Categoría: Palestina

  • Historias del agua Sobre los clamores de un lago y una cuenca de los valles en MéxicoPablo de la Fuente | Gráfica Diablo Rojo | Dejarse ir | Santiago de Chile, 2022

    Historias del agua Sobre los clamores de un lago y una cuenca de los valles en México

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    “Un Salto por la Vida” es un colectivo de la sociedad civil de El Salto, municipio del estado de Jalisco, que visitamos hace un año las personas que participamos en el encuentro-festival Re-existe en el ITESO de Guadalajara, México. Sus pobladores y activistas ya veían venir desde hace años la crisis del agua contaminada que estalló el domingo pasado en Guadalajara. La contaminación brutal y el desabasto creciente han sido provocados por el espejismo industrial del mal llamado Sillicon Valley mexicano, una aberración ambiental que siguen promoviendo gobiernos y empresas de la región, con su estela de destrucción del entorno ambiental y social que ha sido documentada por los pobladores, la sociedad civil organizada y las universidades del Occidente de México.

    Poco a poco, el clamor de las familias -con niños y ancianos enfermos por el consumo del vital líquido por el impacto devastador de los químicos presentes en el agua “potable” – fue dando paso a la resistencia de la sociedad civil. Los estudios científicos dieron sustento al activismo social para promover el derecho al agua como un objetivo prioritario de la lucha por los derechos humanos en tiempos donde la sociedad moderna parece no querer despertar de la pesadilla del desarrollo.

    “Las guerras del futuro serán guerras por el agua”, recuerdo que pronosticaba un historiador al inicio del milenio. Y lo que parecía una distopía lejana hace un cuarto de siglo se ha hecho historia cotidiana en todas las latitudes de planeta, desde Gaza y Cisjordania en Palestina hasta Wallmapu en el extremo sur del continente americano.

    En México, el lago de Texcoco y la cuenca del río Lerma-Santiago se han convertido en un aguijón que duele, sobre todo por la voracidad de las megalópolis que fagocitan todo a su paso. Pero al mismo tiempo ambos territorios se han convertido en semilleros donde nacen las rebeldías cuando sus pobladores ponen el dedo en la llaga y comienzan un camino, doloroso pero esperanzado, de intervención socioambiental para salvar un lago de ancestral historia y una cuenca vital para en el centro-occidente del territorio mexicano.

    La “Carta del Lago de Texcoco” fue una iniciativa propuesta hace una década por el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y los pobladores de Atenco, con sus estudiantes, activistas y artistas, para entonar una elegía al agua que diera voz a su lucha y visibilizara su visión del territorio. El poeta, académico y activista Al-Dabi Olvera me abrió el camino hace años para comprender esa resistencia poético-política por medio de las prácticas narrativas que realizamos bajo su guía en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México con el proyecto de investigación llamado Narrativas de Resistencia. Esa Carta comienza diciendo:

    “Desde que nací supe del lago, es la herencia de mis padres,

    es la vida que tenemos, la que queremos que nuestros nietos vivan.

    Anáhuac es estar entre aguas,

    peces, ranas y ajolotes, patos, chichicuilotes y golondrinas.

    No faltaban quelites, quintoniles, verdolagas.

    Los pueblos supieron convivir con las aguas,

    recogiendo el ahuautle, el tequesquite.

    Ese lago se llama libertad”.

    Se trataba de una elegía al agua perdida y un canto al agua recuperada. Años después ese lago ha sido declarado por fin reserva natural por el gobierno federal y sus humedales están siendo recuperados gracias al arduo y constante trabajo comunal, con alianzas con el gobierno en turno, que esperamos siga adelante en los años por venir más allá de los intereses políticos partidarios de hoy.

    ∂

    En nuestros tiempos de Inteligencia Artificial el agua está siendo convertida en codiciada mercancía. Un “producto” indispensable para la industria digital porque los centros de datos la requieren: tan solo un centro estándar consume al  año 25 millones de litros del vital líquido para el enfriamiento de las computadoras que alimentan “la nube”. Una nube que es más bien un averno de semiconductores y redes digitales al servicio de los poderosos. En efecto, la devastación ecológica ya se produce de manera alarmante en territorios de Texas y Ohio, y se multiplica desde China hasta Argentina, ahí donde lo requieran los señores de la super industria digital que desean establecer sus negocios de datos ahí donde abunde el agua. En esos territorios el poderío israelí se expande de manera estratégica para vender tecnología, reproduciendo su negocio voraz y su poder sobre gobiernos locales en aras del supuesto progreso y la seguridad hídrica.

    El agua secuestrada por el fracking es otra contradicción de esta economía extractivista. Para extraer gas de regiones cada vez más profundas del subsuelo es necesario inyectar agua en cantidades insospechadas. La fuerza vital del agua se trastoca en poderío de muerte al servicio de la industria de la energía devastadora del petróleo y el gas que hoy controlan los Estados Unidos, China y Rusia en todo el planeta.

    Y para colmo, el agua de la industria refresquera es otra cabeza de la hidra capitalista, como la llaman los zapatistas, que transmuta un bien precioso en veneno en cada gaseosa que se pone en la mesa de los pobres. México es el país que más consume refrescos en el mundo y, como triste ejemplo, siendo Chiapas el estado del país que mayor índice de pobreza tiene y donde más se consumen refrescos con la desnutrición y enfermedades que produce. Este es un lamentable ejemplo del principio illichiano de la contraproductividad: es preciso derrochar doscientos litros de agua -en la cadena hídrica desde el cultivo de caña o maíz para procesar azúcar hasta la producción del refresco- para poner en el mercado una botella de Coca Cola. La ciudad de San Cristóbal de Las Casas lleva en el alma el agua, con su nombre tsotsil Jobel o tierra de humedales: cuerpos hídricos que aun sobreviven a pesar de la explotación de los manantiales y la pésima administración pública que privatiza pozos, monopolizados hoy por Coca Cola, y urbaniza esos cuerpos de agua habitados por carrizales, aves y anfibios cada vez más raros.

    Para completar este cuadro del horror ambiental que tiene secuestrada al agua en nuestros días es necesario mencionar las aguas negras de los desagües de las metrópolis del mundo que han convertido los ríos y las cuencas donde antes fluían humedales, arroyos y ríos, en cauces de desechos químicos, orgánicos y energéticos de la industria del plástico, del acero y de los semiconductores. Pero lo más macabro de estos flujos es que se han convertido también en receptáculos de restos humanos de personas desaparecidas por las mafias criminales, transmutándose así en ríos de iniquidad.

    Así nos encontramos arrojados en el caos socioambiental por la civilización de la máquina hoy travestida en algoritmo de poderío voraz.

    ∂

    Y en medio de tantas astillas que duelen en el cuerpo de la madre tierra y de nuestros pueblos, ¿dónde hay indicios de consuelo y esperanza para rescatar y curar este cuerpo socioambiental herido?

    Las resistencias de los pobladores de Atenco en Texcoco y de El Salto en Jalisco son como esporas que se van esparciendo por valles y cañadas del mundo gestando nuevos organismos a su paso. Lo hacen a escala pequeña, pero real. Sus modos de organización, sus marchas de protestas, sus rituales de cuidado de la madre tierra y de las personas y creaturas más vulnerables en la comunidad son ya indicios de otro modo de ser, más allá de la codicia.

    Sin romantizar esos movimientos, sabiendo que también viven tensiones por el poder, el control de la narrativa y la obtención de recursos del estado y de los fondos internacionales de solidaridad, reconocemos que ahí se balbucean otros lenguajes con sus verbos descoloniales: comer, aprender, organizarse… y esperar.

    Ahora nos toca a cada una de nosotras, personas y comunidades, vivir y contar nuestras propias historias de resistencia. ¿Cuál es tu historia del agua?

    Jobel, 17 de octubre de 2026

  • Tejiendo una teología política para tiempos de Gran catástrofe Algunos avances del libro colectivo en proceso editorial neoyorkinoAntún Kojtom Lam | Mural Ch'ulel | Teatro de la Ciudad, San Cristóbal de Las Casas 2012 | Foto: Carlos Mendoza

    Tejiendo una teología política para tiempos de Gran catástrofe Algunos avances del libro colectivo en proceso editorial neoyorkino

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    La famosa autora canadiense Naomi Klein acaba de publicar, junto con Astra Taylor, un provocador libro sobre el fascismo del fin de los tiempos. Tan sólo en la Introducción de la obra -que se anuncia será un “best seller” en la anglósfera- las autoras plantean con realismo periodístico los hilos del fascismo como expresión del capitalismo de las minorías atrapadas en su propia contradicción: por un lado, ávidas de siempre mayor riqueza, por el otro, amenazadas por mayorías que tejen protestas en las calles en escenarios distópicos cada vez más recurrentes.

    Mi amigo Pablo Reyna me hizo llegar desde Colombia el libro con un escueto mensaje que leí como una provocación para entretejer con las autoras una lectura alternativa del fondo teológico en juego, que a mi juicio se encuentra en el papel movilizador de las espiritualidades de las resistencias. Ciertamente las pensadoras vislumbran en la vuelta al lugar o “hereness” la llave para recuperar la visión de una humanidad que cuida de la vida en el aquí y el ahora, a contrapelo de la historia hegemónica. Por lo que alcanzo a ver hasta ahora ellas no navegan el gran caudal de las prácticas y el pensamiento descoloniales del Sur epistémico que hemos descrito en nuestro trabajo desde hace varios años.

    ∂

    Tal es el tema central del libro que actualmente se encuentra en proceso editorial en la prestigiosa casa editorial Orbis Books de Nueva York que, desde hace seis décadas, presentó al público de habla inglesa las obras fundantes de la teología de la liberación, publicando a sus principales autores como Gustavo Gutiérrez, Jon Sobrino, Leonardo Boff y sus lectores creativos en el contexto estadounidense y de otras latitudes como Sudáfrica, Corea y Palestina.

    Se trata de una obra colectiva como fruto de los coloquios que organicé durante cinco años en el Boston College, cobijados por la iniciativa “Más allá de la violencia global” que propuse como plataforma de investigación personal en mi calidad de “senior professor” en aquella institución. Desde ahí pude invitar a colegas de Brasil, México, Inglaterra, España, Japón, Puerto Rico y los Estados Unidos para participar en diversos conversatorios sobre el pensamiento social, filosófico y teológico en ciernes tras el colapso del sueño moderno. En mi investigación previa realizada en México, Suiza, Francia y Brasil, había ido conectando el análisis de la fenomenología de la modernidad tardía con la teoría mimética de René Girard para explorar subjetividad colapsada por el sueño del ego tecnocientífico. Pero faltaba incluir el análisis decolonial inspirado en Frantz Fanon y Aníbal Quijano que proseguía la ruta del pensamiento latinoamericano de la liberación, incorporando nuevas categorías teóricas y prácticas para pensar la “colonialidad” como un proceso moderno de cinco siglos de extractivismo del trabajo, los saberes y las formas de vida de los pueblos sometidos.

    Surgió así la pregunta por la suplantación de lo divino que promovió la modernidad por medio del endiosamiento de la razón, la técnica, el mercado, el patriarcado y la voluntad de dominio, por mencionar solamente algunos de los dispositivos de control implementados por la racionalidad occidental tecnocientífica. De ahí la necesidad de postular “el hontanar apofático” de lo político, apelando a “la nada” como aquello que tenemos en común, según la feliz expresión de Matthew Kruger del “nothing in common”, en el “más acá” de nuestras identidades de clase social, raza, género, religión y cultura.

    De esta manera, gracias a estos conversatorios pudimos acceder al manantial de las resistencias y re-existencias donde fluye la teología política descolonial para tiempos de gran catástrofe. Así surgió la idea de un libro colectivo que recogiera las intuiciones y los relatos por los que fuimos discurriendo a lo largo de un lustro en tierras de los Massachussets.

    Cuando le conté a Neto Valiente, querido colega salvadoreño de la Escuela de Teología y Ministerios del Boston College, sobre la teología política descolonial que se iba cocinando -yendo más lejos que la teología de la liberación de primera generación que él admira y conoce a fondo- aquella que surge del encuentro entre fenomenología, teoría mimética, filosofía apofática y pensamiento decolonial, se quedó mirándome incrédulo. Y preguntó: “¿y quién ha escrito sobre eso?” Solamente le respondí: “nadie hasta ahora, pero nosotros lo vamos a hacer”.

    Laurel, Sole, Matthew, Valentina, Maddie, Francis, Juan Miguel, Martín y Amirah -entre muchos otros maestrandos y doctorandas- que seguían mis cursos de posgrado sobre teologías de la liberación, descolonial y queer en el Boston College fueron testigos de cómo se iban tejiendo esos hilos aparentemente tan disímbolos en un telar discursivo con la trama de la vulnerabilidad-convivencialidad-esperanza combativa como relectura de la colonialidad del poder-saber-ser que analizábamos en las clases y profundizábamos durante las tertulias en casa de Mingo y Valentina con la espléndida hospitalidad chilena, donde la comensalidad hacía fluir mejor las ideas y la amistad.

    Los colegas que invitaba a cada coloquio sobre una de esas fuentes teóricas que mencioné arriba aceptaban participar con gusto, pero cuando les hablaba yo de la correlación entre esos enfoques muchos manifestaron su escepticismo, mientras que otros asintieron con curiosidad. Y así nació el libro que propuse a la editorial neoyorkina cuando uno de sus editores me invitó a publicar alguna obra de mi autoría en una charla durante la convención de la Sociedad Teológica Católica de los Estados Unidos (CTSA por sus siglas en inglés) de junio de 2024 en Baltimore. Le comenté que tenía una mejor idea: proponer un manuscrito colectivo sobre teología política en tiempos de incertidumbre global. Y aceptó curioso la propuesta que le envié, luego de consultar con las y los colegas que habían participado en los coloquios bostonianos si se animaban a poner por escrito lo compartido en persona.

    En ese momento estábamos entrando en la Gran Catástrofe donde hoy nos encontramos entrampados. Así, la obra colectiva iría tomando forma como relato colectivo de esperanza en medio de los escombros del genocidio en Gaza, de las fosas clandestinas de México, en las grietas de las diásporas palestina y afrobrasileña, y desde los centros de detención de personas indocumentadas en Estados Unidos, entre otros no-lugares donde, de manera paradójica, surge “lo político” como resistencia al necropoder.

    ∂

    El libro lleva por título “El poder y la potencia”, una glosa a la importante obra del filósofo italiano Giorgio Agamben “El poder y la Gloria”, donde discurre sobre la suplantación de lo divino (la Gloria) por la economía y la política moderna (el poder). Nosotros queremos acercarnos a la Gloria divina, siempre inefable y no manipulable, desde las periferias del mundo hegemónico, en específico, desde la “potencia” de los pobres y excluidos como señalaron Jean Robert y Majid Rahmena, o de “los condenados de la tierra” en palabras de Frantz Fanon.

    El subtítulo “Teología política en tiempos de Gran catástrofe” es revelador de la tesis principal que recorre cada capítulo, a saber, que es posible una vivencia y pensamiento de la esperanza al vivir “lo político” desde su reverso y con imaginación escatológica, en su fuente mesiánica y en medio de los escombros de la Nakba, como lo hace hoy el pueblo palestino. Pero ahora es preciso hacerlo a escala global de Gran catástrofe, como propone en su reflexión en este libro el pensador puertorriqueño Nelson Maldonado-Torres. Los zapatistas en el sureste mexicano nombran “el común” a su modo de vivir y pensar lo político, recuperando así su tradición ancestral maya del territorio que, además de las tierras comunales, no pertenece a nadie en privado, sino que es de la comunidad.

    Las cuatro secciones del libro las presento en la Introducción a mi cargo. Ellas dan razón de los cruces de dos ejes: el fenomenológico-antropológico y el deacolonial-apofático. La primera sección parte de los escombros de Gaza con las reflexiones de Viola Raheb, filósofa palestina de la diáspora, acompañada de un planteamiento de teología política decolonial propuesto por Nicolás Panotto desde Chile y Argentina, analizando el sionismo evangélico como dispositivo de la colonialidad del poder. La segunda sección entreteje el hilo antropológico a partir de la teoría mimética aplicada al contexto sacrificial del militarismo israelí por Silvana Rabinovich, y sus efectos en la era Trump analizada con mirada aguda por James Alison para rastrear la “catolicidad” posible en tiempos de catástrofe; con un capítulo de tono místico propuesto por Brian Robinette buscando el fondo de “la vida escondida en Dios” en medio de la polarización extrema de las sociedades contemporáneas como la estadounidense.

    La tercera sección es una polifonía de voces descoloniales venidas de Puerto Rico, México, Martinica y Brasil. Nelson Maldonado-Torres abre con una invitación a pensar la colonialidad del tecnofascismo como Gran catástrofe, teniendo a Palestina como epicentro; Donovan Hernández desde México propone una “crítica de la razón de guerra” como leitmotiv de la colonialidad; Andrew Prevot, joven teólogo afroestadounidense de la nueva generación, rescata la obra del poeta martiniqués Édourd Glissant como provocación para pensar lo político; Cleusa Caldeira profundiza su propuesta del “teoquilombismo” como descolonización del pensamiento y la praxis que surge desde las subjetividades afrodiaspóricas en Brasil; Aída Hernández, quien invitó como coautora a su colega Gabriela Juárez, propone una lectura de lo político desde el acompañamiento a las Madres Buscadoras en México para explorar una espiritualidad encarnada en medio de las fosas clandestinas; y, finalmente, Ángel Méndez-Montoya, coreógrafo y teólogo “cuir” mexicano, reflexiona sobre la mesa queer como provocación teológica para pensar lo político como “el común” que insurge desde las subjetividades de las disidencias sexo-genéricas.

    Y para abrir el pensamiento crítico hacia su fondo pre-lingüístico, la cuarta sección explora el hontanar de la vida y del pensamiento. Raquel Bouso desde Barcelona hace un recuento de la filosofía de la nada desde Maestro Eckhart hasta la Escuela de Kioto, con sus implicaciones para pensar lo político. Y Matthew Kruger, joven pensador estadounidense, se asoma al pensamiento abismal de la Nada como hontanar de lo político que nos previene de idolatrías antiguas y nuevas en contextos políticos que manipulan la divinidad como ideologías identitarias.

    El prólogo a cargo de Mark Lewis Taylor, reconocido profesor emérito de Princeton, anuncia la urgente deconstrucción de lo sagrado violento en tiempos de Nakba, a partir de las reflexiones del poeta Darwish y del pensador camerunés Achille Mbembe, para enfrentar la poética de la desesperación a partir de las resistencias diversas, como el Sumud palestino.

    Y el Epílogo de M. Shawn Copeland, profesora emérita del Boston College y reconocida autora de teología negra feminista en los Estados Unidos, nos convoca a “la praxis de humanidad” para vivir en medio de los escombros con esperanza.

    El lanzamiento del libro está previsto para febrero de 2027, pero ya desde ahora se puede adquirir en pre-venta en el portal de Orbis Books. Más adelante les contaré sobre las presentaciones virtuales y presenciales que iremos organizando, junto con mis colegas editores y autores, de este gran volumen colectivo que quiere contribuir así, de manera colegiada y crítica, a pensar la esperanza posible en tiempos de colapso civilizatorio.

    Jobel, 19 de septiembre de 2026

  • Los sionismos que nos acechan Sobre el (ab)uso de la Biblia en tiempos de la Gran NakbaJuan Fuentes | Critical Zionism Studies | 2025

    Los sionismos que nos acechan Sobre el (ab)uso de la Biblia en tiempos de la Gran Nakba

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    En semanas recientes se activó la alerta en Chiapas por la presencia del grupo israelí “Héroes por la Vida” en escuelas primarias de Zinacantán, formado por jóvenes israelíes ofreciendo actividades como cursos de inglés y remozamiento de las instalaciones escolares, presentándose como una experiencia de “voluntariado de la juventud israelí” con sonriente y amigable “labor humanitaria” con la población vulnerable del planeta. Al parecer muchos de ellos y sus asesores son miembros del ejército israelí en activo o en retiro que han participado en diversas guerras sionistas, como lo ha comentado recientemente Herman Bellinghausen.

    Unas semanas antes, la cónsul de Israel en México Hilla Burk, acompañada de asesores de seguridad israelíes, era recibida por el secretario de “Seguridad del Pueblo”, Óscar Aparicio Avendaño, en sus oficinas del gobierno estatal en Tuxtla Gutiérrez. Hasta el día de hoy no se ha informado a la sociedad de manera cabal sobre la agenda de ese encuentro, ni sobre los acuerdos a los que se llegó. Según notas periodísticas, en otros estados como Chihuahua y Querétaro, existen ya contratos de asesoría israelí a los gobiernos en turno en materia de seguridad estratégica, que incluye contratos de venta de tecnología y armamento “de última generación” de la creciente industria militar transnacional.

    A este activismo israelí en México, se suman los “retiros de sanación” organizados por la organización israelí Chabat en Cozumel y otras playas del caribe mexicano dirigidos a miembros del ejército israelí en activo o en reserva que han participado en “la guerra para defensa del estado de Israel”, como reporta la periodista Georgina Zerega. Un eufemismo para ocultar su participación en el genocidio en curso contra el pueblo palestino en Gaza y Cisjordania, así como la invasión al sur del Líbano con el proyecto del Gran Israel que incluye, como lo analiza la pensadora Silvana Rabinovich, la construcción del Tercer Templo de Jerusalén como símbolo supremo de esta narrativa bélica religiosa. En algunos países como Chile, Irlanda y España, se han emprendido campañas de denuncia de crímenes de lesa humanidad cometidos por soldados israelíes a quienes se les identifica de paso por esas tierras y a quienes la sociedad civil organizada y algunos gobiernos buscan llevar ante los tribunales nacionales e internacionales.

    Existe un plan de expansionismo israelí territorial en América Latina más allá del Medio Oriente, como periodistas de investigación han documentado en Patagonia y en Yucatán, lugares estratégicos por sus recursos naturales como el agua, los minerales y las tierras raras.

    Detrás de esa fachada humanitaria y de turismo, el sionismo despliega una ideología religiosa perversa basado en una mal llamada teología política de la elección y la promesa de la tierra, haciendo de la Biblia un arma de guerra.

    Ante tal escenario, el cristianismo se enfrenta a uno de sus mayores desafíos en medio de la crisis civilizatoria que vivimos hoy, a saber, discernir las idolatrías que suplantan el nombre de Dios para producir muerte de pueblos y control de territorios estratégicos. El judaísmo y el islam -en las expresiones críticas de sus propias tradiciones espirituales- tendrán que discernir también el desafío de la Gran Nakba o Gran Catástrofe de nuestro tiempo, como llama el filósofo puertorriqueño Nelson Maldonado-Torres a la crisis civilizatoria de colonialidad del tecno-fascismo.

    El Papa León XIV, por su parte, ha llamado la atención sobre “los señores de la guerra” que controlan la economía de guerra marcada, de ahora en adelante, por el uso abusivo de la inteligencia artificial para beneficio de una oligarquía de tecnócratas digitales, entre quienes se encuentran los dueños de las mega compañías del Silicon Valley en California.

    Pero como pastor y maestro en la sede de Pedro, el Papa transcultural ha denunciado también la blasfemia de quienes usan el nombre de Dios para hacer la guerra, sin mencionar de manera explícita al sionismo ni al trumpismo. En efecto, en su primera Carta Encíclica “Magnifica Humanitas”, León XIV denuncia “las ideologías de muerte” que provocan sufrimiento y guerras por la codicia del mundo moderno en su versión “posthumanista” que prepara el advenimiento de una especie mejor que la humana generada por el algoritmo, y “transhumanista” porque subordina lo humano al sistema controlado por los dispositivos biotecnológicos. Un apocalipsis de lo humano que Ivan Illich ya había anunciado hace seis décadas.

    ∂

    En este contexto, las comunidades cristianas de todo el orbe -en su diversidad de tradiciones como colectivos creyentes, de academia y artistas, junto con los movimientos sociales de inspiración profética y liberadora-estamos llamadas a comprender y desactivar el sionismo, tanto judío como evangélico, que se encuentra en la base del expansionismo territorial israelí de nuestros días,  de manera particular en América Latina y el Caribe, con la complicidad de la extrema derecha que acecha la vida política en Argentina, Chile, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México y los Estados Unidos.

    Se trata, en primer lugar, de honrar el nombre de Dios como Sabiduría divina que guía nuestros pasos de justicia, paz y misericordia en un mundo en guerra global o, como lo llama Silvana Rabinovich, un “omnicidio” en curso. Nombre de Dios que denota, a la vez, el insondable misterio divino y la dignidad inalienable de la creación como obra de su amor, que ningún poder de este mundo puede suplantar ni controlar. Ni la demonología antigua, como tampoco las jerarquías de los señores del necropoder de hoy, pueden sustituir la Gloria divina que trasciende siempre el poder político, como lo ha analizado con agudeza el pensador italiano Giorgio Agamben.

    En segundo lugar, es importante desmantelar la ideología política religiosa (que no teología política en sentido propio) que hace hoy de la Biblia un arma de guerra, en especial contra el pueblo palestino y los pueblos semitas de Palestina, cristianos y de otras tradiciones religiosas. Al respecto, Mitri Raheb y Munther Isaac -teólogos luteranos palestinos resistiendo al genocidio de su pueblo- no dejan de subrayar la importancia de desmantelar la ideología sionista que ha manipulado la teología de la promesa de la tierra y de la elección divina en beneficio exclusivo del pueblo judío.

    Es importante recordar, como lo señala el intelectual mexicano libanés Alfredo Jalife-Rahme, que el lobby sionista en los Estados Unidos y Gran Bretaña creó desde el siglo XIX la ideología sionista como expresión del colonialismo de los judíos de la diáspora, que no son semitas sino descendientes de la presencia judía en los países de Europa Central y del Este en el siglo XIX. El sionismo nace como una ideología política de control del territorio de Palestina para beneficio exclusivo del pueblo judío.

    Y, en tercer lugar, debemos recordar que el expansionismo sionista que ha llegado a México, en específico a Chiapas, requiere de un seguimiento crítico por parte de la sociedad civil, las iglesias y los gobiernos en sus planes de control de territorios, con la justificación ideológica que difunde el estado israelí de Netanyahu y su ministro de seguridad nacional Itamar Ben Gvir, con su lógica genocida y expansionista del Gran Israel difundida con descaro. El proyecto sionista echa sus raíces en una poderosa industria de guerra que hace del sionismo judío y cristiano hoy una amenaza para la humanidad y para la Casa Común.

    Siguiendo las pistas de la teología descolonial, tanto judía como cristiana, es preciso releer la Biblia como libro de la fe de los pueblos semitas en la promesa del Dios vivo que se va abriendo progresivamente a todas las naciones de la humanidad como destinatarias de los tiempos mesiánicos que superan la violencia fratricida e instauran la nueva humanidad. Teología de “los mansos que heredarán la tierra” (Mateo 5: 5), según la imaginación poética de Jesús de Galilea, como lo recuerda Mitri Raheb, desde la opción del Dios de la vida por los pobres y excluidos de todos los tiempos. Teología de la promesa cumplida en el acontecimiento de la resurrección de Jesús, el Cristo de Dios, que lleva a su más radical expresión la manifestación, “no de un Dios de muertos, sino de vivos” (Mateo 22: 32). Promesa y elección que el Abbá de Jesús lleva a cumplimiento siempre desde los excluidos de los sistemas hegemónicos de dominación para convocar a todos los pueblos de la tierra al festín del deseo, como lo propone el teólogo cuir mexicano Ángel Méndez.

    ∂

    Una vez que la sociedad civil de Chiapas y de México descubra los hilos que tejen hoy el sionismo judío y cristiano que se expande por el mundo en complicidad con empresas y gobiernos tecno-fascistas que promueven la discriminación de pueblos y religiones, será preciso promover comunidades de encuentro entre tradiciones espirituales diversas, en mutuo acompañamiento, nutriendo las resistencias al mal de rostros tan diversos.

    El cuidado de la niñez y las juventudes de Chiapas ante el acecho del sionismo hoy, junto con la rendición de cuentas de autoridades de distintos órdenes de gobierno en el financiamiento y gestión de la seguridad pública, permitirá crear entornos de respeto irrestricto a la dignidad humana, con especial atención a las personas y comunidades más marginadas y vulnerables.

    Entonces habrá que promover la celebración de la bendición divina para todas las naciones, no solamente para el pueblo judío que en su versión sionista está traicionando su vocación de ser testigo del Eterno, como la describía André Neher, el gran pensador judío francés del siglo XX.

    No olvidemos que los tiempos mesiánicos advienen en todos pueblos -en medio de la historia de la humanidad amenazada de muerte, pero prometida de plenitud por el Dios de la Vida- gracias a las personas justas de la historia que dan su vida por el mundo venido de Dios, no de los poderosos de este mundo.

    San Cristóbal de Las Casas, 20 de junio de 2026

Spanish