Categoría: Neocolonialismo

  • Vulnerabilis Humanitas Sobre los destellos en las grietas del serRebeca Morimoto Hishikawa | Ilustración digital | Lima, 2021

    Vulnerabilis Humanitas Sobre los destellos en las grietas del ser

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    El jueves pasado, el colectivo JobeLab —formado por amigas y colegas de la ciudad para promover conversaciones abiertas sobre temas que importan a la calidad de vida de comunidades diversas— nos reunió en la librería La Madriguera, en el barrio de Guadalupe de la ciudad de Jobel, nombre indígena de San Cristóbal de Las Casas, para hablar sobre la Inteligencia artificial (IA).

    Un tema que convocó a cerca de cincuenta personas de diversas generaciones, perfiles e inquietudes, provenientes del mundo del activismo social, la universidad, la vida eclesial y las artes. El pretexto era proponer diversas lecturas de la carta encíclica “Magnifica Humanitas” del Papa León XIV, publicada el 15 de mayo pasado, en el centenario de la encíclica “Rerum Novarum” o Sobre las cosas nuevas, de su predecesor León XIII, cuando la Iglesia católica romana se planteaba los retos de la industrialización de la época.

    La pregunta de fondo, sin embargo, no era sólo técnica ni pastoral: era una pregunta por el alma de nuestra época. ¿Cómo custodiar la magnificencia y la vulnerabilidad de lo humano cuando las máquinas prometen eficiencia, cálculo y memoria sin herida? ¿Cómo reconocer, en medio del fulgor digital, que nuestra grandeza no consiste en volvernos invulnerables, sino en aprender a habitar la fragilidad (vulnerabilis humanitas) como lugar de encuentro, discernimiento y comunión humano-divina?

    Hoy, la digitalización ha traído consigo una transformación cultural sin precedentes. Los datos, los algoritmos y los prompts —esos instructivos maestros diseñados sobre bases de datos— ejercen una influencia omnipresente a través de nuestros teléfonos celulares, tabletas y computadoras que, como comentaba Abraham Mena, se aplican con creciente sofisticación a todas las esferas de la vida social: la economía, la ciencia, la tecnología, las artes, la sexualidad, la educación y la religión.

    Se trata de una “máquina” que no es inteligente, argumentaba Kathia Loyzaga, pero que debemos aprender a conocer en sus mecanismos y administrar: explorar sus posibilidades, reconocer sus límites y mantener siempre, como subraya León XIV, la primacía de lo humano, con su creatividad y su talento propio como imagen de Dios. Ese núcleo irremplazable es el corazón humano, que João Almeida nos recordaba como centro del mensaje religioso del cristianismo y de otras tradiciones espirituales de la humanidad. Una realidad de ser en relación con los otros que forma parte de nuestro camino de humanización y liberación, recordando a Paulo Freire.

    Además de reconocer las oportunidades de la IA para el desarrollo de la ciencia y la tecnología, con impacto inmediato en nuestras vidas, hemos de mirar también los riesgos que engendra el abuso de este dispositivo cuando queda en manos de gobiernos, ejércitos y empresas transnacionales que lucran con el aprendizaje automático” o “Machine learning” para su propio beneficio.

    Al abordar la dimensión ética de la IA, tema que me asignaron tratar en el conversatorio, quise recordar la advertencia de Ivan Illich sobre la era de los sistemas: un tiempo en que los humanos hemos pasado a ser subsistemas reemplazables, en cualquier momento, por robots y decisiones algorítmicas bajo el mando de un “puñado de oligarcas”, como dijo el Papa León en su reciente viaje por Camerún, refiriéndose a los amos de Silicon Valley.

    La humanidad magnífica y vulnerable ante los señores de la guerra

    El marco teórico del Papa León le permite moverse con soltura en una visión de la persona humana como ser en relación, explorando los vericuetos de la subjetividad narrada con maestría por san Agustín hace mil seiscientos años en sus obras teológicas y en su regla de vida monástica. Desde ahí, León XIV habla sobre la IA para elogiar a “la magnífica humanidad”, que ha recibido de Dios la huella indeleble de su amor, a la vez que reconoce los límites que no puede traspasar bajo pena de convertirse en fuente de caos moral. León subraya por eso que, si bien la humanidad es “magnífica” por su condición de imagen de la divinidad, también es “vulnerable” por ser creatura finita: una subjetividad que explora sus límites, los reconoce y los descubre como lugar de encuentro con los otros, con el cosmos y con Dios.

    Algunas voces de la comunidad teológica mundial proponen seguir pensando cómo acercarnos a la IA con sentido crítico, sin dejar de reconocer sus posibles beneficios para la especie humana y para el planeta. Una voz provocadora es la de Paolo Gamberini, filósofo jesuita italiano, quien imagina una encíclica papal sobre este tema desde el marco teórico del Cristo cósmico de Teilhard de Chardin, ese gran científico y místico del siglo XX. En su cosmología, la humanidad aparece íntimamente asociada a la evolución de las especies y del cosmos a partir del Alfa crístico, incluyendo creaturas nuevas —como la IA— asumidas todas por la Sabiduría divina en el movimiento hacia la Omega, donde el Cristo total será todo en todos.

    En el conversatorio surgieron lecturas distintas. La de un joven escultor, por ejemplo, que toma distancia de la IA porque, a su parecer, no puede sustituir el genio humano de la creación artística. O la voz de una líder en defensa de los humedales de Jobel, tierra de juncos y cuerpos de agua hoy amenazados por el desarrollo inmobiliario, el caos urbano y la desidia de una población que contamina sus cauces con basura, mientras el gobierno municipal se muestra incapaz de regular el desorden urbano. ¿Cómo la IA puede ser un instrumento útil para una planeación urbana que no desplace a los habitantes como actores del cuidado de la Madre Tierra?

    Nuevos conversatorios sobre la IA se preparan en foros diversos: en escuelas de la ciudad y en comunidades de Zinacantán, la ciudad vecina, donde las jóvenes generaciones conviven diariamente con la IA y la usan, muchas veces, de manera ingenua o indiscriminada. El objetivo será generar una reflexión colectiva sobre cómo “desarmar” a la IA de sus graves riesgos y peligros, y cómo “recuperar lo humano” en esta nueva época digital para los pueblos originarios, las comunidades mestizas y las ciudades multiculturales. Se trata de una tarea común que nos urge a promover la dignidad de todos los seres humanos, junto con las especies con las que compartimos este “lugar”, donde la vida florece de manera multiforme, en formas nuevas y sorprendentes de “lo vernáculo”, ese vínculo con el terruño tan querido a Illich como lugar de la convivencialidad porque solamente ahí florecemos como personas y como especie humana en armonía con el entorno vital que nos sostiene.

    Pero la recuperación de lo humano no se decreta desde una sala ni se agota en el análisis de una encíclica. Necesita encarnarse en vínculos, territorios, memorias compartidas y fuegos pequeños que resisten al viento. Por eso, al salir del conversatorio, la pregunta por la IA comenzó a resonar con otros nombres: humedal, volcán, cabaña, soplo, comunidad. Allí, en esas grietas donde la vida insiste, resistiendo a tantas violencias, la reflexión se volvió camino para aprender a ser de otro modo.

    A propósito del legado de Ivan Illich, como parte de los numerosos eventos por el centenario de su muerte, el colectivo JobeLab organiza la presentación del libro “Hospedar el mundo: pensar con Ivan Illich bajo un techo común” de Elías González y Carlos Tornel, el próximo sábado 18 de julio a las 5 pm, en el Restaurante Belil de nuestra ciudad. Contaremos con la presencia de los autores y los comentarios de Irene Ragzzini, Fabio Ceballos y un servidor. Será sin duda la ocasión de compartir buenas contribuciones para pensarnos juntos en este entorno local.

    Del algoritmo a la fogata: el volcán-triángulo y el magma

    Tras el viaje a la tierra de los volcanes del valle Puebla-Tlaxcala que conté aquí la semana pasada, los ecos de mi relato retumbaron hasta Kerala, en la India, donde Kochurani Abraham, queridísima teóloga feminista, me escribió con emoción por ese anhelo compartido de un “Cosmic Home” donde muchos microplanetas y miniestrellas puedan ser cuidados con esmero con los destellos de la Ruah divina. Una cabaña-hogar que alumbre el camino, como paja que empieza a arder en el hueco de una fogata ya dispuesta por sus habitantes, quienes atizan las llamas con su soplo y con la ayuda de un “tlatecuinaltiani” o soplador de palma en náhuatl.

    También desde Oregón llegaron ecos de mutuo acompañamiento, con Juan Carlos y Carolina, soñando un “lugar” compartido donde podamos encontrarnos por temporadas, abiertos a la espiritualidad encarnada de la ancestralidad peruana quechua en comunión con la ancestralidad mexicana del altiplano. Y desde Minnesota, en las Ciudades Gemelas, Laurel envió remembranzas de su paso por Puebla y su sierra norte, cuando era estudiante de intercambio: una ruta que luego dirigió sus pasos a El Salvador para caminar con las Comunidades Eclesiales de Base del hermano país centroamericano. Y llegaron también otros ecos de Soweto, Wallmapu y Dakota, de amigas y amigos con quienes he vivido momentos memorables de espiritualidad enraizada en tierras sagradas diversas, con pensamiento y creación artística vernácula que nos permiten celebrar siempre la vida en las fronteras de la muerte.

    A lo largo de tres décadas he ido tejiendo redes de pensamiento, activismo y espiritualidad de la vida en las grietas de mundos hegemónicos, junto con colegas y compañeras de diversos colectivos y comunidades en resistencia, donde vamos aprendiendo a ser. De ahí surgieron procesos como el Mutuo Acompañamiento Espiritual y Teológico, que congrega cada año a un centenar de personas en casitas virtuales animadas por una persona chef, que culmina con un retiro anual, virtual o presencial, visitando territorios de resistencia. También han nacido, en este camino, los encuentros-festivales Resiste/Re-existe, con decenas de movimientos sociales del Sur epistémico en diálogo con personas de la academia y artistas, para fortalecer nuestras espiritualidades diversas, nuestra solidaridad mutua y nuestro pensamiento descolonial en construcción. Y como tercer vértice del triángulo, el pensamiento mismo: la intersección de la fenomenología posmoderna, la teoría mimética, el pensamiento descolonial y la filosofía apofática, enriquecida con nuevos enfoques gracias a una generación apasionante de compañeras y compañeros como Cleusa Caldeira y Pedro Igor Leite da Silva en Brasil, Laurel Potter en los Estados Unidos y El Salvador, Juan Carlos La Puente en Oregon y Perú, Juan Jesús Vázquez en México, y Soledad del Villar, Valentina Nilo y Martín Aguilera en Chile.

    Como colectivo de pensamiento filosófico y teológico descolonial nos reuniremos en marzo del próximo año en Cholula, Puebla, como terruño ancestral del volcán-triángulo, para compartir intuiciones, hallazgos y propuestas de pensamiento y vida, con el afán de seguir caminando con nuestras comunidades de pertenencia por elección en la construcción de otros mundos posibles, alentados por el magma incandescente de la Ruah divina en las grietas del ser.

    Jobel, 11 de julio de 2026

  • Los sionismos que nos acechan Sobre el (ab)uso de la Biblia en tiempos de la Gran NakbaJuan Fuentes | Critical Zionism Studies | 2025

    Los sionismos que nos acechan Sobre el (ab)uso de la Biblia en tiempos de la Gran Nakba

    Por Carlos Mendoza Álvarez

    En semanas recientes se activó la alerta en Chiapas por la presencia del grupo israelí “Héroes por la Vida” en escuelas primarias de Zinacantán, formado por jóvenes israelíes ofreciendo actividades como cursos de inglés y remozamiento de las instalaciones escolares, presentándose como una experiencia de “voluntariado de la juventud israelí” con sonriente y amigable “labor humanitaria” con la población vulnerable del planeta. Al parecer muchos de ellos y sus asesores son miembros del ejército israelí en activo o en retiro que han participado en diversas guerras sionistas, como lo ha comentado recientemente Herman Bellinghausen.

    Unas semanas antes, la cónsul de Israel en México Hilla Burk, acompañada de asesores de seguridad israelíes, era recibida por el secretario de “Seguridad del Pueblo”, Óscar Aparicio Avendaño, en sus oficinas del gobierno estatal en Tuxtla Gutiérrez. Hasta el día de hoy no se ha informado a la sociedad de manera cabal sobre la agenda de ese encuentro, ni sobre los acuerdos a los que se llegó. Según notas periodísticas, en otros estados como Chihuahua y Querétaro, existen ya contratos de asesoría israelí a los gobiernos en turno en materia de seguridad estratégica, que incluye contratos de venta de tecnología y armamento “de última generación” de la creciente industria militar transnacional.

    A este activismo israelí en México, se suman los “retiros de sanación” organizados por la organización israelí Chabat en Cozumel y otras playas del caribe mexicano dirigidos a miembros del ejército israelí en activo o en reserva que han participado en “la guerra para defensa del estado de Israel”, como reporta la periodista Georgina Zerega. Un eufemismo para ocultar su participación en el genocidio en curso contra el pueblo palestino en Gaza y Cisjordania, así como la invasión al sur del Líbano con el proyecto del Gran Israel que incluye, como lo analiza la pensadora Silvana Rabinovich, la construcción del Tercer Templo de Jerusalén como símbolo supremo de esta narrativa bélica religiosa. En algunos países como Chile, Irlanda y España, se han emprendido campañas de denuncia de crímenes de lesa humanidad cometidos por soldados israelíes a quienes se les identifica de paso por esas tierras y a quienes la sociedad civil organizada y algunos gobiernos buscan llevar ante los tribunales nacionales e internacionales.

    Existe un plan de expansionismo israelí territorial en América Latina más allá del Medio Oriente, como periodistas de investigación han documentado en Patagonia y en Yucatán, lugares estratégicos por sus recursos naturales como el agua, los minerales y las tierras raras.

    Detrás de esa fachada humanitaria y de turismo, el sionismo despliega una ideología religiosa perversa basado en una mal llamada teología política de la elección y la promesa de la tierra, haciendo de la Biblia un arma de guerra.

    Ante tal escenario, el cristianismo se enfrenta a uno de sus mayores desafíos en medio de la crisis civilizatoria que vivimos hoy, a saber, discernir las idolatrías que suplantan el nombre de Dios para producir muerte de pueblos y control de territorios estratégicos. El judaísmo y el islam -en las expresiones críticas de sus propias tradiciones espirituales- tendrán que discernir también el desafío de la Gran Nakba o Gran Catástrofe de nuestro tiempo, como llama el filósofo puertorriqueño Nelson Maldonado-Torres a la crisis civilizatoria de colonialidad del tecno-fascismo.

    El Papa León XIV, por su parte, ha llamado la atención sobre “los señores de la guerra” que controlan la economía de guerra marcada, de ahora en adelante, por el uso abusivo de la inteligencia artificial para beneficio de una oligarquía de tecnócratas digitales, entre quienes se encuentran los dueños de las mega compañías del Silicon Valley en California.

    Pero como pastor y maestro en la sede de Pedro, el Papa transcultural ha denunciado también la blasfemia de quienes usan el nombre de Dios para hacer la guerra, sin mencionar de manera explícita al sionismo ni al trumpismo. En efecto, en su primera Carta Encíclica “Magnifica Humanitas”, León XIV denuncia “las ideologías de muerte” que provocan sufrimiento y guerras por la codicia del mundo moderno en su versión “posthumanista” que prepara el advenimiento de una especie mejor que la humana generada por el algoritmo, y “transhumanista” porque subordina lo humano al sistema controlado por los dispositivos biotecnológicos. Un apocalipsis de lo humano que Ivan Illich ya había anunciado hace seis décadas.

    En este contexto, las comunidades cristianas de todo el orbe -en su diversidad de tradiciones como colectivos creyentes, de academia y artistas, junto con los movimientos sociales de inspiración profética y liberadora-estamos llamadas a comprender y desactivar el sionismo, tanto judío como evangélico, que se encuentra en la base del expansionismo territorial israelí de nuestros días,  de manera particular en América Latina y el Caribe, con la complicidad de la extrema derecha que acecha la vida política en Argentina, Chile, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México y los Estados Unidos.

    Se trata, en primer lugar, de honrar el nombre de Dios como Sabiduría divina que guía nuestros pasos de justicia, paz y misericordia en un mundo en guerra global o, como lo llama Silvana Rabinovich, un “omnicidio” en curso. Nombre de Dios que denota, a la vez, el insondable misterio divino y la dignidad inalienable de la creación como obra de su amor, que ningún poder de este mundo puede suplantar ni controlar. Ni la demonología antigua, como tampoco las jerarquías de los señores del necropoder de hoy, pueden sustituir la Gloria divina que trasciende siempre el poder político, como lo ha analizado con agudeza el pensador italiano Giorgio Agamben.

    En segundo lugar, es importante desmantelar la ideología política religiosa (que no teología política en sentido propio) que hace hoy de la Biblia un arma de guerra, en especial contra el pueblo palestino y los pueblos semitas de Palestina, cristianos y de otras tradiciones religiosas. Al respecto, Mitri Raheb y Munther Isaac -teólogos luteranos palestinos resistiendo al genocidio de su pueblo- no dejan de subrayar la importancia de desmantelar la ideología sionista que ha manipulado la teología de la promesa de la tierra y de la elección divina en beneficio exclusivo del pueblo judío.

    Es importante recordar, como lo señala el intelectual mexicano libanés Alfredo Jalife-Rahme, que el lobby sionista en los Estados Unidos y Gran Bretaña creó desde el siglo XIX la ideología sionista como expresión del colonialismo de los judíos de la diáspora, que no son semitas sino descendientes de la presencia judía en los países de Europa Central y del Este en el siglo XIX. El sionismo nace como una ideología política de control del territorio de Palestina para beneficio exclusivo del pueblo judío.

    Y, en tercer lugar, debemos recordar que el expansionismo sionista que ha llegado a México, en específico a Chiapas, requiere de un seguimiento crítico por parte de la sociedad civil, las iglesias y los gobiernos en sus planes de control de territorios, con la justificación ideológica que difunde el estado israelí de Netanyahu y su ministro de seguridad nacional Itamar Ben Gvir, con su lógica genocida y expansionista del Gran Israel difundida con descaro. El proyecto sionista echa sus raíces en una poderosa industria de guerra que hace del sionismo judío y cristiano hoy una amenaza para la humanidad y para la Casa Común.

    Siguiendo las pistas de la teología descolonial, tanto judía como cristiana, es preciso releer la Biblia como libro de la fe de los pueblos semitas en la promesa del Dios vivo que se va abriendo progresivamente a todas las naciones de la humanidad como destinatarias de los tiempos mesiánicos que superan la violencia fratricida e instauran la nueva humanidad. Teología de “los mansos que heredarán la tierra” (Mateo 5: 5), según la imaginación poética de Jesús de Galilea, como lo recuerda Mitri Raheb, desde la opción del Dios de la vida por los pobres y excluidos de todos los tiempos. Teología de la promesa cumplida en el acontecimiento de la resurrección de Jesús, el Cristo de Dios, que lleva a su más radical expresión la manifestación, “no de un Dios de muertos, sino de vivos” (Mateo 22: 32). Promesa y elección que el Abbá de Jesús lleva a cumplimiento siempre desde los excluidos de los sistemas hegemónicos de dominación para convocar a todos los pueblos de la tierra al festín del deseo, como lo propone el teólogo cuir mexicano Ángel Méndez.

    Una vez que la sociedad civil de Chiapas y de México descubra los hilos que tejen hoy el sionismo judío y cristiano que se expande por el mundo en complicidad con empresas y gobiernos tecno-fascistas que promueven la discriminación de pueblos y religiones, será preciso promover comunidades de encuentro entre tradiciones espirituales diversas, en mutuo acompañamiento, nutriendo las resistencias al mal de rostros tan diversos.

    El cuidado de la niñez y las juventudes de Chiapas ante el acecho del sionismo hoy, junto con la rendición de cuentas de autoridades de distintos órdenes de gobierno en el financiamiento y gestión de la seguridad pública, permitirá crear entornos de respeto irrestricto a la dignidad humana, con especial atención a las personas y comunidades más marginadas y vulnerables.

    Entonces habrá que promover la celebración de la bendición divina para todas las naciones, no solamente para el pueblo judío que en su versión sionista está traicionando su vocación de ser testigo del Eterno, como la describía André Neher, el gran pensador judío francés del siglo XX.

    No olvidemos que los tiempos mesiánicos advienen en todos pueblos -en medio de la historia de la humanidad amenazada de muerte, pero prometida de plenitud por el Dios de la Vida- gracias a las personas justas de la historia que dan su vida por el mundo venido de Dios, no de los poderosos de este mundo.

    San Cristóbal de Las Casas, 20 de junio de 2026

  • Tiempo de guerra y tiempo de pazRutger van der Tas | Absolution | 2023

    Tiempo de guerra y tiempo de paz

    Por Carlos Mendoza-Álvarez

    Iniciamos el año nuevo 2026 con el despliegue del poderío bélico estadunidense muy cerca de nosotros en el Mar Caribe. Así se preparó la extracción en Caracas del presidente espurio Nicolás Maduro y su esposa, secuestrados en nombre de la justicia extranjera para ser llevados a un tribunal en Nueva York donde son acusados de asociación delictuosa por narcotráfico.

    Ya se veía venir esa nueva expresión de la guerra en el mundo tripolar de hoy creado después de la pandemia por Estados Unidos, China y Rusia. La invasión de Ucrania por Rusia, la amenza de China en Taiwan y el genocidio del pueblo palestino por el estado de Israel con el apoyo táctico de los Estados Unidos son parte de la nueva estrategia geopolítica.

    Pero no hicimos caso de estas señales en el hemisferio occidental. Pensamos que América Latina y el Caribe estarían a salvo del neocolonialismo del Tío Sam por haber superado su intervencionismo político y militar en la época de las dictaduras militares del siglo pasado. Creímos en las democracias partidistas, las cuales tomaron las riendas de gobiernos de izquierda y de derecha en toda la región. Con el espejismo de las partidocracias en la región fuimos incapaces de ver cómo se tejían redes de corrupción entre partidos políticos, grupos empresariales, gobiernos en turno, mafias criminales cada vez más sofisticadas y empresas transnacionales conformando el entramado de la sociedad extractivista de la que somos parte como desaforados consumidores de bienes superfluos, desentendidos de “lo político” como tarea de todos.

    Hoy es preciso reconocer que nosotros somos también parte del problema de esta guerra neocolonial con diversos frentes que ya ha llegado hasta nuestros territorios y a entrado en nuestros hogares.

    En las redes sociales circulan cada vez más frases de odio que se lanzan para criticar a alguien que comenta la corrupción que sucede en México con la Cuarta Transformación, o en Venezuela denunciando al chavismo, o en Estados Unidos señalando las ejecuciones de ICE en Minneapolis y Chicago como un poder mercenario al servicio de la ideología del Make America Great Again (Maga). Pareciera que da lo mismo insultar a alguien con una frase en Facebook, Instagram y Tik-Tok, y luego justificar que un mercenario desquiciado dispare a quemarropa una bala en la cabeza de una mujer al conducir un automóvil que no se detuvo ante las amenzas policiacas en una calle de su barrio invadido por redadas de la policía migratoria. Incluso en nuestras conversaciones digitales más cercanas crece esta práctica de resolver las diferencias en una sola frase y con un click, bloqueando a quienes disienten de nosotros, como si se tratase de un disparo virtual.

    Diferencias que valdría la pena confrontar en un diálogo cara a cara que evitamos lo más posible porque nos incomoda. ¿Por qué nos da tanto miedo esa proximidad? Parece como si el mundo de la guerra hubiese quedado encapsulado en las pantallas del celular, la tablet o la computadora, para luego trasladarse con la misma asepsia necrófila a la calle, usando el gas pimienta o un rifle AK-47. El tiempo de guerra ya entró en esos “espejos negros” que nos devoran sin piedad, pasando de un elogio a un insulto con la misma rapidez con la que nuestro dedo pulgar avanza desaforado en el scrolling o deslizamiento en la pantalla del celular.

    Tiempo de guerra territorial y digital.

    “Todas las cosas tienen su tiempo”, dice el libro del Eclesiástés. Ese bello texto bíblico sapiencial es un pausada meditación sobre la guerra y la paz dirigida a un pueblo que buscaba su lugar en el mundo helenista de la época. “Tiempo de tirar piedras al río, y de recoger las mismas piedras”. Expresa así el Qohelet o sabio hebreo la inexorable ley de la vida llevada en el vaivén del amor y el odio que ha sido cantada por poetas de tantas culturas. “Tiempo de abrazar y tiempo de dejar los abrazos”, continúa diciendo en un tono más personal de amores y desamores. Y para rematar ese realismo que raya en la abnegación ante lo inevitable, concluye con un lacónico final: “tiempo de guerra y tiempo de paz”.

    ¿Será que nosotros tendremos que ir resignándonos a la violencia militar imperial que nos dejó atónitos hace unos días y quedar, a la vez, atrapados en la soledad de las redes sociales que encumbran y linchan en un click a quienes se atreven a disentir en un chat de amigos, de familia o de comunidad digital? Tiempo de guerra.

    El realismo del cara a cara es quizás la oportunidad para “detener la guerra” vitual y territorial recuperando el espacio íntimo del encuentro de cuerpo vulnerable con cuerpo vulnerable, como lo planteó de manera magistral Emmanuel Levinas. Apertura vital que nos coloca, de entrada ya, en otra perspectiva: la tesitura de la voz con sus entonaciones y acentos, movimientos y pausas, énfasis e ironías, miradas y silencios. Nos abre otra puerta. Tal vez el reducto de la paz se encuentre ahí precisamente. En esa región de la pausa, el silencio, la sombra, el compás de espera. Tiempo de paz.

    ¿Será esa la puerta estrecha por la que pasa el mesías?

    Estas semanas he ido descubriendo nuevos rostros de la cultura indígena urbana de los Altos de Chiapas, muy diferente a la que conocí en décadas pasadas. He tenido que aprender a detenerme, por ejemplo, para interpretar una mirada cuando una mujer se dirige a mi en tsotsil, una lengua maya que no entiendo, durante un encuentro de oración y reconciliación. Pero ella y yo nos logramos conectar mirándonos a los ojos: los suyos bañados en lágrimas que surgen acompañadas por el susurro de su voz, implorando una bendición celestial que alivie su dolor. Los míos, respondiendo a su mirada con gotas de llanto que reflejan el suyo. A pesar de que no “nos entendemos” en los fonemas y en los significantes del lenguaje, acontece entre nosotros una comunicación de sentido a través de los gestos y los símbolos, cuando ambos inclinamos la cabeza y mis manos rozan su cabello para comunicar energía humana y divina, y sus manos abrazan las mías en agradecimiento y me bendicen. En ese silencio que da paso al gesto del abrazo sin palabras surge un chispazo de eternidad que nos arropa a ambos.

    ¿Será esa la paz de la que habla el Qohelet en tiempos del helenismo dominante de su época?

    Tiempos de paz en la experiencia del cara a cara.

    La primera semana del año me deja un desafío muy claro: aprender a romper los tiempos de guerra del mundo enloquecido por los imperios amenzantes como regalo de los tiempos de paz vividos en el cara a cara de la proximidad, tan querida a Jesús de Nazaret, recuperada por Gustavo Gutiérrez e Ivan Illich en nuestro tiempo.

    Así podremos pasar de la resignación ante el avasallador poderío militar de nuestros días, reforzado por la abnegación ante los linchamientos digitales que vivimos de manera enloquecida, hacia la paz del cara a cara, en el encuentro discreto pero real con el rostro y el cuerpo y el alma del otro, por muy diferente que sea, cuando lo vivimos como dádiva.

    Siempre existe la posibilidad de un reducto de paz que surge como chispazo cuando dejamos que nuestra condición vulnerable toque y se deje tocar por la otra persona, con sus propios modos de vida.

    Y vaya que nuestro mundo violento está necesitado más que nunca de esa paz.

    Jobel, 10 de enero de 2026

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