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  • De mundos alternos que se tocan Conmemorando el primer centenario del nacimiento de Ivan IllichStreet Art | Elogio de la bicicleta | Buenos Aires, 2015

    De mundos alternos que se tocan Conmemorando el primer centenario del nacimiento de Ivan Illich

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

    Entre la Europa de la posguerra y la América Latina y caribeña del espejismo moderno hubo flujos de vida y pensamiento que iban y venían entre ambos litorales del Atlántico. Lo que antes fuera la frontera de conquista, colonización y evangelización —con las creaciones criollas y mestizas que reinventaron Occidente durante el periodo colonial— se convirtió en tiempos modernos en un océano de susurros de mundos nuevos, navegando a contracorriente del progreso y de la industrialización.

    La década de los años sesenta del siglo pasado vio surgir en Cuernavaca, México, un río de pensamiento yendo “al norte del futuro”, como Ivan Illich gustaba enunciar el porvenir llegando a nosotros aquí y ahora, citando el poema de Paul Celan, ese autor hebreo rumano que tanto le fascinaba:

    En los ríos, al norte del futuro,
    tiendo la red que tú
    titubeante cargas
    de escritura de piedras,
    sombras.

    En mi mano el otoño come su hoja: somos amigos.
    Extraemos el tiempo de las nueces y le enseñamos a caminar:
    regresa el tiempo a la nuez.

    En el espejo es domingo,
    en el sueño se duerme,
    la boca dice la verdad.

    Mi ojo asciende al sexo de la amada:
    nos miramos,
    nos decimos palabras oscuras,
    nos amamos como se aman amapola y memoria,
    nos dormimos como el vino en los cuencos,
    como el mar en el rayo sangriento de la luna.

    Nos mantenemos abrazados en la ventana, nos ven desde la calle:
    tiempo es de que se sepa,
    tiempo es de que la piedra pueda florecer,
    de que en la inquietud palpite un corazón.
    Tiempo es de que sea tiempo.

    Es tiempo.

    La investigadora austriaca Isabella Bruckner, joven profesora en el Ateneo de San Anselmo de los benedictinos en Roma, que ahora se traslada a Friburgo de Brisgovia, organizó un coloquio europeo para profundizar en el legado teológico de Ivan Illich, rastreando la genealogía de sus intuiciones más profundas sobre la crisis de la modernidad instrumental, surgidas de lo que él llamó la perversión del cristianismo.

    Junto con el profesor Martin Kirschner, de la Universidad Católica de Eichstätt en Baviera, fui invitado a ofrecer una ponencia conjunta, comparando la teología política que surge en algunos lugares de Alemania y México inspirada en las intuiciones e ideas de Illich. El desafío era doble porque suponía encontrar un suelo común y un lenguaje apropiado para dar cuenta de experiencias de proximidad y convivencialidad en países tan disímbolos en su cultura política: el pueblo alemán debatiéndose hoy por la complicidad de la Unión Europea como aliada de Israel y Estados Unidos en su guerra geopolítica en Medio Oriente, y el pueblo mexicano seducido por los cantos de las sirenas de la Cuarta Transformación y los alaridos de la Copa del Mundo de Futbol que silencian el drama de las personas desaparecidas y la corrupción del narcogobierno en buena parte del territorio del país.

    Cuando fui invitado a participar, sugerí a la organizadora invitar a personas que por años han caminado inspiradas por el pensamiento de Illich, en particular a Javier Sicilia, Sylvia Marcos, Roberto Ochoa y Rafael Mondragón, poco conocidos por la academia europea. Así que me di a la tarea de presentar en mi ponencia las ideas centrales de este diálogo crítico sobre lo que Humberto Beck llamó la Escuela de Cuernavaca, con el pensador hebreo y cristiano de la proximidad y la convivencialidad. Subrayé los nuevos derroteros que se presentan en México y otras partes del mundo de abajo y de las periferias de los centros de poder hegemónico, donde fluyen las resistencias como otros modos de comer, sanar y educar —según decía el añorado Gustavo Esteva hablando de los verbos revolucionarios— para promover autonomías territoriales, epistémicas y espirituales que dan sustento a comunidades y pueblos que enfrentan a la hidra de muchas cabezas que devora el mundo.

    Uno de los temas illichianos que más impactó a colegas en Alemania durante la pandemia de COVID-19 fue la crítica a la maquinaria industrial farmacéutica, promovida por los gobiernos democráticos occidentales que impusieron políticas de salud pública sin considerar la autonomía de las personas y las comunidades en la elección de los modos más adecuados para enfrentar la pandemia. Mis colegas alemanes, Martin Kirschner y Markus Riedenauer, insistieron en la vigencia de esa crítica al poder del Estado para imponer esquemas obligatorios de vacunación, sin tener en cuenta las graves objeciones científicas al uso indiscriminado de la vacuna y a los efectos que esta causó en la población.

    Otro tema recurrente en los debates de Roma fue el de las autonomías territoriales, epistémicas y culturales que surgen al colocar en el centro de la vida la proximidad del cara a cara o, en palabras de Illich, la convivencialidad como modo de existencia y el lugar que se habita con la fuerza de lo vernáculo. Tanto en Europa como en América Latina y el Caribe, esas autonomías han andado camino en décadas recientes, con la conquista de cuerpos y territorios por parte de mujeres, pueblos originarios y colectivas queer/cuir, entre otros colectivos en resistencia.

    Les sorprendió a los colegas europeos el enfoque diverso sobre las implicaciones éticas, políticas y espirituales de la obra del pensador migrante Ivan Illich. Desde su diáspora de la Iglesia clerical hasta su vuelta a los clásicos medievales como Hugo de San Víctor —pasando por su convivencialidad con comunidades puertorriqueñas en Nueva York y luego con comunidades campesinas en Cuernavaca— Illich fue testigo de esos mundos otros que se tocan. Fabio Milana, editor, junto con Giorgio Agamben, de la obra de Illich en italiano, presentó una joya de investigación de archivo de la familia Illich para contar la “vocación de Ivan”, como joven hijo de madre hebrea y padre cristiano, que cultivó desde la infancia y la juventud la pasión por el pensamiento surgido del cristianismo como acontecimiento de la encarnación del Verbo de Dios. Un núcleo que, más adelante, quedaría como rescoldo en la obra del pensador migrante hasta nuestros días, en la que ahora recuperamos esa mirada prístina de Illich sobre una iglesia sin poder.

    Quedó abierta la propuesta de proseguir la exploración del pensamiento de Illich desde sus diversas perspectivas, tanto la europea como la latinoamericana. Esperamos organizar un encuentro en Cuernavaca que anime estos diálogos y nuevos modos de vida en la convivencialidad de quienes resisten la era del sistema, recuperando el lugar y lo vernáculo como ejes de otra modernidad posible.

    Esta semana inician los talleres culturales de escritura y pintura en Sots’leb, como parte de los preparativos para la conmemoración de los 500 OP Chiapas, que se llevará a cabo el sábado 6 de junio en Zinacantán.

    He tenido la fortuna de contribuir a la organización de estos eventos a cargo de los maestros Antún Kojtom, pintor tseltal de Tenejapa, y Xun Betán, antropólogo y poeta tsotsil de Venustiano Carranza. Estos actos de memoria colectiva buscan explorar la vigencia de las culturas de los Altos de Chiapas y su encuentro con los frailes dominicos en un diálogo que comenzó hace quinientos años.

    Un mural en la explanada afuera del templo de San Lorenzo Mártir de Zinacantán plasmará escenas de la religión ancestral del pueblo tsotsil, tales como el rezo en los cerros a cargo de los Jiloletic, la bendición de las abuelas y la importancia de los cargos tradicionales como vínculo de la comunidad. Como parte de esa ancestral historia, en el centro del mural aparece una escena del encuentro imaginario entre un mayordomo tsotsil con fray Bartolomé de Las Casas, acompañado a sus espaldas por otros frailes que cuidaron el legado del Evangelio ligado a la defensa de los derechos de los pueblos, como fray Matías de Córdoba contribuyendo a la independencia de Chiapas y, en tiempos recientes, fray Raúl Vera con jTatic Samuel Ruiz caminando con los pueblos mayas. Y al extremo derecho del mural, el maestro Antún creó una bellísima escena del diálogo entre un sabio Lacandón y fray Pedro Lorenzo de la Nada, ambos sentados bajo una ceiba en mutua escucha: el fraile hablando con elocuencia y respeto, el sabio maya señalando a la tierra y tocando su corazón.

    Quienes puedan asistir el sábado 6 de junio a Zinacantán podrán participar en el develamiento del mural, acompañado de poesía tsotsil y música tradicional, para refrendar de esta manera el diálogo de saberes que buscamos seguir promoviendo entre frailes y comunidades tsotsiles, y fortalecer la vida de los pueblos con la savia vital de sus tradiciones ancestrales y la fuerza profética del Evangelio.

    Roma, 17 de mayo de 2026

  • Marchar o no marchar, esa es la cuestiónGhandi’s Dandi (Salt) March, 2012

    Marchar o no marchar, esa es la cuestión

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

    En semanas recientes México ha sido escenario de convulsiones sociales surgidas del hartazgo de la población ante la violencia del narco que controla cada vez más y más territorios. El estado de Michoacán se ha convertido en epicentro de esa violencia contra la población, en particular contra productores de aguacate y limón que tienen en sus manos ese maldito « oro verde » (La cara menos brillante del nuevo ‘oro verde’ mexicano) que está devastando los sistemas ambientales y sociales. Se trata de una expresión de la economía depredadora que forma parte de la sociedad extractivista en la que estamos atrapados desde hace décadas en el mundo. La clase política intenta en vano promover planes de desarrollo regional con gran impacto mediático, pero con pocos resultados para las víctimas y muchas alianzas que mantienen la « estabilidad » en la región para consolidar los privilegios de las mafias criminales.

    Como ya lo habían pronosticado analistas de casos similares de narcoeconomías, como Colombia hace décadas y ahora México (Terrorismo y delincuencia organizada), lo que sucede es una escalada de violencia producida por las redes de criminalidad, que toca primero a las poblaciones locales para ir ascendiendo hasta alcanzar también a la clase política y empresarial para acrecentar las ganancias, el poder político y el control sobre los territorios. Incluso el gobierno de los Estados Unidos conoce de cerca estas redes de criminalidad y juega con ellas según sea un beneficio para su papel de garante de la democracia en el mundo en un nuevo « orden multipolar » (Trump está cometiendo un grave error estratégico si piensa que puede repartirse el mundo con potencias autoritarias y conseguir la paz) negociado con los regímenes autoritarios de China y Rusia.

    Los ciudadanos « de a pie » — expresión que suele aplicarse hoy a los oficios más riesgosos como el periodismo y por desgracia hoy la vida académica en universidades sometidas a censura— quedamos azorados, inermes y atónitos ante tal avalancha de inseguridad, crímenes en la plaza pública y falsas promesas de las autoridades. Las iglesias intentan por su parte promover sin mucho éxito « planes de paz », o mejor aun, de « pacificación » para restaurar el tejido social roto. Ya mencionaba en la entrada anterior de hace unos días el Diálogo Nacional por la Paz que desde hace tres años promueve la Iglesia católica en una alianza poco común entre el episcopado mexicano, las órdenes religiosas y las organizaciones civiles de inspiración cristiana.

    El problema que surge en iniciativas venidas del mundo político, empresarial y religioso es el sujeto. Es decir, las comunidades en su lugar de vida parecen estar ausentes como actoras de las propuestas. Porque lo urgente es « la refundación de México desde las víctimas », como ha dicho con insistencia desde hace quince años Javier Sicilia (Carta abierta de Javier Sicilia a López Obrador).

    Hoy quizás, siguiendo ese clamor a muchas voces que surge de las tragedias producidas por la violencia sistémica, podríamos decir que se trata de apostar por la diversidad de autonomías (subjetivas, territoriales, políticas y hasta religiosas) para recuperar « lo político » desde abajo. Tal es el tema central del libro colectivo en preparación para la editorial estadounidense Orbis Books, que coordino con el espléndido apoyo editorial de Nathan Wood-House y Francis Boccuzzi.

    El domingo pasado asistí a la marcha convocada por el Movimiento del Sombrero de Michoacán que fundara el alcalde asesinado Carlos Manzo. Se sumaron a esas protestas realizadas en treinta y cinco ciudades del país algunos grupos de la Generación Z que representa a las juventudes nómadas digitales que ya han estremecido centros de poder en le mundo, como en Nepal y Perú. Acudieron unas veinte mil personas en la Ciudad de México, con un saldo de más de cien heridos (La Generación Z decidirá las próximas elecciones en México), donde hubo disturbios violentos al concluir la marcha en el Zócalo, provocados por personas encapuchadas tratando de ingresar a Palacio Nacional, donde fueron repelidos por granaderos, luego de que derribaran una de las inmensas vallas metálicas con que las autoridades habían « protegido » el edificio emblemático del poder central del país. Fueron consignadas dieciocho personas  y ocho de ellas se encuentran en prisión preventiva enfrentando cargos por amenaza a la vida de algunos guardias apaleados y heridos, como muchas otras personas en la marcha de las que nadie habla, algunas de ellas sin haber estado involucradas en acción violenta alguna.

    Si bien aun quedan por esclarecer los hechos y el proceder según el derecho, sigue en el aire este malestar social creciente que se torna indignación y protesta pacífica, a veces violenta, contra un gobierno paralizado, si no coludido, con esas mafias ya mencionadas.

    El pasado jueves 20 de noviembre, aniversario nacional de la Revolución Mexicana, las protestas de la Generación Z se realizaron de nuevo en varias ciudades del país, con particular rabia expresada de nuevo en la principal plaza pública de la capital del país.

    Marchar o no marchar, esa es la cuestión que hoy la ciudadanía en México y el mundo se plantea como cuestión existencial, ética, política y espiritual para expresar el hartazgo ante las múltiples cabezas de la hidra del necropoder que se han adueñado del mundo.

    Partidos políticos e iglesias pretenden « representar » a los pueblos, pero han perdido credibilidad. Las organizaciones de la sociedad civil han quedado rebasadas por las marejadas de inseguridad, impunidad y terror.

    ¿Qué queda hacer en medio de las ruinas de un estado-nación superado por los poderes del capitalismo extractivista de hoy?

    Marchar en las plazas públicas como ciudadanía en resistencia pacífica es la vía que muchos pueblos en tiempos modernos han seguido como forma de transformación social profunda.

    Un símbolo de esta travesía social —vivo aun en la memoria moderna— es la famosa Marcha de la Sal que Gandhi emprendiera hace casi cien años, en 1930, comenzando con un puñado de ochenta personas, desde Ahmedabad hasta la costa del Guarat, sumando personas a lo largo de trescientos kilómetros, para protestar contra el imperio británico, en un lugar secular de opresión de los pobres de la India. Al final de ese año, sesenta mil personas se habían sumado a la protesta que fue el punto de quiebre que abriera paso a la independencia de la India.

    En México, Pietro Ameglio (Desobediencia civil y otros textos ) ha mantenido viva la memoria y la reflexión de ese acto ético y político de desobediencia civil, en el contexto de la Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad iniciado en abril de 2011. Algunos dirán que —casi quince años después de ese clamor— México sigue extraviado, cayendo en el caos de un estado fallido producido por el necropoder.

    Otros apostamos hoy por volver a la fuente de las « autonomías » que surgen en las subjetividades, cuerpos y territorios liberados, donde los seres humanos echamos raíces, florecemos y morimos para perdurar, es la pista que propone el pensamiento anti-sistémico de la Escuela de Cuernavaca.

    En su fondo místico, la única vía para detener la espiral del odio será exponiendo el propio cuerpo. Así lo describió san Pablo al referirse a Cristo: « derribó el muro del odio en su propio cuerpo » (Efesios 2 :14). Gesto mesiánico por excelencia que vivió de manera prístina Jesús de Nazaret en una cruz atroz impuesta por el imperio romano con la complicidad de las autoridades religiosas del Templo de Jerusalem. Destino trágico pero no definitivo, porque esa vida ofrecida fue transformada por su Abbá celestial y por su comunidad de sobrevivientes en semilla de vida nueva.

    Al fin y al cabo, autonomías con mística de vida plena surgida de los excluidos de todos los tiempos. Esa es la marcha de la dignidad que no acaba.

    Marchar o no marchar.

    La cuestión sigue abierta para nosotros hoy.

    Oaxaca, 22 de noviembre de 2025

    Nota: Agradeceré tus comentarios al final de esta página.

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