Por Carlos Mendoza Álvarez
Hospitalidad y comensalidad son dos actitudes vitales que, a lo largo de los años, he ido cultivando con los dominicos desde mi primer encuentro en 1979 con Daniel Ulloa y Raúl Vera, entonces formadores de postulantes y novicios respectivamente, en el camino de la iniciación al carisma de la predicación, que lleva ya ocho siglos dialogando con culturas de pueblos diversos, con los claroscuros de toda institución centenaria, sus sombras y sus grandes luces.
Ya desde mi infancia en Puebla, ambas virtudes estaban presentes en la vida de la familia, en torno a la figura de mi abuela materna, mi tía abuela, mi madre y tías, junto con los tíos que hacían de cada encuentro de la familia una verdadera fiesta de sabores y bailes.
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Hace unos días falleció Daniel Ulloa Herrero en Cuernavaca y hoy las cenizas de su cuerpo mortal serán depositadas en el Columbario del Templo de Santa María de la Anunciación, conocida como Parroquia Universitaria, al lado de la Universidad Nacional Autónoma de México en Copilco, que fundaron los dominicos en 1963, con los aires de la renovación conciliar en curso, para cultivar el diálogo con intelectuales, estudiantes, deportistas y trabajadores de la máxima casa de estudios del país.
Fray Daniel recibió la ordenación presbiteral ahí, junto con fray Miguel Concha y fray Antonio Ramos, el 25 de julio de 1970 de manos del obispo Don Sergio Méndez Arceo, quien fuera padre conciliar y testigo eminente de la Iglesia latinoamericana liberadora, a contracorriente de los grupos prominentes de la jerarquía católica y laicos conservadores de la época.
El CUC -como se conoce al Centro Universitario Cultural fundado por los dominicos- era famoso en aquella época dorada por la Misa Universitaria, el Cine Club exhibiendo las novedades del cine de arte de autores desconocidos y hasta prohibidos en aquella época como Pasolini, Tarkovski, Kurosawa, Fellini y Buñuel. La presencia de los dominicos en cada facultad de la UNAM -fuese como profesores, estudiantes o conferencistas invitados- cruzaba las fronteras del campus universitario para entablar diálogos entre la fe y la razón con estudiantes y profesores.
En ese ímpetu, Daniel Ulloa, Raúl Vera y Miguel Concha fueron formados como frailes predicadores por personajes de la talla de fray Alberto Escurdia, profesor en la Facultad de Filosofía y Letras; fray Agustín Desobry que llegaba de Francia con un gran proyecto de centro cultural como espacio para promover el diálogo con los universitarios; fray Jaime Gurza hombre exquisito y culto, conocedor de la tradición mística y estética de los dominicos medievales y modernos; y fray Julián Pablo Fernández, cineasta y pintor amigo de Don Luis Buñuel, David Alfaro Siqueiros, Juan Rulfo, Octavio Paz, Guillermina Bravo y tantos otros creadores de la cultura mexicana de la época.
Daniel Ulloa destacaba por su brillante inteligencia que cultivaría más tarde como historiador graduado en El Colegio de México con una tesis sobre las corrientes en pugna de los dominicos a su llegada a Tierra Firme en 1526: por un lado fray Domingo de Betanzos, con espíritu reformador riguroso en la vida conventual y la doctrina, como parte de la evangelización y la colonización emprendidas por la Corona española; por otro, fray Bartolomé de Las Casas, con un acento atrevido en su crítica a la colonialidad en curso, enfrentándose a la Encomienda por medio de la promoción de las Leyes de Indias y de un método de evangelización pacífica que ya había probado desde años atrás en la costa de Venezuela y luego en la Verapaz en Guatemala.
La personalidad viva de Daniel Ulloa estaba marcada por un creativo sentido del humor y por una ironía exquisita que le hacían conectar de manera inmediata con la juventud, tanto en las universidades como en los barrios populares. Una página notable de su historia como joven sacerdote fue la Misa rockera que, junto con una banda de jóvenes del callejón de Leandro Valle, vecino de La Lagunilla y Tepito, los “barrios bravos” del Centro Histórico de la Ciudad de México, animaba los domingos por las noches en el templo de Santo Domingo.
Más tarde, ambas experiencias intensas, la de vida intelectual como historiador y la del acompañamiento pastoral a jóvenes de culturas urbanas diversas, permitieron a Daniel, como prior del CUC, proponer una visión renovada de la pastoral universitaria en los años ochenta del siglo pasado que enfatizaba la vida intelectual y el acompañamiento pastoral de los universitarios con sus múltiples identidades. En los años de su priorato, por ejemplo, dio la bienvenida a los hermanos Roberto y Benjamín Cuéllar, del Socorro Jurídico Cristiano fundado por Monseñor Romero, quienes fueron nuestros maestros en el trabajo por los derechos humanos, experiencia que abriría paso al nacimiento del Centro de Derechos Humanos fray Francisco de Vitoria OP, organización decana en México de las organizaciones de la sociedad civil que hoy conforman la red Todos los derechos para todos.
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El Capítulo General de la Orden de Predicadores celebrado en México en 1992, en el que tuve la bendición de ser secretario general, eligió a fray Timothy Radcliffe como Maestro de la Orden. En su primer mes de gobierno convocó a un notable grupo de frailes como sus colaboradores cercanos: Jean-Jacques Perennès de la Provincia de Francia como asistente para la vida apostólica, Guido Vergauwen de la Provincia de Flandes como asistente de vida intelectual, y Daniel Ulloa de la Provincia de México como secretario de la Orden. Junto con otros frailes de ese perfil vigoroso -como predicadores ilustrados y con alto sentido de pensamiento y espiritualidad al servicio de la justicia, la paz y la belleza- fray Timothy animó durante nueve años a toda la familia dominicana a rescatar el espíritu profético de la “santa predicación”. Así se llamó la obra iniciada por Domingo de Guzmán, el obispo Diego de Osma, las hermanas de Prulla y el laico Pedro Ceila en el Languedoc, en tiempos convulsos de vuelta a la radicalidad del evangelio, que compartieron los movimientos mendicantes de la época.
Años después, fray Daniel emigró a los Estados Unidos para continuar allá la pastoral universitaria en Nueva York primero, luego en Brooklyn y más tarde en Nueva Jersey. Los dominicos de México tenemos una deuda pendiente con él para recuperar su legado y renovar el carisma de la predicación en los nuevos lugares teológicos donde Dios sale al encuentro de la humanidad herida que busca vida, dignidad, belleza, justicia y paz en torno a la mesa común de la compasión divina.
En tiempos más recientes, el 7 de diciembre de 2024, cuando fray Timothy recibió el cardenalato de manos del Papa Francisco, muchos de sus compañeros de aquella época se reunieron en Roma para celebrar tan gran momento. En un video grabado en esa ocasión, fray Daniel recordaba que el principal motivo de ese encuentro consistía en ratificar la urgencia del carisma de la predicación para anunciar la Buena Nueva en medio de los tiempos convulsos que vive la humanidad.
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Para honrar el legado de esa generación de frailes predicadores que ha marcado mi vida como persona, como cristiano y como dominico, mi trabajo teológico y servicio pastoral de varias décadas ha buscado escuchar a cada comunidad y cultura donde he vivido: la Ciudad de México con sus barrios tan dispares y diversos; los universitarios de Friburgo de Suiza, Paraná en Brasil, París, la Ciudad de México, Nueva York, Río de Janeiro y Boston; así como los pueblos originarios de Oaxaca y Chiapas, desde hace décadas a la fecha, hasta los pueblos Lakota y Mapuche en los extremos Norte y Sur del continente.
Animado por este espíritu dominicano, en la confluencia de la fe y la razón, participo ahora en la gestación de la iniciativa JobeLab en San Cristóbal de Las Casas, junto con amigas y amigos de esta ciudad. Pronto les contaré más sobre esta apasionante red de amistad, hospitalidad y comensalidad en ciernes.
En los próximos días realizaremos dos eventos aquí en Jobel: el miércoles 25 de marzo a las 5:50 pm en el Restaurante Belil sobre la Escuela de San Cristóbal como un semillero de pensamiento crítico surgido en Chiapas en la segunda mitad del siglo XX, con la participación de Pablo Romo, Martha Elena Welsh y Juan Carlos L Puente. Y el viernes 27 de marzo, a las 5 pm en el templo de Caridad, daremos paso al evento “Música para el encuentro interreligioso”, junto con Shaykh Yahya Rhodus y Shaykh Mudar Abdulghani de la comunidad musulmana de la ciudad, en torno la música y el canto Sufi de Nader Khan, creyente y artista canadiense, como expresiones del encuentro con lo sagrado en tiempos de violencia extrema.
Les esperamos para vivir una experiencia de hospitalidad y comensalidad.
Jobel, 21 de marzo de 2026



