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  • El cuerpo del mesías: entre incertidumbre y alertaExocé Kasongo, Last Punk, impresión bajo demanda, 2021

    El cuerpo del mesías: entre incertidumbre y alerta

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

     

    Una emoción colectiva de pánico recorre a la humanidad por los cuatro puntos cardinales en el tiempo presente debido a la guerra en Medio Oriente desatada por Israel y Hamas que se extiende ahora desde Líbano y Siria hasta la antigua tierra de Irán. Un fuego que es atizado por la ambición sin medida de los Estados Unidos como nueva fase del imperialismo moderno, con sus lacayos en diversas partes del mundo. Las protestas de días recientes con el lema #No King en ese país abrieron solamente una pequeña grieta en el muro de la supremacía blanca y occidental capitalista que, como nos recordaban los zapatistas desde hace una década (El Pensamiento Crítico frente a la Hidra Capitalista I) es como una hidra de muchas cabezas que se reproduce con más fuerza cada vez que se corta una de ellas.

    La devastación de Gaza prosigue a la vista de todos en tiempo real, mientras los medios digitales reproducen con virulencia escenas de edificios en flamas en Teherán y de una masa humana desesperada de israelíes intentando entrar a los refugios antiaéreos en Tel Aviv.

    Ya desde 2007 René Girard (Clausewitz en los extremos: Política, guerra y apocalipsis) había visto venir esa “escalada a los extremos” con aguda mirada apocalíptica, analizando la lógica de la guerra como solución final de eliminación del rival, a partir del Tratado sobre la Guerra de un general prusiano llamado Clausewitz. Esta catástrofe anunciada la interpretó Girard afirmando que la sociedad moderna se había convertido en la civilización que olvidó la invitación de Cristo a desmantelar “la mentira de Satán”. Un camino de violencia mimética que consiste en creer que sacrificando a unos pocos la mayoría será preservada de la destrucción. Esa “ruta antigua de los hombres perversos” como dice el libro de Job (22: 15-16) comentado por Girard es falsa porque, a pesar de los chivos expiatorios, el mal sigue anidando en el corazón humano marcado por la rivalidad, el contagio y el sacrificio del otro que seguirá produciendo nuevas víctimas hasta que “las personas justas de la historia” detengan esa espiral violenta en sus propios cuerpos, como evoca san Pablo en su carta a los Efesios (2:14) al hablar de Cristo en la cruz.

    Tal proceso victimario es llevado a cabo hoy por los Estados perpetradores de la guerra. Lo vemos extenderse en Rusia, Estados Unidos, Israel, El Salvador y tantos otros países donde élites que gobiernan con el cinismo de las minorías del privilegio están dispuestas a sacrificar a “los desechables” en aras de la supuesta seguridad nacional, la economía de la prosperidad, la paz regional o el “mundo libre”.

    El miedo al estallido de una guerra nuclear nos paraliza. Ya vimos sus efectos devastadores hace ochenta años en Hiroshima y Nagasaki, cuando la energía atómica fue usada como arma de guerra por los Estados Unidos que desde entonces controlan la política exterior mundial, con la complicidad de la OTAN y otros Estados que deciden quién puede o no desarrollar dicha tecnología. Se trata de una nueva forma de poder soberano que se impone como geopolítica de disuasión y control del planeta. También conocemos los riesgos ecológicos devastadores de los accidentes nucleares después de las catástrofes de Chernóbil en Ucrania en 1986 y Fukushima en Japón en 2011, cuyas víctimas humanas y de miles de especies animales y vegetales, siguen siendo afectadas por los efectos devastadores de esa minúscula fuerza atómica fuera de control.

    Y, sin embargo, no hay que olvidar que esas mismas víctimas han luchado para devenir sobrevivientes que recuperan su propia dignidad y fuerza histórica en medio del horror. Jean-Pierre Dupuy nos recordaba desde el año 2002 en su libro Por un catastrofismo ilustrado  y otros que le siguieron la importancia de aprender de las víctimas del abuso de la energía nuclear sus modos de resistir.

    Es preciso subvertir la lógica de los poderosos que atrapan nuestra imaginación con su avidez de posesión. Escuchando a quienes enfrentan en sus propios cuerpos y territorios el mal, gracias a su indignación y creatividad, podremos pasar del pánico y la incertidumbre al estado de alerta que nos permita cambiar aquí y ahora esa lógica de muerte en procesos de vida y cuidado mutuo. Nos corresponde a nosotros hacernos cargo de nuestras historias de vida, enraizados en el lugar propio de nuestras comunidades y pueblos, como decía Jean Robert desde Cuernavaca para habitar el lugar a partir de la proporción del caminante (Pensar caminando).

    La paz “desde abajo” y desde el reverso de la historia de los poderosos es la que sí podemos nosotros construir día a día. Lo han hecho las madres buscadoras en Argentina y México desde hace décadas. Lo hacen los pueblos originarios desde sus saberes y formas de organización comunal. Lo imaginan y crean las mujeres en sus redes de cuidados enfrentando el patriarcado durante milenios. Lo construyen a contracorriente las colectivas queer que enfrentan las fobias diversas de ayer y hoy.

    *

    Escribo estas líneas en Durban, en África del Sur, en la costa del Océano Índico, durante una pausa del taller sobre “Esperanza y Sanación” compartido con líderes religiosos y espirituales de la región. Uno de ellos nos contaba ayer su preocupación por las tareas pendientes en este país, luego de dos décadas de refundación nacional tras la supresión del Apartheid en 1994. El liderazgo ético del pueblo sudafricano sigue dándonos buenos frutos, tales como la denuncia que presentó el Estado Sudafricano en la Corte Suprema Internacional de La Haya por el genocidio palestino que lleva a cabo el Estado de Israel. Sin embargo, al interior del país hay graves asuntos pendientes, tales como la reforma agraria que redistribuya la tierra que aún es propiedad de los Afrikáners en el 60% del territorio. En los grupos de trabajo se contaron historias de la juventud sudafricana cegada por el mundo digital y sus avatares, envolviendo la imaginación de un pueblo con falsas ilusiones que le inhabilitan para enfrentar nuevos retos. Desafíos como el rechazo a la migración de la población proveniente de países vecinos como Zimbabue, Mozambique y Lesoto, por la hambruna o guerra que padecen, la corrupción sucesiva de gobiernos y la falta de rendición de cuentas de autoridades de todos los niveles. Buscando juntos criterios para enfrentar esta crisis de incertidumbre, hemos encontrado que las espiritualidades de la humanidad, como la tradición de curandería africana y las iglesias de diversa denominación cercanas al pueblo en las periferias, con su riqueza admirable de modos de vida, prácticas de meditación y sanación, representan formas subversivas de comunidad frente al monopolio religioso en todas las tradiciones. Esas espiritualidades son un oasis para el pueblo que habita “la región del no-ser” evocada por Frantz Fanon (Los Condenados de la tierra).

    Pero esas espiritualidades necesitan ser recuperadas en su fuerza interior de rebeldía ante el mal y de gestación de otros modos de vida. Hoy más que nunca es preciso desmantelar el poder de las ideologías religiosas que hacen de las espiritualidades instrumentos de manipulación de conciencias, cuerpos y territorios.

    La humanidad está llamada hoy a pasar del pánico y la incertidumbre al estado de alerta, es decir, a la imaginación creadora que moviliza las fuerzas de cada persona y comunidad, tejiendo vínculos de vida en medio de la muerte. En la tradición cristiana hoy se celebra Corpus Christi, el cuerpo del Mesías. No se trata de una mitología religiosa que sacraliza objetos, sino de la memoria viva de la humanidad y el cosmos como cuerpo mesiánico herido de muerte que lucha por la vida. En varios países surgen iniciativas de gobiernos e iglesias para promover la paz. En México el “Diálogo Nacional por la Paz” que promueven este fin de semana varias organizaciones católicas es un reflejo de este clamor.

    Pero no hay que olvidar que el llamado a la paz que surge en este contexto de guerra inminente en Medio Oriente y en cada región del planeta será una “llamarada de petate” si ese fuego no es atizado en el interior de cada uno de nuestros cuerpos y comunidades con prácticas de autocuidado, de meditación y mutuo acompañamiento, de nuevos modos de gobernanza y de justicia transicional que detengan la espiral del odio que campea por el mundo.

    Así podremos transitar de la incertidumbre a la vigilancia crítica y esperanzada como humanidad que, junto con toda la creación, resiste y re-existe para devenir cuerpo vivo del mesías.

     

    Durban, Sudáfrica

    21 de junio de 2025

  • Muerte y resurrección del pueblo palestinoPeace in Times of War | Mouneb Taim | 2019

    Muerte y resurrección del pueblo palestino

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

     

    Desde noviembre de 2023, tras el ataque terrorista de Hamas que asesinó a 1,159 ciudadanos israelíes y llevó a cautiverio a 251 personas más, se desató una nueva fase del exterminio del pueblo palestino iniciado décadas atrás.

    Vislumbrando los tiempos inciertos que se avecinaban, el teólogo luterano palestino Mitri Raheb convocó a un grupo de medio centenar de colegas de todo el mundo para formar una red llamada “Teología después de Gaza”. Nos invitaba a pensar juntos cómo enfrentar el genocidio del pueblo palestino iniciado con la Nakba o Catástrofe en 1948, que está llegando a su fase final con el actual exterminio en Gaza y Cisjordania.

    Desde entonces, nos hemos reunido en numerosas ocasiones, de manera presencial o virtual, para organizar proyectos de investigación con la finalidad de visibilizar en nuestros círculos académicos, religiosos y de sociedad civil alrededor del mundo la causa del pueblo palestino, sin olvidar las otras violencias, como en el Congo, Sudán del Sur y Ucrania, ni a las víctimas del terrorismo en el mundo y del necropoder de las mafias criminales, como es el caso de México, Brasil y Colombia.

    Gracias a esta iniciativa del rector de la Universidad Dar-Al-Kalima, con sede en Belén en Palestina, fuimos sembrando semillas de resistencia social e intelectual en universidades de Asia, Estados Unidos, Medio Oriente, América Latina y el Caribe, por medio de programas de investigación sobre la cultura del pueblo palestino y de otros pueblos en resistencia. Una fuente principal para nuestro trabajo es la sabiduría ancestral palestina del Sumud, o firmeza con perseverancia constante para enfrentar el mal. Se trata de una resistencia de larga duración, donde el vínculo con la tierra, el mutuo cuidado y las artes como guardianas de la memoria han jugado un papel preponderante para mantener viva la dignidad del pueblo palestino en medio de los bombardeos del ejército israelí en Gaza y el control de sus territorios por los insaciables colonos israelíes en Cisjordania.

    Las artes han sido parte esencial de la resistencia de los pueblos a lo largo de la historia. Así nos lo han recordado hace unos días las juventudes zapatistas con el festival “(Rebel y Revel) Arte. Encuentro de arte, rebeldía y resistencia hacia el día después”, en los Caracoles de Jacinto Canek y de Oventik, y en el Cideci de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas. Una iniciativa similar, con un tono más académico, será el congreso Decolonizing Power: Rethinking the Politics of Art and Religion que, si es posible en el contexto de la política migratoria actual contra intelectuales extranjeros en los Estados Unidos, organiza la Universidad Dar-Al-Kalima en Boston en noviembre próximo, vinculado a la convención anual de la Sociedad Estadunidense de Religión (AAR por sus siglas en inglés) para congregar a más de setenta ponentes de pensamiento decolonial en torno al tema de las artes como medio esencial para fortalecer la imaginación de los pueblos en resistencia al neocolonialismo actual que se expande por todo el planeta.

    Pero hoy es urgente recordar que la fuerza destructora de la hidra capitalista no amaina, sino que amenaza con nuevas cabezas que devoran todo a su paso. Ahora despliega una estrategia de miedo para controlar la libertad de expresión, como sucede actualmente en los Estados Unidos con la criminalización del pensamiento de los derechos humanos, el derecho internacional y los procesos de paz. Dicha estrategia ha llevado a la cancelación de programas de investigación, así como al acoso, la detención y la deportación de estudiantes de posgrado y profesores extranjeros, acusados de antisemitismo y de ser amenaza a la seguridad nacional, por sus actividades académicas y sociales en favor del cese al fuego en Gaza.

    Sin embargo, esto es solamente el comienzo de una estrategia más amplia que busca desmantelar el pensamiento crítico en las universidades estadunidenses como parte de un plan maestro del nuevo imperialismo blanco, de capitalismo extractivista controlado por el 1% del 1%, con un sesgo de masculinidad tóxica que refuerza el patriarcado milenario, y con una ideología que corrompe el cristianismo al justificar proyectos de colonialismo racista en el mundo como expresión de un mesianismo político populista.

    En semanas recientes los bombardeos israelíes contra Gaza continúan asesinando a la población civil, especialmente a la niñez palestina. Mientras tanto, la expansión de los asentamientos israelíes en tierras palestina de Cisjordania crece, con la indiferencia de la sociedad internacional. Los lugares sagrados de musulmanes y cristianos están siendo cerrados como lugares de culto por autoridades israelíes en las fechas más importantes del calendario religioso de ambas tradiciones.

    Comencé a escribir estas líneas en Sábado Santo, cuando la comunidad cristiana conmemora el silencio de Dios, luego de la ejecución pública en la cruz de Jesús, el Galileo, acusado de ser un criminal por el Imperio romano y un blasfemo por las autoridades del Templo de Jerusalén. Ese silencio del sepulcro del crucificado es compartido hoy por el pueblo palestino y por tantas otras víctimas ejecutadas en aras del necropoder. Tiempo de silencio que presagia un mundo nuevo por nacer. Pero ese día no llegará pronto pues la noche es larga. Hoy, en el silencio de las ruinas de Gaza, como de los campos de exterminio en México, el murmullo de los sobrevivientes que resisten es el reducto de humanidad que podrá salvarnos a todos. ¿Lo escuchamos?

    Cuarenta días de silencio y duelo esperanzado, representado en ese calendario simbólico religioso cristiano con raíces hebreas como tiempo de paso o pascua, dan cabida a un tiempo de rescate de los inocentes en la Merkaba o carro de fuego que simboliza la compasión divina y humana que dignifica a las personas justas de la historia, como Elías y el Galileo.

    Es el potente trasfondo simbólico de la ascensión de Jesús a los cielos que las comunidades cristianas celebramos estos días. No se trata solamente de un mito del pasado para una comunidad en duelo por su Rabí asesinado. El carro de fuego divino es un modo de expresar que toda criatura del cosmos, en especial los inocentes victimados por el necropoder, viven en la esfera divina y humana de la compasión amorosa.

    Sea la ocasión para confiar en este movimiento humano-divino que rescata y dignifica al pueblo palestino y a los inocentes de la historia, rostros desfigurados de nuestra humanidad, pero presencia que es “como astilla que duele” y que nos llama a vivir la compasión radical para detener la espiral de odio que hoy recorre el planeta.

     

    Ciudad de México y Rio de Janeiro

    1 de junio de 2025.

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