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  • Cuando la verdad sí importaMarlon Puac | Tejido Decolonial | Sololá, Guatemala, 2022

    Cuando la verdad sí importa

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

    El asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, en el estado mexicano de Michoacán, el día 1° de noviembre pasado, es un ejemplo atroz de la “pedagogía del terror” cuyo objetivo, según Rita Segato, consiste en “mostrar que existen poderes que son soberanos en la impunidad más absoluta, como pedagogía del control territorial de la soberanía” (Contra-pedagogías de la crueldad). Es una estrategia que emplean las mafias criminales para inmovilizar a la población, eliminar a los políticos que no les obedecen y controlar sus territorios. El crimen se perpetró en una plaza pública en la víspera del Día de Muertos cuando la comunidad festejaba, según la tradición de las velas, el paso de las ánimas. Acompañado de su esposa Grecia y de sus dos hijos pequeños, el fundador del “Movimiento del Sombrero” fue acribillado por un muchacho menor de edad, al parecer en complicidad con otros dos sujetos, enredados en el engranaje de los carteles de drogas que están destrozando la vida de la juventud en el mundo entero con el espejismo del poder y el dinero que matan.

    Escasos cinco días después, la viuda de Carlos Manzo tomó posesión como alcaldesa de la ciudad con un discurso entrecortado de rabia, desolación e indignación que la ubica ahora en el epicentro de un movimiento telúrico que sacude a la sociedad mexicana. Grecia Quiroz en su primer discurso como alcaldesa dijo unas frases que ha quedado retumbando en mi memoria: “Hoy Carlos Manzo está más fuerte que nunca. Este legado, este Movimiento del Sombrero no lo callaron. Y no lo van a callar porque aquí sigo firme con la firme convicción que él me enseñó […] Que se escuche fuerte y claro, el legado de Carlos Manzo va a seguir. Así hayan acallado su voz. Así [a] quienes hayan dado la indicación de arrebatarle la vida de la manera más cruel, [les digo] esto seguirá, esto continuará. El Movimiento del Sombrero no parará”. Como candidato independiente su esposo venció en las elecciones pasadas al candidato del partido en el poder que luego de siete años no ha logrado pacificar al país, sino que por el contrario ha ido perdiendo más y más control sobre el territorio nacional. Y ahora Grecia toma esa bandera de la ciudadanía harta del estado fallido que sigue produciendo cada día más basurización de la vida.

    Las primeras declaraciones de la presidenta Sheinbaum fueron lamentables, además de tardías, achacando a “la derecha” las causas de la violencia en Michoacán por la guerra contra el narcotráfico emprendida en 2006, hace casi veinte años, por el entonces presidente de la república Felipe Calderón, del partido de derecha que gobernó el país por dos sexenios con resultados fatales. Pero el rumbo de México como país soberano sigue extraviado. Los siete años en que el actual partido “de izquierda” en el poder ha gobernado México representan el fracaso de la Cuarta Transformación emprendida por el caudillo López Obrador. El plan de pacificación de la presidenta llega tarde y no surge de las comunidades mismas ni atiende las causas sistémicas de esa espiral de violencia. La verdad no importa para ella ni para su partido. Lo que vale es controlar la narrativa en los medios de comunicación para seguir adelante con “el segundo piso” de la infeliz Cuarta Transformación.

    En este ambiente de zozobra nacional, la sociedad civil organizada tiene un papel urgente que cumplir para salvar al país de la debacle. Iniciativas como Reinserta para rescatar a la niñez en precariedad producida por la violencia en el país dan pistas de los proyectos por imaginar y crear en cada región del país, aunque muchos de ellos dependan de los caprichos de las empresas o gobiernos que las financian. Por lo que solamente la creatividad de colectivos, comunidades y pueblos tendrá la fuerza necesaria para persistir en esta lucha a muerte por la vida.

    Las universidades también están convocadas por la sociedad herida para conocer la trama de esa violencia sistémica que nos aqueja.  Las iglesias han comenzado a salir del letargo para ser parte de procesos de sanación colectiva con su herencia espiritual. En años recientes nació en medios eclesiales la iniciativa del Diálogo Nacional por la Paz tras el asesinato de los jesuitas de Cerocahui en la Sierra Tarahumara hace tres años, y prepara su segundo encuentro en enero del 2026 en Guadalajara. Representa un intento de la Iglesia católica romana para retomar la estafeta del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, iniciado por Javier Sicilia y las víctimas de la violencia en México en 2011 (“El movimiento por la paz es una referencia moral”: Sicilia), que fue cooptado primero por los gobiernos de Felipe Calderón del PAN y Enrique Peña Nieto del PRI, luego despreciado por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador de Morena.

    ¿Cuál es la verdad de las víctimas? ¿Cómo se escucha y se reconoce esa verdad en la narrativa de la sociedad y del gobierno en turno? ¿Qué nos dice a la ciudadanía mexicana la indignación de Grecia Quiroz en Uruapan? ¿Cómo nos interpela la monstruosidad de Víctor Manuel Ubaldo, el sicario menor de edad abatido luego del crimen cometido? ¿Cómo destruir la red de criminalidad necropolítica que hoy controla a México? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí en la corrupción del cuerpo social de nuestra patria y qué procesos colectivos podemos promover en cada lugar para salir de esta barbarie que no está llevando al abismo?

    Al mismo tiempo que miraba azorado los videos y leía las noticias sobre los trágicos sucesos en Michoacán, pude asistir al congreso “Heteronomías de la Justicia” (3er Coloquio Internacional: Justicia del Otro), organizado en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM por la querida colega Silvana Rabinovich. Las ponencias de jóvenes investigadores giraron en torno a la pregunta de cómo descolonizar el discurso y la praxis por la justicia, a partir de las conversaciones entre culturas diversas, por ejemplo, entre la filosofía judía de Herman Cohen y Emmanuel Levinas en el siglo 20 con la filosofía de la liberación de Enrique Dussel en América Latina y el Caribe; o entre el pensamiento feminista de María Isasi Díaz, autora mujerista en los Estados Unidos, y el realismo histórico de Ignacio Ellacuría en El Salvador comprometido como rector de la UCA con los pobres y la justicia en tiempos de poderío militar.

    También se abrió la conversación universitaria para pensar las conexiones y diferencias entre la filosofía de la esperanza de Ernst Bloch en Alemania durante el régimen nazi y el pensamiento de Enrique Dussel en Argentina y México en tiempos de dictadura y resistencias. Estos intercambios se dieron con ocasión del segundo aniversario del fallecimiento del gran pensador argentino-mexicano.

    Un fruto sabroso de este coloquio consistió en enfocarnos en el problema del núcleo mesiánico de la historia, donde las resistencias de los pueblos generan los cambios en la historia de opresión sembrando historias de liberación y redención ética y política, con un hontanar místico. Siguiendo las intuiciones del maestro Dussel, la ética se revela como primera política con apertura a anticipaciones mesiánicas de trascendencia. Deliberaciones todas que no estaban ajenas a la cuestión de la esperanza que surge de las víctimas en Gaza, o de las Madres Buscadoras en México, como lo recordaba una y otra vez nuestra anfitriona.

    Cerramos la jornada con el pre-estreno del documental “Dussel: la filosofía es un don para un mundo sin sentido”, de la cineasta argentina Cecilia Fiel. Durante más de hora y media el documental da cuenta del personaje, su historia de exilio, su biblioteca, sus estudiantes y su visión de la historia de la colonialidad propia de la modernidad eurocéntrica y las resistencias que la enfrentaron. Resalta la belleza narrativa de las escenas del maestro Dussel, anciano con gran lucidez, caminando por sitios emblemáticos de Mexico-Tenochtitlan, como el zócalo en el corazón de la Ciudad de México y la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, donde el pensador de la liberación nos da una cátedra, en el atardecer de su vida, sobre el papel de la filosofía para buscar el sentido de la historia.

    Esos intercambios en la UNAM me hacían pensar en otra versión de la verdad. Cuando la verdad sí importa es posible destruir las falacias que crean los poderosos, sean los gobiernos en turno, las religiones corrompidas o las mafias criminales.

    ¿Cómo podremos salir de esta espiral creciente de odio en México, en Palestina y en México? Una primera condición será volver a la importancia de la verdad. No como arma de guerra para contar la versión de los poderosos o los perpetradores, sino para escuchar a las víctimas y sobrevivientes.

    Atrevernos a conversar con los otros a fin de buscar juntos el sentido de la vida en la utopía de un “nos-otros” como germen de redención es el principio de una (im)posible esperanza.

    Porque la verdad sí importa cuando queremos sanar a la humanidad herida para que todos un día gocemos de la Vida.

    Ciudad de México, 8 de noviembre de 2025

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  • Violencia eclesiástica: una lectura girardianaIván Gardea, Linchamiento, Cuernavaca, 2020

    Violencia eclesiástica: una lectura girardiana

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

     

    Hace unos días nos enteramos de la renuncia a la rectoría de la Universidad Pontificia de México que presentó el padre Alberto Anguiano García, en el segundo año de su segundo período como rector, como protesta por “el acoso laboral y la violencia institucional” que padeció de parte de la curia vaticana y de las autoridades de esa universidad eclesiástica con escasos cuarenta años de existencia.

    Resultan reveladores los motivos argumentados por el rector que fuera removido de manera unilateral de sus funciones, acto que le llevó a su renuncia, pues denotan un problema sistémico de las instituciones eclesiásticas que actúan con frecuencia como si tuviesen un fuero propio, impermeable al fuero civil con los derechos laborales en juego, así como a la opinión pública en las sociedades modernas.

    Si bien como toda institución educativa en México la UPM está sometida a la regulación de la ley civil en lo laboral y educativo, los modos de proceder en este caso revelan una violencia sistémica que es preciso nombrar para desarticular y dar paso a otros modos de proceder, en consonancia con el Evangelio y con la libertad de las personas, más aun cuando se trata del bien común que representa la educación. De manera más apremiante aun debemos reflexionar y actuar cuando se trata de una institución religiosa destinada a comunicar los contenidos de la revelación cristiana y la tradición que de manera incesante surge de ella. Se trata, al fin y al cabo, de enfrentar la crisis de credibilidad de la Iglesia católico romana en estos días aciagos.

     

     

    Conocí al padre Alberto como estudiante de la UPM hace treinta años, cuando él cursaba el posgrado en teología en 1995, durante un curso que ofrecí sobre Emmanuel Levinas y su concepto de revelación enraizado en la tradición hebrea y en diálogo con “la filosofía que se habla en griego”. Fue el alumno más brillante de aquellas generaciones, no solamente por su alta calidad académica, sino por su capacidad teológica para actualizar el bagaje teológico de la gran tradición cristiana en medio de preguntas contemporáneas surgidas de la ciencia, el psicoanálisis y  los retos de la cultura secular.

    Ya como rector, su primer mandato iniciado en 2021 estuvo marcado por un proyecto claro de modernización de la universidad, tanto en sus programas de estudio, como en la urgente planeación estratégica para abrirse a nuevas disciplinas del mundo civil y no quedarse reducida solamente al entorno clerical. Las facultades eclesiásticas debían superar su ostracismo y entrar en diálogo con otras disciplinas civiles. Además, según el diagnóstico realizado, era imprescindible promover una eficiencia institucional que hiciera viable una institución doméstica en su visión, usos y costumbres, para hacerla interlocutora creíble en el mundo académico en el contexto académico y eclesial, tanto nacional como internacional.

    Pero las resistencias internas parecen haber creado un clima de aversión a estas reformas que, por la rivalidad típica de todo grupo protegiendo sus intereses, fue desplegando un mecanismo de expulsión contra su principal promotor. Con la finalidad de mantener la unanimidad del “todos contra uno”, procediendo como un verdadero contagio mimético, se fue gestando un típico proceso de chivo expiatorio. Se pensaba que, al ser expulsado del grupo aquel que fuera señalado como origen del mal colectivo, se llegaría a expulsar el mal de la institución, la cual volvería a recuperar su tranquilidad una vez purificada de su veneno. Como lo podemos apreciar en el grabado de Iván Gardea que acompaña esta reflexión (La Trama del Grabado), el talentoso grabador mexicano logró plasmar con maestría este mecanismo de rivalidad, contagio y linchamiento colectivo para delinear con la fuerza de sus trazos el deseo mimético que da origen a la cultura humana basada en sacrificios desde que tenemos memoria histórica como especie humana.

    Por desgracia o por fortuna, dependiendo de cómo se resuelva la crisis, sabemos que el mecanismo victimario es la mentira satánica que oculta “las cosas escondidas desde la fundación del mundo”, como decía René Girard (Cosas ocultas desde la fundación del mundo) citando al evangelio de Mateo: “Para que se cumpliera lo dicho por el profeta, cuando dijo: Abriré en parábolas mi boca; declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo” (Mateo 13: 35). Las parábolas del Reinado de Dios que Jesús contaba en Galilea evocaban los caminos para superar la violencia que anida en el corazón humano precisamente como deseo mimético que engendra rivalidad y fratricidio. Si la comunidad involucrada no desmantela internamente el mecanismo de la rivalidad y el odio, el veneno seguirá infectando sus relaciones internas y seguirá creando nuevos procesos de autoprotección, unanimidad del todos contra uno, expulsión y mentira produciendo nuevas víctimas.

    A partir de este fondo antropológico que aparece como causa sistémica de la violencia institucional padecida por el padre Alberto, lo que resulta importante ahora es subrayar la necesidad de la rendición de cuentas de las instituciones eclesiásticas, en foros internos como externos. Más adelante será necesario un proceso de sanación colectiva de la memoria, con justicia y verdad primero para las víctimas, y con rendición de cuentas de parte de los perpetradores.

    Por desgracia, dado el clericalismo predominante, como estructura sistémica que se perpetua precisamente a partir de la invisibilización de las víctimas, es preciso llevar al espacio público esta distorsión institucional de manera que puedan surgir caminos de memoria, con justicia y verdad, que restauren la escasa credibilidad de una institución universitaria fundada en 1982 para servicio de la Iglesia católico-romana en México y de la sociedad mexicana en su conjunto.

     

     

    La complicidad institucional que produjo el mecanismo de expulsión que padeció el padre Alberto es similar a otras violencias clericales en el mundo de hoy.

    Dicha violencia clerical sistémica es posible rastrearla en crisis análogas, como por ejemplo, aquella de la Iglesia católico-romana en Chile que produjo las víctimas de abusos sexuales cometidos por clérigos contra mujeres adultas y contra menores de edad desde hace medio siglo. Ellas han sido sometidas por décadas a una violencia sistémica de orden psicológico, sexual y espiritual, que ha dejado huellas en las víctimas y ha resguardado impunes a los perpetradores de esos crímenes, protegidos por lo que Rita Segato (La guerra contra las mujeres) llamó “el pacto de masculinidad”. Se habla de reparación, pero revictimizando a las víctimas y sin cambios sustanciales en la vida institucional como la escuela, las congregaciones religiosas, las parroquias y las diócesis.

    Una brillante tesis doctoral en curso sobre este tema, preparada por Soledad del Villar Tagle (Abusos en la Iglesia. Concilium. Revista Internacional de Teología, (402)), documentará con testimonios contundentes y un análisis interdisciplinario riguroso, este abuso de poder clerical que requiere, por supuesto, una justicia reparativa para las víctimas y sobrevivientes, junto con una nueva teología de la Iglesia. Esta teología feminista desde las mujeres sobrevivientes a los abusos sexuales y espirituales de clérigos dará luz para promover los cambios necesarios a fin de superar esta violencia sistémica propia del patriarcado, en su versión de clericalismo, como una expresión religiosa de la guerra contra las mujeres.

    La teología feminista que surge de la crisis de los abusos propone una espiritualidad que brota de las heridas del cuerpo social herido de Cristo, más allá de consideraciones con aires piadosos que veneran las llagas del Crucificado, pero que invisibilizan a las víctimas de ayer y hoy, profanadas en sus cuerpos, mentes y almas por esta violencia sistémica clerical.

    La invitación del Papa Francisco para vivir un Año Santo en 2025 (Spes non confundit. Bula de convocación del jubileo ordinario del año 2025) a fin de aprender a ser peregrinos de esperanza en tiempos de desesperanza se dirige a la Iglesia católico-romana. A lo largo del año el Papa León XIV ha proseguido con esta iniciativa, en particular llamando a los jóvenes a ser parte de este camino de conversión para sembrar esperanza en el mundo de hoy.

    Pero estos llamados tendrán sentido solamente si se arraigan en la escucha atenta de las personas sobrevivientes a cualquier violencia sistémica, incluida la violencia eclesiástica, que por desgracia sigue desplegando su poder depredador como clericalismo de casta religiosa, insostenible en nuestros tiempos.

     

    Ciudad de México, a 26 de julio de 2025

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