Categoría: Juventudes

  • Los frutos de la Pascua floridaCarlos Mendoza Álvarez | Capilla del Rosario, Templo de Santo Domingo de Puebla | 2026

    Los frutos de la Pascua florida

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    Tres semanas de silencio en este blog han transcurrido en medio de una vorágine de acontecimientos pastorales y personales que, en retrospectiva, veo relacionados como frutos del camino de la Pascua de este año. A través de breves historias trataré de contar los destellos del mundo por venir que percibí a lo largo de estos días.

    Las celebraciones religiosas de la Semana Santa se conectaron de repente con una experiencia de encuentro misterioso en los pozos de agua de Yalentay, en los cerros de Zinacantán, donde fui recibido de manera inesperada por el guardián del lugar. Esas celebraciones religiosas multiformes se dieron en medio de visitas de colegas y amigas queridas venidas de lejos, Amirah y Alicia con Adriana, con quienes anhelaba compartir los sabrosos frutos de una Iglesia autóctona de raíces y rostro tsotsil, acompañadas por las preguntas sobre lo que aún falta por aprender a cuidar como parte del camino de las resistencias.

    Pascua en Jobel

    El grupo de seis acólitos me fue encomendado para su formación y la preparación de su vestimenta según el estilo de los dominicos. Son seis adolescentes coletos que, con mucha convicción y emoción, quieren dedicar parte de su vida humana y espiritual, ocupando su tiempo libre durante la secundaria y la preparatoria, a “servir al altar”. En el contexto de la sociedad coleta, de intensa práctica religiosa y devocional, resulta todo un desafío pastoral conectar con las juventudes para servir a Cristo en el altar y en la comunidad, especialmente con los pobres y los excluidos. Integrar a una nueva generación de jóvenes creyentes se enfrenta a diversas resistencias por parte de las personas mayores, que parecen inamovibles en sus prácticas religiosas jerarquizadas e individuales de la piedad popular sancristobalense.

    Pero luego de dos meses de encuentros sabatinos en un clima de fraternidad, con oración sencilla, salida del corazón y por medio de la escucha de historias bíblicas en versiones audiovisuales contemporáneas, se fue formando una incipiente comunidad de amistad con Jesús, como pastor y amigo de las ovejas de este y otros rediles.

    Al final de dicho proceso, que tuvo algunas tensiones con la vieja generación, caigo en la cuenta del corazón bueno de las juventudes coletas de hoy, deseosas de servir con belleza y verdad en el altar litúrgico, a la vez que inquietas por traducir el simbolismo del altar de Cristo —los pobres— en actos de servicio a los más vulnerables de la ciudad.

    65 soles

    Y llegó abril con su fuerza afectiva de cumpleaños, brindándome la posibilidad de rememorar el festín del deseo en mi propia carne —con misa y mesa dispuestas con el sello de los sabores y el estilo poblano—, acompañado por mi familia y por amistades antiguas y nuevas, como acción de gracias por los 65 abriles que he podido vivir como hombre y como dominico, la mayor parte de mi vida.

    La Capilla del Rosario, epicentro de la vida espiritual de muchas familias poblanas, incluida la mía, fue el lugar perfecto para entonar una acción de gracias por el don de la vida, acompañado por mi familia y amistades a lo largo de tantos años de compartir el pan y la sal, el dolor y la esperanza, la fiesta y los trabajos por construir otros mundos aquí y ahora. La música barroca interpretada por Julio Saldaña y Suzy Torres, con Magda como soprano y Abraham como tecladista, nos permitió conectar con los ancestros de la familia y de mi orden religiosa. Ese espacio extraordinario de arte barroco es aún más admirable porque cuenta historias de mujeres de fe, como María, la joven mujer de Palestina que dijo sí al ángel, y de muchas mujeres de la Biblia y hermanas dominicas de Europa y América, todas ellas caminando, acompañadas por las tres virtudes teologales, hacia la gracia plena.

    Fue un gusto recibir como comensales a mis compañeros de la secundaria del Instituto Normal del Estado y de la Preparatoria Popular Emiliano Zapata. Los años que pasaron volando parecen ahora acercarnos más que distanciarnos. Tuve la sensación de que volvíamos a casa, luego de que cada uno siguiera su propio sendero, ya fuera abogado, química, ingeniero, educador o guerrillero.

    Y para mi sorpresa, volver a encontrarme con Polo Sánchez Brito, guía scout de la patrulla Antílopes del Grupo 1 de Puebla más de medio siglo después, fue refrendar aquellos aprendizajes para valerse por sí mismo y en comunidad en medio del bosque, orientándose con la brújula y las estrellas en las caminatas de iniciación, aprendiendo a encender fuego con pedernal y un poco de paja, a cocinar el desayuno y preparar café con leche al amanecer, además de reconocer las huellas de los animales que pasaban por los caminos y grabarlas en moldes de yeso.

    Seis brindis, uno por cada década vivida, me permitieron rememorar pequeñas historias de infancia familiar y como boy scout, el despertar afectivo de adolescencia, la juventud preparatoriana crítica, la profesión elegida desde temprana edad en mi caso como dominico, la fe comprometida a lo largo de los años según una tradición espiritual e intelectual de ocho siglos, y finalmente la vida académica de tres décadas inspirada por el acompañamiento pastoral a comunidades vulnerables de México.

    Y al final, toda esta memoria compartida fue coronada por el brindis amoroso en las voces de mi hermana María Eugenia, mi amigo Raúl de la prepa y de Amirah, quien representaba a los doctorandos de Boston College de diversos países de Nuestramérica, con quienes tanto sigo aprendiendo.

    ¡Qué alegría celebrar así el don de la vida!

     

    Diálogos bávaros

    Y, como continuación desafiante de la vida, ahora estoy realizando una breve estancia académica en Eichstätt, en Baviera, gracias a la invitación de mi amigo, el profesor Martin Kirschner, quien me está permitiendo conectar de nuevo con aquel oficio de profesor que dejé hace un año al renunciar a Boston College, luego de tres décadas de vida académica.

    Ser “objeto de estudio” de los doctorandos en Baviera no fue del todo extraño para mí, después de que Cleusa Caldeira, en la Facultad Jesuita de Teología de Belo Horizonte, Brasil, dedicara su tesis doctoral a explorar mi contribución al pensamiento teológico. Aquí, Constantin tuvo el encargo de leer mi último libro sobre la resurrección como anticipación mesiánica, para plantear preguntas acuciosas sobre “lo real” del acontecimiento de la resurrección de Jesús, preguntándome qué pasó con su cuerpo y cómo nos afecta hoy. En el fondo, había un cuestionamiento metafísico que subyace a este acontecimiento fundacional de la existencia cristiana.

    Volver al ritmo de una ciudad europea universitaria, tranquilo, silencioso y ordenado en sus tiempos y formas, resulta un deleite. Pero también es un desafío no desconectarme de los procesos de vida y de pastoral en los que estoy inmerso desde hace cinco meses en Chiapas.

    ¿En qué modo, en adelante, podrá lograr un equilibrio entre acción y pensamiento, con tiempo suficiente para la meditación, la reflexión y la escritura?

    Se asoma en el horizonte el sueño de una cabaña-hogar donde departir con amigos en el cuerpo y el espíritu, el soplo de la Ruah divina para dejarnos mover por su brisa.

    Tal vez el entorno de los volcanes de mi infancia sea el humus fecundo que haga florecer ese sueño.

    Eichstätt, 30 de abril de 2026

  • Dominicos en las fronteras En memoria dichosa de fray Daniel Ulloa Herrero OP (+), 1946-2026David Alfaro Siqueiros | Retrato de Santo Domingo | CUC, 1970

    Dominicos en las fronteras En memoria dichosa de fray Daniel Ulloa Herrero OP (+), 1946-2026

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    Hospitalidad y comensalidad son dos actitudes vitales que, a lo largo de los años, he ido cultivando con los dominicos desde mi primer encuentro en 1979 con Daniel Ulloa y Raúl Vera, entonces formadores de postulantes y novicios respectivamente, en el camino de la iniciación al carisma de la predicación, que lleva ya ocho siglos dialogando con culturas de pueblos diversos, con los claroscuros de toda institución centenaria, sus sombras y sus grandes luces.

    Ya desde mi infancia en Puebla, ambas virtudes estaban presentes en la vida de la familia, en torno a la figura de mi abuela materna, mi tía abuela, mi madre y tías, junto con los tíos que hacían de cada encuentro de la familia una verdadera fiesta de sabores y bailes.

    Hace unos días falleció Daniel Ulloa Herrero en Cuernavaca y hoy las cenizas de su cuerpo mortal serán depositadas en el Columbario del Templo de Santa María de la Anunciación, conocida como Parroquia Universitaria, al lado de la Universidad Nacional Autónoma de México en Copilco, que fundaron los dominicos en 1963, con los aires de la renovación conciliar en curso, para cultivar el diálogo con intelectuales, estudiantes, deportistas y trabajadores de la máxima casa de estudios del país.

    Fray Daniel recibió la ordenación presbiteral ahí, junto con fray Miguel Concha y fray Antonio Ramos, el 25 de julio de 1970 de manos del obispo Don Sergio Méndez Arceo, quien fuera padre conciliar y testigo eminente de la Iglesia latinoamericana liberadora, a contracorriente de los grupos prominentes de la jerarquía católica y laicos conservadores de la época.

    El CUC -como se conoce al Centro Universitario Cultural fundado por los dominicos- era famoso en aquella época dorada por la Misa Universitaria, el Cine Club exhibiendo las novedades del cine de arte de autores desconocidos y hasta prohibidos en aquella época como Pasolini, Tarkovski, Kurosawa, Fellini y Buñuel. La presencia de los dominicos en cada facultad de la UNAM -fuese como profesores, estudiantes o conferencistas invitados- cruzaba las fronteras del campus universitario para entablar diálogos entre la fe y la razón con estudiantes y profesores.

    En ese ímpetu, Daniel Ulloa, Raúl Vera y Miguel Concha fueron formados como frailes predicadores por personajes de la talla de fray Alberto Escurdia, profesor en la Facultad de Filosofía y Letras; fray Agustín Desobry que llegaba de Francia con un gran proyecto de centro cultural como espacio para promover el diálogo con los universitarios; fray Jaime Gurza hombre exquisito y culto, conocedor de la tradición mística y estética de los dominicos medievales y modernos; y fray Julián Pablo Fernández, cineasta y pintor amigo de Don Luis Buñuel, David Alfaro Siqueiros, Juan Rulfo, Octavio Paz, Guillermina Bravo y tantos otros creadores de la cultura mexicana de la época.

    Daniel Ulloa destacaba por su brillante inteligencia que cultivaría más tarde como historiador graduado en El Colegio de México con una tesis sobre las corrientes en pugna de los dominicos a su llegada a Tierra Firme en 1526: por un lado fray Domingo de Betanzos, con espíritu reformador riguroso en la vida conventual y la doctrina, como parte de la evangelización y la colonización emprendidas por la Corona española; por otro, fray Bartolomé de Las Casas, con un acento atrevido en su crítica a la colonialidad en curso, enfrentándose a la Encomienda por medio de la promoción de las Leyes de Indias y de un método de evangelización pacífica que ya había probado desde años atrás en la costa de Venezuela y luego en la Verapaz en Guatemala.

    La personalidad viva de Daniel Ulloa estaba marcada por un creativo sentido del humor y por una ironía exquisita que le hacían conectar de manera inmediata con la juventud, tanto en las universidades como en los barrios populares. Una página notable de su historia como joven sacerdote fue la Misa rockera que, junto con una banda de jóvenes del callejón de Leandro Valle, vecino de La Lagunilla y Tepito, los “barrios bravos” del Centro Histórico de la Ciudad de México, animaba los domingos por las noches en el templo de Santo Domingo.

    Más tarde, ambas experiencias intensas, la de vida intelectual como historiador y la del acompañamiento pastoral a jóvenes de culturas urbanas diversas, permitieron a Daniel, como prior del CUC, proponer una visión renovada de la pastoral universitaria en los años ochenta del siglo pasado que enfatizaba la vida intelectual y el acompañamiento pastoral de los universitarios con sus múltiples identidades. En los años de su priorato, por ejemplo, dio la bienvenida a los hermanos Roberto y Benjamín Cuéllar, del Socorro Jurídico Cristiano fundado por Monseñor Romero, quienes fueron nuestros maestros en el trabajo por los derechos humanos, experiencia que abriría paso al nacimiento del Centro de Derechos Humanos fray Francisco de Vitoria OP, organización decana en México de las organizaciones de la sociedad civil que hoy conforman la red Todos los derechos para todos.

    El Capítulo General de la Orden de Predicadores celebrado en México en 1992, en el que tuve la bendición de ser secretario general, eligió a fray Timothy Radcliffe como Maestro de la Orden. En su primer mes de gobierno convocó a un notable grupo de frailes como sus colaboradores cercanos: Jean-Jacques Perennès de la Provincia de Francia como asistente para la vida apostólica, Guido Vergauwen de la Provincia de Flandes como asistente de vida intelectual, y Daniel Ulloa de la Provincia de México como secretario de la Orden. Junto con otros frailes de ese perfil vigoroso -como predicadores ilustrados y con alto sentido de pensamiento y espiritualidad al servicio de la justicia, la paz y la belleza- fray Timothy animó durante nueve años a toda la familia dominicana a rescatar el espíritu profético de la “santa predicación”. Así se llamó la obra iniciada por Domingo de Guzmán, el obispo Diego de Osma, las hermanas de Prulla y el laico Pedro Ceila en el Languedoc, en tiempos convulsos de vuelta a la radicalidad del evangelio, que compartieron los movimientos mendicantes de la época.

    Años después, fray Daniel emigró a los Estados Unidos para continuar allá la pastoral universitaria en Nueva York primero, luego en Brooklyn y más tarde en Nueva Jersey. Los dominicos de México tenemos una deuda pendiente con él para recuperar su legado y renovar el carisma de la predicación en los nuevos lugares teológicos donde Dios sale al encuentro de la humanidad herida que busca vida, dignidad, belleza, justicia y paz en torno a la mesa común de la compasión divina.

    En tiempos más recientes, el 7 de diciembre de 2024, cuando fray Timothy recibió el cardenalato de manos del Papa Francisco, muchos de sus compañeros de aquella época se reunieron en Roma para celebrar tan gran momento. En un video grabado en esa ocasión, fray Daniel recordaba que el principal motivo de ese encuentro consistía en ratificar la urgencia del carisma de la predicación para anunciar la Buena Nueva en medio de los tiempos convulsos que vive la humanidad.

    Para honrar el legado de esa generación de frailes predicadores que ha marcado mi vida como persona, como cristiano y como dominico, mi trabajo teológico y servicio pastoral de varias décadas ha buscado escuchar a cada comunidad y cultura donde he vivido: la Ciudad de México con sus barrios tan dispares y diversos; los universitarios de Friburgo de Suiza, Paraná en Brasil, París, la Ciudad de México, Nueva York, Río de Janeiro y Boston; así como los pueblos originarios de Oaxaca y Chiapas, desde hace décadas a la fecha, hasta los pueblos Lakota y Mapuche en los extremos Norte y Sur del continente.

    Animado por este espíritu dominicano, en la confluencia de la fe y la razón, participo ahora en la gestación de la iniciativa JobeLab en San Cristóbal de Las Casas, junto con amigas y amigos de esta ciudad. Pronto les contaré más sobre esta apasionante red de amistad, hospitalidad y comensalidad en ciernes.

    En los próximos días realizaremos dos eventos aquí en Jobel: el miércoles 25 de marzo a las 5:50 pm en el Restaurante Belil sobre la Escuela de San Cristóbal como un semillero de pensamiento crítico surgido en Chiapas en la segunda mitad del siglo XX, con la participación de Pablo Romo, Martha Elena Welsh y Juan Carlos L Puente. Y el viernes 27 de marzo, a las 5 pm en el templo de Caridad, daremos paso al evento “Música para el encuentro interreligioso”, junto con Shaykh Yahya Rhodus y Shaykh Mudar Abdulghani de la comunidad musulmana de la ciudad, en torno la música y el canto Sufi de Nader Khan, creyente y artista canadiense, como expresiones del encuentro con lo sagrado en tiempos de violencia extrema.

    Les esperamos para vivir una experiencia de hospitalidad y comensalidad.

    Jobel, 21 de marzo de 2026

  • (Trans)modernidades indianasJuan Chawuk | Conexion Cósmica | San Cristóbal de Las Casas | 2000

    (Trans)modernidades indianas

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    La fila de autos para llegar al paraje de Apaz se extiende por varios kilómetros en el horizonte, siguiendo el camino estrecho de terracería que serpentea entre los cerros. El bullicio de la fiesta se percibe a lo lejos, ya desde Navenchauc, con su laguna contaminada, antes rodeada de laderas arboladas y ahora invadidas por las casas de tabique sin terminar. El caserío es un espectro de desolación grisácea, como puede verse en los suburbios pobres de cualquier ciudad del mundo moderno.

    Más de ciento cuarenta personas, jóvenes en su mayoría, acompañadas por sus familias y comunidades, esperan pacientemente al obispo y a los frailes para la celebración del sacramento de la confirmación. Una multitud de más de quinientas personas, engalanadas para la ocasión, celebra con recogimiento la liturgia de la unción con el santo crisma, mientras el coro monumental canta invocaciones al Espíritu Santo en tsotsil. Don Rodrigo nos delega a los tres frailes presentes para que realicemos junto con él, distribuidos en cuatro grupos de confirmandos, el rito de la confirmación. Consiste en la imposición de manos, la unción con el santo crisma y la bofetada en la cara para llamarles a vivir la audacia (parrēsía, en griego) propia del seguimiento de Cristo en medio de un mundo cada vez más violento. Pronunciamos con reverencia las palabras en tsotsil siguiendo la frase litúrgica: Ich’bo li skélobil li’e + ja’ matanal yu’un Ch’ul Espíritu: Ta j’ch’un | Li jun o’onale teyuk ta ajotol: Xchi’uk vo’ot (Recibe este símbolo, que es el don del Espíritu Santo. Lo creo | La paz esté contigo. Y contigo).

    La misa prosigue su curso y, luego de la consagración del pan y del vino como cuerpo y sangre del mesías Jesús, tres músicos tradicionales entonan el canto ancestral, que la asamblea en su mayoría acompaña con la danza ritual, pues por desgracia una parte de la comunidad ya no suele incluir esos signos tradicionales en sus celebraciones. El coro monumental y el equipo de medios de la parroquia participan con su talento juvenil en la festividad, vestidos con su traje tradicional y cantando en tsotsil, pero también revestidos de la tecnología que ha cambiado sus mentes y modos de vida. Modernidad indiana -por glosar la expresión de cronistas novohispanos en un nuevo contexto- de una generación que vive enraizada en “el costumbre” con mucha convicción, pero apasionada a la vez con nuevos estilos de vida mediados por los algoritmos y la inteligencia artificial. Así, las juventudes de hoy exploran lo que son sus identidades en movimiento.

    ¿Qué ha provocado estos cambios en los Altos de Chiapas que conocí por primera vez hace casi medio siglo, región entonces azotada por la pobreza extrema y hoy viviendo la bonanza económica que se refleja en casas de concreto y vehículos todo terreno? Aquella modernidad de la contra-productividad -analizada en su génesis histórica por Ivan Illich y pensada por Jean Robert como perversión del lugar– irrumpió con fuerza en el territorio de la nación tsotsil.

    En décadas recientes la economía zinacanteca ha experimentado un crecimiento exponencial, gracias al arduo trabajo del pueblo tsotsil en el cultivo de la flor y la excelencia de sus textiles. En particular, los invernaderos han transformado el paisaje de los señoriales cerros en un mosaico de metal y plástico con invernaderos que resguardan los cultivos de las flores de Zinacantán. Rosas, gladiolas, anturios, aves del paraíso, hibiscos, bromelias, rosas del desierto y alhelíes son las más populares en el mercado local, desde donde se exportan a los estados vecinos de Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo, también a la Ciudad de México.

    En los alrededores se ven efectos similares. Las casas de las familias tsotsiles en Chamula expresan este boom económico por medio de una nueva arquitectura indígena que es mezcla de colores tradicionales con formas kitsch, similar al de Freddy Mamani, el creador boliviano de la llamada “arquitectura neoandina”. Esas casas reflejan el nuevo estatus económico de sus habitantes producido por el comercio local, las remesas de los paisanos y, según estudios de 2001 a la fecha, algunos negocios criminales entre los que destaca de trata de personas.

    Algo similar en lo referente al hábitat sucede en Zinacantán con nuevas formas de vivienda, ajenas a la arquitectura vernácula, que se desarrollan como imitación de otros municipios de reciente prosperidad económica. Este fenómeno ha producido una fisura en el  kuxlejal, o el modo de vida integral, que las comunidades zinacantecas desarrollaron por siglos, pero que ahora se derrumba por el manejo degradado de los bosques.

    A simple vista es posible ver la deforestación de los cerros que ha dado paso a los invernaderos, fenómeno que está produciendo ya efectos devastadores en el ciclo de lluvias y el empobrecimiento de la tierra. El uso de fertilizantes tóxicos y plaguicidas, ya analizado por estudios científicos, no cesa, a pesar de las campañas de promoción de la agroecología realizadas por organizaciones de la sociedad civil y por la Iglesia católica por medio de los ministerios de cuidadores de la Madre Tierra. La lógica implacable del mercado está arrastrando a los productores de flores a ese infierno ambiental ya visto en otras latitudes.

    Estas son algunas de las modernidades indianas que aparecen como espejismos para los pueblos tsotsiles de hoy, en donde la ilusión de la prosperidad económica está ocultando los efectos devastadores para la Madre Tierra.

    Hay otras modernidades por explorar siguiendo, entre otros, el modelo propuesto por la ecología política de Víctor Toledo y sus colegas científicos en todo el mundo proponiendo la bioculturalidad como un nuevo modo de entender nuestra relación con la Casa común en tanto especie humana para evitar la Gran catástrofe. Otros modelos subrayan la importancia de volver al cultivar y habitar desde lo vernáculo, sin renunciar a la ciencia y la tecnología modernas, pero orientándolas a la sustentabilidad de modos de vida de los pueblos.

    Quizás en ese derrotero de modernidades alternas, otras, en movimiento -y por eso trans-modernidades como lo propuso Enrique Dussel- las nuevas generaciones zinacantecas podrán encontrar su nueva identidad para formar parte de la economía regional y la cultura universal, preservando y promoviendo sus modos de vida propios, de comunalidad y de espiritualidad antiguas y nuevas.

    ¿Cuáles son los mejores modos de acompañar a los pueblos en su lucha por la vida desde el corazón de su espiritualidad? Con esta pregunta en el corazón vamos avanzando en el mutuo acompañamiento entre los frailes dominicos y los pueblos de los Altos de Chiapas.

    “Festejen a los frailes que llegaron y a los pueblos que los aguantaron”, me dijo Elena Poniatowska en una entrevista en diciembre pasado en su casa de Chimalistac, en la Ciudad de México. Y tenía razón en lo tocante a hacer memoria de un proceso histórico de quinientos años con luces y sombras, donde la evangelización de estas tierras de Chiapas estuvo marcada en sus inicios por un profundo respeto a las naciones originarias de parte de frailes como Bartolomé de Las Casas, de reconocida memoria como defensor de los pueblos indios, y Pedro Lorenzo de la Nada quien con rebeldía ante la cerrazón de sus hermanos partió a la selva para encontrarse con los pueblos Zendales, Pochutlas y Lacandones del siglo XVI. Por desgracia, con el paso del tiempo, aquel ímpetu de evangelización pacífica se tornó codicia con la acumulación de riqueza en fincas y haciendas de prioratos dominicanos que controlaron y sometieron a pueblos enteros en los siglos siguientes.

    Por eso, la narrativa conmemorativa de estos quinientos años que preparamos en San Cristóbal de Las Casas y en Zinacantán girará en torno al mutuo acompañamiento entre los frailes dominicos y los pueblos de los Altos de Chiapas: rememorando el celo apostólico de los primeros misioneros, a la vez que reconociendo el legado ancestral que persiste en la vida espiritual de los pueblos originarios que habitan desde antiguo estas tierras.

    Con la guía de un joven poeta tsotsil y de un reconocido maestro pintor tseltal, las juventudes zinacantecas irán tejiendo esa memoria colectiva desde su presente. Poesía tsotsil y pintura tseltal estarán en el corazón de los festejos culturales de los quinientos años de la llegada de los dominicos a México que preparamos para este año en Chiapas. De esta manera, el próximo mes de junio podremos celebrar con gozo y gratitud este camino compartido por medio milenio, con la mirada puesta en el legado de nuestros ancestros, mayas y cristianos, al modo de los frailes dominicos y de los pueblos de los Altos de Chiapas. Pronto les compartiremos el programa 500 OP – Chiapas que preparamos actualmente para celebrar la vida que florece en estas tierras.

    San Cristóbal de Las Casas, 31 de enero de 2026

    Nota: Espero que podamos proseguir la conversación con tus comentarios.

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