siguen suscribiendo sus políticas dictatoriales imperiales (migratoria, de género y de racismo de supremacía blanca), todas ellas amalgamadas con la ideología “teológica” del mesianismo político.

    El colonialismo estadunidense está íntimamente ligado al sionismo israelí y ambos forman parte de la nueva fase de la colonialidad del poder, con sus réplicas en movimientos de extrema derecha en todo el mundo, como lo ha planteado el pensador puertorriqueño Nelson Maldonado-Torres con la idea de “principio de colonialidad” (The U.S. at 250, Coloniality, and Political Zionism in Perspective). Por eso, la teología como pensamiento crítico, que surge de la vida y praxis de las comunidades cristianas en contextos diversos para vivir los destellos de la redención, está llamada hoy con urgencia a desmantelar esta falsa teología política. De no hacerlo estará justificando la narrativa imperial.

    Un evento programado para el mes de abril pasado como parte de nuestro proyecto de investigación BGVI buscaba reflexionar, junto con Hilari Rantisi (Centering Human Life, Disrupting Injustice Without Replicating It), colega palestino-estadunidense de Harvard, sobre la construcción de paz en tiempos de guerra, comparando el colonialismo sionista en Palestina con el colonialismo británico en el pasado reciente de Kenia. Lo habíamos organizado junto una colega de BC, pero finalmente decidimos cancelarlo por presiones institucionales recibidas y para evitar el riesgo real de deportación e incluso criminalización de quienes somos profesores y estudiantes extranjeros, ya que podíamos haber sido ser acusados de apoyar a “grupos terroristas” y atentar contra la seguridad nacional.

    En ese ambiente enrarecido, BC no me ofrecía ya la seguridad necesaria para proseguir mi labor teológica, al grado de proponerme asistencia jurídica privada en caso de urgencia, pero no institucional sino de un abogado especializado en temas migratorios. Así que, con el apoyo de mi superior religioso dominico en México, decidí presentar mi renuncia a BC al concluir el semestre académico de primavera para volver a mi tierra a fin de proseguir mi labor teológica en libertad.

    El clima de autocensura que se extendía como contagio fue más evidente cuando me despedí por medio de una carta de mis colegas en BC. Recibí una sola respuesta de empatía que subrayaba “los efectos emocionales” padecidos por esta censura velada que me tocó vivir, sin comentar las razones de mi renuncia ni el llamado que hacía en mi carta a pensar qué tipo de teología estábamos realizando en esa universidad.

     

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    Hoy, al concluir mañana mi colaboración institucional con Boston College, escribo estas líneas para decir “Adiós, America”. Ese nombre robado al continente entero pero que, en español y portugués, como dice Maria Clara Bingemer, querida colega brasileña, lo escribimos con acento “América”. No volveré a usar ese nombre para referirme a un país que ha basado su historia de dos siglos y medio en el robo de territorios, alimentado por un colonialismo mesiánico de invasiones en tierras americanas y caribeñas, planificando y financiando constantes guerras de dominio por todo el planeta. Digo adiós a su teología del dominio y de la prosperidad, travestida de democracia y mundo libre.

    A mis colegas estadunidenses que aun callan ante el imperialismo de su gobierno les deseo que puedan pronto despertar del sueño que les tiene adormecidos, sea por el miedo a la censura, o por la complicidad del privilegio blanco y colonial que les impide ver la corrupción del poder que les cobija y protege, basado en la guerra global del sistema-mundo occidental que crea más y más víctimas que claman al cielo.

    El gigante tiene pies de barro y un día caerá. Mientras tanto, quienes nos ubicamos en las grietas del poder, dondequiera que nos encontremos, tejemos otros modos de vida, desde la libertad interior del pensamiento y la solidaridad, desde las periferias sociales, políticas, académicas y religiosas.

    Iván Illich y Gustavo Esteva, caminando con Jean Robert, Sylvia Marcos y los pueblos en resistencia como los Zapatistas en el Sur epistémico, nos abrieron el camino de la vida de los “intelectuales desprofesionalizados” como escuchadores de los pueblos en resistencia.

    En esas rutas se tejen diálogos fecundos Sur-Sur, Sur-Norte y tantas otras direcciones geográficas, políticas y espirituales que siembran semillas de mundos nuevos.

    Adiós, “America”. Hola, mundo libre.

     

    eGoli / Jo’Burg, 29 de junio de 2025

  • El fuego de DiosKim en Joong OP, La Pentecôte, Saint Genès, 2012

    El fuego de Dios

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

     

    Misiles, drones y francotiradores israelíes arrasan Gaza y Cisjordania en nuestros días para llevar a término la destrucción total del pueblo palestino.

    Son ya 77 años de Nakba o catástrofe, iniciada en 1948 con la creación del Estado de Israel y la expulsión del pueblo palestino de su territorio. El ejército israelí da nombres bíblicos a esa nueva artillería de guerra de aniquilamiento, concebida por mente humana, pero ejecutada con precisión por la inteligencia artificial. Un reciente ejemplo fue el operativo “Carros de Gedeón” anunciado por el presidente Netanyahu para atacar al grupo terrorista Hamas, implementado en 2025 por el ejército israelí. Ese nombre rememora la batalla de un campesino hebreo que reunió a 300 hombres para hacer la guerra a los madianitas en nombre de Dios para ocupar un territorio “prometido por Dios” como ideología de la época. Esa historia de hace más de tres mil años contada por el libro de los Jueces (6-7) es evocada ahora por el poderío israelí para justificar el genocidio en curso.

    Como expresión de este control del imaginario del pueblo judío de hoy podemos ver los videos que circulan en redes sociales, mostrando a militares y colonos israelíes jugando a matar a la niñez palestina como si se tratase de un videojuego de los millennials. Tal vez esos actores del horror de hoy crecieron desde pequeños en ese mundo artificial de guerras donde el vencedor vive en el espacio aséptico de una pantalla digital. Para colmo, el horror de hoy toma apariencia “mesiánica” festiva pues se trata de una “guerra santa”, acompañada con coros en hebreo y danzas tradicionales judías de quienes se burlan de la basura que representa el enemigo. Hay que aniquilar a ese pueblo para liberar a la tierra de Israel (eretz Yisrael) de sus invasores. Ya lo contaba la Biblia cuando un pueblo esclavizado en Egipto creó la historia de la promesa divina que le daría “una tierra que mana leche y miel” (Éxodo 3: 17) interpretando un mensaje simbólico como un mandato de conquista de territorio.

    Una versión parecida de colonialismo militar con manto ideológico religioso dio nacimiento a los Estados Unidos en tiempos modernos. Los colonos ingleses que huían de guerras religiosas y hambruna llegaron a tierras de los Powhatan y los Massachussets en la costa Este con una retórica “mesiánica” para adueñarse de esas tierras con la supuesta bendición de Dios. Los discursos de los padres fundadores están inspirados en citas bíblicas, como los actuales discursos incendiarios de Trump, sobre todo después del atentado de 2024, cuando de manera abierta el habitante de la Casa Blanca se dice enviado por Dios para “salvar al mundo libre”. Ese mismo delirio religioso lo expresó Bolsonaro en Brasil hace unos años para justificar un régimen racista con discursos de odio.

    Y entonces el supuesto fuego divino que inspira al estado sionista, al gobierno estadunidense y muchos líderes populistas de hoy lanza “llamas de fuego” para aniquilar a quien se oponga a su misión divina que, en realidad, enmascara el colonialismo de hoy en su forma más brutal y cínica.

     

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    Pero la Biblia cuenta otras historias del fuego de Dios. A lo largo de miles de años el pueblo hebreo primero y la comunidad cristiana primitiva después fueron discerniendo entre el fuego guerrero de los falsos dioses y el fuego divino del Eterno que recibieron profetas y poetas, curanderos y apóstoles, que interpelaban al pueblo en nombre de Dios, curaban sus heridas y anunciaban esperanza mesiánica no violenta en medio del horror.

    Ese fuego divino es una llama que no destruye, sino que edifica desde el interior, experiencia iniciada por los profetas de Israel, desde Elías hasta Jeremías. Ese fuego interior es como una chispa que participa de la llama del Eterno, donde mujeres y hombres en trance, iluminados por esa luz divina, anuncian cosas nuevas para un pueblo oprimido y desesperanzado.  Ese fuego no es militar, sino divino. Hace ver y actuar a quienes lo reciben con osadía, imaginación creadora y compasión amorosa.

    Un fuego distinto al de los drones se torna luz, resplandor y fuerza, como en la historia de Jesús el Galileo, que “se transfigura” en el monte para revelar su ser profundo, preparándose para ir a Jerusalén en un momento crítico de su misión, centro del poder religioso de su época, para dar testimonio ahí, en el corazón del imperio, de la gloria (קבֹד kabod) de su Abbá. Gloria que no es poder, sino vida.

    Aquel fuego divino animó a Jesús y su comunidad para tejer una cercanía liberadora y amorosa con los invisibles de su tiempo: pobres, mujeres, forasteros y enfermos. También les permitió denunciar la corrupción en curso, sobre todo la perversión de la religión del Templo y, más tarde, de los fariseos que se decían maestros de la Torá.

    Un fuego otro que, tras la ejecución atroz de Jesús en una cruz romana con la complicidad de la turba enardecida y algunas autoridades religiosas, se posó en la cabeza de la comunidad aterrada por el miedo a sufrir el mismo escarnio que su Rabí. Tras un tiempo de duelo y miedo, ese fuego les abrió la mente y el corazón para comprender lo que estaba sucediendo. El crucificado estaba de vuelta, vivo de otro modo. Había despertado y acompañaba sus pasos, balbuceando con sus discípulas y apóstoles otro mensaje, realizando señales de vida nueva en medio de comunidades nuevas, dentro y fuera de los límites del pueblo hebreo. Esas comunidades en diáspora lo fueron reconociendo como Mesías crucificado al releer las escrituras hebreas y al partir el pan en su memoria, actos simbólicos para proseguir la obra de la redención divina en el corazón de los pueblos sufrientes y esperanzados.

    Ese fuego divino no es exclusivo de nación alguna, ni monopolio de ninguna institución sagrada, sea secular o religiosa. Tampoco justifica guerras de conquista y colonización. Mucho menos es fuego destructor que aniquila a las otras naciones.

    Ese fuego es cosecha jubilar. Se trata del potente simbolismo del ciclo de cincuenta días del calendario hebreo y cristiano. El año jubilar hebreo que cada cincuenta años perdona deudas, deja descansar a la tierra y libera a los cautivos para abrir paso a la gloria de Dios. Cincuenta días después de la pascua de Jesús, la comunidad cristiana celebra la sobreabundancia amorosa de Dios que no lanza drones ni misiles para destruir a sus enemigos, sino que comunica llamas de fuego divino para “levantar del fango a los humildes de la tierra”, como cantaron Ana y María en ambos testamentos (1 Samuel 2:10 y Lucas 1:52).

    Fuego divino que recrea la faz de la tierra desde los sobrevivientes de la historia de horror, quienes entretejen vida con memoria, dignidad y cuidado mutuo, en medio de la muerte que les rodea.

    Dichosa fiesta de Pentecostés.

     

    Ciudad de México

    7 de junio de 2025

  • Muerte y resurrección del pueblo palestinoPeace in Times of War | Mouneb Taim | 2019

    Muerte y resurrección del pueblo palestino

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

     

    Desde noviembre de 2023, tras el ataque terrorista de Hamas que asesinó a 1,159 ciudadanos israelíes y llevó a cautiverio a 251 personas más, se desató una nueva fase del exterminio del pueblo palestino iniciado décadas atrás.

    Vislumbrando los tiempos inciertos que se avecinaban, el teólogo luterano palestino Mitri Raheb convocó a un grupo de medio centenar de colegas de todo el mundo para formar una red llamada “Teología después de Gaza”. Nos invitaba a pensar juntos cómo enfrentar el genocidio del pueblo palestino iniciado con la Nakba o Catástrofe en 1948, que está llegando a su fase final con el actual exterminio en Gaza y Cisjordania.

    Desde entonces, nos hemos reunido en numerosas ocasiones, de manera presencial o virtual, para organizar proyectos de investigación con la finalidad de visibilizar en nuestros círculos académicos, religiosos y de sociedad civil alrededor del mundo la causa del pueblo palestino, sin olvidar las otras violencias, como en el Congo, Sudán del Sur y Ucrania, ni a las víctimas del terrorismo en el mundo y del necropoder de las mafias criminales, como es el caso de México, Brasil y Colombia.

    Gracias a esta iniciativa del rector de la Universidad Dar-Al-Kalima, con sede en Belén en Palestina, fuimos sembrando semillas de resistencia social e intelectual en universidades de Asia, Estados Unidos, Medio Oriente, América Latina y el Caribe, por medio de programas de investigación sobre la cultura del pueblo palestino y de otros pueblos en resistencia. Una fuente principal para nuestro trabajo es la sabiduría ancestral palestina del Sumud, o firmeza con perseverancia constante para enfrentar el mal. Se trata de una resistencia de larga duración, donde el vínculo con la tierra, el mutuo cuidado y las artes como guardianas de la memoria han jugado un papel preponderante para mantener viva la dignidad del pueblo palestino en medio de los bombardeos del ejército israelí en Gaza y el control de sus territorios por los insaciables colonos israelíes en Cisjordania.

    Las artes han sido parte esencial de la resistencia de los pueblos a lo largo de la historia. Así nos lo han recordado hace unos días las juventudes zapatistas con el festival “(Rebel y Revel) Arte. Encuentro de arte, rebeldía y resistencia hacia el día después”, en los Caracoles de Jacinto Canek y de Oventik, y en el Cideci de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas. Una iniciativa similar, con un tono más académico, será el congreso Decolonizing Power: Rethinking the Politics of Art and Religion que, si es posible en el contexto de la política migratoria actual contra intelectuales extranjeros en los Estados Unidos, organiza la Universidad Dar-Al-Kalima en Boston en noviembre próximo, vinculado a la convención anual de la Sociedad Estadunidense de Religión (AAR por sus siglas en inglés) para congregar a más de setenta ponentes de pensamiento decolonial en torno al tema de las artes como medio esencial para fortalecer la imaginación de los pueblos en resistencia al neocolonialismo actual que se expande por todo el planeta.

    Pero hoy es urgente recordar que la fuerza destructora de la hidra capitalista no amaina, sino que amenaza con nuevas cabezas que devoran todo a su paso. Ahora despliega una estrategia de miedo para controlar la libertad de expresión, como sucede actualmente en los Estados Unidos con la criminalización del pensamiento de los derechos humanos, el derecho internacional y los procesos de paz. Dicha estrategia ha llevado a la cancelación de programas de investigación, así como al acoso, la detención y la deportación de estudiantes de posgrado y profesores extranjeros, acusados de antisemitismo y de ser amenaza a la seguridad nacional, por sus actividades académicas y sociales en favor del cese al fuego en Gaza.

    Sin embargo, esto es solamente el comienzo de una estrategia más amplia que busca desmantelar el pensamiento crítico en las universidades estadunidenses como parte de un plan maestro del nuevo imperialismo blanco, de capitalismo extractivista controlado por el 1% del 1%, con un sesgo de masculinidad tóxica que refuerza el patriarcado milenario, y con una ideología que corrompe el cristianismo al justificar proyectos de colonialismo racista en el mundo como expresión de un mesianismo político populista.

    En semanas recientes los bombardeos israelíes contra Gaza continúan asesinando a la población civil, especialmente a la niñez palestina. Mientras tanto, la expansión de los asentamientos israelíes en tierras palestina de Cisjordania crece, con la indiferencia de la sociedad internacional. Los lugares sagrados de musulmanes y cristianos están siendo cerrados como lugares de culto por autoridades israelíes en las fechas más importantes del calendario religioso de ambas tradiciones.

    Comencé a escribir estas líneas en Sábado Santo, cuando la comunidad cristiana conmemora el silencio de Dios, luego de la ejecución pública en la cruz de Jesús, el Galileo, acusado de ser un criminal por el Imperio romano y un blasfemo por las autoridades del Templo de Jerusalén. Ese silencio del sepulcro del crucificado es compartido hoy por el pueblo palestino y por tantas otras víctimas ejecutadas en aras del necropoder. Tiempo de silencio que presagia un mundo nuevo por nacer. Pero ese día no llegará pronto pues la noche es larga. Hoy, en el silencio de las ruinas de Gaza, como de los campos de exterminio en México, el murmullo de los sobrevivientes que resisten es el reducto de humanidad que podrá salvarnos a todos. ¿Lo escuchamos?

    Cuarenta días de silencio y duelo esperanzado, representado en ese calendario simbólico religioso cristiano con raíces hebreas como tiempo de paso o pascua, dan cabida a un tiempo de rescate de los inocentes en la Merkaba o carro de fuego que simboliza la compasión divina y humana que dignifica a las personas justas de la historia, como Elías y el Galileo.

    Es el potente trasfondo simbólico de la ascensión de Jesús a los cielos que las comunidades cristianas celebramos estos días. No se trata solamente de un mito del pasado para una comunidad en duelo por su Rabí asesinado. El carro de fuego divino es un modo de expresar que toda criatura del cosmos, en especial los inocentes victimados por el necropoder, viven en la esfera divina y humana de la compasión amorosa.

    Sea la ocasión para confiar en este movimiento humano-divino que rescata y dignifica al pueblo palestino y a los inocentes de la historia, rostros desfigurados de nuestra humanidad, pero presencia que es “como astilla que duele” y que nos llama a vivir la compasión radical para detener la espiral de odio que hoy recorre el planeta.

     

    Ciudad de México y Rio de Janeiro

    1 de junio de 2025.

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