Por Carlos Mendoza-Álvarez
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El asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, en el estado mexicano de Michoacán, el día 1° de noviembre pasado, es un ejemplo atroz de la “pedagogía del terror” cuyo objetivo, según Rita Segato, consiste en “mostrar que existen poderes que son soberanos en la impunidad más absoluta, como pedagogía del control territorial de la soberanía” (Contra-pedagogías de la crueldad). Es una estrategia que emplean las mafias criminales para inmovilizar a la población, eliminar a los políticos que no les obedecen y controlar sus territorios. El crimen se perpetró en una plaza pública en la víspera del Día de Muertos cuando la comunidad festejaba, según la tradición de las velas, el paso de las ánimas. Acompañado de su esposa Grecia y de sus dos hijos pequeños, el fundador del “Movimiento del Sombrero” fue acribillado por un muchacho menor de edad, al parecer en complicidad con otros dos sujetos, enredados en el engranaje de los carteles de drogas que están destrozando la vida de la juventud en el mundo entero con el espejismo del poder y el dinero que matan.
Escasos cinco días después, la viuda de Carlos Manzo tomó posesión como alcaldesa de la ciudad con un discurso entrecortado de rabia, desolación e indignación que la ubica ahora en el epicentro de un movimiento telúrico que sacude a la sociedad mexicana. Grecia Quiroz en su primer discurso como alcaldesa dijo unas frases que ha quedado retumbando en mi memoria: “Hoy Carlos Manzo está más fuerte que nunca. Este legado, este Movimiento del Sombrero no lo callaron. Y no lo van a callar porque aquí sigo firme con la firme convicción que él me enseñó […] Que se escuche fuerte y claro, el legado de Carlos Manzo va a seguir. Así hayan acallado su voz. Así [a] quienes hayan dado la indicación de arrebatarle la vida de la manera más cruel, [les digo] esto seguirá, esto continuará. El Movimiento del Sombrero no parará”. Como candidato independiente su esposo venció en las elecciones pasadas al candidato del partido en el poder que luego de siete años no ha logrado pacificar al país, sino que por el contrario ha ido perdiendo más y más control sobre el territorio nacional. Y ahora Grecia toma esa bandera de la ciudadanía harta del estado fallido que sigue produciendo cada día más basurización de la vida.
Las primeras declaraciones de la presidenta Sheinbaum fueron lamentables, además de tardías, achacando a “la derecha” las causas de la violencia en Michoacán por la guerra contra el narcotráfico emprendida en 2006, hace casi veinte años, por el entonces presidente de la república Felipe Calderón, del partido de derecha que gobernó el país por dos sexenios con resultados fatales. Pero el rumbo de México como país soberano sigue extraviado. Los siete años en que el actual partido “de izquierda” en el poder ha gobernado México representan el fracaso de la Cuarta Transformación emprendida por el caudillo López Obrador. El plan de pacificación de la presidenta llega tarde y no surge de las comunidades mismas ni atiende las causas sistémicas de esa espiral de violencia. La verdad no importa para ella ni para su partido. Lo que vale es controlar la narrativa en los medios de comunicación para seguir adelante con “el segundo piso” de la infeliz Cuarta Transformación.
En este ambiente de zozobra nacional, la sociedad civil organizada tiene un papel urgente que cumplir para salvar al país de la debacle. Iniciativas como Reinserta para rescatar a la niñez en precariedad producida por la violencia en el país dan pistas de los proyectos por imaginar y crear en cada región del país, aunque muchos de ellos dependan de los caprichos de las empresas o gobiernos que las financian. Por lo que solamente la creatividad de colectivos, comunidades y pueblos tendrá la fuerza necesaria para persistir en esta lucha a muerte por la vida.
Las universidades también están convocadas por la sociedad herida para conocer la trama de esa violencia sistémica que nos aqueja. Las iglesias han comenzado a salir del letargo para ser parte de procesos de sanación colectiva con su herencia espiritual. En años recientes nació en medios eclesiales la iniciativa del Diálogo Nacional por la Paz tras el asesinato de los jesuitas de Cerocahui en la Sierra Tarahumara hace tres años, y prepara su segundo encuentro en enero del 2026 en Guadalajara. Representa un intento de la Iglesia católica romana para retomar la estafeta del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, iniciado por Javier Sicilia y las víctimas de la violencia en México en 2011 (“El movimiento por la paz es una referencia moral”: Sicilia), que fue cooptado primero por los gobiernos de Felipe Calderón del PAN y Enrique Peña Nieto del PRI, luego despreciado por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador de Morena.
¿Cuál es la verdad de las víctimas? ¿Cómo se escucha y se reconoce esa verdad en la narrativa de la sociedad y del gobierno en turno? ¿Qué nos dice a la ciudadanía mexicana la indignación de Grecia Quiroz en Uruapan? ¿Cómo nos interpela la monstruosidad de Víctor Manuel Ubaldo, el sicario menor de edad abatido luego del crimen cometido? ¿Cómo destruir la red de criminalidad necropolítica que hoy controla a México? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí en la corrupción del cuerpo social de nuestra patria y qué procesos colectivos podemos promover en cada lugar para salir de esta barbarie que no está llevando al abismo?
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Al mismo tiempo que miraba azorado los videos y leía las noticias sobre los trágicos sucesos en Michoacán, pude asistir al congreso “Heteronomías de la Justicia” (3er Coloquio Internacional: Justicia del Otro), organizado en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM por la querida colega Silvana Rabinovich. Las ponencias de jóvenes investigadores giraron en torno a la pregunta de cómo descolonizar el discurso y la praxis por la justicia, a partir de las conversaciones entre culturas diversas, por ejemplo, entre la filosofía judía de Herman Cohen y Emmanuel Levinas en el siglo 20 con la filosofía de la liberación de Enrique Dussel en América Latina y el Caribe; o entre el pensamiento feminista de María Isasi Díaz, autora mujerista en los Estados Unidos, y el realismo histórico de Ignacio Ellacuría en El Salvador comprometido como rector de la UCA con los pobres y la justicia en tiempos de poderío militar.
También se abrió la conversación universitaria para pensar las conexiones y diferencias entre la filosofía de la esperanza de Ernst Bloch en Alemania durante el régimen nazi y el pensamiento de Enrique Dussel en Argentina y México en tiempos de dictadura y resistencias. Estos intercambios se dieron con ocasión del segundo aniversario del fallecimiento del gran pensador argentino-mexicano.
Un fruto sabroso de este coloquio consistió en enfocarnos en el problema del núcleo mesiánico de la historia, donde las resistencias de los pueblos generan los cambios en la historia de opresión sembrando historias de liberación y redención ética y política, con un hontanar místico. Siguiendo las intuiciones del maestro Dussel, la ética se revela como primera política con apertura a anticipaciones mesiánicas de trascendencia. Deliberaciones todas que no estaban ajenas a la cuestión de la esperanza que surge de las víctimas en Gaza, o de las Madres Buscadoras en México, como lo recordaba una y otra vez nuestra anfitriona.
Cerramos la jornada con el pre-estreno del documental “Dussel: la filosofía es un don para un mundo sin sentido”, de la cineasta argentina Cecilia Fiel. Durante más de hora y media el documental da cuenta del personaje, su historia de exilio, su biblioteca, sus estudiantes y su visión de la historia de la colonialidad propia de la modernidad eurocéntrica y las resistencias que la enfrentaron. Resalta la belleza narrativa de las escenas del maestro Dussel, anciano con gran lucidez, caminando por sitios emblemáticos de Mexico-Tenochtitlan, como el zócalo en el corazón de la Ciudad de México y la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, donde el pensador de la liberación nos da una cátedra, en el atardecer de su vida, sobre el papel de la filosofía para buscar el sentido de la historia.
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Esos intercambios en la UNAM me hacían pensar en otra versión de la verdad. Cuando la verdad sí importa es posible destruir las falacias que crean los poderosos, sean los gobiernos en turno, las religiones corrompidas o las mafias criminales.
¿Cómo podremos salir de esta espiral creciente de odio en México, en Palestina y en México? Una primera condición será volver a la importancia de la verdad. No como arma de guerra para contar la versión de los poderosos o los perpetradores, sino para escuchar a las víctimas y sobrevivientes.
Atrevernos a conversar con los otros a fin de buscar juntos el sentido de la vida en la utopía de un “nos-otros” como germen de redención es el principio de una (im)posible esperanza.
Porque la verdad sí importa cuando queremos sanar a la humanidad herida para que todos un día gocemos de la Vida.
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Ciudad de México, 8 de noviembre de 2025
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Nota: Espero tus comentarios al final de esta página.

