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  • La llamada a la itinerancia De Boston a la Condesa y JovelAntún Kojtom | Gota de agua en el ombligo de la tierra | Tenejapa, Chiapas | 2020

    La llamada a la itinerancia De Boston a la Condesa y Jovel

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

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    Han pasado siete meses desde que dejé Boston, luego del infortunado episodio de censura académica y del creciente riesgo de criminalización de la investigación universitaria en la era Trump.

    Al volver a mi terruño, tuve la dicha de hospedarme por un periodo de varios meses en la casa de los dominicos ubicada en una colonia hípster de la Cuidad de México. El clima litúrgico de la Semana Santa hizo más hondo el proceso de duelo y resurrección que implicaba una experiencia de pérdida, abriendo una pausa para dejar asentarse las emociones y prepararme para la siguiente etapa de vida. El triduo pascual me ayudó a sentir cómo fluye la Vida divina en lo íntimo del corazón. Una percepción que fue creciendo en los meses siguientes, gracias a la compañía de personas y comunidades extraordinarias que pude visitar durante el verano en varias latitudes del planeta con ocasión de mi servicio teológico.

    Llegan a mi memoria escenas extraordinarias de ese periplo, como la mirada de un hombre refugiado pidiendo empatía; o el ruido del oleaje en los acantilados sudafricanos. Llevo en el corazón la escena del altar modesto —y verdadero por su simplicidad orante y de proximidad con el otro— de la comunidad jesuita en país mapuche. También aún resuenan en mis oídos los diálogos en tierras turcas con un puñado de frailes y hermanas de la orden de predicadores, escudriñando señales donde hoy sería posible reconocer los tiempos mesiánicos que tardan en llegar. Con fuerza surgen cada mañana de lo profundo en el corazón los rituales de mujeres sanadoras de Malasia, Dakota, la India y Kenia reunidas en Guadalajara, con escenas que quedaron grabadas en el Documental Re-existe 2025, perdurando como destellos en medio de la noche.

    Durante varios meses de paso por la Ciudad de México pude entrever los cambios que se gestan por la gentrificación en una colonia citadina provocada por las poblaciones en movimiento, en este caso los “nómadas digitales” del Norte global que desplazan a los habitantes pauperizados en el Sur, a la vez que fecundan con nuevos sabores y saberes la cultura local. En lo religioso, como ya les comenté anteriormente, caí en la cuenta de la fragmentación del mundo de la interioridad humana que algunos llaman espiritualidad, pero que designa un hontanar de trascendencia que fluye en toda persona como lo evoca Lanza del Vasto en su poesía  Una fuente santa con frecuencia desecada por la vulgar mercadotecnia de lo religioso. Me sorprendió encontrar en los templos un revival de catolicismo popular de devociones entre jóvenes que se aferran a la piedad sin mucho interés en el talante profético del cristianismo de la renovación conciliar de hace más de medio siglo que puso a la justicia vinculada a la vivencia de la fe como centro del cristianismo latinoamericano.

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    Y por fin, luego de una espera con días y noches de incertidumbre, pude viajar a Chiapas para echar raíces y tejer redes en aquellas tierras mayas en los años por venir. Buscaba un “lugar” donde habitar o, como decía el añorado maestro de la orden de los dominicos fray Timothy, hoy cardenal Radcliffe en su libro El manantial de la esperanza, un “nicho ecológico donde florecer”, en medio de la diversidad de flora y fauna de la condición humana, otro modo de describir nuestras semejanzas y rarezas a la hora de vivir en comunidad.

    Jovel, o tierra de humedales y pastos, como llamaban los pueblos originarios al valle donde se asentó la ciudad novohispana de San Cristóbal de Las Casas, había recibido en 1980 a los novicios dominicos cuando visitamos estas tierras, acompañados por nuestro maestro, fray Raúl Vera, quien ya desde entonces mostraba un celo pastoral por los campesinos en Amecameca y por los pueblos mayenses de Chiapas y Guatemala. Desde entonces, un cachito de mi corazón se quedó aquí, reanimado por las visitas anuales a San Cristóbal y a Ocosingo con los compañeros universitarios de Misiones Servandus de la Parroquia Universitaria animada por los dominicos en la Ciudad de México.

    Mi paso de varios meses por Ocosingo en 1994 tras el levantamiento armado del Ezln fue una página que ha quedado grabada de manera indeleble en mi cercanía con la causa indígena de liberación y la mística que la sustenta. Este movimiento de insurrección había encontrado tierra fecunda en la labor de jTatik Samuel Ruiz, el Caminante, acompañando a los pueblos originarios y a los mestizos de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas desde 1961. Su conversión al pueblo pobre, animado por el El Pacto de las Catacumbas en pleno Concilio Vaticano II, se vio luego refrendada por su activa participación en las conferencias del episcopado latinoamericano en Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida. El Congreso Indígena de 1974 —donde colaboró activamente el dominico Enrique Ruiz Maldonado con ocasión del cuarto centenario de la muerte de fray Bartolomé de Las Casas, primer obispo diocesano en San Cristóbal— marcaría un parteaguas en la asunción de la causa indígena como columna vertebral de la opción por los pobres que hiciera la diócesis ubicada en los Altos de Chiapas y las Cañadas de la Selva Lacandona. Como corolario de este camino, el III Sínodo Diocesano que concluyó en 1999, como cuenta una de sus actoras la hermana Celia Rojas , vendría a ratificar cuatro décadas de opción por los pobres y de promoción de una teología india mayense como expresión más acabada de la inculturación del Evangelio según el espíritu conciliar.

    Volver a estas tierras de manera permanente, cuarenta y cinco años después, implica ahora para mí estar dispuesto a afrontar otros desafíos que no se avizoraba el siglo pasado. Uno de ellos es quizás el de las infancias y la juventud indígena migrante en simbiosis con la cultura urbana y los medios digitales que está generando otras subjetividades indígenas que se debaten entre tradición y modernidad. Gracias a queridos amigos como Geovanni Nájera de Semillero 259 Yara y Sebsor de Psicolexia, por ejemplo, comienzo a disfrutar y comprender un poco más esas otras expresiones de las tribus urbanas indígenas contemporáneas. Por medio de los huertos urbanos, el hip hop y el rap, el arte callejero y los grafitis, entre otras expresiones estéticas y sociales, las iniciativas que ellas promueven son semilla de algo nuevo.

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    Un baño de inmersión en la comunidad tsotsil eclesial sucedió estos días en la Parroquia de San Lorenzo Mártir, fundada por los frailes dominicos en 1545. Casi cinco siglos después, cuarenta y cinco pueblos con sesenta templos y capillas hablan de la vitalidad de las comunidades creyentes en estas tierras de los Altos de Chiapas, donde catequistas, ministros extraordinarios de la eucaristía y autoridades tradicionales coexisten con coros de jóvenes y grupos de mujeres, con el acompañamiento de frailes y hermanas dominicas. Esta presencia fue renovada en 1961 cuando los dominicos regresaron a esta comunidad, luego de una larga pausa posterior a las Leyes de Reforma de 1857, la Revolución y sus secuelas en la primera mitad del siglo XX, como lo cuenta en una crónica viva fray Pablo Iribarren.

    Un par de días fueron suficientes para sumergirme en un mundo otro, con su vigorosa tradición simbólica y lingüística. Si bien ya lo había atisbado como visitante, ahora se abría delante de mí un horizonte nuevo para aprender a estar presente como parte de la comunidad de frailes en acompañamiento a estas comunidades. Sentí que se trataba de un llamado a proseguir la itinerancia bajo modos diversos. Se trata de emprender ahora un nuevo camino al paso de estos pueblos, con su idiosincrasia propia, sus tensiones intergeneracionales, sus expresiones de lo religioso católico, pero a la vez ancestral, todo ello atravesado por sus tensiones entre modernidad capitalista y visión de otros modos de vida, gobernanza y espiritualidad.

    Un reto mayúsculo para mí será iniciarme en la lengua tsotsil y navegar en medio de los poderosos símbolos tradicionales de la cultura zinacanteca, al mismo tiempo que escuchar con empatía a aquellas generaciones de jóvenes que están transformando la tradición de sus ancestros con nuevos modos de vida.

    Otro reto significativo será la vida cultural en la ciudad de San Cristóbal, cosmopolita y provinciana a la vez, con centros de pensamiento crítico de calado internacional como el Colegio de la Frontera Sur, la Universidad de la Tierra-Cideci, la Cátedra fray Bartolomé de Las Casas en la Facultad de Derechos de la Universidad Autónoma de Chiapas, y varios centros de cultura y artes.

    Algunas ideas novedosas surgen por ahora como chispazos para comenzar a entrar en diálogo con las culturas presentes en Jovel y Zinacantán. El programa de radio tradicional que llevaron los frailes en décadas recientes llegaba a una audiencia específica, más de corte confesional. Pero un portal en internet con podcast y videoclips con contenidos sobre la mística de las religiones con sus similitudes y diferencias, o la teología política en el mundo actual que abusa de la religión para justificar genocidios, alcanzaría a un segmento de población más joven y diversa.

    Por ahora los contenidos están por definirse en comunidad para lograr el tono y la modalidad de una teología con calle y de la calle, elaborada de manera dialogal con gente fuera y dentro de los templos que estén dispuestas a dialogar sobre las preocupaciones e intuiciones más profundas en torno al sentido de la vida, la justicia social, la belleza en tantas tradiciones, el pluralismo cultural y la sobrevivencia de la Casa común. Espero que pronto pueda compartir aquí algunas de las primeras iniciativas de este nuevo camino.

    Lo que dará fuerza a estos sueños será, sin duda, la vitalidad de los pueblos mayas de hoy, en su interacción con otras culturas urbanas y digitales. Ahí se encuentra el humus propicio para florecer en estas tierras.

    Los llamados de la itinerancia siempre serán inciertos, pero desde aquí los transito confiado en los saberes de los pueblos ancestrales y modernos que serán luz en el camino.

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    Jovel, 6 de diciembre de 2025

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    Nota: Me gustará leer sus comentarios en la sección final de esta página.

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