Categoría: Contemplación y silencio

  • Sobre la esperanza en tiempos inciertosMadres buscadoras | NTR | Zacatecas, 2025

    Sobre la esperanza en tiempos inciertos

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

    Al atardecer de este sábado comienza la primera vigilia de Adviento, cuando las comunidades cristianas en todo el mundo iniciamos un camino, en medio de la noche de los tiempos, para recibir la luz humana y divina de la dignidad con esperanza que trae el mesías. En las celebraciones nocturnas resonará el antiguo canto Rorate caeli cuya letra y melodía es como un lamento que sube al cielo desde la ciudad desolada, clamando que “las nubes lluevan al Justo”, como imploraba el profeta Isaías (45:8) durante el exilio en Babilonia.

    Cada año, este calendario de cuatro semanas previas a la Navidad está acompañado de signos de luz, verdor, cánticos, dulces, ternura y comunidad. Según cada cultura, el tiempo de espera del advenimiento del mesías evoca la conciencia de que “algo nos falta” para el cumplimiento de esos tiempos nuevos de justicia, verdad, compasión y paz, no solamente para un pueblo que con arrogancia pretende ser el único elegido, sino para toda la humanidad e incluso para el cosmos entero.

    Cada generación ha visto señales terribles de que el mundo se está acabando, sea por epidemias que nos hacen sentir cuán vulnerables son nuestros cuerpos y conocimientos; sea por guerras de los imperios en turno contra poderes emergentes que amenazan su soberbia; sea por la incertidumbre de la propia vida que se ve disminuida por la edad, la enfermedad, el fracaso, la soledad o la desesperanza.

    Los textos bíblicos que las comunidades creyentes meditamos estos días hablan de la espera del mesías, primero con un fuerte tono apocalíptico que anuncia la destrucción del mundo corrupto, alcanzando a todo el cosmos con una catástrofe que destruirá todo por la soberbia humana que se ha adueñado de la creación.

    Luego, conforme se acerca la fecha de celebración de la natividad del mesías Niño, un nazareno, el tono de los textos se va haciendo más esperanzado por el anuncio del Dios cercano, humanizado, pequeño y frágil. Se trata de la promesa encarnada de una vida divina y humana que comienza en completa vulnerabilidad en la historia de una familia migrante con un bebé recién nacido, tratando de sobrevivir en la periferia del imperio y huyendo de la furia del gobernante local, para encontrar luego un refugio en Egipto, desde donde comenzará a escribirse una página definitiva de la historia de redención humana.

    Sin embargo, la depresión colectiva que atravesamos hoy como humanidad debido a la escalada a los extremos del odio –que cunde por el planeta de manera apocalíptica “como mentira de Satán”, decía René Girard en una entrevista que me concedió en 2007 en París (La esperanza como apocalipsis)– parece hacer ilusoria toda narrativa de esperanza para nuestros tiempos de incertidumbre. El genocidio en Gaza sigue su curso como clímax de la Nakba o Catástrofe iniciada en 1947 con la expulsión de cerca de un millón de palestinos de sus tierras para dar paso a la creación del estado de Israel en 1948; una violencia sistémica que sucede hoy ante nuestras pantallas digitales con la indiferencia actual de las redes sociales y de la comunidad internacional. Las guerras en Ucrania, Congo y Sudán del Sur se han “normalizado” al punto de no ser ya portada de periódicos, y mucho menos trending topic en el mundo digital. En México, la indiferencia de la opinión pública en temas urgentes como la crisis de agricultores de maíz, limón y aguacate que ha producido la violencia en Michoacán, junto con los feminicidios que persisten junto con la desaparición forzada de personas, hablan de un hartazgo de la población que se expresa en paros, tomas de carreteras y protestas en las calles. Pero la masa parece anestesiada y se refugia en burbujas de entretenimiento y compras desaforadas de temporada decembrina que, además de otros males, dejan a la economía doméstica en ruinas por los próximos meses y años.

    El consumismo religioso también es parte de la avasalladora mercadotecnia navideña, entre decoraciones kitsch y remembranzas de artesanías populares para preparar piñatas con los personajes del momento. No faltará ahora en las posadas mexicanas la piñata de Trump que se vende en varios mercados de México y los Estados Unidos, que recibirá palos como ritual de venganza entre risas y abucheos hasta que se quiebre el cartón y las mechas güeras del tirano salgan volando como estrellas fugaces en algún patio de vecindad en la Ciudad de México, Chicago o Los Ángeles para solaz de todos.

    Algunas pocas familias tal vez recuperen el sentido “místico” de la corona de Adviento, siguiendo al Avatar de Carlo Acutis explicando el Adviento 2025 que circula en redes, explicando con mucha propiedad el significado espiritual del rito de encendido de cada una de las cuatro velas de esta temporada que prepara la Navidad. La luz encendida cada domingo de Adviento simboliza al “pueblo que caminaba en tinieblas y vio una gran luz” (Isaías 9: 2) que anunciara el profeta al pueblo hebreo devastado por la división entre los pequeños reinos de Israel y de Judá, con sus líderes corrompidos por la idolatría del poder, buscando alianzas con la vecina Siria para vencer a la tribu rival.

    Y como un no-lugar en medio de tanta bulla, haciendo un vacío en medio de la algarabía citadina, en México las colectivas de Madres Buscadoras (Madres buscadoras encienden árbol de Navidad) montarán árboles de Navidad revestidos de esferas con los rostros de quienes nos faltan. Ellas son hoy “la voz que clama en el desierto” (Juan 1: 23) porque hablan en nombre de las víctimas de la guerra del narcoestado y de la idolatría del necropoder de nuestros días.

    Tal vez ahí radica el fondo teologal de esta temporada: la ausencia del mesías es algo que ha inspirado a generaciones hebreas y cristianas desde hace siglos para movilizarse a fin de hacer presentes los tiempos mesiánicos por medio de actos de rememoración, justicia y una (im)posible reconciliación.

    Más allá de una celebración folclórica del advenimiento del Dios-con-nosotros, de lo que se trata hoy es de ir al reverso de la historia para contemplar ahí, en el silencio de la noche, algún destello de luz que anuncie la llegada del mesías. Y quienes sienten en cada segundo de su vida, en cada respiro –como Vero y Fabiola, madres buscadoras que nos compartieron su esperanza en un encuentro reciente en Guadalajara– la ausencia que duele y moviliza a la búsqueda por amor, son quienes nos enseñan lo que significa la esperanza en tiempos de incertidumbre, corazón del Adviento.

    El próximo lunes 1° de diciembre, se presentará en línea el documental Re-existe 2025 (Presentación del documental Re-existe 2025), preparado por el realizador uruguayo Juan Meza. Ahí se cuentan algunas de las historias de despertar, sanar y acuerpar que compartieron personas de diecisiete países y diferentes tradiciones religiosas y espirituales de cuatro continentes enfrentando violencias diversas donde ha sido posible deletrear la esperanza.

    El Adviento es tiempo para seguir tejiendo redes de esperanza combativa, afirman los movimientos sociales en las periferias del imperio, a fin de que este mundo nuestro no se vaya al precipicio. Y es posible hacerlo escuchando a las personas que por años y siglos han resistido y ahora nos acompañan a re-existir.

    Porque habrá esperanza siempre que haya personas y comunidades que vivan el tiempo del fin, subrayado con tanta insistencia por Javier Sicilia y Elías González, como la oportunidad para entrar en otro modo de existir en medio de la violencia pero preñados con la espera activa de los tiempos mesiánicos.

    ¡Buen tiempo de Adviento!

    Ciudad de México, 29 de noviembre de 2025

    Nota: Agradeceré tus comentarios al final de esta página.

  • Desaprendiendo la eficacia para habitar la incertidumbreDiedrick Brackens | The Cup is a Cloud | Los Angeles, 2018

    Desaprendiendo la eficacia para habitar la incertidumbre

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

    Hace ya siete meses que dejé Boston, luego de un quinquenio de vida académica en el frenético engranaje de la eficiencia estadounidense, con un desafío especial de fondo que consistió en traducir las ideas maestras de la teología latinoamericana y europea moderna a grupos multiculturales de estudiantes blancos de Estados Unidos, y otros venidos de Corea, China y Japón en su mayoría, más algunos de Turquía, El Salvador, Colombia y Chile.

    La cortesía inicial de los colegas, tanto estudiantes como profesores, fue dando paso con algunos pocos de ellos a una conversación verdadera, siempre predominando el respeto al trabajo individual con escasos intercambios sobre el sentido de nuestro trabajo como comunidad académica.

    Guardo en el corazón los mejores momentos de esos encuentros, como los coloquios a los que les dimos el tono descolonial de “conversatorios” (Beyond Global Violence Initiative), donde pudimos abrir ventanas para que colegas del norte y del sur se escucharan mutuamente, con ciertas dificultades para transitar entre ambos mundos, no solamente por las diferencias de la lengua sino por las vivencias diversas que dan sustento al cuerpo, al pensamiento y a la palabra.

    Lo que más disfrutábamos todos eran las tertulias en el calor del hogar chileno bostoniano de Valentina y Domingo, anfitriones excepcionales para el corazón y el paladar. Ahí podíamos compartir con mayor cercanía y libertad las ideas e intuiciones que habían quedado flotando en los auditorios del campus de Chestnut Hill. En algunas ocasiones, con la sazón italiana de Francis ayudado por Martín, y al calor de la bonhomía de Neto en su casa siempre lista para recibirnos como buen salvadoreño, cada quien iba encontrando su lugar en el vaivén de la palabra, del vino y del canto. En esos hogares acogedores recibimos a amistades de Brasil, México, El Salvador, Colombia, Puerto Rico, España, Ohio, Illinois, Nueva York, Indiana y California, de paso por tierras de los Massachussets. Y ahí nacieron nuevos proyectos de coloquios, libros y viajes que hasta el día de hoy nos siguen sorprendiendo e inspirando a todos.

    Pero todo se interrumpió por mi súbita salida de territorio estadounidense en la era Trump, quedando sembrada esa semilla de inteligencia cordial en la memoria viva.

    En los meses posteriores, de vuelta al terruño y con viajes entrelazados entre Sudáfrica, Turquía, Brasil y Chile, me encontré con el desafío de mirar con ojos nuevos mundos diversos, poniendo especial atención en “quienes habitan en las sombras de las sombras de las sombras”. Así fui llevado –por puro regalo de mis anfitriones durante esos periplos– a vivir momentos de una simplicidad demoledora y bella, como la visita acompañando a Lance de la Universidad de Pretoria a la granja de refugiados congoleños en las afueras de la ciudad, donde su dolor por no tener hogar por más de cinco años se veía en su mirada, pero en ella surgía a la vez un destello de dignidad que aun llevo en el corazón y el espíritu como un llamado a la cercanía.

    Tengo viva en la memoria la caminata por los acantilados de Cape Town en compañía de Grant y su equipo donde contemplamos, en una mañana soleada y fría del invierno sudafricano, cómo los dos grandes océanos Atlántico e Índico se encuentran, a veces con furor y otras con ternura. Metáfora de mundos entrelazados.

    Recuerdo también con emoción la oración ecuménica estilo Taizé animada por mi hermano dominico Claudio junto con Eda, ciudadana estambulita, y un grupo de estudiantes africanos y ucranianos residentes en Estambul, intercalando mantras por la paz en diversas lenguas, acogidos en la penumbra de la iglesia de los predicadores, ubicada cerca de la torre de Gálata. Fue un destello de lo que significa Pentecostés, aunque solamente como un reducto de espiritualidad en medio de una vibrante cultura musulmana moderna que mira con curiosidad lo que pasa dentro de esos enclaves cristianos.

    Atesoro en la memoria la eucaristía sencilla y breve en la capillita de madera de los jesuitas de Tirúa, en un pequeño altar cubierto con un tejido mapuche y adornado con una lámpara de aceite estilo oriental que creaba una penumbra luminosa, en una mañana de primavera en el Wallmapu, al extremo sur de Chile. Tuve la gracia de departir con ellos por unos días su despojo gozoso, como caminantes acompañando al pueblo Mapuche en defensa de su territorio, su lengua y su espiritualidad ancestral.

    En cada una de esas experiencias quedó en el aire para mí la pregunta de cómo tender puentes para compartir intimidad espiritual entre personas y comunidades de tradiciones diversas. Y me acordé de los rituales que hemos explorado en Re-existe, precisamente buscando nuevos lenguajes para celebrar juntos nuestras vidas precarias pero abiertas a la esperanza según tradiciones ancestrales diversas, desde los pueblos originarios hasta las religiones del libro y la interioridad secular de quienes son personas o colectivos sin religión.

    De vuelta a la tierra de mis ancestros, ya sin la presión cotidiana del salón de clase y las insufribles reuniones académicas, comienzo ahora a sentir lo que significa ir desaprendiendo la eficacia. Disfrutar el tiempo libre del otium, más allá del negotium, como se los contaba hace unas semanas aquí.

    Pero se trata de algo más que desacelerar el paso. Algo me mueve hoy a vivir el tiempo de otro modo como interioridad renovada y el lugar como terruño. Busco un ritmo externo entre caminata matinal, deberes religiosos, lectura atenta de libros apilados en el escritorio desde hace años, escritura más creativa soltando la pluma explorando nuevos géneros literarios. Pero no basta. Es algo más lo que intuyo en el horizonte, la búsqueda de un “lugar” donde echar raíces, crecer lentamente y florecer, siguiendo aquella creativa intuición de Ivan Illich y Jean Robert (El lugar en la era del espacio). Ya se irá vislumbrando poco a poco con mayor nitidez en los próximos meses el lugar y el tiempo donde fluya la inspiración.

    Ahora que tengo tiempo para “no hacer nada”, me siento invitado a reinventarme cada día. Ciertamente laboro en el presente con maravillosos proyectos de creación intelectual, como el libro colectivo sobre teología política –con la introducción a mi cargo, invitando a la mesa de la palabra a quince comensales de ocho países distintos invitados a pensar “lo común” en tiempos de gran catástrofe– cuyo manuscrito reviso con el apoyo de Francis y Nathan, queridos colega.s que conocí en Boston College, mismo que será publicado el próximo año por una prestigiosa editorial de los Estados Unidos.

    Me deleito revisando los guiones del documental y del cómic –a cargo de Juan y Katsumi respectivamente–que harán memoria del pasado encuentro Re-existe 2025. El Espíritu conectando las periferias que pronto difundiremos en el mundo digital para seguir nutriendo nuestras resistencias ante el mal que nos rodea hoy como violencia sistémica. Esta iniciativa ha ido creando un lugar-tiempo poliédrico donde aprendemos a re-existir, reinventándonos junto con otros sobrevivientes.

    Y con emoción imagino también –junto con algunos dominicos y dominicas que buscamos nuevas expresiones del carisma de la predicación en nuestro contexto inédito– lo que nacerá luego de nuestro encuentro sobre Nicea en octubre pasado en Estambul. Ubicados en las ciudades y aldeas laboratorios de hoy buscamos cómo comunicar hoy a la humanidad el gozo de ser habitados por la Palabra divina y humana que nos redime, arraigados en el mundo secularizado o en medio de tradiciones espirituales diversas.

    Animado por esos recuerdos vivos y por las labores en curso que conectan con mi deseo profundo enfrento ahora el reto de “parar” la vorágine de la eficacia, desaprendiendo a vivir y pensar sólo produciendo. Se trata de un camino en reversa, pero sobre todo de una implosión de un deseo vertiginoso, para volver al centro inmóvil del cuerpo, del deseo, del pensamiento y del espíritu desde donde fluye otro modo de existencia.

    Y entonces aprenderé a dejarme habitar y ser movido –como lo conversaba con mi amigo Juan Carlos La Puente en el corazón de la pandemia (Mutuo acompañamiento en la Ruah divina)– por la incertidumbre como don y sorpresa del aleteo de la Vida que a todos nos anima.

    Ciudad de México, 15 de noviembre de 2025

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  • Pensar el misterio de Dios desde las ruinas del imperio Sobre encuentros en tierras de Macrina y sus hermanos capadociosMendoza Carlos | Monasterios de Göreme, Capadocia | 2025

    Pensar el misterio de Dios desde las ruinas del imperio Sobre encuentros en tierras de Macrina y sus hermanos capadocios

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

     

    Hace siete años en Toronto nació una iniciativa teológica -durante una conversación con Claudio Monge del Dominican Study Institute (Dost-I) de Estambul– para pensar junto con otros dominicos el significado de la predicación del Evangelio en las ciudades-laboratorio de hoy, siguiendo el estilo de la orden de predicadores que por ocho siglos ha tenido como lema “ueritas” para buscar la verdad donde quiera que se encuentre, como lo hicieron en el siglo XIII Alberto Magno, Tomás de Aquino y más tarde Maestro Eckhart, Catalina de Siena, la Escuela de Salamanca y Bartolomé de Las Casas en el siglo 16 hasta llegar a la Escuela de Le Saulchoir en el siglo 20.

    Muchos mensajes electrónicos y encuentros virtuales fuimos intercambiando a lo largo de los años, invitando a frailes, hermanas y laicos dominicos dedicados a la labor teológica a sumarse a esta inquietud. En el horizonte de aquellos años veíamos el 1700 aniversario del primer Concilio de Nicea del año 325 EC como la ocasión propicia para reunirnos en Estambul, ciudad ubicada en un territorio-símbolo de ese pasado de la antigua Cristiandad que se hace llamado urgente hoy para volver a las fuentes de la fe.

    Se trata de un contexto contemporáneo muy diferente de aquel del emperador Constantino y los obispos de la Iglesia de Oriente reunidos en el concilio que definió la ortodoxia de la fe cristiana en clave griega. Desde las ruinas del Imperio Romano de Oriente, que se asemejan en algo a las ruinas de Occidente moderno hoy, percibíamos el llamado a “dar razón de la esperanza a quien nos lo pida” (1 Pedro 3: 15).

    Nicea 2025 se fue perfilando como un momento propicio para volver a las fuentes de la Tradición viva de la fe cristiana en su acontecimiento fundante que es la potencia del amor del Dios triuno manifestado en la vida y pascua de Jesús el Galileo, con la profundidad de las categorías griegas tales como persona (prosopon), sustancia (ousía) y circularidad amorosa (perijóresis) para deletrear el misterio del Abbá celestial revelado en Jesús el Cristo por el fuego interior de la Ruah divina.

    En el camino se fueron decantando prioridades personales y profesionales de quienes respondieron inicialmente a la propuesta, hasta que por fin en el último año un grupo de doce frailes y hermanas dominicos de Italia, Estados Unidos, Canadá, Bélgica, México y la India fuimos preparando un encuentro en Estambul. Sería éste el punto de partida de un caminar común para hacer teología en “las fronteras” del mundo contemporáneo como habían señalado los capítulos generales de los frailes en el postconcilio; ubicados en “las fracturas de la humanidad” como decía nuestro hermano Pierre Claverie, obispo de Argel asesinado junto con un amigo y colaborador por el fundamentalismo religioso; y estando presentes como comunidades de predicación en el corazón de las ciudades-laboratorios de la aldea global.

     

     

    Estambul es una ciudad poliédrica y vibrante, epicentro de una cultura islámica moderna, atravesando con dificultad e imaginación la tensa frontera entre religiones, culturas y economías en el complejo contexto de la geopolítica de la desglobalización. Las comunidades cristianas conforman menos del 2% de la población. La fuerza del islam con estilo turco y su pasado otomano resplandece con orgullo en sus mezquitas, universidades y bazares. La gran basílica de Santa Sofía, que fuera sede por más de mil años del Patriarcado Cristiano de Oriente hasta el colapso de la Cristiandad oriental en 1453, ha vuelto a ser mezquita luego de una breve pausa de laicidad turca que hoy se echa de menos en la vida cultural del país. La iglesia de la Chora en un barrio de la ciudad, recién restaurada con sus frescos e iconos esplendorosos del arte cristiano, es un destello reluciente de ese pasado bizantino en medio de la ciudad efervescente moderna.

    El coloquio “Nicea OP 2025” fue un modestísimo encuentro que tendió puentes con algunos cuantos colegas de Turquía interesados en el diálogo con Occidente cristiano, en especial a través del arte y la espiritualidad como medio de expresión de las religiones del libro (judaísmo, cristianismo e islam), como la profesora Elif Tokay que trabaja con sus estudiantes de posgrado esos temas en la universidad de Estambul.

    El programa del encuentro consistía en tres días para pensar el significado de la fe cristiana en el contexto del diálogo interreligioso para acompañar comunidades de fe a vivir el testimonio del Dios Eterno en medio de las ruinas de la civilización moderna que encuentran en Gaza su punto de quiebre de aquel “sueño de la razón que ha producido monstruos”, como sentenció el grabador español Francisco de Goya en el ya desde fines del siglo 18.

    A partir de tres categorías teológicas comunes a las religiones del libro: salvación creación y santificación dimos forma a nuestro diálogo, trayendo a nuestro contexto cada una de esas palabras para interpretarlas hoy. Salvación en medio de la violencia sistémica que produce discriminación, exclusión y muerte de las mayorías. Creación como cosmología de la nueva creación que explora la ecoteología en diálogo con las ciencias modernas y los saberes ancestrales. Y santificación como proceso de divinización del cosmos y de la humanidad por la potencia del Espíritu de Dios inspirando procesos de sanación, memoria, justicia y reconciliación en especial para las víctimas de la historia violenta de la humanidad.

    Siguiendo esta ruta, cada día nos centrábamos en uno de esos ejes a partir de la presentación inicial de uno de los participantes, para luego entablar un intercambio de experiencias e ideas de lo que significa la predicación del Verbo de Dios encarnado en Cristo Jesús en cada uno de esos campos.

    La segunda parte de la jornada estaba a cargo de Jean-Jacques Perennès y Elif Tokay, quienes escuchando la conversación inicial abrían nuevos horizontes a partir de su experiencia y reflexión.

    Jean-Jacques, como dominico francés que ha vivido en el mundo árabe por más de tres décadas, nos orientaba con su conocimiento de culturas islámicas para pensar el significado de la predicación en esos mundos (Bibliographie de Jean-Jacques Pérennès), muy cercano a Pierre Claverie y a los monjes de Tibihrine quienes ofrecieron su vida en Argelia por amistad con personas y comunidades del islam. Trabajó en el instituto de los dominicos en El Cairo (Dominican Institute of Oriental Studies), luego como asistente de vida apostólica de los frailes dominicos durante el gobierno de fray Timothy Radcliffe como maestro de la orden, y más recientemente como director de la Escuela Bíblica de Jerusalén.

    Elif, como investigadora del cristianismo bizantino y oriental en torno al concepto de perfección o divinización (theosis) en el pensamiento místico cristiano, nos ayudaba con sus comentarios y preguntas a buscar los puntos en común con la espiritualidad del islam. Dado su trabajo doctoral sobre Gregorio de Nacianzo como padre de la Iglesia de Anatolia, así como sobre obras patrísticas traducidas del griego y el siríaco al árabe, ella nos abría una perspectiva inusitada y preciosa para explorar esas conexiones entre comunidades creyentes de diversas tradiciones encontrándose en ese punto común de la divinización del cosmos y de la humanidad.

    Una visita a las ruinas de Nicea, hoy Izink en Anatolia (Archaeologists Discover Tombs at the Underwater Basilica in İznik), durante un día lluvioso previo al coloquio, había ya dado cierto tono a las conversaciones. ¿Cómo conectar aquel momento crucial del cristianismo antiguo para hablar del ser divino como comunión amorosa en medio de las ruinas de hoy con los desafíos que surgen para las comunidades cristianas, judías e islámicas de hoy en tiempos de violencia extrema?

    Al concluir nuestro encuentro, acordamos seguir tejiendo redes de colaboración con frailes, hermanas y laicos dominicos presentes con su predicación en las ciudades-laboratorio actuales y sus comunidades de interlocución, tanto locales como virtuales, en especial con los más jóvenes de la familia dominicana para profundizar la inteligencia de la fe al servicio del pueblo de Dios hoy.

    Propuse preparar el próximo encuentro en México en 2026 para seguir explorando los caminos de la “santa predicación” en esa otra geografía del Sur global y epistémico para buscar allá, en medio de otras ruinas que son las de la región del no-ser y de quienes habitan en las sombras de las sombras, vías alternas para vivir y pensar el misterio amoroso de Dios desde las grietas del poder hegemónico de hoy con sus idolatrías y trampas tiene a la humanidad y al planeta en jaque.

     

     

    Luego de un encuentro modesto, pero a la vez profundo con este aire de familia dominicana, me dispuse a visitar por primera vez Capadocia.

    Tierra de Basilio y Gregorio, los famosos “Padres Capadocios” que contribuyeron de manera decisiva en el siglo IV EC a desarrollar una teología del Espíritu Santo como tercera persona de la Trinidad Santa. Sus textos habían sido fuentes capitales de los cursos sobre patrística que seguí primero en México con fray Luis Ramos en sus clases en la UNAM, y luego en Friburgo con fray Christoph Schönborn, entonces profesor en aquella universidad helvética que luego vivió su ministerio pastoral como cardenal de Viena por muchos años.

    Si bien recordaba yo haber leído alguna referencia a Macrina -la hermana mayor de esa ilustre familia de Anatolia que padeciera primero la persecución romana y luego se convirtiera en promotora de la vida monástica naciente- fue yendo a su tierra que pude captar su gran influencia como mujer creyente de su tiempo, en especial en el desarrollo de la espiritualidad alternativa a la del imperio romano que también exploró su hermano Naucracio, junto con su amigo Crisafio, como parte del monacato cristiano primitivo en las riberas del río Iris, hoy Kizilirmark, de la región del Ponto.

    La Capadocia actual nada tiene que ver con su pasado hitita, persa, romano, bizantino y otomano. La modernidad turca del siglo 21 ha desplegado en esa región centros urbanos modernos dedicados a la agricultura y la minería, con una poderosa industria de turismo para dar servicios a viajeros procedentes sobre todo de China, Rusia y Japón que inundan de globos aerostáticos el cielo de Capadocia para sobrevolar los sitios arqueológicos de los antiguos monasterios cavados en la roca; o como marabunta de turistas que colapsan las ciudades subterráneas creadas por sus habitantes desde tiempos hititas y persas para sobrevivir a las intermitentes guerras de imperios en turno.

    En medio de esas hordas de turistas de hoy en tierras de historia milenaria me di a la tarea de hacer caminatas meditativas por esos lugares, intentando suspender el tiempo, para releer algunos fragmentos de la historia de los Padres Capadocios y en especial la vida de Macrina y su familia, contada por su hermano Gregorio de Nisa. Me quedo con la oración de Macrina pronunciada en su lecho muerte: “Tú, Señor, nos has librado del temor de la muerte. Tú has convertido el final de la vida de aquí abajo en comienzo para nosotros de la vida verdadera. Tú haces descansar un tiempo nuestros cuerpos en el sueño y los despertarás de nuevo con la trompeta del final de los tiempos”.

    De su testimonio me impresiona la hondura de su esperanza, con imaginación escatológica por el día por venir. No despreciando este mundo, sino abriéndolo a la perspectiva del Amor que no acaba.

    Tal vez eso es lo que hoy nos hace falta en tiempos de catástrofe ambiental e histórica para pensar el misterio de Dios en medio de las ruinas de los imperios de ayer y hoy. Abrir el corazón y la inteligencia a otros mundos posibles, surgidos de las ruinas con el clamor de los sobrevivientes. Otros mundos también ofrecidos por el Dios de vida que no cesa de amar sin condición ni medida a toda su creación.

     

    Capadocia, 7 de octubre de 2025

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