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  • Pensar el misterio de Dios desde las ruinas del imperio Sobre encuentros en tierras de Macrina y sus hermanos capadociosMendoza Carlos | Monasterios de Göreme, Capadocia | 2025

    Pensar el misterio de Dios desde las ruinas del imperio Sobre encuentros en tierras de Macrina y sus hermanos capadocios

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

     

    Hace siete años en Toronto nació una iniciativa teológica -durante una conversación con Claudio Monge del Dominican Study Institute (Dost-I) de Estambul– para pensar junto con otros dominicos el significado de la predicación del Evangelio en las ciudades-laboratorio de hoy, siguiendo el estilo de la orden de predicadores que por ocho siglos ha tenido como lema “ueritas” para buscar la verdad donde quiera que se encuentre, como lo hicieron en el siglo XIII Alberto Magno, Tomás de Aquino y más tarde Maestro Eckhart, Catalina de Siena, la Escuela de Salamanca y Bartolomé de Las Casas en el siglo 16 hasta llegar a la Escuela de Le Saulchoir en el siglo 20.

    Muchos mensajes electrónicos y encuentros virtuales fuimos intercambiando a lo largo de los años, invitando a frailes, hermanas y laicos dominicos dedicados a la labor teológica a sumarse a esta inquietud. En el horizonte de aquellos años veíamos el 1700 aniversario del primer Concilio de Nicea del año 325 EC como la ocasión propicia para reunirnos en Estambul, ciudad ubicada en un territorio-símbolo de ese pasado de la antigua Cristiandad que se hace llamado urgente hoy para volver a las fuentes de la fe.

    Se trata de un contexto contemporáneo muy diferente de aquel del emperador Constantino y los obispos de la Iglesia de Oriente reunidos en el concilio que definió la ortodoxia de la fe cristiana en clave griega. Desde las ruinas del Imperio Romano de Oriente, que se asemejan en algo a las ruinas de Occidente moderno hoy, percibíamos el llamado a “dar razón de la esperanza a quien nos lo pida” (1 Pedro 3: 15).

    Nicea 2025 se fue perfilando como un momento propicio para volver a las fuentes de la Tradición viva de la fe cristiana en su acontecimiento fundante que es la potencia del amor del Dios triuno manifestado en la vida y pascua de Jesús el Galileo, con la profundidad de las categorías griegas tales como persona (prosopon), sustancia (ousía) y circularidad amorosa (perijóresis) para deletrear el misterio del Abbá celestial revelado en Jesús el Cristo por el fuego interior de la Ruah divina.

    En el camino se fueron decantando prioridades personales y profesionales de quienes respondieron inicialmente a la propuesta, hasta que por fin en el último año un grupo de doce frailes y hermanas dominicos de Italia, Estados Unidos, Canadá, Bélgica, México y la India fuimos preparando un encuentro en Estambul. Sería éste el punto de partida de un caminar común para hacer teología en “las fronteras” del mundo contemporáneo como habían señalado los capítulos generales de los frailes en el postconcilio; ubicados en “las fracturas de la humanidad” como decía nuestro hermano Pierre Claverie, obispo de Argel asesinado junto con un amigo y colaborador por el fundamentalismo religioso; y estando presentes como comunidades de predicación en el corazón de las ciudades-laboratorios de la aldea global.

     

     

    Estambul es una ciudad poliédrica y vibrante, epicentro de una cultura islámica moderna, atravesando con dificultad e imaginación la tensa frontera entre religiones, culturas y economías en el complejo contexto de la geopolítica de la desglobalización. Las comunidades cristianas conforman menos del 2% de la población. La fuerza del islam con estilo turco y su pasado otomano resplandece con orgullo en sus mezquitas, universidades y bazares. La gran basílica de Santa Sofía, que fuera sede por más de mil años del Patriarcado Cristiano de Oriente hasta el colapso de la Cristiandad oriental en 1453, ha vuelto a ser mezquita luego de una breve pausa de laicidad turca que hoy se echa de menos en la vida cultural del país. La iglesia de la Chora en un barrio de la ciudad, recién restaurada con sus frescos e iconos esplendorosos del arte cristiano, es un destello reluciente de ese pasado bizantino en medio de la ciudad efervescente moderna.

    El coloquio “Nicea OP 2025” fue un modestísimo encuentro que tendió puentes con algunos cuantos colegas de Turquía interesados en el diálogo con Occidente cristiano, en especial a través del arte y la espiritualidad como medio de expresión de las religiones del libro (judaísmo, cristianismo e islam), como la profesora Elif Tokay que trabaja con sus estudiantes de posgrado esos temas en la universidad de Estambul.

    El programa del encuentro consistía en tres días para pensar el significado de la fe cristiana en el contexto del diálogo interreligioso para acompañar comunidades de fe a vivir el testimonio del Dios Eterno en medio de las ruinas de la civilización moderna que encuentran en Gaza su punto de quiebre de aquel “sueño de la razón que ha producido monstruos”, como sentenció el grabador español Francisco de Goya en el ya desde fines del siglo 18.

    A partir de tres categorías teológicas comunes a las religiones del libro: salvación creación y santificación dimos forma a nuestro diálogo, trayendo a nuestro contexto cada una de esas palabras para interpretarlas hoy. Salvación en medio de la violencia sistémica que produce discriminación, exclusión y muerte de las mayorías. Creación como cosmología de la nueva creación que explora la ecoteología en diálogo con las ciencias modernas y los saberes ancestrales. Y santificación como proceso de divinización del cosmos y de la humanidad por la potencia del Espíritu de Dios inspirando procesos de sanación, memoria, justicia y reconciliación en especial para las víctimas de la historia violenta de la humanidad.

    Siguiendo esta ruta, cada día nos centrábamos en uno de esos ejes a partir de la presentación inicial de uno de los participantes, para luego entablar un intercambio de experiencias e ideas de lo que significa la predicación del Verbo de Dios encarnado en Cristo Jesús en cada uno de esos campos.

    La segunda parte de la jornada estaba a cargo de Jean-Jacques Perennès y Elif Tokay, quienes escuchando la conversación inicial abrían nuevos horizontes a partir de su experiencia y reflexión.

    Jean-Jacques, como dominico francés que ha vivido en el mundo árabe por más de tres décadas, nos orientaba con su conocimiento de culturas islámicas para pensar el significado de la predicación en esos mundos (Bibliographie de Jean-Jacques Pérennès), muy cercano a Pierre Claverie y a los monjes de Tibihrine quienes ofrecieron su vida en Argelia por amistad con personas y comunidades del islam. Trabajó en el instituto de los dominicos en El Cairo (Dominican Institute of Oriental Studies), luego como asistente de vida apostólica de los frailes dominicos durante el gobierno de fray Timothy Radcliffe como maestro de la orden, y más recientemente como director de la Escuela Bíblica de Jerusalén.

    Elif, como investigadora del cristianismo bizantino y oriental en torno al concepto de perfección o divinización (theosis) en el pensamiento místico cristiano, nos ayudaba con sus comentarios y preguntas a buscar los puntos en común con la espiritualidad del islam. Dado su trabajo doctoral sobre Gregorio de Nacianzo como padre de la Iglesia de Anatolia, así como sobre obras patrísticas traducidas del griego y el siríaco al árabe, ella nos abría una perspectiva inusitada y preciosa para explorar esas conexiones entre comunidades creyentes de diversas tradiciones encontrándose en ese punto común de la divinización del cosmos y de la humanidad.

    Una visita a las ruinas de Nicea, hoy Izink en Anatolia (Archaeologists Discover Tombs at the Underwater Basilica in İznik), durante un día lluvioso previo al coloquio, había ya dado cierto tono a las conversaciones. ¿Cómo conectar aquel momento crucial del cristianismo antiguo para hablar del ser divino como comunión amorosa en medio de las ruinas de hoy con los desafíos que surgen para las comunidades cristianas, judías e islámicas de hoy en tiempos de violencia extrema?

    Al concluir nuestro encuentro, acordamos seguir tejiendo redes de colaboración con frailes, hermanas y laicos dominicos presentes con su predicación en las ciudades-laboratorio actuales y sus comunidades de interlocución, tanto locales como virtuales, en especial con los más jóvenes de la familia dominicana para profundizar la inteligencia de la fe al servicio del pueblo de Dios hoy.

    Propuse preparar el próximo encuentro en México en 2026 para seguir explorando los caminos de la “santa predicación” en esa otra geografía del Sur global y epistémico para buscar allá, en medio de otras ruinas que son las de la región del no-ser y de quienes habitan en las sombras de las sombras, vías alternas para vivir y pensar el misterio amoroso de Dios desde las grietas del poder hegemónico de hoy con sus idolatrías y trampas tiene a la humanidad y al planeta en jaque.

     

     

    Luego de un encuentro modesto, pero a la vez profundo con este aire de familia dominicana, me dispuse a visitar por primera vez Capadocia.

    Tierra de Basilio y Gregorio, los famosos “Padres Capadocios” que contribuyeron de manera decisiva en el siglo IV EC a desarrollar una teología del Espíritu Santo como tercera persona de la Trinidad Santa. Sus textos habían sido fuentes capitales de los cursos sobre patrística que seguí primero en México con fray Luis Ramos en sus clases en la UNAM, y luego en Friburgo con fray Christoph Schönborn, entonces profesor en aquella universidad helvética que luego vivió su ministerio pastoral como cardenal de Viena por muchos años.

    Si bien recordaba yo haber leído alguna referencia a Macrina -la hermana mayor de esa ilustre familia de Anatolia que padeciera primero la persecución romana y luego se convirtiera en promotora de la vida monástica naciente- fue yendo a su tierra que pude captar su gran influencia como mujer creyente de su tiempo, en especial en el desarrollo de la espiritualidad alternativa a la del imperio romano que también exploró su hermano Naucracio, junto con su amigo Crisafio, como parte del monacato cristiano primitivo en las riberas del río Iris, hoy Kizilirmark, de la región del Ponto.

    La Capadocia actual nada tiene que ver con su pasado hitita, persa, romano, bizantino y otomano. La modernidad turca del siglo 21 ha desplegado en esa región centros urbanos modernos dedicados a la agricultura y la minería, con una poderosa industria de turismo para dar servicios a viajeros procedentes sobre todo de China, Rusia y Japón que inundan de globos aerostáticos el cielo de Capadocia para sobrevolar los sitios arqueológicos de los antiguos monasterios cavados en la roca; o como marabunta de turistas que colapsan las ciudades subterráneas creadas por sus habitantes desde tiempos hititas y persas para sobrevivir a las intermitentes guerras de imperios en turno.

    En medio de esas hordas de turistas de hoy en tierras de historia milenaria me di a la tarea de hacer caminatas meditativas por esos lugares, intentando suspender el tiempo, para releer algunos fragmentos de la historia de los Padres Capadocios y en especial la vida de Macrina y su familia, contada por su hermano Gregorio de Nisa. Me quedo con la oración de Macrina pronunciada en su lecho muerte: “Tú, Señor, nos has librado del temor de la muerte. Tú has convertido el final de la vida de aquí abajo en comienzo para nosotros de la vida verdadera. Tú haces descansar un tiempo nuestros cuerpos en el sueño y los despertarás de nuevo con la trompeta del final de los tiempos”.

    De su testimonio me impresiona la hondura de su esperanza, con imaginación escatológica por el día por venir. No despreciando este mundo, sino abriéndolo a la perspectiva del Amor que no acaba.

    Tal vez eso es lo que hoy nos hace falta en tiempos de catástrofe ambiental e histórica para pensar el misterio de Dios en medio de las ruinas de los imperios de ayer y hoy. Abrir el corazón y la inteligencia a otros mundos posibles, surgidos de las ruinas con el clamor de los sobrevivientes. Otros mundos también ofrecidos por el Dios de vida que no cesa de amar sin condición ni medida a toda su creación.

     

    Capadocia, 7 de octubre de 2025

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