Etiqueta: Víctor Toledo

  • (Trans)modernidades indianasJuan Chawuk | Conexion Cósmica | San Cristóbal de Las Casas | 2000

    (Trans)modernidades indianas

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    La fila de autos para llegar al paraje de Apaz se extiende por varios kilómetros en el horizonte, siguiendo el camino estrecho de terracería que serpentea entre los cerros. El bullicio de la fiesta se percibe a lo lejos, ya desde Navenchauc, con su laguna contaminada, antes rodeada de laderas arboladas y ahora invadidas por las casas de tabique sin terminar. El caserío es un espectro de desolación grisácea, como puede verse en los suburbios pobres de cualquier ciudad del mundo moderno.

    Más de ciento cuarenta personas, jóvenes en su mayoría, acompañadas por sus familias y comunidades, esperan pacientemente al obispo y a los frailes para la celebración del sacramento de la confirmación. Una multitud de más de quinientas personas, engalanadas para la ocasión, celebra con recogimiento la liturgia de la unción con el santo crisma, mientras el coro monumental canta invocaciones al Espíritu Santo en tsotsil. Don Rodrigo nos delega a los tres frailes presentes para que realicemos junto con él, distribuidos en cuatro grupos de confirmandos, el rito de la confirmación. Consiste en la imposición de manos, la unción con el santo crisma y la bofetada en la cara para llamarles a vivir la audacia (parrēsía, en griego) propia del seguimiento de Cristo en medio de un mundo cada vez más violento. Pronunciamos con reverencia las palabras en tsotsil siguiendo la frase litúrgica: Ich’bo li skélobil li’e + ja’ matanal yu’un Ch’ul Espíritu: Ta j’ch’un | Li jun o’onale teyuk ta ajotol: Xchi’uk vo’ot (Recibe este símbolo, que es el don del Espíritu Santo. Lo creo | La paz esté contigo. Y contigo).

    La misa prosigue su curso y, luego de la consagración del pan y del vino como cuerpo y sangre del mesías Jesús, tres músicos tradicionales entonan el canto ancestral, que la asamblea en su mayoría acompaña con la danza ritual, pues por desgracia una parte de la comunidad ya no suele incluir esos signos tradicionales en sus celebraciones. El coro monumental y el equipo de medios de la parroquia participan con su talento juvenil en la festividad, vestidos con su traje tradicional y cantando en tsotsil, pero también revestidos de la tecnología que ha cambiado sus mentes y modos de vida. Modernidad indiana -por glosar la expresión de cronistas novohispanos en un nuevo contexto- de una generación que vive enraizada en “el costumbre” con mucha convicción, pero apasionada a la vez con nuevos estilos de vida mediados por los algoritmos y la inteligencia artificial. Así, las juventudes de hoy exploran lo que son sus identidades en movimiento.

    ¿Qué ha provocado estos cambios en los Altos de Chiapas que conocí por primera vez hace casi medio siglo, región entonces azotada por la pobreza extrema y hoy viviendo la bonanza económica que se refleja en casas de concreto y vehículos todo terreno? Aquella modernidad de la contra-productividad -analizada en su génesis histórica por Ivan Illich y pensada por Jean Robert como perversión del lugar– irrumpió con fuerza en el territorio de la nación tsotsil.

    En décadas recientes la economía zinacanteca ha experimentado un crecimiento exponencial, gracias al arduo trabajo del pueblo tsotsil en el cultivo de la flor y la excelencia de sus textiles. En particular, los invernaderos han transformado el paisaje de los señoriales cerros en un mosaico de metal y plástico con invernaderos que resguardan los cultivos de las flores de Zinacantán. Rosas, gladiolas, anturios, aves del paraíso, hibiscos, bromelias, rosas del desierto y alhelíes son las más populares en el mercado local, desde donde se exportan a los estados vecinos de Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo, también a la Ciudad de México.

    En los alrededores se ven efectos similares. Las casas de las familias tsotsiles en Chamula expresan este boom económico por medio de una nueva arquitectura indígena que es mezcla de colores tradicionales con formas kitsch, similar al de Freddy Mamani, el creador boliviano de la llamada “arquitectura neoandina”. Esas casas reflejan el nuevo estatus económico de sus habitantes producido por el comercio local, las remesas de los paisanos y, según estudios de 2001 a la fecha, algunos negocios criminales entre los que destaca de trata de personas.

    Algo similar en lo referente al hábitat sucede en Zinacantán con nuevas formas de vivienda, ajenas a la arquitectura vernácula, que se desarrollan como imitación de otros municipios de reciente prosperidad económica. Este fenómeno ha producido una fisura en el  kuxlejal, o el modo de vida integral, que las comunidades zinacantecas desarrollaron por siglos, pero que ahora se derrumba por el manejo degradado de los bosques.

    A simple vista es posible ver la deforestación de los cerros que ha dado paso a los invernaderos, fenómeno que está produciendo ya efectos devastadores en el ciclo de lluvias y el empobrecimiento de la tierra. El uso de fertilizantes tóxicos y plaguicidas, ya analizado por estudios científicos, no cesa, a pesar de las campañas de promoción de la agroecología realizadas por organizaciones de la sociedad civil y por la Iglesia católica por medio de los ministerios de cuidadores de la Madre Tierra. La lógica implacable del mercado está arrastrando a los productores de flores a ese infierno ambiental ya visto en otras latitudes.

    Estas son algunas de las modernidades indianas que aparecen como espejismos para los pueblos tsotsiles de hoy, en donde la ilusión de la prosperidad económica está ocultando los efectos devastadores para la Madre Tierra.

    Hay otras modernidades por explorar siguiendo, entre otros, el modelo propuesto por la ecología política de Víctor Toledo y sus colegas científicos en todo el mundo proponiendo la bioculturalidad como un nuevo modo de entender nuestra relación con la Casa común en tanto especie humana para evitar la Gran catástrofe. Otros modelos subrayan la importancia de volver al cultivar y habitar desde lo vernáculo, sin renunciar a la ciencia y la tecnología modernas, pero orientándolas a la sustentabilidad de modos de vida de los pueblos.

    Quizás en ese derrotero de modernidades alternas, otras, en movimiento -y por eso trans-modernidades como lo propuso Enrique Dussel- las nuevas generaciones zinacantecas podrán encontrar su nueva identidad para formar parte de la economía regional y la cultura universal, preservando y promoviendo sus modos de vida propios, de comunalidad y de espiritualidad antiguas y nuevas.

    ¿Cuáles son los mejores modos de acompañar a los pueblos en su lucha por la vida desde el corazón de su espiritualidad? Con esta pregunta en el corazón vamos avanzando en el mutuo acompañamiento entre los frailes dominicos y los pueblos de los Altos de Chiapas.

    “Festejen a los frailes que llegaron y a los pueblos que los aguantaron”, me dijo Elena Poniatowska en una entrevista en diciembre pasado en su casa de Chimalistac, en la Ciudad de México. Y tenía razón en lo tocante a hacer memoria de un proceso histórico de quinientos años con luces y sombras, donde la evangelización de estas tierras de Chiapas estuvo marcada en sus inicios por un profundo respeto a las naciones originarias de parte de frailes como Bartolomé de Las Casas, de reconocida memoria como defensor de los pueblos indios, y Pedro Lorenzo de la Nada quien con rebeldía ante la cerrazón de sus hermanos partió a la selva para encontrarse con los pueblos Zendales, Pochutlas y Lacandones del siglo XVI. Por desgracia, con el paso del tiempo, aquel ímpetu de evangelización pacífica se tornó codicia con la acumulación de riqueza en fincas y haciendas de prioratos dominicanos que controlaron y sometieron a pueblos enteros en los siglos siguientes.

    Por eso, la narrativa conmemorativa de estos quinientos años que preparamos en San Cristóbal de Las Casas y en Zinacantán girará en torno al mutuo acompañamiento entre los frailes dominicos y los pueblos de los Altos de Chiapas: rememorando el celo apostólico de los primeros misioneros, a la vez que reconociendo el legado ancestral que persiste en la vida espiritual de los pueblos originarios que habitan desde antiguo estas tierras.

    Con la guía de un joven poeta tsotsil y de un reconocido maestro pintor tseltal, las juventudes zinacantecas irán tejiendo esa memoria colectiva desde su presente. Poesía tsotsil y pintura tseltal estarán en el corazón de los festejos culturales de los quinientos años de la llegada de los dominicos a México que preparamos para este año en Chiapas. De esta manera, el próximo mes de junio podremos celebrar con gozo y gratitud este camino compartido por medio milenio, con la mirada puesta en el legado de nuestros ancestros, mayas y cristianos, al modo de los frailes dominicos y de los pueblos de los Altos de Chiapas. Pronto les compartiremos el programa 500 OP – Chiapas que preparamos actualmente para celebrar la vida que florece en estas tierras.

    San Cristóbal de Las Casas, 31 de enero de 2026

    Nota: Espero que podamos proseguir la conversación con tus comentarios.

  • El clamor de lo (post) humanoAnónimo | Acuarela del monumento a Montesinos | República Dominicana, 2020

    El clamor de lo (post) humano

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

    .

    En 1511 fray Antón de Montesinos, junto con un puñado de frailes dominicos recién desembarcados en Quisqueya, madre de todas las tierras en lengua taíno, lanzó un grito que aun retumba en la conciencia occidental: “¿Acaso éstos no son hombres?”. Se refería a los habitantes originarios de esa isla caribeña —conocida después como La Española donde se asentaron los estados modernos de Haití y República Dominicana— que habían sido sometidos por soldados españoles en nombre las Coronas de Castilla y Aragón a dura servidumbre y esclavitud. En el sermón del IV Domingo de Adviento del 21 de diciembre de aquel año, con la figura central de Juan el Bautista anunciando la urgencia de preparar los caminos al mesías que llega, fray Antón se convirtió en una voz profética de contrapeso a la naciente colonialidad del poder. Según este concepto del peruano Aníbal Quijano (Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina) es posible explicar desde nuestro tiempo la lógica de poder que llevó a Europa a dominar el mundo moderno, desde el Renacimiento hasta la Ilustración, con sus posteriores avatares del imperialismo norteamericano y ruso que hoy conocemos.

    Más de cinco siglos han pasado. Ahora esa empresa de colonialidad adquiere dimensiones globales en nuestros días con el modelo de capitalismo extractivista que se expande por el mundo, como una hidra de muchas cabezas según la narrativa zapatista surgida en 1994 en el sureste mexicano. Tres décadas después se escucharán nuevos modos de nombrar las resistencias diversas a esa fuerza letal que domina el mundo en el semillero « De pirámides, de historias, de amores y, claro, desamores » que se llevará a cabo en CIDECI-Unitierra a fines de diciembre.

    La pregunta en torno a la humanidad de los pueblos del orbe parece retórica, pero en realidad se hace más acuciante cuando consideramos el panorama de la exclusión de clase, género, pertenencia étnica e identidad cultural que padecen naciones enteras en nuestros días. El derrumbamiento del orden internacional que conocimos en tiempos modernos nos pone a la intemperie. Las fundaciones de ese mundo en común fueron puestas por la Escuela de Salamanca con el Ius Gentium o derecho de gentes en el siglo XVI, con fray Francisco de Vitoria a la cabeza en diálogo con fray Bartolomé de Las Casas desde Chiapas y Guatemala, como lo analizó Enrique Dussel. Fue uno de los ejes del modelo de Cristiandad creado para justificar la expansión de la ciudad terrena a imagen de la Ciudad de Dios bajo la tutela de la Corona española. Posteriormente esa interpretación se fue transformando en un modelo internacionalista, a partir de la Ilustración, con un fundamento racionalista de corte contractual, haciendo del derecho internacional un pacto entre estados soberanos, sin fundamento último en un orden metafísico que tuviese en Dios su sustento (Derecho de gentes antiguo y contemporáneo).

    .

    .

    Más allá de las discusiones teóricas sobre el paso del modelo salmantino al germánico del derecho entre naciones, lo que importa resaltar aquí son las contradicciones internas del pacto social moderno que se derrumba ante nuestros ojos. En nuestros días asistimos al retorno de regímenes autoritarios basados en fundamentalismos religiosos con pretensiones mesiánicas (The United States is a messianic state), como es el caso del imperialismo estadounidense y el sionismo israelí. ¿En nombre de qué principio o fuente ético-política las potencias de hoy justifican sus dispositivos de dominación, neocolonialismo y eliminación de pueblos enteros? ¿Qué límites tiene el poderío desplegado por ese desbocado nuevo “orden” geopolítico?

    Pero es preciso ir más allá del escenario catastrófico hasta aquí descrito para reconocer el papel de los pueblos y de las tradiciones espirituales de la humanidad en el fortalecimiento de la vida en común entre las naciones. ¿Cómo comprender y promover hoy las autonomías de personas, pueblos y territorios a fin de preservar lo humano ante las amenazas del sistema que nos domina ya, abarcando tanto los territorios tradicionales como los digitales?

    En este contexto, el sermón de Montesinos adquiere una relevancia notable ya que expande la cuestión del mutuo reconocimiento de lo humano y creatural a todas las víctimas de la violencia sistémica que lleva a la humanidad y al planeta entero al despeñadero (Tratados internacionales sobre biodiversidad (SCJN)). ¿Acaso las naciones y las especies que pueblan la faz de la Tierra no son creaturas con derechos? En el mundo de lo post-humano como se dice hoy, es primordial elaborar un pensamiento crítico que afirme la dignidad de cada creatura del cosmos en su dignidad profunda ligada al misterio amoroso de lo real.

    Ya no se trata solamente de reafirmar la fuerza histórica de los pueblos originarios enfrentando la colonialidad eurocéntrica de hace quinientos años, sino de los pueblos subalternos que son desechables en la economía de guerra planetaria de la Era Trump, como comenta Leonardo Boff. América Latina y el Caribe, como lo vemos en la invasión estadounidense de las aguas internacionales del Mar Caribe, son ya espacio de guerra desplegada por el Comando Sur de ese estado vecino. Por desgracia, pronto veremos los alcances de este nuevo modelo de intervencionismo imperial por medio de la ocupación selectiva de territorios, el control de gobiernos locales afines a los intereses del poder del necroestado, y los ataques quirúrgicos contra los “enemigos” de la seguridad nacional de los Estados Unidos.

    Tampoco es suficiente el clamor por la dignidad de la humanidad si está disociado del clamor de la Tierra, “la más pobre entre los pobres” como la llamó también Leonardo Boff. Aquella “escalada a los extremos” pensada por Girard en 2007 a partir del fenómeno del terrorismo parece hoy juego de niños antes las guerras actuales que tienen por objetivo el dominio craso sobre pueblos enteros para control de sus territorios como objetos de enriquecimiento depredador de los ecosistemas.

    .

    .

    Por esta razón es urgente más nunca reconocer a los nuevos Montesinos que con su clamor apelan a la común humanidad que nos hermana como personas y pueblos, con su fuente mística que da fuerza y abre horizontes de vida para todos, a fin de revertir esos procesos de necropoder que cobran cada día más víctimas.

    Pero hoy es urgente ir más allá del paradigma  antropocéntrico, transitando hacia uno « ecocéntrico » (Antropocentrismo y ecocentrismo en la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos) que promueva la dignidad de la Madre Tierra que es también subyugada por el modelo dominante de sociedad y economía extractivistas. « Volver a pensar como especie humana », según la propuesta de la ecología política impulsada por Víctor Toledo y una importante red de científicos en el mundo (La ecología política llegó para quedarse) es un paso clave para recuperar el rumbo como humanidad habitando la Casa Común que nos ha sido dada por el Dador de la Vida.

    Los mártires verdes, las madres buscadoras y los pueblos originarios en rebeldía son algunas de esas voces que han sonado la voz de alarma ante la devastación plantearía que ya nos ha alcanzado. Escuchar sus denuncias es un principio de conversión ética y mística, pero no basta. Es preciso sumarnos a esos procesos de autonomías subjetivas, territoriales y espirituales que llevan a cabo quienes han dicho basta al necropoder.

    .

    .

    Quizás el modo más inspirador para comunidades creyentes de celebrar la Navidad ya cercana es honrando la memoria de Montesinos y todas las voces proféticas de ayer y de hoy.

    Preparar los caminos para la llegada del mesías no es, al fin y al cabo, un acto de folclor navideño, sino un cambio de rumbo en nuestros modos de vida con decisiones ético-políticas, prácticas y místicas, como el reciclaje de la basura, la reforestación de los bosques, y la inclusión de los vulnerables en nuestras mesas como gestos de celebración de la vida en medio de las ruinas del mundo presente.

    Como ya lo comenté hace algunos años (Tiempo mesiánico y narración para una interpretación teológica de las prácticas narrativas de las víctimas) es urgente y prioritario que abramos paso a los tiempos mesiánicos por medio de nuestros actos de resistencia al necropoder, promoviendo comunidades donde aprendamos a deletrear de nuevo, con imaginación y brío, la humanidad y creaturalidad que nos une, bebiendo todos de la inagotable fuente de la Vida.

    .

    Jobel, 20 de diciembre de 2025

    .

    Nota: Me gustará leer sus comentarios en la sección final de esta página.

Spanish