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  • El Espíritu conectando las periferias

    El Espíritu conectando las periferias

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

     

    Desde finales del siglo pasado, las religiones de la humanidad actualizaron su misión al caer en la cuenta de la creciente pobreza e injusticia en el mundo, acompañada de guerras promovidas por líderes corruptos, donde la religión era usada como arma de exclusión y violencia.

    El Parlamento de Religiones del Mundo con el proyecto de una ética mundial (Hacia Una Ética Mundial: Una Declaración Inicial) donde destacó el aporte del teólogo suizo Hans Küng, o la Carta de la Tierra  promovida entre otros por el brasileño Leonardo Boff junto con varios líderes espirituales, sonaron la alarma para movilizar a las religiones a fin de detener la espiral de odio que cunde por el planeta, recurriendo a las fuentes de la interioridad humana que las religiones han cultivado por milenios con fuente de paz.

    Sin embargo, muchas de esas iniciativas, si bien lograron activar entre sus líderes y comunidades así como en los medios de comunicación la conciencia de la urgente tarea de construir la paz con justicia y verdad, no siempre estuvieron a la escucha de los saberes y espiritualidades de las personas y los pueblos en sus luchas cotidianas para defender la vida humana, los ríos, bosques y especies minerales, vegetales y animales que habitan la faz de la tierra pero que son amenazados por la sexta extinción masiva en curso (¿Qué es la sexta extinción masiva y qué podemos hacer al respecto?).

    Las teologías de la liberación de segunda y tercera generación, como ya lo analizamos en el contexto mexicano (La teología de la liberación en México: recepción creativa del Concilio Vaticano II), han cambiado la perspectiva al poner en el centro a las propias víctimas de la violencia global como “sabedoras”, es decir, expertas en humanidad gracias a la resiliencia que se ha tornado en resistencia. Y sobre todo hay que subrayar que, desde esa experiencia de vulnerabilidad, esos sobrevivientes se han reconocido como interlocutores privilegiados de la Divinidad. En efecto, las víctimas buscan re-existir con nuevos modos de organización comunal, de trabajo agroecológico y de espiritualidades diversas.Esas prácticas surgen precisamente de las personas y comunidades mismas que son amenazadas por los sistemas de dominio.

    La ecoteología feminista, desarrollada por Ivonne Gebara (Ecofeminismo: una perspectiva latinoamericana) en Brasil y Marilú Rojas (La pertinencia de la teología ecofeminista y su incidencia política ante el feminicidio y el ecocidio actual) en México, dio un giro radical al pensar las interconexiones entre la fe de las mujeres excluidas, sus cuerpos y territorios vulnerados, así como sus saberes ancestrales de cuidados y resistencias como principio de un cambio de mundo donde se revela un nuevo rostro de la Sofía divina.

    Así fue surgiendo cada vez con mayor claridad la conciencia entre las religiones y los movimientos sociales de escuchar a quienes habitan las periferias del mundo de la riqueza y el privilegio, para explorar cómo “otro mundo es posible” desde esas márgenes sociales y religiosas.

     

     

    Desde 2015 un grupo de personas de universidad, junto con artistas y movimientos sociales de defensa del territorio en México – con la asesoría de Gustavo Esteva (Centro de Encuentros y Diálogos Interculturales) y Boaventura de Sousa Santos con su Conversas do Mundo con varias autoras del Sur epistémico como Silvia Rivera Cusicanqui – comenzamos a explorar caminos para descolonizar la universidad y aprender a “tejer voces por la casa común” (Tejiendo voces). Así fuimos aprendiendo las exigencias de la escucha atenta de quienes viven en las periferias, que no son solamente víctimas sino personas y colectivas que crean procesos para despertar, sanar y acuerpar juntas, y así van tejiendo saberes que expresan sus modos de vida, organización comunal y su profunda espiritualidad de la vida.

    En 2019, proseguimos este camino analizando diversas voces de la teología decolonial en un congreso (Congreso sobre resistencias y espiritualidades) organizado de manera conjunta por la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, la revista internacional de teología Concilium, y el Centro Universitario Cultural de los dominicos de México para explorar juntos los rasgos comunes de las resistencias frente a la violencia sistémica y las espiritualidades que de ahí surgen.

    En 2023, un grupo de colegas universitarios, con el apoyo de organizaciones de la sociedad civil mexicana y del ITESO la universidad jesuita de Guadalajara en México, logramos reunir a más de treinta colectivos de América Latina (¡Re-Existe! El espíritu cruzando periferias) con el objetivo de conocer las nuevas formas de vida, de subjetividad y comunalidad que van tejiendo personas y comunidades de sobrevivientes. Buscábamos con ellas una forma de vislumbrar la esperanza en medio del horror de las fosas clandestinas en México, la discriminación por motivos de género, raza y condición social, la devastación de la madre Tierra, así como explorar la ritualidad que emerge de esas prácticas de resistencia. La memoria gráfica de ese congreso, con su documental que incluye algunas entrevistas, puede dar una idea de lo que vivimos en ese encuentro.

     

     

    Ahora llega el momento de una siguiente fase de Re-existe que enfatizará las conexiones que tejen los sobrevivientes y la fuerza que las anima.

    Se trata esta vez de un encuentro-festival con dos rasgos novedosos y desafiantes: la interculturalidad como modo de existencia y de pensamiento para “volver a pensar como especie” según el llamado de la comunidad científica, íntimamente ligada con lo interreligioso como única forma viable para acercarnos a lo santo.

    Nos proponemos explorar juntos los caminos de la re-existencia en esta hora de colapso del modelo civilizatorio moderno, donde el genocidio en Gaza ha puesto en jaque a la humanidad y se convierte en piedra de toque para la civilización humana.

    A través de tres pasos exploraremos el despertar ante el horror que cada colectiva ha enfrentado. Seguiremos analizando luego el sanar en tanto acciones personales y colectivas de memoria, verdad y justicia que permiten a las víctimas reconstruir sus vidas. Entonces podremos acceder al momento del acuerparnos con nuevas formas de comunalidad.

    Colectivas de mujeres de la India enfrentando la violencia del patriarcado en las religiones hindú, budista y cristiana entrarán en mutuo acompañamiento con madres de desaparecidos en México. Cuidadores de la madre tierra de la misión jesuita de Bachajón en Chiapas dialogarán con líderes del pueblo Lakota que trabajan la memoria colectiva para sanar del pasado colonial, a la vez que recuperan sus formas de agricultura ancestrales por medio de la dieta tradicional, el cultivo de plantas locales y el redescubrimiento de los rituales como el Inipi o baño ritual que es creación de comunalidad, o la danza del búfalo como uno de los principales símbolos de la sacralidad de la tierra y el cielo.

    Estén pendientes en las redes sociales de Re-existe 2025 donde se publicarán breves cápsulas informativas, entrevistas y memoria gráfica de estos momentos que esperamos sean como destellos de la vida que resiste y re-existe, porque la fuerza de las sobrevivientes está animada por la Ruah divina que aletea sobre el caos para hace surgir vida en medio de la muerte.

     

    Guadalajara, 20 de septiembre de 2025

  • Entre aguas y tierra: de Soweto al Caracol MoreliaDetalle de mural, Caracol de Oventic. Sosa, J., Rivero, E. y Wolkovicz, P. (2015)

    Entre aguas y tierra: de Soweto al Caracol Morelia

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

     

    Este fin de semana concluye en Chiapas el encuentro internacional de resistencias y rebeldías “Algunas partes del todo” organizado por las bases zapatistas de jóvenes milicianos del EZLN y su comandancia, donde una nueva generación ha expresado -por medio de obras de teatro, conciertos, semilleros y baile- la autocrítica a su movimiento de ya varias décadas para ratificar su visión del mundo y su lucha por construir otros mundos posibles.

    Esta nueva generación nació ya en territorios autónomos, después del levantamiento armado y mediático de 1994, donde su horizonte de vida y comprensión del mundo de abajo les ha capacitado para desplegar una imaginación creativa sobre lo humano y lo cósmico. Como señala con agudeza Raúl Zibechi (La autocrítica zapatista), el encuentro representa una valiosa novedad en las izquierdas latinoamericanas del último medio siglo por su capacidad de autocrítica y su persistencia a lo largo de más de tres décadas en la defensa de su territorio, sus modos de vida y aprendizaje de un modo de goberananza donde se “manda obedeciendo”.

     

     

    Luego de mi estancia en Sudáfrica este verano regresé a México con una conciencia más clara de las conexiones que existen entre las resistencias de “los de abajo”, desde los refugiados en las afueras de Pretoria y los artistas de “decolonalidad combativa” en Soweto, hasta la resistencia palestina del Sumud en Gaza, Cisjordania y todos los lugares donde el clamor para detener el genocidio del pueblo palestino surge de plaza públicas y campañas digitales.

    Movido por esta conciencia de la urgencia de seguir aprendiendo de esos movimientos sociales y tejer puentes me aprestaba a participar en el encuentro de las resistencias en el Caracol Morelia, cuando el caos generado por la tormenta que azotó la Ciudad de México hace una semana me lo impidió. Un mega estanque urbano -creado por la cantidad de lluvia que cayó con una fuerza que desde hace 73 años no se conocía, acrecentado por la basura acumulada en las calles por una ciudadanía indolente que obstruyó el drenaje urbano, empeorado por una pésima política hidráulica de gobiernos en tiempos modernos de crecimiento caótico de la antigua Tenochtitlan- paralizó la vida de millones de personas. A mí me tocó quedar varado por horas en el aeropuerto, sin poder llegar al sureste mexicano debido al caos que duró hasta los siguientes días.

    Así que tuve que conformarme con asistir de manera virtual al evento, gracias a las transmisiones en línea que hacían los organizadores (Transmisión en vivo desde el Encuentro de Resistencias y Rebeldías “Algunas Partes del Todo”) y varias organizaciones de la sociedad civil presentes en el Caracol Morelia, en las cercanías de Altamirano, de las mesas de trabajo, las obras de teatro y los conciertos. Entre las presentaciones de resistencias a la pirámide del privilegio, cabe destacar la presencia de colectivas de mujeres desmontando el patriarcado, de estudiantes creando redes de educación alternativa, de campesinos resistiendo al extractivismo y de colonos enfrentando la gentrificación, entre muchas otras iniciativas locales, regionales e “intergalácticas” de resistencia a la hidra capitalista y patriarcal.

     

     

    Sin embargo, a mi modo de ver queda pendiente en estos encuentros anti-sistémicos explorar las resistencias espirituales de esas colectivas y pueblos. Porque no basta con exponer las estrategias de resistencia a la hidra de muchas cabezas. Tampoco es suficiente organizar redes de solidaridad y apoyo entre colectivos y pueblos para desmantelar la pirámide de los privilegios. El remar contra corriente muchas veces lleva a la desolación. Por eso es preciso ir al manantial del que brota la esperanza combativa que no ceja en su imaginación creativa en medio de la catástrofe.

    ¿Qué fuerza interior y colectiva permite resistir a las personas y comunidades sobrevivientes que viven en medio de la creciente violencia sistémica? ¿Cómo experimentan un despertar frente a ese destino impuesto por la hegemonía que les mantenía subyugados y les hizo decir que había que cambiar el mundo? ¿Qué procesos de sanación personal y colectiva han ido creando para fortalecer sus resistencias? ¿Cómo se acuerpan, acompañan y cuidan mutuamente los sobrevivientes? Porque no podemos olvidar que las resistencias son modos de vida que conllevan también símbolos, rituales y fiestas, como expresiones profundas de la memoria colectiva que permiten crean una conexión con los ancestros, con la Madre Tierra y con la divinidad en tantas formas celebrada. Tal dimensión por milenios ha sido cultivada por las religiones y las espiritualidades de la humanidad, desde el chamanismo en Mongolia hasta las religiones monoteístas y su diversidad de modos de nutrir a los pueblos para vivir con dignidad y esperanza.

    Como ya mencionamos hace unas semanas aquí, con el fin de explorar esta fuente espiritual y política de las resistencias se llevará a cabo en Guadalajara el próximo mes de septiembre un encuentro llamado “Re-existe: el Espíritu conectando las periferias”. Un grupo de sesenta personas de movimientos sociales y religiosos de Asia, África, Europa y nuestra América, junto con personas de universidad y artistas ubicados en los intersticios del poder hegemónico, nos reuniremos para compartir éstas y otras preguntas, analizando la realidad que enfrentamos y nutriéndonos de los ideales ético-políticos y los saberes ancestrales. Buscaremos escuchar a personas y colectivas de sobrevivientes, por medio de la palabra, rituales y talleres, para “corazonar” lo aprendido, coronando cada jornada con un performance urbano que atará los cabos sueltos para reconocer a la Ruah divina que vivifica a los pueblos.

    En cada barrio y ciudad, en cada red de personas y comunidades ha despertado la urgencia de hacer algo concreto para desmantelar la violencia sistémica que nos aqueja. Ahí podemos abrir la imaginación, el corazón y le inteligencia con la finalidad de proponer proyectos de colaboración. Huertos comunitarios, comedores populares, grupos de meditación, performances en plazas públicas, aulas interactivas, proyectos de investigación en diálogo de saberes y tantas otras maneras de tejer redes de cuidado común florecen hoy en las grietas de los muros del sistema-mundo del privilegio y la avaricia.

    Las tormentas que crean inundaciones y caos ecológico en la urbe representan el mundo que se derrumba. El agua que baja de las montañas para regar la tierra, en cambio, es como la red de cuidados que tejen los sobrevivientes de ayer y hoy. Escuchemos a quienes dicen “somos la tierra creciendo la autonomía” como lo cuenta el mural del Caracol de Oventic que acompaña estas líneas.

    Confiemos en nuestra capacidad imaginativa para navegar las aguas vivas con sus ríos subterráneos que conectan a Soweto con Gaza, con el Caracol Morelia y con tantos otros lares de sobrevivencia, resistencias y re-existencias.

     

    Ciudad de México, 16 de agosto de 2025

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