Etiqueta: Resistencias indígenas

  • De pirámides y autonomías Sobre la geometría política de “el Común” para el año que comienzaGaudí | Sagrada Familia, Barcelona | Hiperboloide, 2025

    De pirámides y autonomías Sobre la geometría política de “el Común” para el año que comienza

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

    Las pirámides de arriba y de abajo

    Hace unos días Cideci-Unitierra fue el epicentro de el semillero De pirámides, de historias, de amores y, claro, desamores, dedicado a conversar, a mi parecer, sobre el antiguo tema de la libido dominandi o el afán de dominio que anida en el corazón humano desde que tenemos noticia de la historia de los pueblos. Aunque en realidad las reflexiones giraron en torno a la historia reciente de los pueblos mayenses de los Altos de Chiapas que hace ya cuatro décadas decidieron decir basta al poderío de caciques, terratenientes y mal gobierno mestizo que les impuso su dominio en tiempos modernos.

    Con ocasión del 32° aniversario del levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, los más de mil trescientos participantes en diversos momentos -primero en el caracol Jacinto Canek, ubicado en un barrio popular de la zona norte de la ciudad de Jobel, y más tarde en el caracol de Oventik- se dieron cita para escuchar a personas de confianza del movimiento de las rebeldías disertando sobre al afán de poder que se opone a “el común” construyendo pirámides de privilegio y dominio. Los conversatorios se enforcaron, por ejemplo, en analizar con Bárbara Zamora las estrategias jurídicas del estado mexicano para consolidar la propiedad privada de la tierra, despojando a los pueblos originarios de sus territorios con argucias jurídicas, incluidas las mega obras de la Cuarta Transformación.

    Pero también se habló con valentía de las pequeñas y grandes pirámides de poder que construyeron los movimientos revolucionarios de izquierda de la segunda mitad del siglo XX a la fecha para proteger sus privilegios una vez que conquistaron el poder político. La persistencia de las pirámides del poder de gobiernos y administraciones de los estados modernos parece ser una constante que se despliega a escalas diferentes en modelos políticos de derecha o de izquierda, siempre a merced de las tiranías en turno.

    La autocrítica que el Ezln ha mostrado sobre sus propias prácticas de control y toma de decisiones es, a juicio de Raúl Zibechi, algo inédito en las izquierdas modernas. En una presentación apasionante dedicada a rastrear los usos y abusos del poder en las izquierdas latinoamericanas que conquistaron el poder político -en especial en Nicaragua, El Salvador y Bolivia- el sociólogo uruguayo que ha caminado con movimientos guerrilleros primero y sociales posteriormente a lo largo de medio siglo lanzó una pregunta crucial a las y los compañeros zapatistas, así como a quienes estamos atentos al rumbo que nos abren: ¿son necesarias e inevitables las pirámides del poder? ¿cuáles son sus límites de organización y de tiempos para evitar que se conviertan en nuevos cacicazgos y tiranías?

    Entre vanguardias y retaguardias

    Me sorprendió que en este semillero no se haya enfatizado el pensamiento crítico que desde hace medio siglo ya nos había alertado sobre los riesgos de la revolución de las izquierdas convertidas en nuevas tiranías. En concreto, el pensamiento decolonial desde hace años ha venido proponiendo la necesidad inaplazable de superar el complejo de las vanguardias típicas de las izquierdas del siglo pasado que se extraviaron en la veleidad de hablar en nombre de las masas. El corset marxista de la lucha de clases con sus intelectuales orgánicos, sobre todo en su versión de revolución proletaria para derrocar al estado burgués, ha quedado cuestionado y rebasado por las voces y la praxis de los subalternos que no necesitan ya que una casta de privilegiados hable en su nombre. Los pueblos originarios, las colectivas de mujeres y las comunidades de diversidad sexual, entre otras subjetividades en resistencia, construyen su propio pensamiento con sus modos de vida y organización a partir del mutuo cuidado con fuerza ética, política y espiritual. Hoy es ya imposible negar sus saberes y sus modos de organización comunal desde los cuales han resistido por siglos a formas diversas de opresión.

    Es preciso desmantelar esa voluntad de dominio en todos los frentes donde se manifiesta construyendo pirámides arriba y abajo. Se trata de ir “a la retaguardia de los movimientos sociales”, decía Boaventura de Sousa Santos, para aprender de ellos como expertos en las resistencias que han enfrentados por siglos, en especial los pueblos originarios. Los feminismos comunitarios como el de Lorena Cabnal en Guatemala surgen como una voz crítica de los protagonismos de la academia extractivista hecha por mujeres blancas, urbanas y privilegiadas. Esos feminismos se vinculan como instancia de reflexión crítica al lado de las colectivas de mujeres enfrentando el patriarcado, abriendo ahora sus redes de cuidado y de pensamiento a las madres de personas desaparecidas buscando a sus seres queridos, así como a las mujeres de los pueblos originarios en resistencia.

    Me extrañó que el semillero “De pirámides, de historias, de amores y, claro, desamores” no pusiera en el centro estas voces que desde hace décadas claman por otros modos de horizontalidad del poder.

    El desplazamiento inevitable: de las pirámides de las autonomías a la dimensión hiperbólica de las heteronomías

    Un cambio significativo en la percepción la construcción de “el común” que el comandante Moisés puso sobre la mesa fue el de los cambios generacionales que experimentan las bases zapatistas en sus juventudes.

    La tríada insurgente-miliciano-base zapatista que dio forma al movimiento zapatista hace cuatro décadas ya no da cuenta de otras formas de pertenencia que plantean las generaciones nacidas en los caracoles de las autonomías. Ahora las subjetividades zapatistas jóvenes descubren en las artes, la salud y las comunicaciones, entre otros campos, modos nuevos de construir resistencias y rebeldías de la digna rabia. Radiólogas, teatreros, dentistas o documentalistas participan ya de manera activa como voces de resistencia en los territorios autónomos, hoy cercados ya no por el ejército federal sino por otros modos de vida que ofrecen el gobierno y las mafias criminales, cada uno a su modo, para conquistar y comprar la atención de las juventudes indígenas, entre ellas las zapatistas.

    La narrativa de las autonomías tuvo una importancia capital a la hora de enfrentar la hidra capitalista hace treinta y dos años para subrayar la estrategia de las resistencias, creando otros procesos de cuidado de la vida como el comer, aprender y habitar, siguiendo la narrativa de “los verbos revolucionarios” de Gustavo Esteva. Pero las pirámides de abajo que detecta el zapatismo hoy requieren un cambio radical de narrativa.

    En este mismo horizonte, el pensamiento crítico transita hoy a las heteronomías, como la propuesta de Silvana Rabinovich enraizada en la filosofía hebrea de Emmanuel Levinas en fecundo diálogo con Enrique Dussel. Se trata de pensar “el común” en su génesis, desde la asimetría de relaciones intersubjetivas, es decir, desde la diferencia de cada subjetividad y colectivo. No para negar las autonomías sino para explicar sus condiciones de posibilidad. Es una apuesta para prevenir el dominio de las pirámides del poder a fin de dar paso a las relaciones de diversidad donde persiste un excedente de la diferencia que mantiene la vida.

    Se trata de un concepto filosófico que tiene cierta relación con la teoría científica de la bariogénesis que la física de partículas con la teoría del Big Bang proponen para explicar el origen asimétrico del universo entre materia y antimateria. Una de las figuras espaciales de este fenómeno cosmológico primordial sería hiperboloide, como una silla de montar, donde prevalece la asimetría del universo en expansión.

    En su sentido filosófico la heteronomía es la ética de la alteridad. El rostro del otro es fuente de la ética heterónoma, es decir, un modo de ser que tiene su nomos o ley en el otro, en especial, el otro vulnerable. Esta relación de apertura a la alteridad trae consigo un principio crítico para las relaciones de poder donde el sujeto “autónomo”, individual o colectivo, queda descentrado y se abre la posibilidad de “el común” como fuente de “lo político” gracias al reconocimiento de esa alteridad que es clamor o caricia.

    La teología cristiana ha abrevado desde antiguo su sed de misterio en una comunión divina amorosa de la divinidad triuna. Comunidad en la diferencia es el oxímoron (o aparente contrasentido) de la fe en un mesías niño que desafiará a las pirámides de su tiempo, la del imperio romano como la de la religión sacrificial del Templo de Jerusalén. Tal vez no fue por casualidad que Gaudí diseñó la basílica de la Sagrada Familia en Barcelona, su obra emblemática, siguiendo la forma hiperboloide de la asimetría en movimiento, generando un potente espacio sagrado que nos hace entrar a la comunión en la diversidad.

    Quizás las nuevas subjetividades zapatistas, hijas de las autonomías, se abran ahora al horizonte de la afirmación de las diferencias que nos unen en la común responsabilidad de crear esos mundos otros, donde quepan otros mundos. Un espacio alternativo con pirámides menores y provisionales, pero con mundos hiperbólicos que preserven y potencien “el común” en la diferencia de modos de vida. Esas juventudes irán creando también sus propias espiritualidades para simbolizar y celebrar la fuente de “el común” que atiza el fuego de la rebeldía y la digna rabia.

    Muchas otras subjetividades en resistencia nos abren así caminos de esperanza a partir de su lucha por “el común” que incluya lo diverso como ruta a transitar en el año que comienza.

    Los Altos de Chiapas, 3 de enero de 2026

    Nota: ¿Qué piensas de las autonomías y las heteronomías por construir en nuestro tiempo?

  • Noticias de WallmapuGabriel Pozo Menares | Calendario Mapuche | Wallmapu, 2011

    Noticias de Wallmapu

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    p

    La luz del atardecer llega a Tirúa, en tierras mapuche, mientras Carlos, mi anfitrión jesuita que ha estado aquí más de quince años (HistoriActiva comunidad jesuita de Tirúa), conduce por el camino de terracería para visitar a sus amigos que le han abierto las puertas de su casa para compartir la vida en el territorio desde hace años. Llegamos y nos recibe la hija mayor junto con sus gatos y perros. Interrumpe por un momento las tareas que prepara en su último semestre de preparatoria, ya que luego de graduarse planea inscribirse en la universidad para estudiar pedagogía. La vida transcurre de manera simple entre las familia que aquí habitan. El papá pasó el día cultivando papas y después dedicó la tarde a poner el piso de un cuarto nuevo de la casa. Nos ofrecen mate como ritual para acompañar la conversación. Antes de irnos los amigos intercambian comida para las aves y hacen planes para reciclar una vieja puerta de madera que será instalada en un centro de eco-espiritualidad en ciernes.

    Wallmapu (Declaración Departamento de Historia sobre el término Wallmapu) es el término que hace referencia a las tierras ancestrales del pueblo mapuche (El Mundo Indígena 2025: Chile). Hoy son dominadas por la industria forestal que contaminó el territorio con especies invasoras como el eucalipto y el pino para producir celulosa a escala masiva para exportarla al mercado mundial del embalaje.

    El pueblo mapuche hoy está dividido entre la frenética integración al mundo moderno del consumo por un lado y, por otro, la defensa del territorio, la lengua y la medicina tradicional con el liderazgo de las mujeres Machi, sanadoras y ancestras espirituales.

    De ambos lados de la cordillera, dividido entre Chile y Argentina, el pueblo mapuche lucha por su sobrevivencia territorial y cultural, ante la avasalladora inercia del mundo moderno (Chile: La resistencia al modelo forestal en el Wallmapu, territorio Mapuche). Para las comunidades asimiladas al modelo moderno de hoy parece mejor comer comida procesada que algas y mariscos como hacían los antiguos; o bien, tomar Coca Cola en lugar de infusiones de hierbas porque da mayor estatus; prefieren ser cristianos evangélicos o católico-romanos que seguir la espiritualidad y la lengua de los ancestros. Al fin y al cabo se trata de un asunto de « integración » al mundo moderno, aunque sea al precio de la asimilación cultural y la depredación ambiental que, en su trasfondo simbólico, es violencia contra los ancestros y contra la madre Tierra.

    Redes de la sociedad civil tales como “Iglesias y Minería”, o las iniciativas de diálogo intercultural sobre astronomía ancestral y moderna que impulsan algunas universidades de la región, son intentos modestos para acompañar a un pueblo desgarrado por las contradicciones internas entre modernidad y tradición.

    Quizás la eco-espiritualidad esté siendo una « articulación », entre otras de corte más social y político, que permita esos cruces. Carlos me contaba la anécdota de una abuela que, asistiendo a un taller de medicina tradicional y eco-espiritualidad, decía no entender nada de los cruces de los tres cuerpos (personal, comunitario y territorial) que presentaba el taller, porque ella se había quedado pensando durante todo el encuentro sobre lo que significaba esa palabra rara que estaba escrita en la invitación : « articulación ». Un término que la abuela tuvo rondando en su cabeza todo el tiempo hasta que por fin intuyó que seguramente hacía referencia a las articulaciones de los huesos, cuando sentía en su cuerpo que algo estaba descuadrado, le impedía la movilidad y provocaba dolor. De modo que ella concluyó que el taller era  un camino para curar sus articulaciones. ¡Y en el fondo ese era el objetivo del taller! Aquella abuela lo había seguido a su modo propio, aunque estuviera ausente del resto de las charlas.

    p

    p

    Antes de llegar a tierras mapuches pude conversar con personas de universidad en dos foros en Santiago de Chile. El primero sobre la obra de Gustavo Gutiérrez, uno de los padres de la teología de la liberación, con ocasión del primer aniversario de su fallecimiento (Congreso Internacional Gustavo Gutiérrez). En un formato académico tradicional con conferencias magistrales y ponencias, a lo largo de un par de días fue emergiendo una conciencia más clara entre los asistentes sobre la importancia del estilo latinoamericano para hablar de Dios, íntimamente conectado con la experiencia de los pobres y oprimidos. Una sabiduría que ya forma parte de la manera como algunas comunidades cristianas católico-romanas y protestantes comprenden su fe en un Dios liberador y promueven el papel transformador de las víctimas en sus propios procesos de liberación para dejar atrás tierras de esclavitud y emprender caminos de vida nueva.

    Pero también comenzamos a ver, no sin la sorpresa de algunos asistentes, que es preciso abrir el corazón y la mirada a otras exclusiones, como aquellas que viven las mujeres, las personas queer/cuir, los migrantes indocumentados, los familiares de personas desaparecidas, los pueblos afrodiaspóricos y los pueblos originarios, por mencionar a quienes representan las resistencias de hoy a la violencia que nos aqueja de muchos modos, teniendo en el corazón hoy al pueblo palestino enfrentando el genocidio perpetrado por el gobierno israelí y sus cómplices.

    Durante el coloquio surgieron algunas iniciativas para mantener viva la memoria de la obra del gran teólogo peruano, a través del trabajo de los archivos que resguardan las grabaciones de los cursos de verano que Gutiérrez ofreció en Lima por varios años, un valioso material que mostrará otro ángulo del pensamiento del autor. Asimismo, algunos nos propusimos investigar las relaciones del pensamiento de Gustavo con la obra de Aníbal Quijano, compatriota suyo, quien representa una de las fuentes de mayor importancia en el pensamiento decolonial de nuestros días, junto con Frantz Fanon. La confluencia de ambos pensamientos, junto con la teología de la liberación negra, feminista, queer/cuir y palestina, nos dará un marco teórico más pertinente para comprender la interseccionalidad de las violencias y de las resistencias en curso a fin de crear otros modos de vida, gobernanza y espiritualidad que animen a comunidades ubicadas en las fracturas de la humanidad.

    p

    p

    El otro encuentro, realizado con colegas de la Sociedad Chilena de Teología (UCSC fue sede de Jornada Anual de la Sociedad Chilena de Teología), fue la ocasión para pensar juntos los posibles caminos de la esperanza de las comunidades que enfrentan la violencia sistémica.

    Mi contribución en esa jornada anual puso en la mesa la cuestión de pensar la esperanza con un talante de « decolonialidad combativa », como la digna rabia que practican las comunidades zapatistas, o la indignación de las mujeres que enfrentan un abuso sexual o espiritual en sus respectivas religiones. Porque se trata, desde mi punto de vista, de desmantelar una visión de la esperanza como huida del mundo a la espera de una consolación en el más allá de la vida eterna.

    Más bien se trata de descubrir y fortalecer la esperanza que « insurge » en las fracturas de la humanidad. Ahí donde las personas sobrevivientes reman a contracorriente de la historia de  la opresión y el privilegio, habitando el mundo con prácticas de cuidado mutuo, en la pedagogía del acuerpamiento y la sanación colectiva con memoria, verdad y justicia, como lo exploramos en el pasado encuentro Re-existe 2025.

    p

    p

    El cielo de Wallmapu, con la luna creciente brillando con intensidad, es hoy una metáfora viva de la esperanza que nos arropa cuando escuchamos los latidos de las tierras y los astros del Sur.

    p

    Tirúa, 25 de octubre de 2025

Spanish