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  • Muerte y resurrección del pueblo palestinoPeace in Times of War | Mouneb Taim | 2019

    Muerte y resurrección del pueblo palestino

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

     

    Desde noviembre de 2023, tras el ataque terrorista de Hamas que asesinó a 1,159 ciudadanos israelíes y llevó a cautiverio a 251 personas más, se desató una nueva fase del exterminio del pueblo palestino iniciado décadas atrás.

    Vislumbrando los tiempos inciertos que se avecinaban, el teólogo luterano palestino Mitri Raheb convocó a un grupo de medio centenar de colegas de todo el mundo para formar una red llamada “Teología después de Gaza”. Nos invitaba a pensar juntos cómo enfrentar el genocidio del pueblo palestino iniciado con la Nakba o Catástrofe en 1948, que está llegando a su fase final con el actual exterminio en Gaza y Cisjordania.

    Desde entonces, nos hemos reunido en numerosas ocasiones, de manera presencial o virtual, para organizar proyectos de investigación con la finalidad de visibilizar en nuestros círculos académicos, religiosos y de sociedad civil alrededor del mundo la causa del pueblo palestino, sin olvidar las otras violencias, como en el Congo, Sudán del Sur y Ucrania, ni a las víctimas del terrorismo en el mundo y del necropoder de las mafias criminales, como es el caso de México, Brasil y Colombia.

    Gracias a esta iniciativa del rector de la Universidad Dar-Al-Kalima, con sede en Belén en Palestina, fuimos sembrando semillas de resistencia social e intelectual en universidades de Asia, Estados Unidos, Medio Oriente, América Latina y el Caribe, por medio de programas de investigación sobre la cultura del pueblo palestino y de otros pueblos en resistencia. Una fuente principal para nuestro trabajo es la sabiduría ancestral palestina del Sumud, o firmeza con perseverancia constante para enfrentar el mal. Se trata de una resistencia de larga duración, donde el vínculo con la tierra, el mutuo cuidado y las artes como guardianas de la memoria han jugado un papel preponderante para mantener viva la dignidad del pueblo palestino en medio de los bombardeos del ejército israelí en Gaza y el control de sus territorios por los insaciables colonos israelíes en Cisjordania.

    Las artes han sido parte esencial de la resistencia de los pueblos a lo largo de la historia. Así nos lo han recordado hace unos días las juventudes zapatistas con el festival “(Rebel y Revel) Arte. Encuentro de arte, rebeldía y resistencia hacia el día después”, en los Caracoles de Jacinto Canek y de Oventik, y en el Cideci de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas. Una iniciativa similar, con un tono más académico, será el congreso Decolonizing Power: Rethinking the Politics of Art and Religion que, si es posible en el contexto de la política migratoria actual contra intelectuales extranjeros en los Estados Unidos, organiza la Universidad Dar-Al-Kalima en Boston en noviembre próximo, vinculado a la convención anual de la Sociedad Estadunidense de Religión (AAR por sus siglas en inglés) para congregar a más de setenta ponentes de pensamiento decolonial en torno al tema de las artes como medio esencial para fortalecer la imaginación de los pueblos en resistencia al neocolonialismo actual que se expande por todo el planeta.

    Pero hoy es urgente recordar que la fuerza destructora de la hidra capitalista no amaina, sino que amenaza con nuevas cabezas que devoran todo a su paso. Ahora despliega una estrategia de miedo para controlar la libertad de expresión, como sucede actualmente en los Estados Unidos con la criminalización del pensamiento de los derechos humanos, el derecho internacional y los procesos de paz. Dicha estrategia ha llevado a la cancelación de programas de investigación, así como al acoso, la detención y la deportación de estudiantes de posgrado y profesores extranjeros, acusados de antisemitismo y de ser amenaza a la seguridad nacional, por sus actividades académicas y sociales en favor del cese al fuego en Gaza.

    Sin embargo, esto es solamente el comienzo de una estrategia más amplia que busca desmantelar el pensamiento crítico en las universidades estadunidenses como parte de un plan maestro del nuevo imperialismo blanco, de capitalismo extractivista controlado por el 1% del 1%, con un sesgo de masculinidad tóxica que refuerza el patriarcado milenario, y con una ideología que corrompe el cristianismo al justificar proyectos de colonialismo racista en el mundo como expresión de un mesianismo político populista.

    En semanas recientes los bombardeos israelíes contra Gaza continúan asesinando a la población civil, especialmente a la niñez palestina. Mientras tanto, la expansión de los asentamientos israelíes en tierras palestina de Cisjordania crece, con la indiferencia de la sociedad internacional. Los lugares sagrados de musulmanes y cristianos están siendo cerrados como lugares de culto por autoridades israelíes en las fechas más importantes del calendario religioso de ambas tradiciones.

    Comencé a escribir estas líneas en Sábado Santo, cuando la comunidad cristiana conmemora el silencio de Dios, luego de la ejecución pública en la cruz de Jesús, el Galileo, acusado de ser un criminal por el Imperio romano y un blasfemo por las autoridades del Templo de Jerusalén. Ese silencio del sepulcro del crucificado es compartido hoy por el pueblo palestino y por tantas otras víctimas ejecutadas en aras del necropoder. Tiempo de silencio que presagia un mundo nuevo por nacer. Pero ese día no llegará pronto pues la noche es larga. Hoy, en el silencio de las ruinas de Gaza, como de los campos de exterminio en México, el murmullo de los sobrevivientes que resisten es el reducto de humanidad que podrá salvarnos a todos. ¿Lo escuchamos?

    Cuarenta días de silencio y duelo esperanzado, representado en ese calendario simbólico religioso cristiano con raíces hebreas como tiempo de paso o pascua, dan cabida a un tiempo de rescate de los inocentes en la Merkaba o carro de fuego que simboliza la compasión divina y humana que dignifica a las personas justas de la historia, como Elías y el Galileo.

    Es el potente trasfondo simbólico de la ascensión de Jesús a los cielos que las comunidades cristianas celebramos estos días. No se trata solamente de un mito del pasado para una comunidad en duelo por su Rabí asesinado. El carro de fuego divino es un modo de expresar que toda criatura del cosmos, en especial los inocentes victimados por el necropoder, viven en la esfera divina y humana de la compasión amorosa.

    Sea la ocasión para confiar en este movimiento humano-divino que rescata y dignifica al pueblo palestino y a los inocentes de la historia, rostros desfigurados de nuestra humanidad, pero presencia que es “como astilla que duele” y que nos llama a vivir la compasión radical para detener la espiral de odio que hoy recorre el planeta.

     

    Ciudad de México y Rio de Janeiro

    1 de junio de 2025.

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