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  • Alégrate, humanidad desoladaAntún Kojtom | Guardián de espejos | Tenejapa, Chiapas | 2021

    Alégrate, humanidad desolada

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    En tiempos de la Doctrina Monroe 2.0, puesta en marcha la semana pasada para el “hemisferio occidental” por el déspota global como Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, parece insensato hablar de alegría.

    Algunos analistas como Michel Ignatieff auguran el fin de Occidente junto con el el borrado civilizatorio de Europa. Hoy está en juego una estrategia geopolítica global con áreas de poder repartido entre las tres potencias militares y económicas dominantes: Estados Unidos, China y Rusia, cada una administrando con descaro para su beneficio propio una región del planeta. Ya están en marcha los dispositivos de inteligencia militar estadounidense y de las otras potencias para el control de poblaciones enteras y sus territorios por medio del gran sistema militar-digital para someter a personas y naciones que decidan oponerse al poderío del imperio Maga y sus contrapartes.

    La creación del Comando del Hemisferio Occidental del Ejército Estadunidense, anunciada por el gobierno de Trump esta semana, forma parte de ese diseño geopolítico que ha declarado ya la guerra contra la inmigración masiva en su territorio. Cabe resaltar además la guerra ya iniciada contra los carteles como grupos terroristas que atentan contra la seguridad estadunidense, sin importar los “daños colaterales” de civiles que causará el nuevo colonialismo, como el estado israelí ya lo ha mostrado en Palestina ante los azorados ojos del mundo. La estrategia de amenaza constante de nuevas tarifas arancelarias que ha usado Trump en su primer año de gobierno ha sido otro ensayo para promover un nuevo modo de desglobalización que busca supeditar las economías de su “patio trasero” ahora llamado “hemisferio occidental” a los intereses de las transnacionales que dan sustento a su riqueza.

    Las naciones que desde hace siglos fuimos engullidas en el hemisferio occidental de la modernidad inicial ahora quedaremos atrapadas en la telaraña del poder hegemónico del monstruo voraz. Pero ese gigante tiene pies de barro y algún día caerá. Mientras eso sucede la destrucción que dejará a su paso será motivo de desolación a escala planetaria. Tal escenario que Nelson Maldonado-Torres llama la Gran Catástrofe -concepto que desarrolla en un libro colectivo sobre filosofía y teología política que actualmente preparo para una editorial estadunidense- parece ajeno a una reflexión sobre el gozo que podría esperar la humanidad en esta hora de desgracia global. Pero precisamente es el único lugar donde es posible hablar de un sentido que trascienda la aparente inconmensurabilidad del mal que nos acecha.

    Mañana las comunidades cristianas celebraremos el tercer domingo de Adviento, conocido como Gaudete. El nombre proviene del poema de un discípulo anónimo del profeta Isaías en Babilonia que anunciaba a Jerusalén, la ciudad desolada, que ha llegado el tiempo de su liberación luego del exilio: Gaudete Ierusalem,¡Alégrate, Jerusalén! (Isaías 66:10). Como ecos de esa voz de resistencia antigua, en los exilios de hoy también podría resonar el mismo canto con melodías nuevas según el genio de cada época y cultura, como el caso del pueblo palestino que evocaremos al final de esta líneas.

    El cristianismo descubrió siglos más tarde el motivo radical y los alcances del gozo del anuncio mesiánico, ampliando la cercanía de Dios no solamente para la ciudad hebrea desolada, sino para las comunidades mesiánicas esparcidas en la diáspora romana de la época que ya han entrado en los tiempos nuevos gracias a la fe en el Dios redentor, según las palabras del apóstol Pablo (Filipenses 4: 4-7):

    Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense!

    Que su amabilidad sea evidente a todos.

    El Señor está cerca.

    No se preocupen por nada […].

    Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento,

    cuidará sus corazones y sus pensamientos en el mesías Jesús.

    Se trata de la consolación de Dios para los pequeños del Reino de los cielos. Ellos viven en el tiempo interrumpido precisamente en el corazón de la catástrofe. Un modo de existir que los desheredados de la tierra experimentan en sus vidas de manera mesiánica, es decir, como una potencia de desatar los nudos del odio y del resentimiento en sus cuerpos y territorios. Es posible percibir ese murmullo de un presente pacífico en medio de la desolación en la antífona de canto gregoriano para este tercer domingo de Adviento que se conoce precisamente como Gaudete in Domino.

    Pero vengamos a nuestros tiempos. ¿Quiénes pueden proclamar hoy tal esperanza en medio de la desolación global? Por paradójico que parezca son las víctimas mismas quienes tienen esa potencia. Algo que jamás tendrán los verdugos porque su corazón ha quedado paralizado y es incapaz de abrirse al júbilo hasta que no toquen el fondo de su propia desolación y aniquilamiento. Así lo cuentan Daniela Rea y Pablo Ferri en el libro La tropa: por qué mata un soldado al entrevistar a sicarios en México que han caído en la cuenta de su crimen. De una manera colectiva, las Casas de la memoria que promovió en años recientes en Colombia la Comisión de la Verdad dan testimonio de ese proceso complejo de transitar de la violencia a la paz a partir de la fuerza de las víctimas convocando a los verdugos, a fin de abrir caminos a la justicia transicional en un país que padeció más de treinta años de guerra, con cuatrocientos cincuenta mil muertos y casi ochocientos mil desplazados internos.

    En tales experiencias de transformación de la violencia sistémica desde las márgenes de la sociedad, gracias a la persistencia de personas y comunidades de sobrevivientes, es posible recibir la buena noticia del domingo Gaudete de la liturgia cristiana como el llamado para aprender a vivir una ética del cuidado y una convocación a cultivar una espiritualidad del mutuo acompañamiento entre sobrevivientes, ambos procesos fecundándose para abrir paso a la esperanza combativa.

    Por eso, hay un cambio de tonalidad en la desesperanza. Del color morado del tiempo del Adviento que simboliza la desolación, se pasa hoy al rosa que es la luminosidad de la consolación que surge desde las sombras como un destello, pequeño pero real, que iluminará a todos, como el cuadro del artista maya Antún Kojtom que compaña esta entrada. Esa tonalidad otra, propia de los tiempos mesiánicos, surge gracias a las víctimas que instauran el per-don, es decir, la sobreabundancia del don. Una esperanza realista que no significa ceguera ante el mal y sus perpetradores, ni renuncia a la rendición de cuentas y la justicia, sino reinvención de la historia violenta a partir de la sobreabundancia del amor que recrea el mundo.

    Un nuevo modo de existir que ya no sólo es desolación. Tampoco mera resistencia. Sino creación de algo nuevo, en medio de las ruinas, a partir de las cicatrices que deja la violencia, pero que son transfiguradas como destello de esperanza y gozo: “Luego de doscientos cincuenta años de la ocupación de los colonos blancos aún estamos aquí y por eso hay esperanza”, decía sonriente Cecelia Firethunder, chamana e historiadora del pueblo Lakota, en el pasado encuentro Re-existe 2025 en Guadalajara.

    Se trata de un gozo que también surge como imaginación rebelde desde los escombros convertidos en hogar por el Sumud o resistencia creadora que vive el pueblo palestino que no se cansa de esperar, como lo canta la artista tunecina Emel Mathlouthi recorriendo las calles de una Palestina ocupada:

    Esperanza rota

    profunda

    furiosa

    amistosa

    engañosa

    que penetra tiempos arduos

    eterna

    feliz

    inquebrantable

    nueva

    Una esperanza que llena mi vida y la renueva.

    Gracias a los actos de resistencia de las víctimas a la violencia del poder global de hoy, podemos decir con gozo profundo, sin triunfalismos, y con mucho coraje: ¡Alégrate, Gaza! ¡Alégrate, humanidad desolada! porque el día de nuestra liberación está cerca.

    Zinacantán, 13 de diciembre de 2025

    Nota: Espero leer tus comentarios sobre la esperanza posible hoy en la sección abajo de esta entrada.

  • Las paces desde abajoTings Chak, “Palestine Will Be Free,” 2023 (courtesy of the artist).

    Las paces desde abajo

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    Luego de dos años del genocidio en curso en Gaza, hace unos días Trump “decretó” su plan de paz para Palestina, con la presencia sumisa de un grupo internacional de “negociación” formado por Egipto, Catar y Turquía, con la complicidad de líderes políticos europeos de Italia, Gran Bretaña y España que dicen “buscar la paz para la región”.

    Ese plan no habla por supuesto de justicia para las víctimas palestinas del genocidio, mucho menos de reparación del daño de la devastación económica y cultural creada por el gobierno israelí de Netanyahu. Con un cinismo criminal, Trump estuvo de paso por Israel para ratificar su alianza con el primer ministro israelí y tratar de protegerlo de la rendición de cuentas a la que todo criminal de guerra debe ser sometido, un proyecto que promueve un grupo minoritario de ciudadanía israelí con un puñado de aliados en el gobierno.

    La comunidad internacional se enfrenta ahora al reto más radical desde la segunda guerra mundial para promover un juicio por crímenes de lesa humanidad contra Netanyahu y otros militares israelíes, con sus cómplices de otros estados cómplices, como Trump y líderes de la Unión Europea. Se tratará de juzgar una guerra sistemática contra el pueblo palestino iniciada desde 1947 cuando comenzó la Nakba o catástrofe que hasta el día de hoy está llevando a los extremos el exterminio del pueblo palestino en la franja de Gaza y Cisjordania.

    La denuncia de crímenes de guerra por parte del estado de Israel presentada por Sudáfrica hace más de un año fue solamente el inicio de un lago proceso de diplomacia internacional que podría llevar un día a la creación de un juicio internacional similar al de Nuremberg el siglo pasado para juzgar los delitos del régimen nazi.

    Pero hay otras “paces” (de paz en plural) que vale la pena tener presentes, ubicadas desde abajo del mundo del dominio imperial, porque son las que perduran en el tiempo y arraigan en la vida de las comunidades.

    Nos referimos a aquellas que se construyeron a contracorriente del odio de los líderes políticos desde las colectivas de mujeres palestinas y judías, que organizaban actos comunes antes de los ataques del 8 de octubre de 2023 pues luego fueron prohibidos por el gobierno israelí. Pero también existen las “paces” que tejen las mujeres kurdas frente a la violencia del estado turco. Y aquellas que día a día construyen las mujeres zapatistas para recuperar sus cuerpos y territorios en Chiapas.

    Carmenmargarita Sánchez de León acaba de presentar hace unos meses en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México una tesis doctoral en estudios críticos de género sobre la resistencia de mujeres puertorriqueñas creando en muchos frentes la construcción de la paz para su pueblo colonizado por el gobierno estadounidense desde 1952, cuando fue incorporado como estado libre asociado, un modo de colonización reciente de territorio en los parámetros del derecho moderno. Esas otras paces se tejen cuerpo a cuerpo, en el mutuo cuidado de quienes se saben vulnerables pero poderosas cuando conectan sus heridas. La Colectiva Ilé en Puerto Rico que analiza esa tesis doctoral, así como otras colectivas feministas decoloniales como la Colectiva Feminista en Construcción, recuperan espacios urbanos en la isla, critican la deuda pública del estado de Puerto Rico impuesta por la administración federal estadounidense, pero también tejen sororidad entre mujeres racializadas por el patriarcado blanco por medio de redes de colaboración en producción de bienes y formación de un pensamiento feminista descolonial.

    La Ruta Pacífica de las Mujeres en Colombia representa otro intento por tejer la paz desde abajo, no desde los acuerdos entre actores de las masacres, que fueron los paramilitares, el ejército y el estado colombiano, sino la paz que surge de la escucha cuidadosa de las víctimas y algunos verdugos que buscan reconocer su culpa, para transitar a la justicia, la reparación y así tal vez un día recibir el don de la reconciliación del cuerpo social herido.

    Un caso paradójico pero significativo de esos otros modos de construir paz es el de las familias de personas desaparecidas que al llegar en brigada a un pueblo o ciudad plantan “el árbol de la memoria”, con fotos de sus seres queridos que han desaparecido y algunas mantas pidiendo empatía y solidaridad a la comunidad que visitan. También buscan tejer hilos de paz con el buzón que ponen en la plaza donde la gente puede escribir de manera anónima información para dar con el paradero de sus familiares desaparecidos. Por ese medio ha sido posible encontrar fosas clandestinas, casas de prostitución, granjas de trabajos forzados en producción de amapola o laboratorios de droga, donde pueden estar sus hijas e hijas e hijos vivos o muertos. Las madres buscadoras no piden justicia ni venganza en primer lugar, sino que piden información. De esa manera humanizan a los perpetradores creando espacios de búsqueda para encontrar a “sus tesoros” pidiendo algunas pistas para dar con el paradero de sus seres queridos.

    Esas son las paces que importan porque son tejidas lentamente por personas y comunidades en resistencia, sobre todo por mujeres que deconstruyen el patriarcado.

    Ahí precisamente, en las grietas de esos muros de odio, se tejen otros modos de existir con justicia y dignidad, donde paulatinamente se va arraigando la paz.

    ¿Y qué podemos hacer nosotros para tejer la paz para el pueblo palestino y los otros pueblos semitas que comparten la misma tierra desde hace miles de años?

    Para comenzar, estar informados con fuentes creíbles de lo que sucede en Palestina para vincularnos luego de manera virtual o personal con alguna comunidad palestina en resistencia en aquellas tierras, o bien en la diáspora, para promover escucha y diálogo persona a persona. Un segundo paso es conocer mejor a las comunidades judías que viven con cercanía la causa del pueblo palestino apoyando su derecho a vivir en esa tierra. Porque es importante recordar que hay personas palestinas y judías de la diáspora que tienen en común al amor a la tierra de Palestina y el anhelo de poder encontrar caminos para que los pueblos hermanos vuelvan a cohabitar en la misma tierra.

    Tal vez muchos años tendrán que pasar para que haya paz en Palestina, hasta que los pueblos hermanos descendiente de Abraham, Sara y Agar —sí, los tres con su descendencia— reconozcan sus derechos compartidos a habitar la misma tierra. Mientras tanto, la construcción de la paz será tarea de todas las comunidades dondequiera que se encuentren.

    Porque Palestina es brújula de la humanidad hoy dividida, ojalá también en proceso de conversión. Hagamos posible la paz para el pueblo palestino junto con sus pueblos hermanos tejiendo “paces” donde cada quien habita. Solamente así podremos seguir imaginando un futuro como especie humana antes de que nos vayamos al precipicio.

    Esta mañana llegué a tierras del Sur que surgen entre la majestuosa cordillera de los Andes y el océano Pacífico, donde los pueblos mapuche y chileno habitan el mismo territorio con muchas barreras que incluso los gobiernos democráticos de las últimas décadas no han podido derrumbar. He llegado aquí para dialogar con colegas de universidad sobre la vigencia y los límites de la teología de la liberación, con ocasión del primer aniversario de la muerte de Gustavo Gutiérrez (Congreso Internacional Gustavo Gutiérrez). También podré conversar con colegas de la Sociedad Chilena de Teología sobre la difícil esperanza en tiempos de catástrofe. Y con mucha emoción espero la posibilidad de visitar por primera vez territorio mapuche para escuchar algo de las resistencias que esas comunidades han creado para enfrentar tantas formas de colonialidad antigua y nueva (Pensamiento mapuche, autonomía y colonialismo en Chile).

    En la próxima entrada les podré contar algunas de estas historias.

    Santiago de Chile, 19 de octubre de 2025

  • La Biblia como arma de genocidio o casa de vidaSliman Mansour. Revolution was the beginning (2016), oil on canvas, 200 x 500 cm

    La Biblia como arma de genocidio o casa de vida

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

     

    El Estado de Israel inició esta semana una nueva fase de la estrategia de control del territorio de Palestina (Israel approves controversial West Bank settlement project). Los asentamientos de colonos israelíes en Cisjordania se irán expandiendo para partir en dos ese territorio que fuera el resultado de los Acuerdos de Oslo de 1993 para reubicar a los pobladores palestinos en dos grupos incomunicados, dejando solamente una salida al río Jordán por el lado de Jericó.

     

    Christ at the Checkpoint, 21 de Agosto de 2025   

     

    El objetivo final es la creación del Gran Israel, una vez que se haya destruido la posibilidad de un Estado palestino porque, como dijo esta semana Bezalel Smotrich el ministro israelí de finanzas, “no hay nada que reconocer, ni nadie que reconocer” (Israel approves illegal settlement plan that would split occupied West Bank) una vez que el genocidio del pueblo palestino se haya consumado.

    Este plan del expansionismo israelí contemporáneo “después de Gaza” deja entrever, al menos dos objetivos principales: el primero es el aislamiento de los palestinos en zonas de apartheid que se suman a lo que sucede con la invasión de la franja de Gaza, con la finalidad de su expulsión o posterior exterminio; y el segundo es el control del agua del río Jordán como fuente estratégica del recurso hídrico para tiempos de escasez planetaria.

     

     

    Pero no se trata solamente de la estrategia militar de un estado sionista desaforado que cuenta con el apoyo del capitalismo global, en particular del gobierno de los Estados Unidos y el Reino Unido. El plan sionista en curso muestra la perversidad de una ideología de genocidio que manipula la Biblia para justificar la supremacía de un estado sobre otros, subordinando a los pueblos de origen étnico y religioso diverso a un proceso selectivo de aniquilación en nombre de una supuesta promesa divina.

    Tanto el sionismo judío como el cristiano, en efecto, son la versión moderna de la manipulación de las promesas bíblicas contada por la saga de Abraham y Sara como ancestros de los creyentes de las tres religiones monoteístas. El relato bíblico, en efecto, cuenta que Dios el Eterno prometió a la pareja primordial una descendencia “tan numerosa como las estrellas del cielo y la arena de las playas marinas” (Gen 22: 17). Comentarios talmúdicos hebreos y cristianos antiguos vieron en esta doble metáfora de los cielos y la tierra el anuncio de la universalidad de la promesa: las estrellas del cielo evocando a las hijas y los hijos de Israel, y la arena de las playas marinas representando a todas las naciones de la tierra.

    La ideología del “pueblo elegido” fue desarrollada de manera posterior en la Biblia por una corriente religiosa que fue pervirtiendo el anuncio de la promesa de la tierra, enfocándola a la conquista de un territorio como monopolio exclusivo de un pueblo sobre otros pueblos semitas. Esa “teología política” fue ideada por una interpretación del mesianismo en clave davídica, presente en la Biblia desde tiempos de los jueces de Israel que es llamada como el “factor Josué” por el teólogo palestino luterano Mitri Raheb (Imperial Theology, Colonization, Settler Colonialism, and the Struggle for Decolonization: A Review Essay) como fuente de la teología del imperio.

    Pero los profetas de Israel, desde Moisés hasta Juan el Bautista -y Jesús de Nazaret y su comunidad que se situaron en ese linaje- siempre fueron críticos del poder en turno que ha pretendido suplantar con diferentes máscaras la gloria divina. La teología profética se encuentra en el origen de la fe abrahámica como una visión universal de la promesa y de la tierra que incluye a todos los pueblos. Como lo mostró desde hace años el biblista dominico francés Philippe Lefebvre (Conférence: Jésus et le pouvoir – P. Lefebvre), el mesianismo profético está presente como río subterráneo en toda la Biblia, desde el libro del Génesis hasta su cumplimiento en la pascua de Jesús de Nazaret.

    Y el movimiento de Jesús en Galilea retoma esta vena profética para radicalizarla con la innovación de un mesianismo escatológico, como comentaba hace algunas décadas otro dominico, José Luis Espinel en Salamanca (Mesianismo escatológico de Jesús desde sus acciones proféticas). Una tradición profética que anuncia el cumplimiento de la promesa para todos los pueblos en tanto convocación al amor universal que fluye de las heridas de un Mesías crucificado.

     

     

    Los cristianos palestinos, como lo muestra con urgencia el teólogo palestino luterano Munther Isaac (Faith, the Bible, and the Genocide in Gaza) nos llaman hoy a decolonizar la Biblia que se ha convertido en el arma de guerra del sionismo israelí y cristiano contra el pueblo palestino. No hay pueblo elegido para conquistar una tierra en nombre de Dios, robándola a sus pobladores originales, desde los cananeos y jebuseos antiguos hasta los palestinos de hoy. Tampoco hay promesa de la tierra que justifique en nombre de Dios un estado israelí impuesto por la guerra en territorios que por milenios han habitado los pueblos semitas.

    Las iglesias cristianas de cualquier denominación, así como las universidades y movimientos políticos que apelan a la Biblia como su fuente, se encuentran ante un grave dilema: o seguir justificando el genocidio del pueblo palestino en nombre del Dios de Israel, o decolonizar la Biblia para recuperar el talante mesiánico y profético de la palabra divina y humana que libera a todos los pueblos de la esclavitud de poderes terrenales que suplantan la gloria divina, con sus avatares actuales, como Trump y Netanyahu, o Milei y Bolsonaro, que son los falsos mesías de hoy.

    La promesa de la tierra que en aquel relato de orígenes recibieron Abraham y Sara cuando salieron de Ur en Sumeria en busca del Eterno – como dice el pesador judío de Estrasburgo André Neher en su libro La esencia del profetismo – solamente se cumple en el silencio simbolizado por el desierto como tierra de búsqueda incesante de la Alianza.

    De ahí que el cristianismo beba de esa fuente del profetismo hebreo original para anunciar la llegada de “los cielos nuevos y la tierra nueva”, como decía el libro del Apocalipsis (21: 1) en el contexto de la devastación del mundo viejo e idolátrico imperial romano y de la religión del Templo que pervirtió la promesa divina.

    Esta radical crítica a toda teología imperial que procede del mesianismo profético y escatológico que anuncia el fin del mundo corrupto ha sido rechazada por poderes terrenales antiguos y nuevos que quieren seguir domesticando la promesa divina.

    Pero en los escombros de Gaza surge hoy, con nuevo vigor, la promesa de la tierra que nos convoca a todos los pueblos de la humanidad y nos compele a todas las tradiciones espirituales a cuidar la vida de los inocentes victimados y sus sobrevivientes. Nos llama a seguir buscando la tierra prometida como utopía en medio de la distopía. Nos invita a cultivar la esperanza como promesa de vida que surge en medio de la amenaza de una muerte inminente, como la que viven los gazatíes hoy y otros pueblos amenazados por el necropoder.

    La Biblia no es un arma de guerra sino “la casa del pueblo”, como decía Carlos Mesters en Brasil en su bella y potente parábola (La parábola de la casa del pueblo de Dios). Una casa que estamos invitados a habitar para reconocer en nuestras propias historias el manantial de vida que surge como agua viva regalada por Dios desde las ruinas del poder que mata.

    Volvamos a leer y habitar esos testimonios mesiánicos y proféticos de la promesa de la tierra y la elección del amor divino para todos los pueblos a fin de dejarnos inspirar por la consolación que viene de Dios para las víctimas y sus sobrevivientes como una promesa en movimiento que está aconteciendo en el silencio del desierto.

     

    Ciudad de México, 24 de agosto de 2025

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